Madrid a trav駸 de sus 10 tapas m疽 populares

21/11/2017

Tenemos la firme creencia de que no hay mejor forma de conocer un lugar que a través de su cocina. Madrid es una ciudad de barras, de cañas bien tiradas, de vermú de grifo, de terrazas que bullen a la hora del aperitivo. Por eso te invitamos a un paseo gastronómico por Madrid a través de sus diez tapas más clásicas, en un recorrido donde iremos haciendo parada en los locales donde mejor las preparan.

Patatas bravas

Las bravas del Docamar / Foto va delascosasdelcomer.com

La bravas son, probablemente, el plato más popular en lo que se refiere a tapeo, y en cualquier guía te dirán que en Madrid hay dos lugares míticos para tomarlas: el bar Docamar (Alcalá, 337) y Las Bravas (Álvarez Gato, 3). En ambos locales se sirven las bravas clásicas: la patata, de corte generoso, blandita por dentro y dorada y crujiente en el exterior; y la salsa brava de toda la vida, roja como el fuego y sin rastro de ajoaceite. Aunque estos dos locales sean los más populares, lo cierto es que a lo ancho y largo de Madrid hay decenas de sitios donde las preparan para chuparse los dedos.

Si hablamos de bravas cannicas, castizas, con su salsita brava y sus patatas fritas a la perfeccción, Los Chicos (Guzmán el Bueno, 33), la Taberna Acuerdo (Acuerdo, 36), el bar Moncayo (Hermanos de Pablo, 337), La Tierruca (Ortega y Gasset, 53) o el Hermanos Guio-Museo de las Patatas (Ferrocarril, 21), están a la misma altura que Docamar y Las Bravas.

Mención aparte merece A'Conchiña (Benidorm, 32) un bar gallego en el que, como ocurre en Granada, según te plantas en la barra y pides la bebida, ya te sacan tu platito de bravas, cortesía de la casa. Bravas que, además, están de vicio.

Y si dejamos a un lado el clasicismo y aceptamos el alioli como parte de la receta (como hacen en Valencia, por ejemplo), hay unos cuantos sitios que no deberamos perdernos: Vi-Cool (Huertas, 12), el gastrobar de Sergi Arola donde podremos probar (a precio de oro) su famosa interpretación de las bravas: un cilindro de patata con un hueco en el centro que va relleno de salsa de tomate picante y ajoaceite. Estado Puro (Cánovas del Castillo, 4), de Paco Roncero, es otro de esos locales con su propia versión de las bravas: patatas cocidas con piel a las que se les inyecta la salsa. Y si quieres probar unas bravas diferentes, pásate por La Gabinoteca (Fernández de la Hoz, 53): te las servirán en una caja de noodles acompañadas de rabas fritas de calamar.

Ensaladilla rusa

Ensaladilla rusa, de Mosc a Madrid / Foto va unbuendiaenmadrid.com

La ensaladilla rusa en realidad es francesa, ya que debe su receta a Luci駭 Olivier, chef del restaurante Hermitage de Mosc (de ahí lo de rusa), que hizo de este plato su seña de identidad allá por 1860 . Sea como fuere, la ensaladilla rusa es una de las tapas más populares en las barras españolas y admite mil variaciones: con guisantes o sin ellos, con o sin atn, con encurtidos, con aceitunas... Pero segn cuentan los que saben del tema, el secreto de una buena ensaladilla rusa reside en la calidad de la patata y en el equilibrio entre los ingredientes, sean los que sean.

La legendaria marisquera Casa Rafa (Narv疇z, 68) es probablemente el local con la mejor ensaladilla rusa de Madrid. Mayonesa en su punto justo, patata nueva, zanahoria, huevo duro y guisantes, cuando es temporada. Sin más. Se puede pedir con o sin lascas de ventresca, lo cual es un detalle.

Otro local donde bordan la ensaladilla es La Tasquita de Enfrente (Ballesta, 6): sobre una base cl疽ica a base de patata, zanahoria, huevo duro y bonito, se van añadiendo ingredientes en función de la temporada o de la inspiración del cocinero. Así que no te extrañes si te la sirven coronada por huevas de erizo fresco o con un fino salpicón de colas de carabineros.

