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Segundo día en Marrakech

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Escapada a Marrakech

MARRAKECH EN UN DÍA | COMER EN MARRAKECH

Tras nuestra primera incursión en esta preciosa ciudad portuguesa, dedicaremos el segundo día de nuestra escapada a visitar mercados, museos y monumentos que han otorgado a Marrakech su famoso encanto.

Por la mañana...

Para comenzar nuestro segundo día en Marrakech hay aún un montón de apasionantes lugares para visitar. Las Tumbas Saaidíes son sin duda uno de los monumentos que más gente atrae en la ciudad. Ubicadas junto a la Mezquita de la Kasbah, no son demasiado grandes y se pueden recorrer con comodidad, si salvamos la gran cantidad de turistas que acuden a ellas (sobre todo en temporada alta).

El conjunto arquitectónico es muy sencillo: se trata de dos edificios que flanquean un patio. En él se encuentran enterrados los miembros de una dinastía de sultanes, y las tumbas están selladas con una sencilla losa de mármol y rematadas por un túmulo de tierra cuyo tamaño es más o menos grande, dependiendo de la importancia del difunto.

La belleza de los edificios se ve realzada por los hermosos techos de madera tallada y la presencia de estucos ornamentales, que hacen que esta visita sea casi indispensable para quienes recorren la ciudad de Marrakech. Los palacios de los sultanes árabes son otro de los puntos de mayor interés en la Ciudad Roja.

Sin duda, los más célebres son el Palacio El Badi y el Palacio Bahía, situados al sur de Jemaa El-Fna, casi en la Kasbah y muy cerca de la plaza de Ferblantiers. El Palacio El Badi es el más antiguo de los dos (s. XIV), y se encuentra en peor estado de conservación. Aún así, conserva un precioso minarete con hermosas molduras de madera tallada. El Palacio Bahía fue erigido en el s. XIX, por orden de un visir que para su construcción contrató a los mejores obreros, artistas y artesanos de la ciudad.

El Palacio es célebre por los techos policromados de las estancias y los grandes patios, alejados del devenir de la ciudad. Aunque no todas las habitaciones están abiertas al público, merece la pena visitar las que sí lo están para hacerse a la idea de lo que era el auténtico "lujo oriental" en pleno siglo XIX.

Todavía nos queda una visita que hacer en esta bulliciosa mañana: y es además un lugar que no podemos dejar de recorrer, por su belleza y su atractivo natural. Se trata de los Jardines Majorelle, un auténtico oasis (y nunca mejor dicho) que comenzó siendo un jardín botánico, allá por el año 1924. Deben su nombre a su creador, Jacques Majorelle, y no se abrieron al público hasta el año 1947. Las especies que pueblan los bellísimos jardines proceden de todas las partes del mundo, y su presencia llena de verdor contrasta con los tranquilos y susurrantes estanques, senderos y arroyuelos, así como con el azul intenso y profundo de las fachadas de las construcciones. Como curiosidad, cabe comentar que en el año 1980 los Jardines Majorelle pasaron a formar parte del patrimonio del diseñador de moda Yves Saint-Lauren, que los recuperó y restauró a fondo para uso y disfrute del público.

Otra de sus iniciativas fue transformar parte del chalet azul en el Museo de Arte Islámico de Marrakech, en el cual se alberga la colección que fue recopilando el modisto durante años en distintos países de Asia y África. Además de las magníficas plantas, la maravillosa tranquilidad y los colores del jardín, los visitantes pueden disfrutar también de la presencia de más de quince especies distintas de aves autóctonas de Marruecos.

Por la tarde...

Quienes se hayan quedado con las ganas de ver palacios suntuosos y de hacerse una idea de cómo era la vida de las clases altas marroquíes en el pasado, aún pueden hacer otra interesante visita: el Palacio Dar Si Saïd.

