Segovia, ciudad de reyes

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Escapada a Segovia

Segovia está considerada como una de las ciudades más bellas de toda España y con razón. Todo el mundo que se acerque a visitarla será seducido por su historia y su belleza, como ya lo hicieron personajes tan renombrados como Quevedo, Antonio Machado y Gómez de la Serna, que alabaron en sus obras la magia de Segovia. Lugar favorecido por los reyes, hogar de héroes y cuna de personajes de leyenda, el visitante que se acerque a ella descubrirá en cada rincón un nuevo misterio o maravilla que hará volar su imaginación. Segovia nos aguarda; no la hagamos esperar más.

EL ACUEDUCTO DEL DIABLO. La primera parada de cualquier visita a Segovia debe ser, por supuesto, su monumento más famoso: el Acueducto. Aunque este gran monumento romano, el mejor conservado de este tipo en toda España, se extiende a lo largo de buena parte de la ciudad, el mejor lugar para disfrutar de él se encuentra en la plaza del Azoguejo, un espacio totalmente diáfano que nos permitirá admirar el portentoso Acueducto en todo su esplendor.

El acueducto de la ciudad es una magnífica de finales del siglo I y está compuesto por 120 pilares y 166 arcos de grandes bloques de piedra unidos sin ningún tipo de argamasa, cifras que por sí solas nos hablan de su espectacularidad.

Hay gran cantidad de leyendas que rodean el nacimiento del símbolo más importante de Segovia, pero la más conocida es la que cuenta que una joven aguadora segoviana, cansada de acarrear agua todo el día, hizo un pacto con el diablo por el cual ella le entregaría su alma si conseguía construir una obra capaz de abastecer de agua a la ciudad en una sola noche. El diablo aceptó y, junto con sus esclavos de las tinieblas, comenzó a construir rápidamente el acueducto a la luz de la luna.

La joven, aterrorizada y arrepentida, rezó pidiendo ayuda para no perder su alma mientras veía cómo millones de diablillos construían el acueducto a una velocidad inimaginable. Finalmente, cuando solo quedaba por colocar una última piedra para que el diablo cumpliese el trato, el primer rayo de luz del día apareció y cantó el gallo mucho antes de lo previsto, haciendo que la obra no estuviese terminada a tiempo y que el alma de la aguadora se salvase para Dios.

El diablo se tuvo que ir con las manos vacías, pero todavía se cuenta también que los agujeros que hay en las piedras del acueducto son las marcas que las uñas del diablo dejaron en ella durante su construcción.

EL ESPLENDOR DEL ROMÁNICO. Cerca de la plaza hay además dos iglesias cuya visita por ningún motivo nos podemos perder. Son unas pequeñas maravillas que acoge la ciudad, de las cuales el gran público a menudo no tiene noticia, pero cuyo alejamiento de las grandes masas no hace sino incrementar su encanto.

La primera que nos encontramos es la Iglesia de san Justo, un templo románico que esconde grandes tesoros en su interior. Que no nos engañe su austero exterior, pues en cuanto atravesemos sus puertas nos quedaremos sin respiración, dado que este pequeño templo exhibe uno de los pocos ejemplos que quedan de pintura románica mural en España. Disfrutemos de las figuras y su colorido, sin olvidarnos de visitar al famoso Cristo de los Gascones, que aquí se exhibe, antes de salir y dirigirnos hacia la Plaza de San Salvador.

Allí nos espera la iglesia del mismo nombre, donde su pórtico con sus preciosas columnas nos lleva una vez más a disfrutar del esplendor del románico. En su interior, nos encontramos un precioso retablo barroco y un valioso retablo flamenco del siglo XVI que también son dignos de visitar. Una vez salimos de la iglesia de San Salvador, miremos hacia lo alto, porque encima de una gran roca que domina toda la ciudad se encuentra nuestra siguiente parada: el Alcázar.

EL ALCÁZAR, HOGAR DE REYES. El Alcázar Real de Segovia es una de las imágenes más conocidas del esplendor medieval, no solo de esta ciudad, sino de toda la corona castellana.

Atalaya defensiva, residencia real, academia y cárcel, sus muros han albergado algunos de los acontecimientos más importantes de la historia del país. Aquí, por ejemplo, fue donde Alfonso X El Sabio compuso sus famosas Cantigas de Santa María y donde Isabel la Católica se proclamó reina en 1474, por citar solo dos acontecimientos. Este alcázar, por tanto, es el símbolo más importante del poder y la magnificencia del poder de los reyes castellanos medievales y tal impresión continúa impregnando la mayoría de sus salas.