Aparte de estos dos clásicos tiene también fama la ensaladilla del Nájera (Guzm疣 El Bueno 55), el tpico bareto de barrio donde todo lo que pidas est bueno, la de la arrocería Samm (Carlos Caamaño, 3), cuyo único secreto está en la calidad de los ingredientes, la de J5 (Alcalá, 423), otra de esas barras antológicas, la de El quinto vino (Hernani, 48), con su pizquita de nuez moscada, la de La Bomba Bistrot (Pedro Muguruza, 5), que rinde homenaje a la que elaboraba el chef valenciano Vicente Patiño en el desaparecido Óleo y la de Laredo (Doctor Castelo, 30), con ventresca de bonito.

Callos a la madrilea

Los callos del Bar Alonso / Foto de Miguel チngel Gallego va salivando.com

Pocas tapas hay m疽 castizas que los callos, imprescindibles para entrar en calor durante los fros inviernos madrileos y objeto de deseo por los amantes de las salsitas picantes. Los callos a las madrileña los bordan tanto en tabernas centenarias y bares de barrio como en restaurantes con barras de tronío y gastrobares de esos.

A la primera categoría pertenecen el Bar Alonso (Gabriel Lobo, 18) , donde hay tortas por acodarse en la barra, Casa Alberto (Huertas, 18), en pleno corazón del barrio de Las Letras, San Mamés (Bravo Murillo, 88), la veterana tasca de Cuatro Caminos donde sirven 'el Rolls Royce de los callos' [sic], La Cruz Blanca de Vallecas (Carlos Martín Álvarez, 38), local con solera donde hacen uno de los mejores cocidos de Madrid, o Bodegas Ricla (Cuchilleros, 6), taberna inaugurada en 1867 que además sirve un vermú de escándalo.

Si lo que queremos es cambiar el serrín de la barra por la servilleta de hilo podemos acercanos a El Fogón de Trifón (Ayala, 144), a Viavélez (Av. del General Perón, 10) o a La Tasquita de Enfrente (Ballesta, 6), tres auténticos referentes cuando hablamos de materia prima de calidad. Tampoco son mancos los callos de El Landó (Plaza de Gabriel Mir, 8), donde se nota la mano del celebérrimo Lucio Blázquez, los de La Tasquería (Duque de Sesto, 48), tasca moderna especializada en casquería, o los de Maldonado 14 (Maldonado, 14), donde se clona la receta del mítico y desaparecido Las Cuatro Estaciones. En Las Reses (Orfila, 3), comedor burgués y uno de los templos carnívoros de Madrid, también los bordan. Y si hablamos de callos a la madrileña, no podemos dejar de nombrar a Lhardy (Carrera de San Jerónimo, 8), clásico entre los clásicos que lleva preparando este plato desde el siglo XIX.

Y aunque no estén en Madrid, es de ley acordarse de Montia (Calvario, 4), en San Lorenzo del Escorial, y de El Bohío (Avenida de Castilla-La Mancha, 81), en Illescas, porque sus callos a la madrileña son superlativos, de los mejorcitos del país.

Bocadillo de calamares

Bocata de calamares reposando sobre la barra a la espera de ser devorado

Siempre se ha dicho de Madrid que es el mejor puerto de mar del pas, por lo que no es de extraar que su bocadillo m疽 popular sea el de calamares.

Como todo el mundo sabe, la zona más típica para tomar un bocata de calamares en condiciones es la Plaza Mayor, en la que hay varios bares que sirven esta especialidad (Casa María, El Soportal o Magerit), siendo el más popular la Cervecería Plaza Mayor, en el número 2, probablemente porque trabajan con calamar fresco del Cantábrico y lo fríen en aceite de oliva.

Y sí, ya lo sabemos: comerse un bocata en plena Plaza Mayor es muy de guiris. Por eso puedes alejarte unos pasos hasta La Campana o La Ideal, que están el uno al ladito del otro, en los números 6 y 4 de la calle Botoneras, respectivamente. En cualquiera de estos dos locales podrás disfrutar de uno de los mejores (y más económicos) bocatas de calamares de Madrid. A tiro de piedra se encuentran el Bar Postas (Postas, 13) y Casa Rúa (Ciudad Rodrigo, 3), otros dos cl疽icos de la zona en lo que a bocatas de calamares se refiere.

Y, aunque resulte curioso, el bocadillo de calamares más famoso de Madrid no se encuentra en la Plaza Mayor, sino a dos pasos de la estación de Atocha. Los míticos bocatas de El Brillante (Glorieta del Emperador Carlos V, 8) son grandes, pero tienen fama de caros, aunque siempre está la opción de pedir medio bocadillo.

