Las mejores tapas de Sevilla

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De tapas por Sevilla
1/11/2016

Para muchos, Sevilla es la cuna del tapeo, un arte que se ha mantenido durante épocas donde la tapa no tenía el auge que posee hoy en día. En Sevilla se tapea, bien sea de pie o sentado, con la pareja, la familia, los amigos, los compañeros de trabajo... es toda una ceremonia el ir de una taberna a otra buscando las especialidades de cada lugar. Y regándolas con una cerveza bien fría (Cruzcampo, por supuesto) o una manzanilla.

Por eso, vamos a dar unas pistas para que en nuestra escapada tengamos claro cuáles son los mejores bares de tapas de Sevilla. No están todos los que son, pero sí son todos los que están. Sevilla tiene tanto arte que es imposible destacar todos los buenos locales de tapas que hay repartidos por la ciudad. Ahí van.

ZONA MONUMENTAL / RONDA HISTÓRICA

Empezaremos con los bares y locales cercanos a la Catedral, una de las principales zonas de tapeo de la ciudad. Por allí nos encontramos con la Bodega Morales (García de Vinuesa, 11), uno de esos sitios de los de toda la vida. Obligatorio pedir un vino y acompañarlo con un montaditos de pringá o una tapa de menudo con garbanzos.

A pocos metros de allí se encuentra el Bar Inchausti-La Moneda (Almirantazgo, 4), junto a Correos, cerca del Arco del Postigo. Tiene fama de ser la mejor freiduría de Sevilla, aunque sus Alrededor de la Catedral se concentran muchos de los mejores locales de tapeo de Sevillaguisos marineros (espectacular su sopa de galeras) y su marisco (especialmente los langostinos de Sanlúcar) quitan el sentido.

Otro clásico: Becerra (Gamazo, 2), establecimiento que se distingue por la calidad de su producto y en cuya barra se acoda la flor y nata sevillana, donde podemos tapear sin necesidad de pasar al restaurante. Cocina andaluza con alguna innovación, que siempre es de agradecer. Cambia la carta dos veces al año y siempre hay sugerencias diarias.

Y de un clásico a otro: Casablanca (Adolfo Rodríguez Jurado, 12). Buen trato y buen producto. Marisco del bueno, pescaíto, carrillada al jerez, tortilla al whisky, fabes con pringá... ¿hace falta seguir? Uno de los mejores bares de tapas de Sevilla.

Una de las calles preferidas para el tapeo (sobre todo por los turistas) es la famosa Mateos Gago, que ofrece una vista privilegiada de la Giralda. Si bien esta calle es eso, un sitio para guiris, podemos salvar de la quema la taberna de Álvaro Peregil (Mateos Gago, 20), también conocida como La Goleta. Se trata de un local minúsculo donde la tapa estrella es el Islote Perejil, surgida a raíz del conflicto en España y Marruecos, y elaborada con carne de cerdo y ternera picada, tratada con ajo, cebolla y perejil. Anda que no tiene guasa el amigo Álvaro. Su vino de naranja también tiene fama.

Otra magnífica opción para tapear por el centro monumental de Sevilla es Barbiana (Albareda, 11), cuyos productos vienen directamente de Sanlúcar de Barrameda. Casi nada. Especializados en pescados y mariscos frescos (tortillas de camarones, papas con choco, sargo al ajillo...). Es obligatorio acompañar este surtido de tapas sanluqueñas con su manzanilla Barbiana en rama. Espectacular.

También cabe destacar un local que se ha puesto de moda en los últimos tiempos, Milagritos (Alemanes, 29), por su diseño hippie chic y sus tapas más que aceptables. Pero sobre todo por tener, y en esto no hay discusión, la mejor terraza de la ciudad, situada a los pies de la Giralda. Quizás las tapas de Milagritos no sean las de más solera en Sevilla, pero las vistas son tan espectaculares que disfrutaríamos del local aunque sólo sirvieran agua y pan duro.

Por cierto, justo al lado está el EME Catedral Hotel, el más cool de Sevilla y el lugar perfecto para rematar la noche con un cocktail en su terracita desde la que casi tocamos la Giralda con la mano.

BARRIO DE SANTA CRUZ

El barrio de Santa Cruz es uno de los lugares con más encanto de Sevilla, y si encima nos permite tapear de lujo, para qué queremos más.

