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Londres, como todas las grandes ciudades, tiene un sinfín de cosas que ver y hacer si viajamos en familia. Si estás pensando en una escapada con niños a la capital inglesa, échale un vistazo a todo lo que puedes hacer...
UN DESAYUNO INGLÉS. Si viajas con tus hijos a Londres, no pierdas la oportunidad de compartir con ellos el clásico english breakfast, porque muy probablemente será la primera vez que se alejen del clásico colacao con galletas. Ya sea en el hotel o en cualquiera de las miles de cafeterías que lo sirven, no dejes pasar la ocasión de contemplar la cara de los más pequeños cuando vean ante sí un plato con huevos revueltos, salchichas y alubias. Y lo mejor de todo es que les gustará.
AUTOBUSES ROJOS. Todos los niños se han sorprendido cuando han visto en las películas esos autobuses rojos de dos pisos. Así que una de las primeras cosas que tenemos que hacer en Londres es subirnos a uno. Aunque ya quedan pocos con el diseño clásico, alguno hay todavía. En el centro de Londres debes comprar el ticket antes de subir ya que el conductor no realiza ya este servicio. En los antiguos, el cobrador aún se coloca en la parte trasera, para picar el billete a los que se suben en marcha. Para no andar con el incordio de contar libras cada vez que te montas, te recomen- damos que compres la Oyster Card en cualquier estación de metro. Tan fácil como cargarla con diez libras y viajar hasta que se acabe.
LUCES DE NEÓN. Picadilly Circus tiene un encanto especial, especialmente si estamos allí por primera vez. Si es el caso de tus hijos, Eros, el angel subido en lo alto de la columna de este emblemático lugar, no les dejará huella. Lo que sí lo hará, y te agradecerán enormemente años después cuando recordéis este viaje, será el despliegue de pantallas, anuncios, neones, gente, colores, ruido... Y sobre todo, esa sensación de estar en el centro del planeta.
LA JUGUETERÍA MÁS GRANDE DEL MUNDO. Cualquier viaje con niños a Londres tiene una cita obligada: Regent Street, donde hay enormes tiendas, como las de Disney y Warner, que harán las delicias de los más pequeños y sobre todas ellas, Hamleys, una de las jugueterías más grandes del mundo y posiblemente la más alucinante. Verás magos haciendo juegos de cartas, alguna bruja, vendedores tirando avioncitos de papel y fantásticas demostraciones en vivo de cualquier juguete. Eso sí, ve haciéndote a la idea de que te tocará tirar de cartera porque es imposible salir de esta juguetería sin comprar algo.
COMER CON PALILLOS. Después de un paseo junto a masas de turistas por Oxford Street y de visitas rápidas a tiendas que gustan tanto a niños como a adultos (Apple Store, por ejemplo), es obligatorio perderse por las callecitas del Soho y comer algo en uno de los muchos restaurantes de la zona. Londres tiene una de las ofertas gastronómicas más exóticas del planeta: es muy fácil comer bien en un japonés, en un indio, en un tailandés... O atravesar Chinatown y elegir cualquier restaurante chino de las decenas que hay en sus dos callecitas, Lisle y Gerrard Street.
COVENT GARDEN. Desde allí, el paseo hacia el mercado de Covent Garden es una gozada. Este lugar es de esos que cualquier niño debe visitar en Londres si es la primera vez que está en la ciudad.. Aparte de realizar unos buenos listenings, te vas a entretener viendo la cara embobada de tus hijos cuando un tipo flaco y de torso desnudo haga malabares con una sierra mecánica, un bolo y una maraca. Eso sin contar las sopranos amateurs que ofician en el mercado cubierto o los funambulistas que hacen equilibrios en un monociclo imposible; y que cada media hora hay un pase semioficial para que otros artistas callejeros demuestren sus habilidades y se ganen unas monedas.
Si por algún casual a alguno de tus hijos le entra un apetito irresistible, aquí lo más adecuado es pedirse una jacket potato (patata asada) con maíz y mayonesa, un clásico de la gastronomía londinense.
UNA MAÑANA EN LA TATE. En la orilla sur del río Támesis, la Tate Modern ejerce desde hace nueve años como elemento dinamizador y polo de atracción irresistible. Esta antigua central eléctrica reconvertida en gigantesco centro de arte moderno te va a entretener toda una mañana. Su majestuosa entrada sobrecoge y te remite inmediatamente en tu cabeza a cómo debió de ser cuando estuvo en servicio. Para los niños, pide en la recepción los cuadernos gratuitos que tienen para seguir la exposición permanente (pero ojo, acuérdate de llevar lápices de colores, que allí no te los dan). Estos libritos son unas guías entretenidas y didácticas que hacen que los pequeños no se desconecten de la visita.
Al acabar el capítulo de arte, sube a la última planta, pide cappuccinos o cerveza, y disfruta de las vistas desde su café-bar. Podrás contemplar la famosa catedral de San Pablo y una de las creaciones del arquitecto Norman Foster: el Puente del Milenio.
LA NORIA DE LONDRES. ¿A qué niño no le gusta subir en la noria? Pues en Londres está una de las más impresionantes del mundo, conocida como London Eye. Para los padres, lo bueno que tiene esta visita es que queda cerca de la Abadía de Westminster y de las casas del Parlamento y para los hijos, que esta noria te deja el regusto en la boca como el que te deja subir a la Torre Eiffel de París: es una mezcla perfecta de estampa de Londres (Big Ben incluido), pequeño descanso para las piernas y la posibilidad de traerte la mejor foto del viaje. Para evitar las largas colas, puedes comprar la entrada online, algo más cara, con la que sólo tienes que llegar con quince minutos de antelación.
