Mercado de San Miguel

NOMADEA > MADRID > COMER EN MADRID > ...

Mercado de San Miguel
Plaza San Miguel, 1 · 28013 · Madrid · TELÉFONO 91 541 51 04 · ÓPERA

A nadie se le escapa que el Mercado de San Miguel es uno de los sitios de moda de Madrid. Y lo seguirá siendo durante mucho tiempo, porque el concepto es de los están condenados a triunfar: si juntamos un edificio que parece salido del mismo París (estructura de hierro que data de 1916, marquetería de roble, suelos de granito), una reforma integral destinada a conseguir un efecto bohemio, industrial y refinado, una selección de los mejores comerciantes de cada gremio , que a su vez sirven las más exquisitas (y más originales) delicatessen, y todo eso lo situamos en el centro de Madrid, a escasos metros de la Plaza Mayor, el resultado final es el Mercado de San Miguel. Que por cierto, es considerado Bien de Interés Cultural.

Hay que decir, que el Mercado de San Miguel, en realidad tiene poco de mercado y mucho de templo gastronómico para los gourmets locales y lugar de paso obligado para los turistas sibaritas. El Mercado de San Miguel ofrece al visitante un sinfín de alternativas para salir de allí más que satisfecho. En concreto treinta y tres, que son los puestos con los que cuenta el mercado, más un espacio central polivalente para la celebración de eventos, con dos barras de degustación. 

Podemos acudir por la mañana y simplemente tomarnos un zumo de naranja recién exprimido o un smoothie en La Jugosa (la zumería del mercado) para empezar el día con buen pie. Si queremos acompañarlo con un bollo o un croissant, pues nos dirigimos a la parada del Horno de San Onofre, un negocio especializado en dulces artesanales (turrones, helados, chocolates, caramelos) cuya fachada es fucsia. Tradición y fucsia: este contraste nos puede dar la medida exacta del tipo de mercado en el que nos encontramos.

Si llegamos a la hora del aperitivo, qué mejor que acercarnos a El Yantar de Ayer, que ocupa los puestos 22 y 23, donde podremos degustar un vermouth de grifo tirado como dios manda, o un buen fino, y acompañarlo con alguno de sus magníficos encurtidos del Mediterráneo o con unos frutos secos, tostados en horno de leña, por la prestigiosa Casa Gispert, todo un clásico.

Una de las paradas que más curiosos concita es Il Pastaio, donde la pasta fresca que elaboran a diario (más de 60 tipos) es la absoluta protagonista. En este pequeño bazar, también podremos comprar especias y legumbres.

Los amantes del vino deben hacer una parada obligatoria en Pinkleton & Wine. Su amplio surtido de caldos enorgullecería al mismísimo Baco. Aquí sirven vino por copas, una magnífica manera de probar algunos vinos de precio elevado. Cuidan cada botella con mimo, y las conservan en perfectas condiciones para servirlas en óptimo estado. De hecho, parte de su negocio consiste en la custodia de vinos, un novedoso servicio para los clientes que quieren delegar la conservación de sus vinos más valiosos en manos de profesionales.

Puede que alguien se esté preguntando: si estamos en un mercado, ¿dónde están las fruterías, las carnicerías, las pescaderías? Que no cunda el pánico. En el Mercado de San Miguel están representadas con un nivel sobresaliente. La Flor de San Miguel es la frutería y verdulería del mercado, regentada por sus dueños de toda la vida . Aquí está representado el producto de todo el país, con especial atención a variedades que no son fáciles de encontrar en otros lugares de la capital.

La carne viene de la mano de La Boucherie, una carnicería francesa que asegura servir la mejor carne ya no de Madrid, sino de Europa. Y viendo la calidad del género que sirven, cuesta no creerlo. Están especializados en carnes de ave y caza. Imprescindible probar su foie .

