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Nuestro segundo día en Lisboa nos llevará dos de los puntos con más sabor de la ciudad: Belem y Alfama. Desde la Praça do Rossio o Praça do Comerçio, tomaremos el tranvía 15 para ir y venir desde Belem al centro.

Por la mañana...

3. BELEM

Empezaremos nuestro segundo día en Lisboa visitando uno de los barrios más populares y monumentales de la ciudad. Nuestra primera visita será la Torre de Belem, uno de los iconos de la capital portuguesa. Esta torre se construyó sobre el Tajo (Tejo, en portugués) a modo de fortín, para proteger el puerto de Restelo de posibles ataques. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por Unesco. Hay que pagar para visitarla.

Dejando el río a nuestra derecha y con el Puente 25 de Abril al fondo, nos dirigiremos a otro de los monumentos clásicos de Lisboa: el Padrão dos Descubrimentos, levantado en el mismo lugar desde el que partían las carabelas rumbo a África para conmemorar las gestas de los bravos descubridores portugueses. Aunque pueda parecer lo contrario, este monumento es bastante moderno: fue construído en 1960 para celebrar el quinto centenario de la muerte del infante Dom Henrique, considerado como el impulsor de la aventura marítima lusa.

De hecho es Dom Henrique quien aparece en lo alto de la proa de esta colosal nave de piedra, con una carabela en sus manos. El resto de las figuras representan a otros grandes personajes de la historia portuguesa (Vasco da Gama, que abrió la ruta a la India, o Magallanes, primer europeo que atravesó el Pacífico Sur). Una vez en el Padrão, es obligatorio tomar el ascensor para subir y contemplar así una preciosa vista de Lisboa. Justo debajo, podremos ver una imponente Rosa de los Vientos de 52 metros que ilustra el pavimento donde se alza el monumento.

Si queremos sumergirnos en el Arte Contemporáneo estamos en el lugar adecuado: a dos pasos del Padrão se encuentra el Centro de Exposições do Centro Cultural Belem, que alberga el Museu Colecção Berardo, donde se muestra la colección de arte del empresario Joe Berardo. Más de 800 obras pertenecientes a 500 artistas del siglo XX: Picasso, Mondrian, Miró, Warhol, Magritte... La entrada es gratuita, así que no hay excusas para no visitar este museo.

Tras nuestra ración de Arte Moderno llega otro de los platos fuertes que nos brinda Lisboa: el Monasterio de los Jerónimos (Mosteiro dos Jerónimos), situado en la Praça do Imperio. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1948, este monumento es uno de los principales símbolos de Portugal.

El monasterio fue levantado sobre la iglesia de Santa María de Belém para que tuviera una doble función: servir de panteón real y de sede a los monjes de la Orden de San Jerónimo, quienes darían asistencia espiritual a navegantes y marineros que partían desde la playa de Restelo. Una vez en el monasterio, es obligada la visita a su encantador claustro. Muchos de los principales personajes portugueses descansan entre los muros de este monasterio: Vasco da Gama, Fernando Pessoa, Luis de Camões, Dom Henrique... sólo por rendir tributo a tan insignes portugueses, merece la pena acercarnos hasta el monasterio.

No podemos pasar por el barrio de Belem sin probar sus excelentes y famosos pasteles. Y para ello nada mejor que la mítica Pastéis de Belem, tal vez la pastelería más famosa de la ciudad. Merece la pena que nos sentemos a una de sus mesas y disfrutemos de la decoración de sus salones decorados con azulejos. También ponen pastelillos para llevar, en cartuchos de cartón. Un consejo: que a nadie se le olvide espolvorearlos con azúcar y canela.

Para quemar las calorías de los pasteles que nos acabamos de meter entre pecho y espalda, nada mejor que un buen paseo. Así que volveremos al río Tajo y con el imponente puente del 25 de abril al fondo, caminaremos disfrutando del nuevo paseo marítimo que hace las delicias de los lisboetas, hasta llegar a las famosas Docas de Santo Amaro y Alcántara, uno de los muelles deportivos de la ciudad. Las Docas son uno de los lugares de moda en Lisboa, donde los fines de semana se junta la gente guapa de la ciudad para comer, beber y dejarse ver.