Empezaremos nombrando un par de sitios míticos del barrio: Casa Román (Plaza de los Venerables, 1) y Las Teresas (Santa Teresa, 2). Ambos locales son un perfecto Casa Románexponente del tapeo clásico andaluz, con un claro protagonista: el jamón serrano. Para muchos, el jamón mejor cortado de Sevilla se sirve en estos bares. Hay que decir que el Barrio de Santa Cruz es uno de los sitios más turísticos de la ciudad, así que Casa Román y Las Teresas (que salen como visita obligada en cualquier guía de Sevilla que se precie) son parte del epicentro gastronómico de guiris y turistas. Dicho queda.

Muy cerca de allí está La Vinería de San Telmo (Catalina de Ribera, 4), donde hay veneración por la materia prima de calidad. Su cocina busca la innovación sin artificio, y como ejemplo, uno de sus platos: trigo cremoso con boletus y aceite de trufa. Su carta de vinos es espectacular.

A dos pasos, nos topamos con La Cava del Europa (Puerta de la Carne, 6), donde se mezcla el ingenio tras los fogones con el respeto a los productos locales. Este bar con terraza ofrece algunas de las tapas populares y coloridas de Sevilla. Fue pionero en apostar por el cava para el tapeo. Allí podremos probar un salmorejo de remolacha con mascarpone, un tataki de caballa o la hamburguesita de ternera con espuma de mostaza.

Un clásico del barrio es la Bodega Santa Cruz, aunque todo el mundo la conoce como Las Columnas (Rodrigo Caro, 1), al final de Mateos Gago. Como hemos mencionado anteriormente, hay que tener en cuenta que en este barrio cualquier local está pobladoEl barrio de Santa Cruz es todo un clásico en el tapeo sevillano por una fauna variopinta, donde se mezclan los sevillanos más castizos con los turistas más remotos. Una vez prevenidos, debemos añadir que en Las Columnas se toma una de las mejores pringás de Sevilla. Es su especialidad, junto a la tortillita de bacalao. Que nadie se sorprenda cuando, al pedir la cuenta, el camarero haga sus cuentas con una tiza sobre la barra.

EL ARENAL / MUSEO

El Arenal y Museo, son dos de los barrios más típicos para el tapeo sevillano. Para que quien no conozca la ciudad se sitúe, diremos que este paseo gastronómico comprende (grosso modo) el área entre la Puerta de Jerez, la Torre del Oro, el Museo de Bellas Artes y el Palacio de la Marquesa de Lebrija, con La Maestranza como epicentro de esta zona torera y entregada a la devoción de hermandades y cofradías. Resumiendo: pleno centro de Sevilla.

Si hay un clásico en El Arenal, éste es La Flor de Toranzo (Jimios, 1 y 3), que todo el mundo conoce como Casa Trifón (así se apodaba su propietario). Espectaculares chacinas y enlatados de lujo, de los buenos de verdad. Uno de sus platos más famosos sorprenderá a quien nunca haya estado allí: anchoas con leche condensada. Hay que probarlas. Imprescindible su montadito de lomo picante, el foie gras y el lomo al jerez con manzana. Visita obligatoria en nuestra escapada a Sevilla

A tiro de piedra tenemos otro de los clásicos sevillanos: Bar Antonio Romero (Harinas, 10), uno de los locales más antiguos de la ciudad. No debemos irnos de aquí sin probar su exquisita pringá, especialidad de la casa, ni el famosísimo Piripi, un montadito a base de baco, tomate, queso y mayonesa. En el 19 de la calle Antonia Díaz, está la Bodeguita Antonio Romero, prima hermana del original y con la misma calidad.

Otro de los sitios míticos de Sevilla es El Donald (Canalejas, 5), local taurino donde los haya. Aquí triunfan las especialidades de cocina andaluza, con la ensaladilla rusa como principal protagonista. Basta decir que viene gente desde los cuatro puntos cardinales sólo para probarla.

Cerca de allí está Blanco Cerrillo (José de Velilla, 11), famoso por tirar la cerveza de escándalo y por servir el mejor adobo de Sevilla. ¿Sus especialidades? Los boquerones fritos en adobo, el cazón y las pavías.

Y s i estamos por la zona del Museo de Bellas Artes, podemos acercarnos hasta Boreas (Puerta de la Plaza Real, 6), uno de los precursores de la fusión entre las tapas y el casual food. Esmerada presentación de sus platos y tapas, donde el producto de calidad es el protagonista. Entre sus tapas más celebradas están el binomio de queso en dos temperaturas y la pluma ibérica con gnocchis al parmesano.