Pero, antes de sumergirnos en las maravillas de su interior, vamos a subir, como se dice en los cuentos de hadas, hasta lo más alto de la más alta torre, la llamada torre de Juan II, desde donde podremos apreciar las vistas más impresionantes de toda la ciudad. Una vez que hayamos disfrutado de las vistas, pasemos al interior del alcázar, donde podemos pasear por las salas donde vivieron monarcas tan importantes como Alfonso X, Enrique IV o los Reyes Católicos.

Entre todas ellas debemos fijarnos especialmente en el llamado Salón del Trono, donde se encuentra la reconstrucción de los tronos de los Reyes Católicos y su escudo; la Sala de las Piñas, llamada así por la forma de su magnífico artesonado, y la Cámara Regia, donde se ha reconstruido el aspecto que debía tener el dormitorio real a finales de la edad Media y en la que cuelgan valiosísimos tapices.

Sin embargo, una de las salas más impresionantes del alcázar no está entre las mencionadas, dado que merece un relieve especial. Es la Sala de los Reyes, en cuya parte superior se encuentran representados mediante estatuas todos los reyes de Asturias, Castilla y León desde don Pelayo hasta Juana I la Loca.

Pero esta sala también cuenta con una leyenda, pues el infante don Pedro, de unos diez años, hijo ilegítimo del rey Enrique II de Trastámara, cayó por una de las ventanas de la sala, muriendo en el acto. Es una leyenda muy popular, de la que existen varias versiones y una cruz de hierro señala el lugar donde ocurrió el fatídico suceso.

Una vez hayamos salido del Alcázar, nos encontraremos en la Plaza de la Reina Victoria Eugenia, donde hay interesantes lugares que visitar. Allí nos encontraremos con el espléndido monumento dedicado a los Héroes del Dos de Mayo y, al fondo de la misma, con la Casa de la Química, un laboratorio de tiempos de Carlos III donde Louis Pasteur descubrió las leyes que se bautizaron con su nombre. Además, muy cerca de allí, en la calle de Daoíz, nos encontramos con el misterioso Antiguo Museo de la Brujería, que expone una colección de objetos oscuros, mágicos e inquietantes que van desde la cabeza del vampiro Oktavius von Bergengruen hasta máquinas de tortura y objetos que utilizaban las brujas en sus aquelarres. Absolutamente inquietante.

Después nos dirigiremos hacia otro de los puntos clave de la ciudad. Atravesaremos la llamada Puerta de la Claustra, la única que queda en pie de las que tres que cerraban el barrio de las Canonjías, fijándonos en la reproducción de la estatua de la Piedad que hay sobre ella, antes de llegar a la Casa Museo de Antonio Machado, que mantiene intactas las estancias en las que vivió el gran poeta entre 1919 y 1932. Un poco más adelante nos encontramos con la Plaza Mayor de la ciudad, donde podremos descansar o tomar algo en los establecimientos de sus soportales antes de llegar a nuestro destino: la Catedral.

LA DAMA DE LAS CATEDRALES. Conocida por este nombre por sus grandes dimensiones y por la elegancia de sus formas, la Catedral de Segovia se comenzó a construir en el siglo XVI para sustituir a la llamada catedral vieja, pero no se dio por terminada hasta el siglo XVIII, teniendo una mezcla de estilos que solo añade más encanto al resultado final. Demos una vuelta por su exterior, admirando sus pináculos, su alta torre y su cúpula, antes de entrar al interior por la Puerta de San Frutos.

Una vez dentro, disfrutemos de su esplendor, tomándonos nuestro tiempo para admirarla detenidamente, sin olvidarnos de visitar la tumba del infante don Pedro, el niño de la leyenda del Alcázar, que aquí se conserva. Entre todas las maravillas de la catedral, que son muchas, destacan la maravillosa capilla del Sagrario, de estilo churrigueresco; el Cristo Yacente de Gregorio Fernández, en la capilla del Descendimiento y el Altar Mayor, de estilo neoclásico, obra de Francisco Sabatini, por citar solo algunas de las magnífica sobras de arte que contiene.

Después, pasemos al Claustro, perteneciente a la anterior catedral y trasladado aquí piedra a piedra, para disfrutar de la tranquilidad que transmiten sus piedras y el pequeño jardín que la decora. Finalmente, antes de terminar con nuestra visita a la catedral, nos debemos pasar por el Museo Catedralicio, donde se exhiben auténticas maravillas, entre las que destacan el que está considerado como el primer libro impreso en España, que data de 1472, por citar solo un ejemplo.

