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Si sólo disponemos de unas horas en la Ciudad de la Luz (una gran lástima, dicho sea de paso) ésta es la lista de las cosas con las que hay que cumplir para irnos con la sensación de haber conocido un poquito la capital francesa.

1. VER PARÍS DESDE LAS ALTURAS. Es obligatorio subir a uno de estos cuatro espacios de altura: la torre Eiffel, el centro Pompidou, Montmartre o las torres de Notre Dame. Las vistas desde lo alto de la torre Eiffel son impresionantes, y tenemos dos opciones para llegar allí: subir con el ascensor o atrevernos con sus 1.665 escalones.

Desde el Pompidou tendremos una vista panorámica de la ciuda y de sus principales monumentos, y desde las torres de Notre Dame, obtendremos las vistas más románticas con las míticas gárgolas que pueden ser fotografiadas en primer plano, dejando la ciudad con sus pintorescos tejados de chimeneas naranjas como mágico telón de fondo y la torre Eiffel a la izquierda. Y desde la colina de Montmartre, por supuesto y sin la menor duda, nuestras vistas preferidas. 

2. DE CRUCERO POR EL SENA. Si es en compañía y además coincide con el atardecer, mejor que mejor. Nadie puede irse de París sin haberla navegado en uno de sus famosísimos barcos Bateaux Mouches. También hay otras muchas alternativas privadas: yates con fiestas nocturnas o restaurantes flotantes de auténtico lujo. Otra opción, si estamos en medio de una escapada romántica, es caminar por las orillas del Sena al más puro estilo Audrey Hepburn en Encuentro en París (1964). O por qué no, si nuestra escapada es en verano, podemos tomar el sol en su playa improvisada.

3. DE COMPRAS. Tiendas de todos los tipos y con las más inimaginables mercancías nos asaltarán continuamente en nuestra ruta. Y cualquiera de ellas será ideal para comprar. Desde grandes almacenes como las Galerías Lafayette (en el Boulevard Haussmann) a la Virgin Megastore de los Campos Elíseos pasando por las pequeñas tiendas para sibaritas de Le Marais, Les Halles-Beabourg o Saint-Germain-des-Prés.

4. MOMENTO CAFÉ AU LET. Para honrar a la cultura de los cafés tenemos que hacer presencia en uno de los tantos que en el siglo XIX acogieron a librepensadores, bohemios, literatos, amantes de las artes, la política o la tertulia. En el Barrio Latino, el Le Procope (Rue de l'Ancienne Comédie, 13), que albergó a personajes tan ilustres como Verlain, Oscar Wilde, Rimbaud, Víctor Hugo o el mismísimo Napoléon Bonaparte, entre otros. O en el barrio de Montparnasse, el Le Closerie des Lilas (Boulevard Montparnasse, 171) o La Coupole (Boulevard Montparnasse, 102), el templo de Henry Miller o Anaïs Nin, entre otros.

En Saint-Germain-des-Prés, existencialistas, surrealistas, dadaístas  o eminencias del mundo de teatro se daban cita en el Café de Flore (Boulevard Saint-Germain, 172) o la Brasserie Lipp (Boulevard Saint-Germain, 152); y por supuesto, el Les Deux Magots (Place Saint Germain des Prés, 6), con su laureado chocolate caliente. Obligatorio sentarnos en una de sus minúsculas mesitas con todas las sillas alineadas hacia la calle para ver pasar la vida parisina durante un rato, tomar decisiones importantes o cotillear en la conversación de los de al lado (si hablamos francés o inglés). Podemos añadir a la lista el café Le Temeraire (Avenue Daumesnil, 32) donde se reúnen los pupilos del psicomago Alejandro Jodorowsky, que suele hacer su aparición los miércoles para leer el tarot. Reservar con tiempo.

5. VISITAR AL MENOS UN MUSEO. París, entre muchas otras cosas, es la ciudad de los museos. El Louvre, el D'Orsay, el Palacio de Tokyo o el de L'Orangerie en Tullerías. El Museo Carnavalet sobre la historia de la ciudad, o el Erótico, en Pigalle, entre otros muchos. Si bien, sin perder de vista el tiempo del que disponemos.

6. PASEAR POR UNO DE SUS MAJESTUOSOS JARDINES. Los Jardines des Plantes (de las Plantas), junto a la mítica estación ferroviaria Gare de Austerlitz, a orillas del Sena son una excelente opción, ya que forman parte del Museo Nacional de Historia Natural de Francia. Un botánico abierto al público, que posee, entre otras maravillas, una rosaleda en la Alameda Haüy con 170 especies de rosas diferentes.

También los de la Plaza Des Vosgues, los Jardines de Luxemburgo al lado del Louvre, o los de Marte o Trocadero que rodean a la Torre Eiffel. Y si tenemos más tiempo, los del Palacio de Versalles, nos supondrá una excursión de un día, pero es obligatoria verlos si vamos a pasar tres o cuatro días en París.

7. RUTA EN UNA BICICLETA VELIB. Una de las propuestas más novedosas es alquilar una de las miles de bicicletas Velib de las que ahora dispone la ciudad repartidas en 1.800 estaciones, que están a disposición de locales y visitantes. Por un euro al día (más una fianza de 300 euros que será devuelta al dejar la última bicicleta) es posible recorrer los lugares imprescindibles de la ciudad sobre dos ruedas. Además, hay que tener en cuenta que París presume de ser una de las ciudades mejor preparadas de Europa para ser transitada en bicicleta. A pedalear.

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