Si nos alejamos del canon (puristas, tápense los ojos), podemos encontrar mil y una reintepretaciones del bocata de calamares. En Sergi Arola (Zurbano, 31) pican el calamar para rebozarlo en tempura y lo emparedan entre dos láminas de pan crujiente, con una pizca de mayonesa y crema de limón, mientras que en StreetXo (Serrao, 52) Dabiz Muñoz (o como demonios se escriba) acompaña el calamar con un bizcocho de curry al Josper, emulsión de trufa fermentada y ketchup de tamarillo.

Nakeima (Mel駭dez Vald駸, 54) también tiene su versión del bocata de calamares: pan chino al vapor, tallarines de sepia al wok, alioli de ajo negro, cebolla china y panko. El último en versionear este popular bocadillo ha sido John Barrita (Vallehermoso, 72): sirve los calamares en un pan de chapata de ajo, con mayonesa blanca y negra, y un toque de lima.

Oreja a la plancha

Oreja de cerdo sobre la plancha del bar Docamar

ソHay algo m疽 castizo que hincarse una racin de oreja a la plancha en un bareto de barrio? Oreja, bareto y barrio, tres t駻minos que le van como anillo al dedo al Bar Gonmar (Paseo Muoz Grandes, 47), que como todo el mundo sabe sirve la mejor oreja a la plancha de Carabanchel, y probablemente de todo Madrid. Tostadita sin pasarse, de cartílago fino y con la grasa en su sitio, y sazonada humildemente con ajo y perejil. Una locura.

Si la periferia no es lo nuestro, nada mejor que La Oreja de Jaime (Cruz, 12) al ladito de la Puerta del Sol. Un local de los de toda la vida donde elaboran su plato estrella a la manera clásica, a la plancha y con pimentón. Lo bordan. Y, además, barato.

Ya hemos visto que el Docamar (Alcalá, 337), en el distrito de Ciudad Lineal, sirve las mejores bravas de Madrid. Pero es que su oreja a la plancha no le va a la zaga. Adobada a la perfección y servida en raciones generosas, con un toquecito de su salsa picante y secreta.

Como todo el mundo sabe una oreja son sesenta minutejos. Y este chiste (m疽 malo que el hambre) da paso a nuestra ltima parada en esta ruta orejera, a dos pasos del Puente de Toledo: La casa de los minutejos (Tom疽 Meabe, 2), otro clásico en el arte de planchar la oreja. El plato estrella de este bareto de barrio, cómo no, son los minutejos: sandwiches de oreja laminada y condimentada con salsa picante.

Croquetas

Croquetas de jamón de bellota 100% puro, de Taberna Pedraza

Aunque todos sabemos que como las de nuestra madre no hay otras, algo tendrán la croquetas de Casa Julio (Madera, 37), en el corazón de Malasaña, para ser consideradas las mejores de Madrid (si no que se lo pregunten a los chicos de U2, que entraron a echarse unas fotos y acabaron zampando como campeones). Aunque las de jamón están de vicio, no te pierdas sus croquetas de gorgonzola, espinacas y nueces. No le andan a la zaga las de Casa Manolo (Jovellanos, 7), local frecuentado por periodistas y políticos (está a espaldas del Congreso de los Diputados), cuyas croquetas de jamón tienen fama desde hace años.

En El quinto vino (Hernani, 48), taberna del barrio de Tetúan, las hacea diario Doña Esperanza, y más caseras no pueden ser: de jamón y tamaño XL.

Las croquetas de lacn de Melo's (Ave Mara, 44), en Lavapi駸, son tan contundentes como sabrosas, y las de Casa Labra (Tetu疣, 12), uno de los locales con más solera de Madrid, son las mejores croquetas de bacalao (y las más famosas, probablemente) de la capital.

Y de las tabernas de toda la vida a las de nuevo cuo: junto al Retiro est Arz畸al (Avenida de Men駭dez Pelayo, 13), una de las mejores barras de Madrid, donde no es de extrañar que sirvan unas croquetas de muerte. Elaboradas con leche de cabra, y de jamón o de boletus. Repetimos: de muerte. A tiro de piedra se encuentra la Taberna Pedraza (Ibiza, 40) y sus croquetas de ib駻ico infusionadas en leche fresca de Pri馮ola, casi nada. En Askuabarra (Arlabán, 7), filial madrileña de ese templo del buen comer que es el valenciano Askua, se marcan unas croquetas de rabo de toro, pollo y curry sorprendentemente ricas. Y en Viavélez (General Perón, 10), Paco Ron elabora unas croquetas cremosas, crujientes y ni grandes ni pequeñas, o sea, perfectas.

