Pontevedra, el encanto de lo pequeño

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Escapada a Pontevedra
21/11/2013

Si Vigo es la capital oficiosa de las Rías Baixas, Pontevedra es su Plaza Mayor. La Ponte Veteri de la que la hablaban las crónicas medievales se mantiene intacta dentro de un casco antiguo formado por callejones de piedra tapizada de verdín, rúas donde las calles señoriales alternan con taperías populares y plazas de sabor gremial llenas de encanto. Si estás pensando en una escapada a la capital pontevedresa, ve tomando nota.

LA ALAMEDA, TRÉBOLES Y UN SANTO (CON GAFAS)

A cualquiera que le preguntes te dirá que el mejor lugar para echarse a andar por la vieja Pontevedra es su Alameda. Alrededor de este parque se alzan los severos edificios del poder (Ayuntamiento, Diputación, Xunta) junto a, como romántico contrapunto, las ruinas de Santo Domingo, uno de los rincones con más encanto de la ciudad. Lo poco que queda de este antiguo convento forma una especie de jardín arqueológico, dependiente del Museo de Pontevedra , donde se exhiben esculturas fúnebres y escudos heráldicos labrados en piedra. Un lugar al que el musgo, la lluvia y los años de abandono le han sentado fenomenal.

Por la avenida de Santa María, que nace junto al Ayuntamiento, sellega en dos zancadas al palacete de los Mendoza,  en cuyos jardines destacan varias palmeras y un reloj de sol, que alberga la Oficina de Turismo de las Rías Baixas.

A tiro de piedra se encuentra la Basílica de Santa María, un templo del siglo XVI que emociona incluso a quienes se aburren visitando iglesias. No te pierdas sus bóvedas en forma de trébol de cuatro hojas y las curiosas esculturas que cobija, como la de un santo con gafas acompañado por Jesucristo sentado, por error, a la izquierda de Dios Padre.

EVA, ADÁN Y VALLE-INCLÁN

Si bajamos por la calle Isabel II llegaremos a la Praza Cinco Rúas (que debe su nombre a que desde allí parten cinco calles), presidida por un precioso crucero del siglo XVIII en el que puede verse a Adán y Eva hincándole el diente a la manzana prohibida. Además de ser una de las zonas clásicas de tapeo de Pontevedra, es el lugar donde vivió el escritor gallego Valle-Inclán, como bien indica una placa de mármol. Pero no La praza Cinco Rúas, donde vivió Valle-Inclán, es una zona clásica de tapeoes a tinta ni a manzanas a lo que huele en esta plaza, sino a vino, a chocos fritos y a chistorra, porque es zona pródiga en bares de tapas, a la que, tarde o temprano, el paseante habrá de volver para reponer fuerzas.

Una de las cinco calles que sale desde esta plaza es la del Barón, que nos lleva hasta el pazo de Maceda (también conocido como Barón de la Casa Goda), un palacio renacentista del siglo XVI que alberga el Parador de Pontevedra. Al pasar frente al pazo, la calle del Barón forma una plazuela que desaparece a medida que se acerca al río Lérez, muy cerca del Puente del Burgo que, además de ser el más antiguo de Pontevedra, aparece en su escudo. Su decoración a base de conchas nos recuerda que por él discurre el camino portugués a Santiago.

PESCADO Y ALBARIÑO JUNTO AL RÍO

Río arriba se halla el antiguo mercado de Abastos, un auténtico paraíso para los amantes del pescado fresco, que fue remodelado por el arquitecto gallego César Portela. Durante la reforma, salieron a la luz restos de una antigua muralla medieval; justo a espaldas del mercado, a través de un arco que se abre en la calle César Boente, se encuentra la praza da Pedreira, uno de los lugares con más encanto de la ciudad. Aquí tiene su sede, en un palacete barroco, el Consejo Regulador de la D.O. Rías Baixas, que cuenta con un pequeño museo donde los amantes del vino pueden seguir el rastro del albariño por alguno de los cinco rincones de la provincia donde se elabora.

UNA PLAZA DE MUSEO

Más pequeña, pero sin perder un ápice de encanto, es la praza da Leña, una de las estampas más típicas de Pontevedra, que debe su nombre a la leña que en ella se vendía para las antiguas cocinas. Se trata de la típica plaza gallega de carácter popular, con un crucero en el centro y mucha animación. Allí dos pequeños pazos acogen el Museo Provincial de Pontevedra, un fabuloso rompecabezas de la cultura gallega, Sexto Edificiopues encontraremos desde espadas de la Edad del Bronce hasta cerámica de Sargadelos, pasando por una réplica de la fragata Numancia que en su día comandó el marino vigués Casto Méndez Núñez, personaje histórico que cuenta con su propia plaza en la ciudad.

De los seis inmuebles que albergan las colecciones del Museo de Pontevedra, el más grande, moderno y llamativo es el denominado Sexto Edificio (travesía Padre Amoedo, 3), un proyecto de los arquitectos Jesús Ulargui y Eduardo Pesquera, inaugurado a principios de 2013.