ALFALFA / ALAMEDA DE HÉRCULES / ENCARNACIÓN

Desde la Plaza de la Alfalfa hasta la Alameda de Hércules, nos encontraremos con muchos de los locales clásicos del tapeo sevillano, sin salir del casco antiguo. Por ejemplo, el Bar Eslava (Eslava, 3), donde la calidad de su servicio compite con la de sus productos. No podemos irnos sin probar sus costillas a la miel (una de sus especialidades), el salmorejo, el solomillo al eneldo, la caballa a la plancha... o alguna de las sugerencias del día La Alameda de Hércules es una de las zonas de moda para alternar en Sevilla(producto fresco directo desde el mercado) como las navajas, las coquinas, las almejas o las ortiguillas fritas.

Otro de los bares míticos de Sevilla es El Rinconcillo (Gerona, 40), muy cerquita de la Iglesia de Santa Catalina. Se trata de uno de los locales más antiguos de la ciudad, con una decoración propia de una tienda de ultramarinos (entiéndase como virtud) que roza lo magnífico con sus arroces, sus espinacas con garbanzos (plato típico sevillano), la carrillada de cerdo ibérica o sus pavías de bacalao. Lugar de reunión de muchos cofrades donde el vino se pide por 'coroneles', una unidad de medida propia que consiste en llenar el vaso hasta arriba de vino. Dicen que así lo pedía un antiguo coronel, cliente asiduo de la casa. Un hurra por el coronel.

Siguiendo con nuestro paseo por la flor y nata de la gastronomía sevillana, llegamos hasta Coloniales de Vinos y Viandas (Plaza del Cristo de Burgos, 19), conocida también como Taberna Coloniales. Toma el nombre de una antigua tienda de ultramarinos ubicada en el mismo lugar. Comida andaluza y de calidad, qué más se puede pedir. Un par de sugerencias: crujiente de berenjenas con miel y manjar blanco con salsa de almendra (pechuga de pollo rellena de bacon y cubierta con una salsa de almendras que se realiza con aceite de oliva virgen extra). Uno de los mejores bares de Sevilla.

Si antes hablábamos de Álvaro Peregil, ahora nos acordamos de su padre (en el buen sentido), Pepe Peregil, Tabernero Mayor de Sevilla. Ahí es nada. Regenta la taberna Quitapesares (Plaza Jerónimo de Córdoba, 3), que en 2015 será centenaria. Todo en esta taberna gira en torno a Pepe. Igual se arranca con una saeta que canta una sevillana minetras corta jamón, pues hay que decir que es un excelente cantaor. No podemos dejar de probar su vino de Manzanilla, mientras tomamos unos caracoles o unas chacinas.

Otro de los bares que merecen visita obligada por la zona es La Trastienda (Alfalfa, 8), uno de los bares donde la calidad del producto es para dar palmas: gamba fresca de Huelva, langostinos de Sanlúcar, percebes, cañaíllas (que le dan fama a la casa), navajas, coquinas, almejas... y atención sus carabineros abiertos a la plancha con un toque de foie, que quitan el sentío. El lugar perfecto para tomar una cervecita (o un albariño) con una tapita de marisco de primera.

Nuestro siguiente local no se cortó un pelo a la hora de buscar nombre. La Cervecería El Tremendo (San Felipe, 1) tiene fama de servir la mejor cerveza de la ciudad. El local original (el negocio ha proliferado y hay varios Tremendos repartidos por Sevilla) Cervecería El Tremendoes probablemente el bar más rentable de la ciudad: 10 metros cuadrados siempre abarrotados de fieles. Cerveza tirada con maestría (Cruzcampo, por supuesto), a través de antiguos grifos de cobre, servida con la crema justa, y muy fría, en vasos Arcoroc. Quizás, el secreto de este local sea la frescura de su cerveza, pues despacha 10 barriles diarios. En realidad, en El Tremendo no hay tapas (si acaso algún fruto seco, algún altramuz, alguna patata frita...) pero en un paseo gastronómico es obligado incluír el bar que mejor tira la cerveza en Sevilla, con permiso del Bar Julián (Faura, 4) y el Bar Jota (Luis Montoto, 52), que junto al Tremendo forman la Santísima Trinidad de Gambrinus.

Bar Manolo (Plaza de la Alfalfa, 3), ¿puede haber un local con un nombre más castizo? Es conocido como el bar de las Pavías, así que sobra cualquier comentario sobre qué tomar allí. Pero vamos, que tiene más cosas y todas buenas. Uno de esos bares de toda la vida. Y una de las mejores terrazas de Sevilla.