LAS MURALLAS DE SEGOVIA. Muy cerca de la catedral, en la calle Martínez Campos, se encuentra el acceso a otros de los monumentos más destacados de la ciudad e, increíblemente, también de los más desconocidos: las murallas de Segovia.

Esta ciudad es, junto con Lugo y Ávila, la única capital de provincia que conserva entera la muralla que rodea su casco histórico. Tiene unos tres kilómetros y, mientras paseamos por ella, podremos apreciar el espectacular entorno natural que rodea la ciudad y que desde nuestra posición en las murallas reclama nuestra atención.

Por último, antes de salir del entorno de la Catedral, debemos parar a visitar la Sinagoga Mayor, ahora iglesia del Corpus Christi, que antes fue además mezquita. Muy dañada por un incendio en 1899, ha sido reconstruida para que el público pueda apreciarla en todo su anterior esplendor. Era la más grande de las cinco sinagogas que había en la ciudad y llaman poderosamente la atención sobre todo sus arcos de herradura y sus bellos capiteles.

Después, nos alejaremos de nuevo hasta la calle Juan Bravo, a través de la cual llegaremos a la Plaza de Medina del Campo, una de las más bonitas de toda la ciudad por sus estatuas, su fuente y su entorno de casas y palacios antiguos que nos hace retroceder a la plena edad Media. Por último, siguiendo todavía la calle mencionada, llegaremos hasta la famosa Casa de los Picos, otro de los símbolos de la ciudad, levantada como casa-fortaleza al lado de la Puerta de San Martín y que hoy acoge la Escuela de Arte.

LA GRANJA Y EL REY MELANCÓLICO. Aunque en los alrededores de la ciudad hay otros grandes monumentos de cuya visita no nos arrepentiríamos (como el Monasterio de Santa Cruz la Real, el Monasterio de Santa María de El Parral, la Iglesia de la orden del Santo Sepulcro de la Vera Cruz o el Convento de los Carmelitas Descalzos, donde está enterrado san Juan de la Cruz) si debemos escoger un lugar para visitar fuera de la Segovia, éste debe ser el palacio de la Granja de San Ildefonso.

A unos diez kilómetros de la ciudad, el complejo de la Granja de San Ildefonso destaca por su belleza y esplendor. Fue mandado construir por Felipe V, el primer monarca Borbón, que añoraba los palacios y jardines de su Francia natal y que quiso convertir este lugar en su pequeño Versalles. Residencia de verano de los reyes hasta Alfonso XIII, este precioso palacio barroco destaca tanto por su elegancia como por su riqueza. Pero, tanto o más impresionante que el propio palacio son sus extensísimos jardines, de más de seis kilómetros, decorados con todo tipo de fuentes monumentales, cascadas y estatuas, que hacen de este lugar uno de los jardines más impresionantes de toda Europa.

Pasear por ellos es un auténtico placer y aunque en la actualidad solo se encienden ciertas fuentes cada día, tres veces al año (el 30 de mayo, San Fernando; el 25 de julio, festividad de Santiago, y el 25 de agosto, San Luis) se encienden a la vez diversos conjuntos de fuentes que otorgan al visitante un espectáculo sin igual. Imprescindible.

COMER EN SEGOVIA. La gastronomía segoviana es una de las mejores de toda Castilla, de una gran variedad, pero si tenemos que elegir un plato estrella, este sería, sin duda alguna, el cochinillo segoviano, cuya fama traspasa nuestras fronteras. Probarlo debe ser una obligación para cualquiera que visite la ciudad, pero no debemos detenernos solo en él, pues Segovia tiene muchos más platos que ofrecer.

Destacan también los judiones de La Granja, de sabor inigualable; los puerros del cercano monasterio de El Parral, de gran fama en toda la ciudad; la sopa castellana, que en esta ciudad se sirve con huevo escalfado, y su célebre cordero asado.

Y, una vez que hayamos terminado con todos estos platos, si queremos algo dulce, no debemos perdernos el famoso ponche segoviano, un gran postre de yema y almendra que solo encontraremos en estas tierras.

Para degustar todos estos platos, hay gran cantidad de restaurantes, que sobre todo se concentran en las zonas más turísticas, principalmente en la plaza Mayor, del Azoguejo y de Medina del Campo, pero especialmente recomendables son el restaurante El Bernardino (Cervantes, 2), especializado en cocina tradicional segoviana; el célebre Mesón de Cándido (Plaza del Azoguejo, 5) cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII y que es famoso por su cochinillo, y el Mesón de José María (Cronista Lecea, 11), que además de buenos platos típicos, cuenta con una magnífica repostería.

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