Además, justo al lado del London Eye se encuentra el Acuario de Londres, que ocupa un antiguo edificio municipal y hoy es una preciosa exposición de ecosistemas de todos los mares y especies exóticas y arrecifes coralinos. Los tiburones, como siempre, son la estrella de esta instalación.
EL MUSEO DE CIENCIAS. Aquí te puedes varias horas, así que organízate. La entrada al museo de Ciencias bulle a diario de frenética actividad: escolares con sus carteras, profesores despistados, familias de turistas... Recomendamos un recorrido de un par de horas para después descansar con una sesión de cine 3D en el Imax.
No te pierdas el módulo de mando de la nave Apollo 10, la colección de coches antiguos, el péndulo de Foucault o el motor a vapor de Boulton y Watt. El museo propone a lo largo de sus 40 galerías experiencias tan dispares como un viaje al futuro. Y por supuesto, tienes que pasar por la tienda del museo, donde podrás adquirir regalos científicos, de inteligencia, curiosidades ... Ideal para los amantes de los chismes curiosos.
Al lado del Museo de Ciencias está el también centenario museo de Historia Natural, nuestra siguiente parada. En él, está abierto al público el nuevo Centro Darwin de investigación, inaugurado por el príncipe Guillermo el pasado mes de septiembre, cuyo acceso, como el de casi todos los grandes museos de la ciudad, es también gratuito.
DARWIN Y EL DIPLODOCUS. El Museo de Historia natural es una visita obligada, vayamos con niños o no. En el hall del museo nos da la bienvenida el famoso esqueleto de diplodocus. Desde allí ve directo a la Zona Azul del museo, una larga cola te indicará que las galerías de dinosaurios y mamíferos están cerca. Sé paciente, que la espera merece la pena. Ver modelos a escala real de una ballena azul, de un triceratops o de un tiranosaurio rex y contagiarte de la fascinación que ejercen sobre los niños, no tiene precio.
El Museo de Historia Natural alberga el Centro Darwin, ese descomunal huevo que has visto en casi todos los periódicos. Es un inmenso edificio blanco de ocho plantas en forma de cápsula espacial que alberga cerca de veinte millones de plantas e insectos. En su interior, el reto consiste en que los niños (y también tú, claro) aprendan biología tocándolo todo con sus manos. En este lugar tus hijos programarán una ruta para recolectar mariposas en Guatemala, descubrirán cómo trabaja una zoóloga y averiguarán si un mosquito puede transmitir la malaria o no. Y todo mediante pantallas táctiles y vídeos interactivos en los que los propios científicos de la casa te van guiando por sus instalaciones.
EL ZOO DE LONDRES. ¿Quién no se divierte entre monos y pingüinos? Situado dentro del recinto de Regents Park, el zoo de Londres está especialmente pensado para los más pequeños, con horarios en los que se puede ayudar a dar de comer a los animales o charlas de sus cuidadores. Hay actividades al aire libre y algunas, como la Jungla, que son bajo techo, con amplias zonas para ir descansando.
UN TÉ EN LOS JARDINES DE KENSINGTON. En una escapada con niños a Londres no puede faltar una visita a un parque. El más famoso (y grande) de la ciudad es Hyde Park, pero una opción mejor para los más pequeños serían los vecinos Jardines de Kensington, creados en honor a la princesa Diana, diseñados basándose en las aventuras de Peter Pan y cuya pieza principal des un enorme barco pirata de madera rodeado de una playa de arena con rincones y escondite; y para los adultos, nada mejor que un té en el restaurante Orangery, en el vecino Kensington Palace. A las cinco en punto, por supuesto.
221B BAKER STREET. Tal vez nuestro viaje a Londres sea el momento perfecto para explicarle a los niños que en esta dirección vivió el detective más famoso de la historia: Sherlock Holmes. En el 221B de Baker Street está el museo dedicado a este personaje literarilo que se ha convertido en uno de los icones de Londres. Obligatorio pasar por la tienda del museo. Las libros donde Arthur Conan Doyle dio vida a Sherlock Holmes y su famoso escudero, el Dr. Watson, son un magnífica opción para que los niños conozcan al célebre detective y se documenten sobre la ciudad antes de su viaje a Londres.
LOS FANTASMAS DE LONDRES. Los niños siempre han sentido una fascinación por los fantasmas, así que un buen plan en Londres puede consistir en perseguirlos, haciendo un recorrido por los lugares más embrujados de la ciudad, desde el Puente de la Torre al Cementerio Crossbones pasando por las famosas tumbas de la abadía de Westminster o el distrito de Whitechapel, por donde se movía a sus anchas el célebre Jack el Destripador. La famosa niebla londinense nos echará una mano en nuestro fantasmagórico paseo.
ALOJARNOS CON NIÑOS EN LONDRES. Si vamos con niños, podríamos buscar hotel en South Kensington, una zona residencial de lo más tranquilo que combina una buena comunicación con el centro de la ciudad con una gran actividad cultural a tiro de piedra. Para que te hagas una idea de la importancia de este distrito, en él están desde los grandes almacenes Harrod’s o los Jardines de Kensington a museos con tanta solera como el de Ciencia y de Historia Natural. Es un lugar perfecto, con calles tranquilas, lujosas mansiones y jardines con encanto. Es un lugar caro, pero no te asustes: verás que hay hoteles que no se salen de presupuesto. Si quieres ver ofertas de hoteles en South Kensington, mira aquí.