FERRERÍA Y PEREGRINA

A tiro de piedra está la Praza da Verdura (no hace falta ser un genio para adivinar a qué debe su nombre).  En el siglo XIX se instaló en esta plaza la fábrica de la luz, siendo Pontevedra una de las primeras ciudades españolas en contar con este servicio. Y muy cerca, nos encontramos con la Praza da Ferrería, una de las plazas más típicas, visitadas y queridas de la ciudad y centro neurálgico de la vida pontevedresa. La Ferrería (como se la conoce popularmente) debe su nombre a las antiguas forjas que existían en sus soportales y que suministraban metal a los demás gremios de la ciudad. Está prácticamente unida con la pequeña Praza da Estrela, donde destaca la Casa de las Caras que llama la atención por la cantidad de rostros de su fachada, y con los Jardines de Casto Sampedro. En mitad de estos jardines se erige la afamada fuente da Ferrería, del siglo XVI, que dio lugar al cantar : 'Pontevedra é boa vila / dá de beber a quen pasa /na fonte da Ferrería'. Eso explica que los tres bolardos que cierran la zona al tráfico sea tres grandes letras de metal que componen la palabra BOA.

Todo este conjunto se encuentra presidido por la imponente presencia de dos de los principales edificios religiosos de Pontevedra: el Santuario de la Peregrina, patrona de Pontevedra, una pequeña iglesia cuya pila de agua bendita es una concha gigante, y el Convento de San Francisco, fundado por el mismísimo san Francisco de Asís, que pasó por Pontevedra en su peregrinar hacia Santiago.

LA ISLA DE LAS ESCULTURAS

Monolitos, laberintos y bloques de piedra con mensajes filosóficos pueblan el museo de esculturas al aire libre que permanece instalado desde el año 1999 en una isla del río Lérez, cerca del puente de Burgo. Una imponente pasarela colgante metálica de color blanco da acceso a la Illa da Xunqueira do Lérez, conocida popularmente Isla de las Esculturascomo la isla de las Esculturas por las 12 obras de granito de artistas internacionales (de la talla de Ulrich Rückriem, José Pedro Croft o Francisco Leiro) que alberga.

Merece la pena dar una vuelta por esta isla para admirar sus esculturas, pero se convierte en visita obligada si somos amantes de la naturaleza, pues está declarada LIC (Lugar de Importancia Comunitaria) e incluida en la Red Natura 2000, y es perfecta para pasear con los niños, hacer footing o montar en bici. Y si queremos disfrutar de un picnic al aire libre rodeados de patos, garzas y somormujos, podemos aprovisionarnos de un buen queso de tetilla o unas huevas de erizo en Mímate Delicatessen (Real, 12) o sardinas frescas en aceite de oliva y vino del Salnés en Juncal Alimentación (Peregrina, 9).

DE TAPAS POR PONTEVEDRA

Si visitamos la capital pontevedresa en plan low cost, a la hora de reponer fuerzas deberemos encaminarnos hacia la praza Cinco Rúas, pues es una de las zonas de tapeo más populares de la ciudad. Uno de los bares clásicos es el Cinco Calles (Isabel II, 23) donde podremos probar platos tan tradicionales como los pulpitos de la Ría o la empanadaLas taperías de Pontevedra son ideales para reponer fuerzas durante una escapada low cost de berberechos con harina de maíz. Y a dos pasos está O Cruceiro (Isabel II, 16), donde bordan los mejillones a la marinera.

Al girar la esquina nos encontramos con O Pulpeiro (San Nicolás, 7), que sirve el que, para muchos, es el mejor pulpo de Pontevedra. Al lado se encuentra O Noso Bar (San Nicolás, 7), especialista en pescaditos fritos de la ría y que elabora una empanada distinta cada día. Y en las inmediaciones del Tetro Principal tenemos tres de los locales de picoteo más punteros de Pontevedra: Jaqueivi (Dona Tareixa, 1), que además de jamón, queso y vino (cuyas primeras sílabas forman el nombre del local) destaca por sus ahumados, El Bocaíto (Paio Gómez Chariño, 2), especialista en revueltos y empanada de zamburiñas, y La Alquería Mudéjar (Churruchaos, 2), que cuenta con una interesante carta de vino (con algún que otro caldo de autor) para acompañar sus abundantes raciones.

MESA Y MANTEL

Sería un pecado hacer una escapada a Pontevedra y no darnos un homenaje gastronómico. Porque en pocos lugares hay una mejor relación calidad-precio que en la capital pontevedresa.

Si tenemos alma de gourmet no podemos dejar de pasar por Casa Solla (Avenida de Sineiro, 7), todo un templo gastronómico en Galicia. Nueve mesas en un único espacio con la cocina a la vista, en cuyos fogones deslumbra el chef Pepe Solla, que lidera también el grupo NOVE, Plato del Eirado da Leña, en Pontevedraen el que veinte cocineros ofrecen su versión de la nueva cocina gallega.  A este grupo pertenecen también Iñaki Bretal y Roberto Filgueira, que comandan Eirado da Leña (Praza de Leña, 3), un restaurante cuyo lema es: producto, producto y producto. Y por si fuera poco, se encuentra en una de las plazas con más encanto de la ciudad.

Pero si hay un nombre que ha puesto a Pontevedra en el mapa gastronómico es Pepe Vieira (Camiño da Serpe, s/n), situado en el pueblo marinero de Raxó, a unos 13 kilómetros de Pontevedra. Evolutiva, comprometida y arriesgada son los adjetivos que mejor definen la cocina de Xosé Torres Cannas, el chef que se encuentra al frente de este restaurante bendecido por la todopoderosa Guía Michelin.

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