Ourense, ciudad de agua sana

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Catedral de Santiago de Compostela
ACTUALIZADO 23/02/2012

Construida en una depresión fluvial, Ourense es la capital gallega del agua dulce. Fundada por los romanos allí donde el río Miño depositaba pepitas de oro, fueron los primeros en descubrir sus aguas termales y construir el puente que unía los dos lados de la ciudad. Actualmente, el agua sigue siendo el mayor recurso natural de la única provincia gallega sin vistas al mar. Si estás pensando en una escapada a Ourense, te contamos qué ver y qué hacer.

DE PUENTE A PUENTE. Orense tiene varios puentes de estilos, edades y ubicaciones diversas que unen el centro y el barrio del Puente separados por el río. El más septentrional y visible es O Viaducto, puente ferroviario del año 1958 que comunica la antigua estación de tren de San Francisco con la moderna estación del Empalme. El más antiguo y de alto valor artístico es A Ponte Vella, cuyo arco apuntado es icono y emblema de la ciudad: originariamente construido en la época de Augusto, el actual data del siglo XII aunque remodelado en el XVII. Ahora es peatonal (con bares y terrazas en el barrio del Puente) aunque soportó circulación hacia el centro, donde se encuentra la ermita de Nuestra Señora de los Remedios (siglo XVI) construida bajo el puente para proteger a viajeros y peregrinos.

Para facilitar el tráfico, ya en el siglo XX se construyeron A Ponte Nova (en 1918) de piedra y metal, A Ponte Novísima operativo desde 1971, y el vanguardista Ponte do Milenio, también llamado Puente de la Paloma, inaugurado en el 2001. Es de hormigón y acero, una especie de montaña rusa con una pasarela peatonal que describe una elevada curva de 22 metros, con una vista espectacular del río Miño. Este puente es uno de los iconos del nuevo Ourense.

Para pasar de un barrio a otro a pie, A Pasarela do Vao une el centro comercial Ponte Vella y el tranquilo Parque Miño con la ribera del puente donde hay un bonito paseo con zonas verdes al lado del río que llega a las Pozas, termas gratis al aire libre.

TERMAS LOW COST DE EUROPA . Ourense nada tiene que envidiar a otras capitales termales como Budapest o Andorra en aguas que manan por todas partes. Como Las Burgas, valioso conjunto arquitectónico neoclásico formado por varias fuentes de agua mineralizada que brota a unos 64º. Delante de la fuente de arriba, del siglo XVII, hay una piscina termal con tumbonas al aire libre de uso público, por 3€.

De mayor caudal es la de abajo, (de mediados del siglo XIX), con tres cuerpos (el central es una pequeña fuente), cuatro réplicas de aras romanas en honor de las Ninfas, un pequeño estanque de agua termal y dos esculturas: la casa de la nube y Calpurnia Abana, primera ciudadana censada de Ourense. Según la leyenda, el agua viene de un volcán dormido en la base del cercano Montealegre, que cualquier día volverá a entrar en erupción.

Fuera de la ciudad, está la Ruta de las Termas que se puede hacer en un trenecito que sale de la Plaza Mayor y cuesta como el bus urbano. Pasa por A Chavasqueira, conjunto termal tipo japonés, con madera y jardín zen de piedras, con un templarium, piscina de contraste, y sudarium. Junto al río hay tres piscinas externas a unos 41 °C. Son gratis y están muy concurridas.

También gratis y a medio kilómetro, está el Manantial do Tinteiro, con una bomba para extraer agua recomendada para enfermedades de la piel y cicatrices. Muy cerca están As Pozas do Muíño, piscina termal gratis al aire libre junto al Muíño da Veiga en una zona de picnic. Al final del trayecto están las Termas de Outariz y algo más alla, las pozas gratuitas. Estas termas son privadas y siguen el modelo japonés: un Onsen (aguas de origen volcánico) con piscinas termales interiores de pizarra y decoración minimalista, y un Rotenburo, circuito al aire libre con varias piscinas, algunas con cascadas y grutas perfectamente integradas. El recorrido de 2 horas vale 5 €; ofrecen tratamientos a precios asequibles y hay cafetería con picoteo japo-europeo y terraza con vistas a la montaña.

EL ROMÁNICO Y OTRAS ARTES. Además del puente viejo y Las Burgas, la Catedral de Ourense encierra sus misterios y curiosidades. Está consagrada a San Martiño (en el crucero sur se puede ver su imagen ecuestre a tamaño natural), patrón de la ciudad a quien se atribuye la conversión de los suevos, visigodos asentados en Galicia. Pertenece al románico de transición (siglos XII y XIII) de inspiración compostelana, como demuestra el Pórtico del Paraíso, (versión menor del Pórtico de la Gloria, con los 24 ancianos del apocalipsis) que preside  la puerta occidental con una gran escalinata de acceso. A ambos lados hay dos altares barrocos con la Virgen de Belén y San Francisco Blanco, mártir orensano muerto en Japón en 1597.

La entrada sur es por la Plaza del Trigo, de suelo irregular e inclinado donde destaca la Torre del Reloj (que originariamente era de sol). En la entrada norte se conserva la puerta de madera del gótico borgoñés y en los capiteles de los arcos hay varias sirenas: una con alas y otra con barba. Parece que las barbas tienen raigambre en este templo: al Santo Cristo, escultura traida de Finisterre y muy venerada en su hermosa capilla del siglo XVII, se le conoce como el cristo heavy por su melena y barba de pelo natural que según la leyenda le crecen a diario.