Este es un lugar perfecto para quedarnos a reponer fuerzas. Las especialidades gastronómicas en este rincón del Tajo tienen en el pescado su base principal. Si quieres escoger qué quieres que te cocinen, acércate hasta Doca Peixe (Doca de Santo Amaro, A14) y prueba sus excelentes rodaballos o pargos a la brasa. Otra magnífica opción es el Espalha Brasas (Doca de Santo Amaro, 9), que en un ambiente moderno ofrece platos tradicionales portugueses, como la famosa Sopa Do Mar no Pão: un pan redondo relleno de una especie de sopa de pescado.

Pero si por algo destacan las Docas es por la vista del Puente 25 de Abril, cuya imponente estructura de hierro rojo se cierne sobre el puerto deportivo. Un lugar imprescindible para una foto.

Por la tarde...

4. ALFAMA

Hemos dejado para el final el barrio más popular de la ciudad. Alfama es un laberinto de callejas donde flotan las voces de los vecinos, la música, el aroma a comida y las ropas tendidas al sol. Este rincón lisboeta se resiste a cambiar sus cafés de toda la vida por otros de diseño, sus colmados por supermercados, sus rótulos por neones.

Alfama alberga alguno de los monumentos históricos más famosos de la ciudad, así que se convierte en visita más que obligada.

Uno de ellos es el Castillo de San Jorge (Castelo de São Jorge) al que podremos llegar brujuleando a través de las callejuelas del barrio (ojo: es todo cuesta arriba) o con alguno de los tranvías que nos dejan cerca (la mejor opción es el famoso 28). Al caer la tarde, el mirador del Castillo de San Jorge se convierte en uno de los lugares privilegiados de la ciudad. Sus vistas sobre el estuario del Tajo y los barrios lisboetas, con sus cañones apuntando al puerto, son únicas.

Fue declarado monumento nacional en 1910. De perímetro irregular, su muralla está compuesta por diez torres de planta cuadrada. En su interior quedan aún siete tramos de la antigua Cerca Moura, aunque la atracción estrella del castillo es la Torre de Ulises, donde se ha instalado una cámara oscura que a través de un juego de lentes nos permite ver en una pantalla horizontal todo el perímetro del castillo, con Lisboa de fondo.

Una vez concluida nuestra visita al castillo, bajaremos hacia dos de los miradores con más encanto de la ciudad, el de Portas do Sol y el de Santa Lucía, a pocos metros el uno del otro... Si por azar llegamos allí al caer la noche, el espectáculo es inolvidable.

Después, bien a pie, bien en tranvía, bajaremos hacia otro de los monumentos míticos de Lisboa: . Así es como se llama la catedral lisboeta. Tras la conquista de la ciudad a los musulmanes, Dom Alfonso Henriques, primer rey de Portugal, mandó construir la catedral donde antes se levantaba una mezquita. Durante el terremoto de 1755 quedó seriamente dañada, por lo que tuvo que ser remodelada. Su interior, de cruz latina, guarda tesoros y objetos de gran interés, como una pila bautismal del siglo XII y un cofre con las reliquias de San Vicente, patrón de la ciudad.

Pero si por algo se distingue el barrio de Alfama es por el Fado. Son muchos los que peregrinan hasta allí para escuchar los mejores fados de la ciudad, verdadero emblema nacional, nacido en los bajos fondos. En Alfama es más que sencillo encontrar una casa de fados, hay tantas que es prácticamente imposible no pasar frente a alguna. Pero cuidado: muchas de ellas son auténticas trampas para turistas, así que lo mejor es preguntar a algún lisboeta versado en el tema. ¿Dónde escuchar el mejor fado de Lisboa? Te proponemos varios lugares que no te decepcionarán: Casa de Linhares (Beco dos Armazéns do Linho), Clube de Fado (Rua São Joao da Praça) y Marqués da Sé (Largo Marqués do Lavradio).

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