Entre la Alameda de Hércules y el Guadalquivir está Dúo Tapas (Calatrava, 10), donde se combina la cocina de autor con el tapeo. No todo van a ser chacinas y montaditos. Aquí podremos tomar, por ejemplo, presa ibérica con chutney de mango; o huevos escalfados con crema de trufa blanca. Servicio joven y amable. La carta está escrita con tiza en la pared, y se puede pedir vino por copas.

Y para finalizar nuestro recorrido por esta zona, nos aproximamos a una de las sensaciones del nuevo tapeo sevillano: La Azotea (Jesús del Gran Poder, 31-33), otro de los locales de la nueva hornada gastronómica, que nada tiene que ver con el ambiente de la calle donde está ubicado y que se encuentra en las antípodas de los bares con decoración taurina. En La Azotea, podemos probar tapas como los saquitos de brick con queso puerro y langostino, la ensaladilla de ahumados, con cebolleta y alcaparras o la lasaña de espinacas, melva y queso curado. También se han unido a la bendita moda del vino por copas. Más que recomendable.

LOS REMEDIOS

Tras visitar los bares del casco antiguo de Sevilla, toca cruzar el río. Para empezar, nos acercaremos al barrio de Los Remedios que es, por si alguien no lo sabe a estas alturas, el lugar donde se colocan las casetas de la Feria de Abril. Llegaremos a través del Puente de Los Remedios (como no podía ser de otra forma), que une el barrio con el Paseo de las Delicias, donde comienza el Parque de María Luisa.

A lo que vamos. Para empezar, deberíamos acercarnos al Grana y Oro (Niebla, 27), todo un clásico del tapeo en Los Remedios. Se trata de un bareto de los de toda la vida, con una carta a base de tapas caseras que, por cierto, están para chuparse los dedos: carne con tomate, espinacas con garbanzos, papas aliñás, croquetas o el atún en dos versiones: encebollao o con tomate. Cada ración viene con su salsita (para hincharse a mojar) y guarnición de patatas fritas de verdad, cortadas a mano y fritas en aceite del bueno. Y encima, a un precio de risa.

A tiro de piedra se encuentra el restaurante Los Cuevas (Virgen de las Huertas, 1). Cocina andaluza tradicional con la verdura como auténtica protagonista. En el barrio de Los Remedios se instalan las casetas de la Feria de AbrilCarta de temporada, por supuesto, repleta de guisos. El plato mítico de Los Cuevas es el de garbanzos con espinacas, típico de Sevilla, pero que en este bar roza lo sublime. Además, en Los Cuevas bordan la fritura de verduras. Sería un pecado irnos de allí sin probar sus berenjenas fritas o sus huevos con espárragos. Tiene guasa que la mejor verdura de Sevilla se sirva en la calle Virgen de las Huertas.

Y de la huerta al mar. Cuando los sevillanos quieren comer buen marisco a precios razonables, no hay duda posible: Mariscos Emilio. Su local señero es el de la calle Génova, 1 (junto a Plaza de Cuba), en pleno barrio de Los Remedios, aunque cuentan con varios establecimientos en Sevilla. Podemos elegir las piezas de marisco vivas para que nos las preparen al gusto. Además, preparan una ensaladilla de gambas que quita el hipo. Visita obligada para los amantes de las gastronomía marina.

Muy cerca de allí está Sebastián (Virgen de las Montañas, 17), otro local de referencia en Los Remedios. Producto de altura recién traído de Cádiz y Huelva: mariscos, guisos marineros, cañaíllas, langostinos... Una carta clásica que no engaña a nadie. Excelente servicio.

Y para acabar nuestra ruta por el barrio, podemos acercarnos hasta la barra del Jaylu (López de Gomara, 19), uno de los mejores restaurantes de Sevilla. Ojo, hemos dicho 'la barra', porque es donde podremos degustar sus especialidades a precios razonables: foie gras a la plancha, el esturión ahumado, el solomillo de kobe, ortiguillas... Si queremos darnos un homenaje, podemos pasar al restaurante y ponernos las botas con sus mariscos y pescados.

TRIANA

Para el final hemos dejado el barrio más castizo, más gitano y con más encanto de Sevilla. Lo más habitual es llegar hasta aquí a través del Puente de Triana, frente a la plaza de toros de La Maestranza, y desembocar en la Plaza del Altozano, la puerta de entrada al barrio. Allá vamos.

Uno de los muchos bares míticos de Triana es Las Golondrinas (Antillano Campos, 26), todo un clásico en la ciudad. Imprescindible probar sus puntas de solomillo, especialidad de la casa. Hay auténtico desfile de peregrinos a este local sólamente por este plato. Tienen otras cosas, claro, pero muchos clientes toman siempre la misma tapa, una y otra vez. Hasta reventar. El servicio es de los que no quedan: atentísimo y amable.

