Viena, escapada a la ciudad imperial

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La maravillosa ciudad de Viena tiene un encanto especial que ninguna otra urbe europea puede igualar. A través de sus calles, podremos reconstruir los pasos de los emperadores más famosos de la Historia; seguiremos la estela romántica de la emperatriz Sissí, cuya imagen de leyenda nos acompañará a lo largo de todo nuestro viaje y, en cada esquina, nos encontraremos literalmente con figuras como Mozart, Beethoven y Strauss, incitándonos a asistir como sus invitados de honor a uno de sus conciertos.

Recorrer sus calles es un verdadero sueño hecho realidad; pero tenemos que ponernos en marcha. ¡No debemos hacer esperar a Su Majestad Imperial, la regia ciudad de Viena!

LA CATEDRAL DE SAN ESTEBAN. Nuestra visita a Viena tendrá como punto de partida uno de sus monumentos más especiales y, sin duda, el más querido de todos los vieneses: la catedral de san Esteban o Stephansdom.

Este edificio emblemático resultó muy dañado durante la II Guerra Mundial y su reconstrucción se convirtió en el símbolo de que los austriacos, como su catedral más importante, resurgirían con más fuerza de las cenizas del conflicto.

Catedral de San Esteban Antes de entrar, demos una vuelta a su alrededor, apreciando todos los detalles de esta preciosa y poco usual catedral; fijémonos, principalmente, en su tejado adornado por más de 250.000 azulejos de colores, y en la llamada Puerta de los Gigantes, llamada así porque durante su construcción se encontró un hueso de mamut que los hombres medievales, mudos de asombro ante tal hallazgo, determinaron que solo podía pertenecer a uno de los Gigantes que decían las fuentes clásicas que habían habitado el mundo.

Ya en su interior, la preciosa catedral tiene muchos detalles en los que debemos fijarnos, pero son especialmente importantes su precioso altar mayor de estilo Barroco, el célebre Púlpito de Pilgram, que presenta unos relieves que se consideran los más bellos de Europa en este periodo, y sus magníficas vidrieras. Desde su interior, podemos subir al tejado de la catedral, que nos ofrecerá unas vistas espectaculares de la ciudad y la oportunidad de ver a la famosa campana Pummerin, que se fabricó con 100 balas de cañón procedentes del asedio turco a la ciudad de 1683, como muestra del triunfo de Cristo sobre los infieles. Pero eso no es todo; también tendremos la oportunidad de ver sus catacumbas, donde se conservan las urnas con 70 entrañas de la familia Habsburgo.

Opera de Viena Al salir, bajaremos por la Karntner Strasse, la calle más importante de la ciudad y el centro comercial de Viena. Al final de la misma, nos encontramos con la célebre Ópera de Viena, un precioso edificio de finales del siglo XIX. Si estamos en Viena, es imprescindible asistir a una representación en su inigualable ópera.

En esta ciudad la música es una forma de vida, por lo que se pueden comprar entradas por un precio mínimo de unos cinco euros, así que no debemos desaprovechar la ocasión.

A tiro de piedra del edificio de la Ópera está nuestra siguiente parada: el Hofburg.

LA CASA DE LA CORTE. Hofburg significa literalmente la casa de la corte y fue el centro neurálgico de la vida política, social y cultural de todo el Sacro Imperio Romano Germánico durante más de 500 años.

El Hofburg era un verdadero complejo de diversos edificios que servían para satisfacer las diversas necesidades de la corte y, aunque se mantienen algunas partes intactas, como el Palacio Real, también alberga muchos museos y departamentos oficiales. Hofburg de VienaSe necesitaría toda una semana para ver con tranquilidad lo que este gran complejo tiene que ofrecer, pero lo que viene a continuación no nos lo podemos perder bajo ningún concepto.  
           