Y para acabar, dos locales que han hecho de la croqueta su razón de ser: La Gastrocroquetería de Chema (Barco, 7), un paraíso croqueteril donde Chema Soler presenta este humilde manjar de mil y una maneras, y La Croquetta (Fuente del Berro, 33), junto al Palacio de los Deportes, donde conviven las croquetas clásicas con otras más atrevidas (e igualmente deliciosas) como la de jalapeños

Caracoles

Caracoles a la madrilea con su trozo de pan, para mojar a saco

El guiso de caracoles a la madrilea, con su pimentn, su jamoncito y su chorizo, es una de las tapas m疽 castizas que encontraremos por las barras de la capital. Los caracoles más populares de Madrid probablemente sean los de Casa Amadeo ( Plaza de Cascorro, 18), que despacha m疽 de 60 kilos de este manjar a la semana. Un paseo por el Rastro no es paseo ni es nada sin los caracoles de Amadeo. Muy cerca de allí se encuentra el bar Los Caracoles (Toledo, 106), y seguro que los más avispados ya habrán adivinado cuál es su plato estrella. Se trata de otro local mítico a la hora de zampar caracoles, que allí elaboran con un puntito picante que crea adicción. Casa Alberto (Huertas, 18) es una de esas tabernas de toda la vida en la que bordan los caracoles a la antigua usanza, con su salsa de tomate y sus taquitos de jamón.

El Fogón de Trifón (Ayala, 144) es uno de esos sitios donde todo está rico, y los caracoles no iban a ser una excepción: picantes y aromatizados con hierbabuena, como mandan los cánones.

También son famosos los caracoles de Los Mellizos (Esfinge, 66), uno de los bares imprescindibles en la zona de Canillejas. Los elaboran al estilo andaluz, con salsa picante, chorizo, jamón y tocino. Tan andaluces son los caracoles de Los Mellizos, que se anuncian en la carta como cabrillas, que es como son conocidos en muchos bares de Sevilla.

Y como colofn, los caracoles de la Taberna Antonio Sánchez (Mesón de Paredes, 7) que están para chuparse los dedos, literalmente, con su salsita picante, su chorizo y su jamón. Y si hemos dejado par el final esta taberna no es sólo por sus caracoles, sino por ser historia viva de Madrid. Abierta desde 1830, fue punto de encuentro de los miembros de la Generación del 98, cuyas tertulias atendía el torero Antonio Sánchez, fundador del local. Allí expuso por última vez el pintor Ignacio Zuloaga. Las antiguas fotografías de Frascuelo o Lagartijo, la barra de cinc, los veladores de mármol y carteles míticos como el de 'Se prohibe escupir en el suelo' le dan un aire de película de Almodóvar. Vamos, que de hecho aquí se rodó una escena de La flor de mi secreto.

Tortilla de patata

Tortilla de la Taberna Pedraza, al estilo de Betanzos

Estamos ante el pincho por excelencia, la estrella en todas las barras de bar a lo ancho y largo de 駸te, nuestro pas: la tortilla de patata. Y Madrid (con permiso de Betanzos) tiene merecida fama de ser uno de los mejores lugares para degustarla.

Ya que hablamos de Betanzos, comenzaremos por mecionar un lugar dode bordan esa tortilla poco (por decir algo) cuajada; lo que por tierras gallegas se conoce como lágrima de huevo: la tortilla está tostada por fuera, pero al romperla, llora. Metáforas aparte, en la Taberna Pedraza (Ibiza, 40), al ladito de El Retiro, no es que hagan la tortilla al estilo de Betanzos, sino que Carmen Carro, propietaria de la taberna junto a Santiago Pedraza, viajó hasta el célebre Mesón O Pote para que le enseñaran todos los trucos de este plato. Y vaya si los aprendió. Amarillas, siempre de cuatro huevos, servidas con paleta. A día de hoy, el contador de tortillas que hay instalado en la Taberna Pedraza (sí, un contador de tortillas, has leído bien) ha superado el número 30.000. Echa cuentas. Detalles como que las patatas son seleccionadas en origen, cambiando el proveedor en función de la temporada, y que en la elección de los huevos se tiene en cuenta hasta la edad de la gallina, nos iremos dando cuenta de la complejidad de elaborar la que, para muchos, es la mejor tortilla de Madrid.