En nuestro recorrido por Triana no puede faltar Casa Diego (Avenida Santa Cecilia, 29), o mejor dicho, el bar con los mejores caracoles de Sevilla, desde finales de abril hasta agosto. Casa DiegoEn Casa Diego, en los días grandes, se sirven entre 100 y 200 kilos de caracoles. Ahí es nada. También son excelentes sus cabrillas.

A dos pasos de allí (en realidad en Triana todo está a dos pasos) tenemos algunos sitios míticos que no debemos perdernos: Casa Ruperto (Avenida Santa Cecilia, 2), con la codorniz como plato estrella. Además, deliciosos caracoles y muy buena pringá. De allí podemos ir a Casa Manolo (San Jorge, 16) donde bordan el pescaíto frito. Son muchos lo que se dejan caer por allí para probar sus guisos, cocinados como en casa de nuestra abuela. Sólo tenemos que levantar la mano y uno de sus camareros (ataviados con un lazo negro a modo de pajarita) nos pondrá delante algo de comer o de beber. Y ya que estamos, nos pasamos por Casa Cuesta (Castilla, 1), local centenario que en tiempos fue despacho de vinos y ahora es un bar de referencia en Triana, con sus paredes de azulejo y su emblemático reloj presidiendo la barra. Allí no faltan ni las típicas espinacas con garbanzos, ni los riñones al jerez ni el rabo de toro.

Otro de los clásicos trianeros es Bodega Vargas (Rodrigo de Triana, 8), local de claro color sevillista (por el equipo de fútbol) situado en zona comanche, porque a nadie se le escapa que Triana tiene el alma bética. No obstante, en su barra conviven las dos aficiones unidas por un bien común: disfrutar de su magistral fritura. El producto viene directamente desde Sanlúcar de Barrameda, lo cual es garantía de calidad. Gambas fritas y cocidas, chocos y calamares, puntillitas y cazón, boquerones y pijotas. Todo ello acompañado de una manzanilla bien fría.

Seguimos. El Bistec (Pelay Correa, 34), junto a la Iglesia de Santa Ana (conocida como la Catedral de Triana), ofrece una tapa única: paloma en salsa, plato centenario que se remonta a la época en que los nobles frecuentaban el arte de la caza. Cocina tradicional sevillana con interesantes guisos de ave y cabrillas en salsa.

En el número 66 de la calle Betis, una de las más famosas de Triana, junto al Guadalquivir, se encuentra uno de los mejores bares de la zona: La Primera del Puente. Allí podemos pararnos a reponer fuerzas y de paso probar sus pavías, sus gambas rebozadas, su tortilla de camarón... Un lugar privilegiado.

El paseo por Triana nos está quedando muy castizo, como no podía ser de otra forma. Pero en los últimos tiempos hay un local que ha entrado como un tiro en el barrio, dando un soplo de aire fresco y convirtiéndose en referencia del tapeo creativo y de calidad: Puratasca (Numancia, 5). En este gastrobar, gastrotasca, o como demonios se quiera llamar a este concepto que se ha puesto de moda, se sirven algunas de las más originales tapas de Sevilla, y para muestra un botón: pirTriana es el barrio con más solera de toda Sevillauleta de chorizo con arándano deshidratado hecho en tempura con salsa de curry. Como dirían por allí: Olé.

La fórmula de Puratasca parece sencilla: materias primas de calidad, una pizca de tradición, una imagen cuidada y un gran respeto por el producto. La carta de Puratasca es una pared de pizarra donde, con tiza, se van apuntando las sugerencias del día y se van borrando a medida que se acaban. Ofrecen vinos (muy interesantes) por copas.

Y para finalizar nuestro recorrido gastronómico por el barrio, qué mejor que regresar a Sevilla por el puente de Triana (que en realidad es el Puente de Isabel II, pero a estas alturas ya sabemos que en Sevilla todo lo que tiene un nombre tiene un apodo). Pero antes de cruzarlo, hay una parada obligatoria para tomarnos la penúltima: El Faro (antiguo Kiosco de las Flores), situado justo a la entrada del puente, junto a la Plaza del Altozano. Su fritura es buena (deliciosas puntillas y chocos), su cerveza está bien tirada, pero sus vistas son sencillamente espectaculares: desde su terraza dominamos el Guadalquivir, con la Torre de Oro al fondo, La Maestranza al frente y Triana a nuestros pies. ¿Hay mejor forma de despedirse?

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