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Un solo día es poco para una ciudad tan bella como Roma. Si tienes un par de días y quieres saber qué ver y qué hacer en Roma, estás en el lugar adecuado.

Por la mañana...

1. EL VATICANO . A nadie se le escapa que una de las mejores panorámicas de Roma se obtiene desde lo alto de la cúpula de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, visible desde casi cualquier punto de la ciudad. Si además añadimos que esta cúpula fue proyectada por Miguel Ángel ya tenemos nuestra primera visita obligada del día. Conviente madrugar y tomar el metro hasta la parada de Ottaviano para evitar así las colas. Ver cómo despierta Roma desde San Pedro es uno de esos momentos que se queda en la retina para siempre.

Después podemos pasear por el interior de la basílica sin prisas, disfrutando cada detalle. Es un lugar que embriaga por su belleza y por la majestuosidad de las obras que alberga, como La Pietà (La Piedad) de Miguel Ángel o el Baldaquino de Bernini. Impresionante.

Para acabar de disfrutar del lugar, saldremos a la famosa Plaza de San Pedro, donde se agolpan los fieles que van a recibir la bendición del Papa, entremezclados con la Guardia Suiza: la policía de este pequeño estado, fácilmente reconocibles por sus coloridos uniformes. Esta plaza fue ideada por Bernini, y sus amplias columnatas formando una elipse representan 'los brazos maternales de la Iglesia. Esta plaza, frente a la imponente fachada de la basílica, es uno de los lugares más impresionates de Roma.

Por supuesto no podemos abandonar el Vaticano sin visitar sus museos. Las colas para entrar a los Museos Vaticanos son constantes, aunque a media mañana suelen ser más llevaderas. Allí nos encontraremos con obras maestras del Renacimiento: en la Stanza della Signatura veremos algunos frescos de Rafael (el más famoso es la Escuela de Atenas) y la magistral Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Los museos vaticanos también albergan obras menos conocidas pero geniales, como el Perseo con la cabeza de la Medusa, de Antonio Canova, o el Apolo del Belvedere o el Laocoonte.

Un consejo: no nos durmamos en los laureles si queremos visitar los Museos Vaticanos. Su horario es de 9 a 16 h. de lunes a sábado, y cierra los domingos (excepto el último de cada mes, jornada en la que se permite la entrada gratuita de 9 a 12 h.)

2. CASTEL SANT'ANGELO. A tiro de piedra del Vaticano tenemos otra de las visitas imprescindibles en la ciudad romana: el Castel Sant'Angelo es la fortaleza en la que los Papas se refugiaban en tiempo de guerra y saqueos. Visto desde el cielo, el castillo tiene forma de estrella. Antes de convertirse en patrimonio del Vaticano, esta fortaleza fue el Mausoleo de Adriano.

3. PASEO POR EL TÍBER. Al salir del Castillo de Sant'Angelo una magnífica opción es dar un largo paseo por la orilla del río Tíber hasta llegar al barrio judío. En el Puente Garibaldi, que une el centro histórico con el Trastevere, nos asomaremos para ver discurrir las aguas. A un paso está la Isola Tiberina, una pequeña isla sobre la que circulan muchas leyendas. Antiguamente estaba considerada como un lugar de malos augurios y sólo los peores criminales eran condenados a pasar allí el resto de sus vidas. Fue fortaleza, convento y hospital. Ahí queda eso. De lo que no cabe duda es de que se trata de uno de rincones con más encanto de Roma.

Por cierto, si alguien busca el famoso puente de los candados (el que se hizo famoso por el libro Tengo ganas de ti de Federico Moccia) que no espere encontrarlo cerca del centro. El Puente Milvio, que así se llama, se halla al norte de la ciudad y es uno de los principales puentes sobre el Tíber. El ritual de escribir las iniciales de los amantes en un candado y tirar la llave al río es hoy en día casi tan famoso como lanzar monedas a la Fontana de Trevi.

4. EL BARRIO JUDÍO. Cerca del Trastevere, entre el Lungotevere dei Cenci y la Piazza Campitelli hay varias callejuelas llenas de tiendas y restaurantes kosher: el barrio judío de Roma, antiguo ghetto, recibe al visitante en un remanso de paz, historia y tradición judía. Es un magnífico lugar para hacer una pausa y reponer fuerzas en alguno de sus múltiples locales. El Ba'Ghetto (Via del Portico d'Ottavia, 57) prepara unas maravillosas alcachofas al estilo judío y unos fabulosos tonnarelli ai funghi di bosco, dos platos que hay que probar. Otra opción para degustar la comida kosher es La Taberna del Ghetto (Via del Portico d'Ottavia, 8).

Por la tarde...

5. CAMPO DEI FIORI. Tras el almuerzo, pasearemos por el barrio judío hasta llegar a una de las plazas con más encanto de la ciudad: Campo dei Fiori, que literalmente significa Plaza de las Flores, uno de los lugares más concurridos de Roma debido a sus terrazas y a su popular mercadillo de frutas y verduras. Cerca de allí se encuentra la plaza de la Farnesina, donde se halla el majestuoso Palazzo Farnese, uno de los más espectaculares de la ciudad y actual sede de la embajada de Francia en Italia.

6. VILLA BORGHESE. No podemos dejar Roma sin visitar uno de sus principales espacios abiertos: Villa Borghese es un parque repleto de estatuas, un lago, una plaza donde se realizan competiciones ecuestres y unos jardines, los del Pincio, que se asoman a la Piazza del Popolo. Pero si por algo destaca este parque es por albergar la Galleria Borghese, uno de los museos romanos más impresionantes. El museo ocupa un palacio (que en sí mismo justifica la visita) y guarda obras maestras de artistas como Bernini, Tiziano, Caravaggio o Rafael.

7. SAN JUAN DE LETRÁN. Desde la vecina Plaza Flaminio podemos tomar el metro para acercarnos hasta la catedral de Roma. Nos bajaremos en la parada de San Giovanni. San Juan de Letrán (Piazza San Giovanni in Laterano) es la primera basílica cristiana construída en la ciudad y es conocida como la 'madre de todas las iglesias'. Reconstruída en varias ocasiones (Borromini se hizo cargo de una de las reformas) la Catedral destaca por su fachada barroca. La entrada es gratuita, pero no incluye el claustro.

Acaba ya la jornada y si queremos despedirla con un atardecer inolvidable podemos tomar un taxi hasta los Jardines del Gianicolo, el monte desde donde se obtiene una de las mejores vistas de Roma. Es un rincón muy romántico para darse un paseo entre estatuas, como la de Garibaldi.

Es hora de cenar y cerca del Gianicolo tenemos dos opciones magníficas: Antico Arco (Piazzale Aurelio, 7), donde reinterpretan la cocina romana, y Maccheroni (Piazza delle Coppelle, 44), donde podremos disfrutar al aire libre de una impresionante variedad de pastas, entre las que destaca la 'cacio e pepe', elaborada con queso local y pimienta.

Para los amantes de la pizza (si es que aún nos quedan ganas) Da Baffeto (Via Governo Vecchio, 114) es un valor seguro: una de las mejores y más clásicas pizzerias de Roma. Los clientes haciendo cola frente a su puerta así lo demuestran.

Tras dos días recorriendo calles y plazas habremos llegado a dos conclusiones, como todos los que visitan la ciudad eterna: que se trata de una de las ciudades más bellas del mundo y que comienza la cuenta atrás para volver de nuevo a Roma.

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