Bagel, el círculo perfecto

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Bagels en Nueva York

Todo el que llega a Nueva York antes a después acaba comiendo una de estas roscas de pan denso sin tan siquiera pensar si le gusta o no. En la Gran Manzana hay que comer bagels, y ya está.

Pero el bagel, aunque se ha convertido en uno de los símbolos culinarios de la ciudad, no es de origen americano, como tantas otras cosas. La leyenda cuenta que fue un panadero de Cracovia el que lo inventó para un rey polaco en 1683, pero su popularidad llegó a mediados del siglo XIX cuando la comunidad judía se apropió del inventó y lo popularizó por todo el planeta.

El bagel tiene la simplicidad de las grandes ideas: llena el estómago, está rico y admite casi cualquier ingrediente. La receta original se elabora con sal, levadura y harina de trigo. Pero tiene truco: antes de meterse en el horno se cocina con agua. Así se consigue esa miga tan densa y por eso puede sustituir a un almuerzo completo se se rellena adecuadamente. A lo largo del siglo XX el bagel se asentó en Estados Unidos, sobre todo en la ciudad de Nueva York.

En cada calle de Nueva York hay alguien que vende bagels, pero antes de lanzarnos a por uno debemos saber que podemos elegir el tipo de pan y el relleno. El más sencillo se acompaña simplemente de cream cheese (crema de queso blanco) o mantequilla, pero los más típicos son los de salmón. De todas formas, veremos casi cualquier cosa dentro de un bagel: pavo, verduras, ternera, queso, pastrami... Es el desayuno y el almuerzo diario de muchos neoyorquinos.

Durante décadas H&H Bagels fue el lugar donde se acudía a degustar el que era , para muchos, el mejor bagel de Nueva York. Y hablamos en pasado porque este mítico local ha cerrado sus puertas tras casi 40 años alimentando a los neoyorquinos. Aún conservan una tienda en la calle 46, pero los habituales dicen que ya no es lo mismo que antes.

De todas formas, aunque uno de los sitios señeros haya desaparecido, hay decenas de lugares que bordan el bagel. Sitios como Murrays Bagel, Bagel Hole, Ess-A-Bagel o Russ and Daughters son perfectos para adentrarnos en el universo bagel sin temor a equivocarnos.

En los últimos tiempos al tradicional bagel neoyorquino le ha salido competencia con el bagel de Montreal, más dulce y crujiente. Son parecidos aunque lo suficientemente diferentes para que la llegada del bollo canadiense se perciba como una invasión gastronómica. En Manhattan poco a poco van apareciendo locales especializados en el bagel canadiense y son muchos los que piensan que los mejores bagels de Montreal se venden en Brooklyn, en lugares como Mile End o B&B Empire.

Ya sean de un lugar u otro, el formato (una rueda de pan, como un enorme dónut salado) sigue intacto.

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