Otro cl疽ico en lo que respecta a la tortilla de estilo gallego es La Penela (Infanta Mercedes, 98), algo bastante comprensible teniendo en cuenta que sus propietarios son de aquellos lares. Para elaborar sus famosas tortillas usan ingredientes de la tierra: los huevos son de granja y provienen de Lugo; las patatas de Coristanco. Así que si buscas la clásica tortilla de Betanzos, en un ambiente pintón y con mantel de tela, éste es tu sitio.

Cerca de El Retiro hay una cita ineludible: Casa Dani (Ayala, 28), un local que por su pinta encajaría en cualquier polígono industrial, pero que está ubicado dentro del Mercado de la Paz, en pleno barrio de Salamanca. Así que a la hora del aperitivo allí se juntan oficinistas, turistas y señoras bien para tomar el pincho de la tortilla de Dani: melosa, con la cebolla pochada y las patatas (gallegas, por supuesto) con su punto de crujiente. Se trata de un bar pequeño, así que si no hay sitio podemos cruzar la acera y aposentarnos en el Jurucha (Ayala, 19), donde la clientela suele aderezar su maravillosa tortilla con un poco de mahonesa.

La tortilla de la cafetería Sylkar (Espronceda, 17) es probablemente las más famosa de Madrid: melosa, poco cuajada, con o sin cebolla (a gusto del comensal) y siempre recién hecha. ¿Su secreto? Ingredientes de calidad, sin más. Las patatas, de la variedad monalisa, por supuesto. Ah, y las hacen para llevar a domicilio. No le va a la zaga, en cuanto a fama, la tortilla de la mítica Bodega de la Ardosa (Colón, 13), elaborada durante años y años por la no menos mítica Concha Marfil. Al día salen unas diez tortillas, por lo que su pincho es uno de los más codiciados de Madrid; así que si te dejas caer por este local de Malasaña más vale que estés atento. Ah, y hazte un favor: pide un vermú para acompañar la tortilla.

De un tiempo a esta parte, La Latina se ha convertido en lugar de peregrinaje para los amantes de la tortilla de patata. Por allí andan Juana la Loca (Puerta de Moros, 4) y Txirimiri (Humilladero, 6) compitiendo año tras año por el título honorífico de mejor tortilla del barrio. Ambas propuestas son del mismo estilo: toque tostado, cebolla caramelizada y sin escatimar huevo.

Boquerones en vinagre

Boquerones con Vinagre (y sus patatitas) en El Cant畸rico

La hora del aperitivo en Madrid tiene un claro protagonista: los boquerones en vinagre, que según mandan los cánones vendrán acompañados con sus patatas fritas (de churrería, a poder ser) y con sus aceitunas. Y que, también según los cánones, se tomarán en una terracita al sol, trasegando una cerveza bien tirada o un vermut de grifo.

Casa Emilio (López de Hoyos, 98), en pleno barrio de Prosperidad (mejor dicho: La Prospe), es una de esas joyitas que precisamente por eso, por ser de barrio, pasan de refilón por el panorama gastronómico madrileño. Y eso que están ahí desde 1947. Se trata de un local encantador, regentado por gente amable y con una carta a base de chacinas (de León) y conservas. Quizás sea porque no tienen cocina, un detalle completamente irrelevante porque sus boquerones son legendarios (sin aceite, sin perejil), y sólo por eso habría que levantarle una estatua a Emilio en el barrio. Traen el vermú de Reus y lo almacenan en barricas. Por supuesto, tiran la cerveza de lujo. Dicen que Gabriel Celaya, el poeta, era asiduo.

Los boquerones en vinagre de El Cantábrico (Padilla, 39) sólo pueden saber a gloria bendita en un bar con ese nombre. Este establecimiento, que lleva desde 1948 al pie del cañón, es el mejor ejemplo de marisquería de barrio, con productos de primera a precios populares. Sus boquerones, servidos con patatas fritas, están de vicio. Como los de Casa Santoña (Avenida Nazaret, 10), aderezados con vinagre, limón, sal y aceite. Además hacen unas anchoas artesanales que por si solas ya justifican la visita al barrio de Niño Jesús, donde está ubicado el local. Así que si pasamos por Casa Santoña, una excelente idea es pedir matrimonio (que no cunda el pánico: se conoce como matrimonio a la armoniosa combinación de anchoas y boquerones en un mismo plato).

Hay dos bodegas centenarias en las que sirven unos boquerones en vinagre de lujo. Bodegas Ricla (Cuchilleros, 6), junto a la Plaza Mayor, lleva desde 1867 siendo un oasis gastronómico en una zona arrasada por el turismo. Este pequeño local es ideal para degustar unos boquerones en vinagre junto a un vermut, cuya fama también es más que merecida. Bodegas Rosell (General Lacy, 14) es otro de esos sitios con solera. Desde 1920 sus boquerones son un referente en Madrid: anchos, limpios y en vinagre suave.