El edificio alberga a día de hoy una colección de arte de marruecos, entre la cual se pueden contemplar armas, joyas y tallas, además de una curiosa e interesante serie de fotografías antiguas de la ciudad. Aunque la colección no es muy amplia ni espectacular, merece la pena entrar al palacio, aunque sólo sea para contemplar su preciosa arquitectura y sus decoraciones. Los patios, las columnas, las estancias.

Un lugar como para sentirnos parte de "Las Mil y Una Noches". Aparte de los muchos recorridos que se pueden hacer por la ciudad para conocer de cerca el pulso que late en sus calles, en Marrakech hay también muchas otras actividades que convertirán nuestra visita a la ciudad en unas vacaciones inolvidables. Los paseos en calesa son probablemente una de las formas más auténticas, divertidas y cómodas de recorrer la ciudad. Mucho más económicos que los que suele haber disponibles en otras grandes ciudades, los conductores nos llevarán a donde les digamos por un precio que ha de ser acordado previamente (y por supuesto, sin olvidarnos de regatear).

La vorágine del tráfico en Marruecos no se ve de la misma manera, cuando se participa directamente en ella a bordo de una delicada estructura sostenida sobre dos ruedas. Toda una experiencia que merece la pena disfrutar. Otra visita que nos hará sentir como auténticos potentados de los años 50 es la del Casino de Marrakech. Inaugurado en el año 1.952, fue el primer casino de Marruecos. Aparte de las consabidas salas de juegos, tragaperras y actividades de apuestas, en el Casino es posible cenar, acudir al teatro para ver las distintas representaciones, tomarse una copa en los bellos jardines, trasnochar en el gran club nocturno.

Todo un elenco de posibilidades, para visitantes con dinero en el bolsillo. Para quienes busquen algo menos exclusivo y más auténtico, la opción de visitar un hammam es toda una tentación. Hay quien dice que acudir al hammam es la mejor experiencia posible en la ciudad. Aunque todo es cuestión de gustos y de opiniones, no cabe duda de que sí que es toda una experiencia. Los hammam son baños públicos con distintas salas y opciones, instaurados en el mundo árabe gracias a la importancia que el Corán concede a la higiene personal.

Aunque hoy día muchísimas viviendas cuentan con baño y ducha o bañera, todavía hay muchos marroquíes que acuden al hammam de forma periódica. Es recomendable llevarse una esterilla de goma (se venden por doquier) para tumbarse en el suelo, y además en cualquier tienda de la medina es posible adquirir jabones y guantes de franela para enjabonarse. En primer lugar se accede a una sala caliente donde hay que tumbarse y relajarse, para permitir que se abran los poros de la piel. Después se pasa a otra sala con chorros de agua caliente y fría: es el momento de sentarse en el suelo e ir vertiéndose encima cubos de agua, alternando las temperaturas. Después ya podemos enjabonarnos, aclararnos y verter varios cubos de agua para limpiar el suelo.

Normalmente, en esta sala suele haber opción a recibir un masaje de unos 20 minutos, a cargo de unos "enérgicos" masajistas que no dejarán un músculo sin tratar. Para terminar, se impone un rato en la sala fría para permitir que se cierren los poros. ¡Y como nuevos!

Si hay tiempo y ganas, una excursión al Atlas marroquí es una excelente opción para pasar una tarde, o tal vez todo un día. La cultura bereber impregna estas míticas montañas, que conforman una gran cordillera que linda con el desierto del Sáhara. Es posible contratar rutas organizadas (lo mejor es acudir a la oficina de turismo o contratarlas antes de salir de viaje, desde casa), o optar por alquilar un vehículo. Los todo-terrenos son la mejor opción si queremos entrar en algunas vías.

Muchos taxistas se ofrecen a llevar a los turistas al Atlas y allí los ponen en manos de guías extraoficiales, que esperan. Esto puede salir estupendamente o ser un desastre: quizás el taxista no regrese a recoger a los viajeros o tal vez los guías se dediquen a pedir dinero, y poco más. Como en cualquier lugar, un poco de precaución y de instinto serán nuestras mejores armas; y para quienes quieran ir sobre seguro, lo mejor es informarse en las oficinas de turismo o en los propios hoteles.

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