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Santander en dos días

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Escapada a Santander

Por la mañana...

Comenzamos nuestro segundo día en la capital cántabra, en la cual aún nos queda mucho por descubrir. De hecho, más de la mitad. Una de las zonas más conocidas y hermosas de Santander nos ocupará nuestra segunda mañana.

Si ayer terminamos el recorrido en la Península de la Magdalena, hoy saldremos de ese mismo punto para continuar nuestro recorrido por la costa de la ciudad. Ante nosotros se despliega una de las playas más populares, bellas y señoriales del Cantábrico: la Playa del Sardinero, toda una institución vacacional desde principios del siglo XX. La playa se extiende junto al Paseo Marítimo que la recorre, y que forma parte de la Avenida Reina Victoria. Es una playa grande, de arena fina y aguas frescas y bravías, en la que es normal encontrar a gente haciendo surf durante todo el año. En verano, los días de sol y calor invitan a la población y a los turistas a disfrutar de la playa; gracias a su inmejorable emplazamiento a pie de ciudad, es el mejor recurso para darse un baño y tomar el sol.

Junto a la playa y frente a nosotros se alza toda una institución en la ciudad: el Gran Casino Sardinero. El precioso edificio data de 1916 y muestra la elegancia arquitectónica de la época. Fue escenario de magníficas fiestas reales a las que acudía la más selecta nobleza. Hoy día es un lugar mítico para el juego, en el que además se organizan eventos deportivos, exposiciones artísticas, conciertos y festivales. Atención a los cinéfilos: el Gran Casino Sardinero fue uno de los escenarios donde se desarrolla la vertiginosa parte final de la película Airbag de Juanma Bajo Ulloa, todo un clásico de la comedia española de los años 90. Su terraza es magnífica y lo mismo se puede decir de su ambiente y sus vistas. Puede ser el mejor lugar para desayunar o para tomar el aperitivo frente a la playa, en el caso de que ya vaya siendo hora.

A mitad del Paseo Marítimo, que seguiremos recorriendo con toda la tranquilidad que se merece, se encuentran los Jardines del Piquío. En este precioso parque urbano podemos visitar su mirador, ubicado bajo una elegante pérgola y desde el que podremos contemplar la Bahía de Santander, la Península de la Magdalena y la Isla de Mouro. Una espectacular panorámica, gracias a la cual podremos llenarnos la vista con la belleza de este increíble enclave. Lo que resta del Paseo Marítimo nos llevará al Club de Golf Mataleñas (Av. del Faro, s/n), que con sus nueve hoyos y su privilegiada ubicación, junto a la misma playa, es uno de los campos de referencia para los amantes del deporte más verde.

Junto al club de golf comienza un camino peatonal, que bordea la pequeña península sobre la que se extiende el campo; un magnífico paseo que lleva hasta el Faro de Cabo Mayor, otro de los puntos de inexcusable visita en Santander. Pero quizás ya hemos caminado suficiente, y puede ser un buen momento para reponer fuerzas en alguno de los magníficos restaurantes de la zona de El Sardinero.

Por la tarde...

Después de la comida y la sobremesa un buen paseo puede ser lo mejor, y más aún si recorremos parajes tan bellos como los de la costa de Santander. El Faro de Cabo Mayor es un estupendo destino para visitar por la tarde. Su horario de apertura es desde las cinco hasta las siete de la tarde (los lunes cierran, y por la mañana abren de once a una y media), así que puede ser la propuesta perfecta para comenzar nuestro recorrido vespertino. Si bien el paseo peatonal que comentábamos nos llevará por la costa, de forma que podremos disfrutar de la compañía del mar Cantábrico y de las vistas del precioso campo de golf, también se puede llegar al Faro por un camino más corto: la propia Avenida del Faro, que sale del famoso Hotel Chiqui (donde, por cierto, se come muy bien) y en cuyo punto final se encuentra la construcción.

El camino puede hacerse a pie o en coche pero indiscutiblemente merece la pena recorrerlo para llegar a este magnífico faro, declarado de interés histórico y que se encendió por vez primera en 1839. De forma cilíndrica y completamente erigido en piedra, su estilizada silueta se alza en un maravilloso enclave natural.

Dentro del faro nos encontraremos una agradable sorpresa: su interior acoge la exposición permanente de la Colección Sanz-Villar. Se trata de casi mil obras, entre acuarelas, dibujos, grafitos y otras técnicas, que el artista Eduardo Sanz realizó a partir de los principales faros españoles. Tan variadas como delicadas, estas auténticas obras de arte son un placer para la vista. En la otra sala hay una muestra, también permanente, muy interesante y curiosa: refleja la presencia de los faros en la vida cotidiana. Faros que surgen en libros, ropa, propaganda, envoltorios, logotipos, sellos de correos. Todo un recorrido por la iconografía de estas hermosas linternas que desde hace milenios alumbran el mar y las costas.

El recorrido costero no termina en este punto. Todavía hay bellas excursiones que se pueden realizar en Santander, aunque para ello tengamos que coger el coche o algún medio de transporte. Por ejemplo, ¿qué tal si visitamos la Ermita de la Virgen del Mar, en el barrio de San Román de la Llanilla? Este lugar, si bien es bastante conocido entre los santanderinos, no suele ser visitado por los turistas al no aparecer en muchas guías. Pero es un sitio tan sorprendente como espectacular. Se trata de una ermita del siglo XIV que se erige sobre un islote ubicado justo frente a la costa, al que se accede por una pasarela peatonal que lo une a la tierra. La ermita acoge una talla de la Virgen del s. XIII y en ella se respira devoción marinera por los cuatro costados. El barrio de San Román está situado hacia el oeste de la ciudad y, además de la ermita, allí podremos contemplar (y disfrutar, si el tiempo acompaña) su preciosa playa.

Para quienes disfruten de la navegación y las singladuras marineras, en Santander existe la posibilidad de cruzar la bahía en embarcaciones que salen del Palacete del Embarcadero y llegan al bonito pueblo de Somo. La empresa Los Reginas tiene una flota de barcos que salen cada media hora de ambos puntos. Además de este trayecto, también organizan excursiones por la bahía con escalas en Pedreña y Somo, o de camino a la Playa del Puntal (Laredo). Por otra parte, disponen de un catamarán con fondo de cristal que permite a los asombrados viajeros contemplar las profundidades de la bahía durante el trayecto. En definitiva, contemplar Santander y sus alrededores desde el mar, disfrutando de la brisa del Cantábrico y de su increíble entorno natural, puede ser una excelente manera de terminar una visita a esta preciosa ciudad. Eso sí, siempre con ánimo de volver.

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