¿Hay algo más castizo que tomar el aperitivo tras una mañana en El Rastro? La Cervecería Arganzuela (Arganzuela, 3) es toda una institución en el barrio y el lugar perfecto para disfrutar de una caña bien tirada (Mahou, por supuesto) y una ración de boquerones en vinagre, que sirven con patatas fritas y aceitunas. Los domingos se llena.

El Doble (Ponzano, 1) es otro de esos bares que suele estar hasta la bandera. Su nombre hace referencia al doble de cerveza que allí tiran con tanto orgullo como sabiduría desde hace décadas. El local ni tiene cocina ni falta que le hace. Allí se sobrevive magníficamente a base de chacinas, conservas de calidad y marisco del bueno. Pero si por algo tienen fama es por sus tremendos boquerones en vinagre: jugosos, tersos, con el toque justo de acidez y de aderezo.

Albndigas

ソHay alguna tapa que nos recuerde m疽 a los guisos de nuestras abuelas?

Según los entendidos, las albóndigas son el plato del momento. Si bien es cierto que durante años estuvieron contra las cuerdas (el sambenito de comida viejuna las puso en peligro de extinción) no lo es menos que. hoy en día, es una de las recetas estrella en las mejores barras de la capital. Algo de eso sabe Juanjo López que ve a diario cómo en La Tasquita de Enfrente (Ballesta, 6) se las quitan de las manos. Claro, también es cierto que las prepara con solomillo de vaca, tocino ibérico y las acompaña, según los cánones, con cuadraditos de patata fritos al momento.

Las albóndigas de De la Riva (Cochabamba, 13) son como las de tu abuela. Como las de la mía. Como las de todas las abuelas. Y no hay mejor halago para una receta así. Tal vez de ahí le venga la fama a esta casa de comidas, donde se ciñen a la tradición y elaboran sus albóndigas con ternera y jamón ibérico. Claro, que si hablamos de tradición, qué decir de Los Galayos (Botoneras, 5,), uno de los mejores lugares para comer dignamente por la Plaza Mayor. Las albóndigas son una de sus especialidades, y tanta es la afición que le tienen a este plato que hasta le han dedicado unas jornadas gastronómicas.

La Taberna de Pedro (Montalbán, 3) es otro de esos lugares donde vas a tiro hecho. Cocina tradicional con producto de primera. Y, claro, las albóndigas de Pedro García de la Navarra son un escándalo: de ternera estofada, servidas con patatas fritas y con una salsita en la que el pimiento tiene mucho que decir.

En Señorío de Alcocer (Alberto Alcocer, 1) usan jamón del bueno para trufar sus albondigones, que están de muerte. Pero eso sí, en la carta constan en el apartado de carnes codeándose con platos tan nobles como el lomo de buey. Resumiendo: quien quiera probar sus albondigones tendrá que rascarse el bolsillo.

Como colofón, nuestro recorrido en busca de las mejores albóndigas de Madrid debía acabar en un local donde sólo sirven eso: albóndigas. Todo en Bolero Meatballs (Calle de las Conchas, 4) es medio cañí, medio guiri. Su estética anda entre el bareto de barrio y el dinner norteamericano, por lo que no sorprende que quienes hayan apostado por un plato tan castizo se llamen Nina Lashchenova y May Pantoni, rusa y filipina, respectivamente. Bolero Meatballs es un soplo de aire fresco, un ejemplo de que se le puede dar la vuelta tanto a las albóndigas como a la forma de comerlas. Porque si bien en su carta podemos encontrar las clásicas albóndigas de la abuela (de ternera, ajo y perejil, con su salsita de tomate) no es menos cierto que las podemos tomar en forma de bocadillo (sus panecillos están hechos de masa madre y queso fundido). Del mismo modo, podemos optar por un formato tradicional como la tapa, pero con albóndigas de cerdo, con cilantro, jengibre, leche de coco y cacahuetes. Lo dicho: castizo y cosmopolita a partes iguales.

El mejor cocido de Madrid

La mejor manera de combatir el fro en Madrid es un cocidito en condiciones. Y si es de los buenos, pues mejor.

Las mejores hamburguesas de Madrid

Ahora que este plato est de moda, te descubrimos los locales donde elaboran las mejores burgers de la capital.

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