Y si hablamos de pescado, en el mercado tiene nombre propios: Lonxanet, pescadería gallega que trabaja el pescado más fresco de la capital (no por nada Madrid es el primer puerto de mar de España) desde el corazón de las Rías Gallegas, siendo el marisco su especialidad. Casi nada. Lonxanet no tiene intermediarios, por lo que el precio de sus productos suele ser ajustado, recordando siempre que el pescado (y más el marisco) es caro.

No se puede hablar de Lonxanet sin mencionar El Pescado Original, la cervecería del mercado, donde si lo deseamos nos prepararán lo que hayamos comprado en la pescadería, pues están asociadas. Además, tienen una respetable carta de tapas y raciones, y unas cañas tiradas como dios manda a precios populares.

Los ahumados y salazones y conservas de pescados los podemos encontrar en La Casa del Bacalao mientras que las mejores chacinas e ibéricos hay que ir a buscarlos a la parada de Mas Goumerts y Carrasco-Guijuelo, charcutería de origen catalán que hará las delicias de los gourmets de los embutidos. En esta parada han apostado por un dúo invencible: embutidos catalanes e ibéricos de Guijuelo. Atención a su butifarra, insuperable.

Si lo que queremos es queso, debemos acudir a La Fromagerie, una parada especializada en este producto. Aquí podremos probar cada variedad antes de llevárnosla a casa, ya que sirven tapas de queso a un módico precio. Disponen de referencias de cada rincón de España, así como un amplio surtido de quesos extranjeros, sobre todo franceses. Atención a su pecorino italiano trufado, tan delicioso como caro.

El sushi es el producto de moda en todo el mundo, así que no podía faltar en el Mercado de San Miguel. Maki Japón ofrece un completo surtido (maki, sashimi, temaki) del famoso plato japonés preparado al instante, frente a nosotros, que podremos acompañar con una cerveza del país nipón.

Otro de los locales que no podía faltar en el Mercado de San Miguel es Lhardy, sucursal del mítico restaurante de la Carrera de San Jerónimo, donde ofrecen varias de las especialidades que tanta fama le han dado y las sirven para llevar.

Los paladares más exquisitos y los bolsillos más desahogados tienen cita en Puro Caviar , el rincón  más sibarita  del Mercado de San Miguel. Aquí podremos adquirir al peso huevas de esturión, de trucha noruega, salmón o wasabi, aunque el plato estrella, como no podía ser de otra manera es el caviar de huevas de esturión. Podemos acompañarlo con una selección de vodkas islandeses y rusos.

Y para acabar nuestro recorrido por el mercado, qué mejor que zamparnos unas ostras en la parada de Daniel Sorlut, prestigioso cultivador de este manjar. Las sirven por unidades, al natural, sobre un lecho de hielo picado y, si se desea, con limón y una pizca de pimienta. Para acompañarlas, podremos tomar un buen vino blanco o una copa de champagne.

Cabe destacar la curiosa iniciativa, en la que el Mercado de San Miguel fue pionero, de ofrecer para los clientes los servicios de un personal shopper gastronómico. Sus funciones son las de asesorarnos sobre qué productos podemos comprar en el mercado, dónde hacerlo y cómo degustarlos. Él nos aconsejará, según nuestros gustos, sobre la mejor manera de maridar un plato o podrá informarnos de la procedencia o características de lo que se vende en cada parada.

Además, el mercado cuenta con una floristería, El Cestillo, por si en mitad de nuestro festín gastronómico nos animamos a pedirle matrimonio a alguien.

Para finalizar nuestro recorrido por este emporio sibarita, nada mejor que acercarnos hasta la librería Laie, cuya parada está especializada en literatura gastronómica, para que las últimas delicatessen que disfrutemos sean de papel. Que engorda menos.

¿BUSCAS HOTEL BARATO EN MADRID? MIRA AQUÍ
NOMADEA | Ideas para escapadas y viajes de fin de semana desde 2008