La primera parada de todo visitante que acuda al Hofburg debe ser los famosos Apartamentos Imperiales. Se accede a ellos a través de la Platería de la Corte, donde se exponen las preciosas vajillas y cristalerías que utilizaron los emperadores de los siglos XVIII, XIX y XX. Una vez dentro, la imagen que nos presentan estos aposentos es la que tenían cuando Francisco José I y su célebre esposa Sissí vivían aquí, conservándose los despachos, las habitaciones y los salones tal y como ellos los tenían a finales del siglo XIX. Junto a los Aposentos Reales encontramos el Museo Sissí, dedicado completamente a la figura de esta emperatriz, donde nos cuentan su vida, cómo se forjó su leyenda y donde se exponen todo tipo de objetos relacionados con ella, desde sus vestidos y sus famosas joyas hasta el estilete con el que fue asesinada por un anarquista italiano en 1898.

Justo al lado de los Apartamentos Imperiales, se encuentra la Cámara del Tesoro, donde se conservan multitud de objetos curiosos, como el famoso unicornio del emperador Rodolfo II, de casi dos metros y medio y, sobre todo, las joyas más valiosas de la familia Habsburgo, entre las que se encuentran la famosa Corona del Sacro Imperio Romano Germánico y la Corona Imperial Austriaca. Muy cerca está la famosa Capilla Imperial, donde tocaron compositores de la talla del joven Mozart. Hoy en día se sigue pudiendo escuchar en su interior la celestial voz de los famosos Niños Cantores de Viena, cantando para nosotros como si fuésemos miembros de la corte de la mismísima emperatriz María Teresa.

Plaza de los HéroesJunto a la Capilla y la famosa Plaza de los Héroes, nos encontramos la Cámara de Caza y Armaduras de la Corte, un museo interesantísimo en el que se exponen todos los aparejos para la caza y la guerra que utilizaron los emperadores Habsburgo bellamente decorados, en cuya colección destaca la espada de oro de Maximiliano II, considerada el arma más bella del mundo.

Después, nos dirigiremos un poco al norte para seguir visitando este magnífico complejo, pues también es de visita obligada la celebérrima Escuela Española de Equitación, dedicada a la doma de caballos de pura raza según una técnica clásica que tiene más de cuatrocientos años y que se practica aún hoy en esta institución sin variación alguna. Cerca de la Escuela nos encontramos con la iglesia de los Agustinos, que los cinéfilos sabrán reconocer de la célebre saga protagonizada por Romy Schneider.

En este lugar celebraron sus famosos conciertos de música sacra personajes de la talla de Mozart y Schubert y en su sobrio interior destacan dos elementos: el monumento funerario a la archiduquesa María Cristina, obra de Canova considerada fundamental del arte neoclásico, y la cripta de los corazones, donde se conservan los de más de 54 miembros de la familia Habsburgo. Por último, lindando ya con la Karntner Strasse, nos encontramos con la Cripta Imperial en la Iglesia de los Capuchinos, el panteón real de la dinastía Habsburgo, donde se conservan los sarcófagos con los restos de más de 142 de sus miembros.  

LOS GRANDES Y CURIOSOS MUSEOS DE VIENA . De todos los museos de Viena, el más destacado es el Kunsthistorisches Museum, el museo de Historia del Arte más importante de todo el país y que se encuentra entre los más destacados del mundo.La Infanta Margarita

Este precioso edificio, una obra de arte en sí misma, conserva una enorme colección que va desde tesoros del antiguo Egipto y Mesopotamia hasta obras de de los artistas más destacados de la Edad Moderna, como Tiziano, Tintoretto o Velázquez.

Cualquier persona que se considere amante del arte debería pasear por sus salas al menos una vez en la vida.

