Pamplona, mucho más que San Fermín

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Pamplona

Aunque son muchos los que llegan a Pamplona para disfrutar de las fiestas de San Fermín, el principal reclamo turístico de la ciudad, lo cierto es que la capital navarra da para mucho más. De hecho, es recomendable visitarla cuando está en calma, sin toros trotando por las calles y sin el gentío blanco y rojo ocupando hasta el último rincón de la ciudad.

Para muchos, Pamplona es el lugar perfecto para vivir: pequeña pero con encanto, tranquila pero con una semana al año que es la envidia de medio mundo; repleta de áreas verdes que rodean el casco viejo, con jardines como los de La Taconera o el Parque Yamaguchi; y con guiños a la Historia como la Catedral, la Plaza del Castillo o iglesias o la Iglesia de San Cernín, que fue albergue de peregrinos.

Pero si hay algo realmente destacable en Pamplona es su gastronomía. La ciudad está llena de locales de pinchos y restaurantes donde se come de escándalo. Así que si estabas pensando en una escapada de fin de semana a Pamplona, ve tomando nota.

UN ENCIERRO SIN TOROS

Lo primero que se le antoja a cualquier visitante en Pamplona es darse un paseo por las calles del centro histórico que conforman el recorrido del encierro de los sanfermines, tantas veces vistas por la tele. En apenas un kilómetro descubriremos la esencia de la ciudad caminando a través del corazón de Pamplona: desde la Cuesta de Santo Domingo hasta la Plaza de Toros iremos dejando atrás muchos enclaves fundamentales en nuestra escapada a la capital navarra: el Ayuntamiento (desde cuyo balcón principal se lanza el chupinazo que da inicio a los sanfermines), el Museo de Navarra, la Plaza del Castillo o la famosísima calle Estafeta.

Los Sanfermines deben parte de su fama a Ernest Hemingway, un gran amante de esta fiesta Si nos puede la curiosidad de saber cómo es eso de ponerse frente a un toro, debemos acercanos a la Avenida de Roncesvalles, donde se encuentra el impresionante Monumento al Encierro. Sin la adrenalina de un auténtico encierro pero bastante más seguro.

Lo ideal para completar este encierro imaginario es acabar junto a la plaza de toros, en el Paseo de Hemingway, donde está la estatua dedicada al escritor que a través de sus crónicas y de novelas como Fiesta puso a Pamplona en el mapa internacional.

Si bajamos por la Cuesta de Labrit, que desemboca cerca de la Plaza de Santa María la Real, llegaremos a nuestra siguiente parada.

EL CLAUSTRO DE VICTOR HUGO

En la Plaza de Santa María la Real, subiendo unas escaleras, accedemos al Baluarte de Labrit, desde donde hay unas magníficas vistas sobre el Parque de la Tejería, uno de los muchos espacios verdes de la ciudad.

Claustro de la Catedral de Pamplona Desde allí, por la Ronda del Obispo Barbazán, pasaremos frentre a la pared trasera de la Catedral y ante el único fragmento de muralla medieval que se conserva visible en Pamplona, para llegar al Rincón del Caballo Blanco, uno de los lugares con mejores vistas de la ciudad (hacia el monte San Cristóbal y los barrios de la Chantrea y Rochapea).

A nuestros pies quedan las murallas que conforman el Baluarte del Redín. A pocos metros, en la Plaza de San José, nos topamos con el flanco de la Catedral de Santa María, cuya fachada se encuentra en la calle Dormilatería. Merece la pena la visita a la catedral, ya que alberga (según palabras del mismísimo Victor Hugo) uno de los claustros más bellos del mundo.

LA PLAZA DEL CASTILLO (SIN CASTILLO)

Si desde la Catedral bajamos hasta la calle Estafeta nos plantamos sin darnos cuenta en elcentro neurálgico de la ciudad: la Plaza del Castillo, uno de los lugares con más encanto de Pamplona.

