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OPORTO EN UN DÍA | OPORTO EN DOS DÍAS | COMER EN OPORTO
Callejuelas intrincadas con viejos edificios que parecen desafiar al paso del tiempo, y a la ley de la gravedad. Librerías centenarias con anaqueles de madera y vidrieras, llenas de maravillosas ediciones de todas las obras maestras de la literatura. El ancho Duero bañando las riberas, salpicadas de alegres y coloridas terrazas y de bodegas de regusto inglés. El océano Atlántico chocando sus olas contra el faro de Foz.
Los muchísimos rincones que la ciudad de Oporto reserva a los viajeros la están convirtiendo en un destino cada vez más visitado. El caso de Oporto es un típico ejemplo de la publicidad boca a boca: ensombrecida por la fama de la capital portuguesa, Lisboa, lo cierto es que la ciudad del Duero no tiene nada que envidiar a la Vieja Señora. La belleza de sus callejuelas y de sus coloridos edificios, la hospitalidad de sus habitantes y su privilegiado emplazamiento, a pocos kilómetros de la desembocadura del río en el Atlántico, se alían para convertir a Oporto en una de las ciudades más hermosas de la costa peninsular.
La mejor forma de disfrutar de esta preciosa ciudad es, sin duda, reservar unos días para recorrerla pausadamente. Su pequeño tamaño hace que se puedan visitar los distintos puntos caminando, aunque avisamos a los navegantes: Oporto es una ciudad de cuestas que pueden acabar con el resuello del más pintado. Para salvarlas, los tradicionales tranvías recorren la urbe y sus alrededores de punta a cabo, y también hay un buen servicio de autobuses y de metro.
Una buena idea para no cansarnos demasiado es subir hasta la parte superior de la ciudad y empezar a descender sus calles, rumbo a la ribera del Duero, donde el gran puente de hierro nos dará la bienvenida con su espectacular presencia. A lo largo de las calles podremos disfrutar de las muchas iglesias de la ciudad, de sus preciosos bares y librerías (muchos de ellos de principios del siglo XX, en encantador estilo Art Déco), de las terrazas donde la cerveza helada sabe a gloria, de su increíble mercado (toda una experiencia).
La gastronomía portuguesa tiene una merecida fama, que podremos comprobar en los muchos restaurantes y bares de la ciudad. Bien sea en la ribera del Duero, donde la parte vieja alberga encantadores restaurantes típicos; bien descubriendo los más vanguardistas y modernos en la zonas residenciales, degustar un buen plato de bacalao a la portuguesa o una copa de oporto, el vino que ha tomado el nombre de la ciudad, es algo que no debemos dejar de hacer.
La noche también es animada y alegre, habiendo locales de lo más curiosos e interesantes para trasnochar a gusto. Y los alrededores de la ciudad también tienen mucho que ofrecer, sobre todo si nos dirigimos a la costa atlántica. Un breve recorrido en autobús nos llevará hasta Figueira da Foz, donde el Duero muere en el océano, un lugar que es todo un espectáculo para los amantes del mar embravecido. La localidad es un lugar de veraneo para muchos portugueses y está llena de preciosos chalets, casas y hoteles, elegantes y señoriales. Pasar dos días en Oporto es siempre una magnífica idea, aunque seguro que nos quedaremos con las ganas de repetir la experiencia para poder conocer todo lo que se nos ha quedado pendiente, que será mucho.



