Azores, el archipiélago verde

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Azores

De tanto escuchar su nombre en los partes meteorológicos, las Azores se han vuelto un destino conocido, a sólo dos horas y media de vuelo desde Lisboa.

En cualquier escapada a las Azores no faltará una visita a Ponta Delgada, capital del archipiélago, situada en São Miguel, la mayor de las nueve islas en cuyas calles pronto reconocerás la típica arquitectura portuguesa; eso sí, con el distintivo de la muy oscura piedra volcánica que remata los edificios.

Distinguirás también que el verde paisaje tiene sus propios matices, tanto en los campos de cultivo como en las áreas montañosas, donde pervive, entre ríos y cascadas, la vegetación subtropical. Aquí los lagos te parecerán como sacados de un cuento. Como los densos bosques, las fumarolas y otros fenómenos volcánicos del archipiélago, llamado Azores por haber estado sólo habitado por estos pájaros hasta convertirse en parada y fonda en la ruta hacia el Nuevo Mundo.

Como lo es ahora el puerto de Horta, en la isla de Faial, para yates de vela cuyos tripulantes siguen la tradición de tomarse el famoso gin tonic del histórico Peter’s Café. Cuando lo hagas tú también, te encantará contemplar enfrente la isla de Pico, con su enorme montaña, la más alta del archipiélago, en cuyas laderas se cultiva vino. En tu memoria quedarán esos empinados viñedos o los de la isla de Santa María, así como también las plantaciones de té y piñas de São Miguel, únicas en Europa; la hermosa ciudad histórica de Angra do Heroísmo, Patrimonio de la Humanidad, en la isla de Terceira; la dulce serenidad de Graciosa, los acantilados y montañas de São Jorge, las cascadas y verde exuberancia de Flores o los cráteres convertidos en lagunas de Corvo.

Cuando la gente que ha estado en las Azores tiene que describirlas, suelen recurrir a Parque Jurásico o Lost, para poder explicar cómo es el paisaje de estas privilegiadas islas. Aquí la naturaleza es protagonista y la fuerza del entorno es sencillamente impresionante.

SÃO MIGUEL. La mayor de todas las islas, y la más visitada también, es São Miguel. Curiosamente, las Azores no son un típico destino de playa, puesto que las cosas más interesantes ocurren en el interior. Por tanto estas islas no son un nido de turistas, sino de viajeros, hogar de gente que ya ha visitado muchos lugares y necesita estímulos diferentes que sólo aquí pueden hallar.

Aterrizamos en Ponta Delgada, la metrópoli. Esta ciudad es el centro político, económico y social de la isla. Si alguna vez hemos aplicado el adjetivo verde a un paisaje ahora tendremos que retractarnos: São Miguel contiene todos los tonos del verde, repetidos entre los bordes de los lagos, cráteres, jardines silvestres… Hasta el más urbanita quedará deslumbrado ante tal despliegue de encantos naturales.

La extensión de São Miguel (65 kilómetros de largo por 16 de ancho) exige varios días, o varios semanas si tenemos la suerte de disponer de ellas. Podemos empezar a recorrerla desde Furnas, a media hora de la capital. Allí está el famoso lago de Furnas, rodeado de fumarolas que nos recuerdan que estamos sobre volcanes. No dejes de bañarte en una piscina de agua férrica, como hacen los lugareños. Toda la zona tiene un aire místico y extraño, imposible de explicar.

Pero si São Miguel cuenta con una visita obligada, ésta es sin duda la Caldeira das Sete Cidades: un impresionante conjunto de lagos donde destaca la caldera, con sus más de 10 kilómetros de diámetro sobre un cráter volcánico. Allí cabría Corvo, la isla más pequeña del archipiélago. Y no es que el lago sea inmenso, es que Corvo sólo tiene 17 kilómetros cuadrados. Esta es la foto emblemática de la isla, pues es fascinante la sensación de estar en un lugar casi prehistórico.

Pero tan impresionante como Sete Cidades son todos los lagos que salpican la isla, como el de Santiago, el de Fogo (el único que permite el baño) o la Caldeira Velha, con unos helechos gigantes imposibles de ver en Europa. También se puede visitar la única plantación de té (Cha Gorreana), del continente y cultivos de piña, la dulce y ubicua fruta nacional.

TERCEIRA. Dicen los lugareños que en Azores hay ocho islas y un parque de atracciones: Terceira, la isla alegre, que podremos recorrer durante un par de días. Si São Miguel es melancólica y religiosa, Terceira es alegre y pagana. Tiene 29 kilómetros de largo y 18 de ancho, cifras que es importante conocer porque nos ayudarán a planificar nuestra escapada y organizar nuestro tiempo. Su capital es Angra do Heroísmo que, si no supiéramos que estamos en territorio europeo, podría pasar por una ciudad colonial como Cartagena de Indias. Esta mezcla de culturas y su posición defensora mirando al mar ha dado a la ciudad el título de Patrimonio de la Humanidad.