Otro barbudo es el Cristo de los Desamparados, en la Capilla de la Asunción. Esta imponente talla románica de 1200 es un cristo coronado de cuatro clavos. Se dice que llegó a Ourense flotando por el Miño procedente de un naufragio. En el interior también destaca el impresionante cimborrio gótico (inspirado en la catedral de Burgos) y laboriosas obras barrocas como el retablo mayor, el coro y la rejería.

VIDA EN EL CASCO VIEJO. Saliendo de la catedral se llega a la Plaza Mayor, de planta irregular e inclinada con soportales y casas de balcones acristalados. En la plaza está el Ayuntamiento, la Iglesia de Santa María, que lleva el sobrenombre de La Madre (barroca, aunque construida sobre un templo suevo del siglo VI y con una empinada escalinata) y el Museo Arqueológico Provincial, antiguo palacio episcopal.

Por encima, está la escondida Plaza de la Magdalena que fue mercado y cementerio, con un crucero de 1718, que proviene de los alrededores del puente viejo. Muy cerca queda la Iglesia de Santa Eufemia, segunda en importancia y elegante ejemplo de barroco gallego. Está encajonada entre casonas del casco viejo como El Liceo Ourensano, antiguo Palacio de Oca-Valladares (Lamas Carvajal, 5) que data del siglo XVI y cuenta con un acogedor patio interior que es cafetería.

En esta zona están el Teatro Principal (Rúa da Paz), coqueto y de estilo italiano, construido en 1830 por el liberal Santiago Sanz para así disponer de un palco privado; el Museo Municipal (Rúa Lepanto, 8), antigua casa señorial del siglo XVI donde se exhiben obras itinerantes y fondos permanentes; la recoleta Plaza del Hierro,  triangular y rodeada de soportales donde se celebraban mercados ambulantes. Destaca la fuente traída del Monasterio de Oseira, decorada con sirenas, cariátides, Eros y dos águilas de remate. Es la entrada a la calle de los vinos y el final de la calle Santo Domingo, donde está la iglesia del antiguo convento dominico del siglo XVII, ya en la zona nueva.

DE PASEO POR EL PASEO. El Paseo es la calle comercial y semipeatonal más céntrica y transitada para ir de tiendas (de diseñadores gallegos y otras firmas), tomarse un café o pasear entre estatuas de personajes muy orensanos como A leiteira, A castañeira o  los pilotos de coches Jaime Coleman y Reverter. Une los Jardines del Padre Feijoó con el Parque de San Lázaro que alberga otra hermosa fuente del Monasterio de Oseira, la estatua del Ángel Caido y el Carrabouxo, personaje de cómic local.

En el lateral del parque está la Iglesia de los Franciscanos, con un rosetón y arcos románicos de 120 capiteles diferentes, donde hay un gaiteiro y varias arpías. Fue trasladada piedra a piedra en 1929 desde el elevado Campo de San Francisco, donde queda el antiguo convento.

Otra arteria principal es el Progreso y el Edificio Simeón del siglo XIX, actual Museo del Tren con una colección de 4.000 reproducciones a escala. Al final de la calle está el Obispado (casa-pazo del siglo XVIII) y la Alameda. Desde aquí, se llega al Barrio del Posío, dominado por los jardines del mismo nombre, de gran interés botánico, el Instituo Otero Pedrayo y la capilla de San Cosme y San Damián de 1521, con las figuras de estos santos en la portada, con las piernas en un cepo y alimentados por un ángel.

COMER EN OURENSE. En Ourense es imprescindible ir de pinchos por la zona conocida como los vinos, un conjunto de calles alrededor de la plaza del Hierro. En Porta da Aira, probaremos sus huevos rotos y  el mejor pincho de solomillo, las croquetazas del Rey del Jamón, el queso con aceite de El frade, el bocata de calamares de El dos puertas, o los generosos pinchos frios y calientes hechos al momento de A casa do pulpo. Y para beber, tinto de Mencía y Godello de Monterrei o Valdeorras.

Por esta zona para comer de mantel, el María Andrea y el Zampallo (ambos en rúa Hermanos Villar), que es también un hotelito acogedor. En la plaza de las Mercedes, está Porta da Pía, con un jardín interior ideal para cenar cuando llega el buen tiempo, con cocina cuidada y buen servicio. Algo más alejado está Adega do Emilio (Avenida de Las Caldas, 11), precioso local de piedra de excelente cocina. Para menús del día a la gallega, O curruncho y Adega do Tito (Manuel Pereira, 9) y La Abadía (Valle Inclán, 43).

No te puedes ir de Ourense sin pasar por los cafés tertulia más frecuentados: El Latino (donde suele haber actuaciones de jazz), Café Real (con sus lamparas de cristal) o El Bohemía” (dos pisos y muy amplio). Para unas cañas, el bar Pop Art (Santo Domingo 15), con lavadoras incrustadas en la barra. Y si en nuestra escapada a Ourense nos encontramos con el sol, nada mejor que disfrutar de un vermut en las terrazas de la Plaza Mayor.

DORMIR EN OURENSE. Los hoteles más céntricos y conocidos de Ourense son San Martín, (Curros Enríquez, 1) el rascacielos de la ciudad; Francisco II (Bedoya, 17) con habitaciones espaciosas, y el recién inaugurado Carris Cardenal Quevedo (Cardenal Quevedo, 38) con habitaciones muy modernas y wifi gratis. Para amantes de la naturaleza y el confort rural, el Pazo San Damián (Abruciños, 48, en el pueblo de Amoeiro) casona de piedra del siglo XVI decorada al estilo rústico con un magnífico restaurante y vastos jardines.

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