Lo primero que llama la atención es que el castillo brilla por su ausencia, aunque es cierto que en tiempos existió. La plaza, que también fue también coso taurino, alberga alguno de los establecimientos míticos de la ciudad, como el Hotel La Perla (donde se alojaba Hemingway), el Nuevo Casino Eslava o el Café Iruña.

Quiosco de PamplonaHoy en día plaza es presidida por el famoso Quiosco de Pamplona, lugar de encuentro por excelencia de los pamplonicas y auténtico centro del Casco Antiguo de Pamplona, un laberinto medieval donde se concentra la mayor parte de monumentos de la ciudad.

Además de la Catedral, el Ayuntamiento o el Palacio Episcopal deberemos prestar atención a las iglesias de San Nicolás (que conserva vestigios románicos) y San Saturnino, cuyo reloj anuncia puntual el inicio de cada encierro.

Por cierto, si andas buscando la fuente en la que los guiris practican el fuenting (trepar hasta lo más alto para lanzarse al vacío y, en muchos casos, descalabrarse) debes preguntar por la Fuente de la Navarrería, en la calle del mismo nombre.

PAMPLONA VERDE

Si algo sobra en Pamplona son espacios verdes. Por eso no podemos perdernos el parque preferido de los pamplonicas, los Jardines de la Taconera. Además de los cientos de especies florales y arbóreas, en el parque nos encontramos con un pequeño zoo, un café vienés o esculturas como la popular Mariblanca. Si nos acercamos al lado norte de los jardines, llegaremos a un mirador con unas vistas privilegiadas de la zona moderna de la ciudad.

Pamplona es una de las ciudades con mayor superficie de zona verde urbana de EspañaA tiro de piedra nos encontramos con La Ciudadela, una fortificación considerada el mejor ejemplo de arquitectura militar del Renacimiento español, y una de las más destacadas fortalezas defensivas ideadas en Europa. Circundada por la Vuelta del Castillo, la zona verde que hay alrededor constituye el pulmón de Pamplona, cuando llega el buen tiempo La Ciudadela es tomada por familias que comen al sol y por gente haciendo footing. Allí mismo se encuentra la estación de autobuses de la ciudad, subterránea.

Y no podemos hablar de zonas verdes sin nombrar el Parque de Yamaguchi. Aunque esté un poco alejado del centro, merece la pena acercarse hasta aquí sólo por darse el gusto de contemplar un jardín japonés en una ciudad como Pamplona. Encontraremos un gran géiser, un palafito, un estanque con puente y cascada y varias especies arbustivas y arbóreas niponas, todo ello en homenaje a las cuatro estaciones

Debe su nombre al la localidad nipona de Yamaguchi, hermanada con la capital navarra. Se trata de un auténtico jardín japonés, creado por expertos paisajistas de aquel país, y que homenajea a las cuatro estaciones. El parque alberga el Planetario con la mayor cúpula del mundo.

ARQUITECTOS Y MUSEOS

Los amantes de la arquitectura moderna seguro que disfrutan echándole un vistazo al Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra, conocido popularmente como Baluarte. Baluarte

El edificio debe su nombre a la aparición de los restos del baluarte de San Antón, que formaba parte de la vecina ciudadela, y que salieron a la luz durante las obras. El proyecto fue concebido por el arquitecto navarro Patxi Mangado.

Rafael Moneo, otro famoso arquitecto Navarro, fue el responsable de la rehabilitación del Archivo Real, antiguo palacio de los Reyes de Navarra. Después de décadas de abandono, Moneo transformó el Archivo Real en una edificación limpia, sobria y luminosa, dejando intacta la sala gótica donde se exponen los documentos más relevantes de la institución.

Muy cerca de allí, al principio de la cuesta de Santo Domingo, donde comienza el recorrido del encierro, se encuentra el Museo de Navarra, el más importante de la ciudad. Antigua sede del hospital de Nuestra Señora de la Misericordia, aún conserva su fachada barroca. En su interior exhibe una magnífica colección de mosaicos y otras piezas arqueológicas que recuerdan el pasado romano de la ciudad, aunque hay obras más modernas (entre ellas Retrato del marqués de San Adrián, de Goya) e incluso contemporáneas.

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