Las mejores vistas de la ciudad se tienen desde la Fortaleza San Sebastián, en el Monte Brasil, y desde el Obelisco que preside el Jardín Duque de Terceira. Caminar por sus calles adoquinadas, comprar dulces como Donha Amelias, contar alguno de sus casi setenta imperios (altares que datan del siglo XVII i donde los terceirenses honran al Espíritu Santo) y dejarse llevar por el ritmo lento, casi caribeño, es una obligación.

Aunque Angra tiene más que suficiente para atrapar hay que obligarse a salir de ella para conocer el resto de Terceira. Podemos ir a las piscinas naturales de Biscoitos, en las que el mar se rodea de piedras negras formando un paisaje que parece salido de un sueño. Un dato práctico: pese a estar en medio del océano, el agua de Azores es templada.

También podemos ir a la Serra do Coume y asomarnos a su espectacular mirador y contemplar los cercados que ordenan las llanuras inmensas de un verde perfecto. El paisaje allí es inmpresionante. No podremos evitar que se nos pasen las horas mientras nos quedamos embobados mirando al infinito. En la zona, encontraremos tantas hortensias como vacas.

En la cueva de Algar do Carvão o en la caldeira Guilherme Moniz (el mayor cráter en una isla repleta de ellos) podremos recordar el origen volcánico del lugar. Y cómo no, podremos ir a comer pescado fresco a Praia da Vitória, el otro gran centro de la isla, o simplemente perdernos por aldeas como Agualva y visitar iglesias barrocas.

Un consejo. La Quinta do Martelo, en Terceira, es un hotel, un restaurante, una tienda, un museo y un huerto, pero no como uno se lo imagina. Se trata de un proyecto etnográfico que busca recuperar las tradiciones y forma de vida local para el viajero de hoy. Allí se puede comer alcatra, uno de los más famosos platos locales, el mejor queso de São Jorge de todo Azores, una sopa elaborada con productos recogidos a diez metros, vivir en una casa de piedra o arrancar plantas aromáticas con las manos para preparar la cena. Eso sí con una pisicina fabulosa y conexión a internet.

OTRAS ISLAS. Si has llegado hasta las Azores lo ideal es recorrer la mayoría de las islas posibles. Terceira y São Miguel son las mayores, pero también nos asombraremos en Pico (donde está la montaña más alta de Portugal,2.351 metros), en Santa María, en cuyas playas se relajan los azorianos, o en Corvo, dónde sólo viven 400 habitantes. De todo esto pueden hablar todos los que recalan en el Peter’s Bar de Horta, en la isla de Faial, uno de los bares míticos del planeta, parada de navegantes donde se rumorea que preparan el mejor gin tonic del mundo.

COMER EN AZORES. La gastronomía azoriana es sabrosa y sana. Los protagonistas son la carne de vacuno, el pescado fresco, el marisco y las verduras. En el centro de Terceira se puede alternar la cocina tradicional del hotel Beira Mar (Largo Miguel Corte Real, 1-5, Angra do Heroísmo) con la contemporánea. En el restaurante Ambientes com sabores (Rua Direita, 80, Angra do Heroísmo) se revisan los platos típicos con imaginación y sin florituras.

En Ponta Delgada, en la isla de São Miguel, está el Cais 20 (2ª Rua do Terreiro, 41), donde hasta las 5 de la mañana se sirven lapas grilhadas, sopa de peixe y vieiras gratinadas. De ambiente diferente, frecuentado por los europeos que viajan a está el Bar Colegio 27 (Rua Carvalho Araújo, 27). Y para comer buena carne deberemos acudir a Alcides (Ruan Hintze Ribeiro, 61-77), que desde 1956 es famoso por su bife.

DORMIR EN AZORES. En las islas no hay resorts ni cadenas hoteleras. Existe una buena red de turismo rural o turismo de habitación, quintas con encanto y hoteles. Tanto en Angra y alrededores como en Terceira hay muy buenas opciones, como el Hotel do Caracol, que ofrece diseño contemporáneo y unos dúplex más que cómodos. La Quinta das Merçes es una mansión con bosque y capilla privados.

En Ponta Delgada encontramos el Hotel do Colegio, una hermosa casona en el centro histórico. En la zona moderna está el Hotel The Lince, muy cómodo y con un spa de lo más apetecible.

Además, si queremos un alojamiento especial durante nuestra escapada a las Azores podemos echarle un vistazo al Terra Nostra Garden Hotel, uno de esos hoteles que esconden un tesoro. Allí se encuentra uno de los grandes jardines botánicos de Europa. Creado en el siglo XVII por el entonces cónsul estadounidense Thomas Hickling, es un vergel apabuillante de doce hectáreas que desafía cualquier prejuicio. El jardín es una selva perfectamente cuidada, un derroche brutal de camelias, plantas nativas, ornamentales y nenúfares. También tiene una enorme y decadente piscina de aguas férricas y un estanque termal que añade misterio al lugar.

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