Delante del Kunsthistorisches Museum se encuentra el Museo de Historia Natural, que alberga más de 20 millones de objetos entre los que se encuentran fósiles, esqueletos de dinosaurio, ejemplares de animales extintos y la colección de minerales y piedras preciosas más importantes del mundo, aunque la que probablemente sea la pieza más destacada del museo sea la famosa Venus de Willendorf. Muy cerca, también, se encuentra el Museo de la Albertina, dedicada a dibujos y grabados, de los que conserva más de 65.000, entre los que destacan los de Durero. Por último, también tenemos que pasarnos por el famoso MuseumsQuartier, el Barrio de los Museos, un complejo con más de 50 instituciones distintas dedicadas al arte contemporáneo.

Estos son los museos más importantes de la ciudad, pero no son, ni de lejos, los únicos. Viena tiene una particularidad y es que es, junto con Ámsterdam, la ciudad europea que más museos curiosos y atípicos alberga. Algunos de ellos son el Museo de las Pompas Fúnebres, en el que se exponen todo tipo de objetos relacionados con la historia de los entierros; el Museo de Historia Criminal, en el que se cuenta la historia de los crímenes más célebres y curiosos que han ocurrido en la ciudad; el Museo de los Relojes; el Museo del Arte de la Diversión del Circo y de Payasos; el Museo del Globo Terráqueo y el Museo del Esperanto.

Por último y antes de irnos del casco histórico, visita obligada es también la famosa Karlskirche, la iglesia de San Carlos Borromeo, construida a principios del siglo XVIII por el emperador Carlos VI, que prometió al santo que le construiría una iglesia si cesaba una epidemia de peste. Johann Strauss

El santo cumplió su trabajo, al parecer, por lo que el emperador debía hacer también su parte y ordenó la construcción de la que es actualmente la iglesia barroca más bella de toda Viena. Además, es posible subir a su gran cúpula para poder observar de cerca los frescos y disfrutar de la vista del cercano Standtpark, donde se encuentra la famosa estatua dorada de Johan Strauss. Por último, este imponente edificio barroco contrasta con la modernidad que muestra el famoso edificio de la Secesión, situado al otro lado de la plaza, que celebra la libertad del arte y nos indica que hemos dejado atrás el pasado para sumergirnos en un mundo nuevo.

TESOROS DE LOS ALREDEDORES. Un poco alejados del casco histórico, pero completamente integrados dentro de la ciudad, se encuentran los tres últimos lugares a los que vamos a ir en nuestra visita a Viena. Estos son el palacio de Schönbrunn, el palacio Belvedere y el Prater.

Palacio de SchönbrunnEl palacio de Schönbrunn es la residencia de verano de la familia imperial desde hace siglos, habiendo sido reformado por la emperatriz María Teresa en estilo rococó y el espectro de esta gran emperatriz nos acompañará durante toda nuestra visita al complejo. Y, si nos descuidamos, no será el único, pues desde hace siglos se ha aparecido en el palacio un espectro conocido la Dama Blanca o la Dama de Schönbrunn, que muchas personas de la familia real y de su séquito habían visto y de la que habían huido despavoridos.

Una de las damas de la emperatriz Zita de Borbón-Parma que la había visto, se encontró con el retrato de una joven dama tiempo después e identificó a la mujer del cuadro como la Dama. El retrato era de la princesa Wilhelmina von Auersperg, amante del emperador Francisco I, esposo de la famosa María Teresa, fallecida en 1775. Hoy en día, cientos de turistas al año aseguran haberla visto, por lo que tendremos cuidado al cruzar las puertas, pues nunca sabemos quién puede esperarnos al otro lado…

El palacio que la Dama de Schönbrunn parece habitar está decorado principalmente con las habitaciones que usaron la emperatriz María Teresa y su familia, y, por otro lado, Francisco José I y la emperatriz Sissí. En su kilométrico interior, de un lujo y una magnificencia casi imposibles de imaginar, destacan la Gran Galería, donde hoy en día todavía se celebran fiestas y banquetes en ocasiones muy especiales y la sala de los Millones, llamada así porque se dice a que los paneles de palisandro que decoran la habitación costaron un millón de monedas de oro.

Pero lo más impresionante son sus jardines, llenos de tesoros por descubrir. Diseñado a finales del siglo XVII al estilo francés, contiene desde el jardín zoológico más antiguo del mundo, fundado en 1752; la Palmenhaus, un espléndido invernadero de finales del siglo XIX, un laberinto y una Glorieta sobre una fuente, desde cuya parte superior se puede disfrutar de una visión increíble de la totalidad del palacio. Imprescindible.

Casi al otro lado de la ciudad nos encontramos con otro palacio, el Belvedere, construido por el famoso general Eugenio de Saboya a finales del siglo XVII. Se compone de dos palacios distintos, el Belvedere superior y el inferior, separados por unos preciosos jardines escalonados que, en su punto más alto, ofrecen una vista espectacular de la ciudad. Hoy, las preciosas estancias del príncipe Eugenio de Saboya albergan una colección de arte austriaco que data desde el Renacimiento hasta el presente, pero la parte más famosa y visitada de su colección son los cuadros de Gustav Klimt, pues el palacio Belvedere alberga la mayoría de sus obras más conocidas, como son El beso o Judith.

Noria de Viena Por último, después de un extenuante día viendo monumentos, la noche vienesa nos depara una última sorpresa. Muy cerca de Schwedenplatz, una de las mayores zonas de fiesta de la ciudad, se encuentra el Prater, un parque de atracciones con más de 250 atracciones, entre las que destaca su Noria Gigante, construida a finales del siglo XIX y uno de los símbolos de la ciudad.

Concebido como una gran feria por donde poder comer, bailar y pasear por el extenso parque que le rodea, sólo se paga por atracción en la que uno se monte, pudiendo disfrutar de su ambiente con total libertad hasta altas horas de la noche. Los cinéfilos deben saber que esta noria es el escenario de uno de los momentos cumbre de El Tercer Hombre, la famosa película de Carol Reed (basada en una novela de Graham Greene) protagonizada por Orson Welles y Joseph Cotten.

Decir adiós a la ciudad desde la parte superior de la noria es un broche de oro para acabar nuestra escapada a la ciudad imperial.

COMER EN VIENA. Viena se ha convertido en uno de los destinos predilectos de los amantes de la gastronomía en los últimos años pero. Aunque esta ciudad es famosa por sus platos tradicionales (como el escalope a la vienesa, el Tafelspitz, que es un plato de carne de ternera, y las sopas de carne), Viena es especialmente famosa por sus postres.

Tarta SacherUna lista que contuviera solo los más célebres de la ciudad ya sería interminable, pero no nos podemos ir sin probar el Apfelstrudel, que es la tarta de manzana; la Sachertorte (tarta sacher), una tarta de chocolate con mermelada de albaricoque, y las Vanillekipferl, unas galletas en forma de media luna de vainilla con distintos frutos secos. A estos hay que añadir, por supuesto, los famosos bombones de chocolate relleno, que nos habremos encontrado en todos los escaparates de las pastelerías vienesas.

Para probar los platos típicos, nada mejor que una también típica taberna vienesa como lo es Bitzinger’s Augustinerkeller (Augustinerstraße, 1) y la bodega de 300 años Piaristenkeller (Piaristengasse, 45), mientras que para los postres, el café Diglas (Fleischmarkt, 16) no sólo nos permitirá probar unas tartas que parecen hechas con ingredientes divinos, sino que también nos permitirá ser testigos de su elaboración. También es muy recomendable el café Tirolerhof (Führichgasse, 8), un café literario donde podremos leer innumerables periódicos nacionales e internacionales mientras disfrutamos del mejor café de Viena.

Y si lo que queremos es tomar un trozo de la célebre tarta Sacher, nada mejor que acudir al lugar donde se creó: el Hotel Sacher, fundado por Franz Sacher, que en su época de aprendiz de repostería inventó este dulce para deleitar al príncipe Klemens Wenzel von Metternich y sus invitados. En la cafetería del hotel se sirve, como es lógico, la mejor tarta Sacher del mundo.

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