Logroño, vino en las venas

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Escapada a Logroño

El Ebro riega Logroño, la capital de La Rioja, famosa internacionalmente por sus vinos, por el arte  románico ligado al Camino de Santiago y por una gastronomía local que bien vale una cena. Si quieres saber qué ver y hacer durante una escapada por Logroño, has llegado al lugar indicado.

POR EL CAMINO DE SANTIAGO

Desde el siglo XII, Logroño es uno de los puntos importantes del Camino Francés (ya aparece en el Códice Calixtino, guía medieval de viajes ilustrados) que entraba desde Navarra por el famoso Puente de Piedra. Este emblemático puente tenía cuatro arcos y tres torres de fortificación, tal y como figuran en el escudo de la ciudad, pero fue derruido en el siglo XIX a causa de los estragos ocasionados por las guerras, las riadas y el paso del tiempo. Puente de piedra en Logroño El puente actual es de 1884, tiene siete arcos en sus casi 200 metros de largo y es conocido como Puente de San Juan de Ortega en honor al santo que, según la tradición, construyó el puente primitivo.

Los peregrinos podrán sellar su credencial en La oficina del peregrino a la entrada de este puente. Siguiendo la ruta jacobea de marcado carácter medieval debemos atravesar la calle Ruavieja donde se encuentra el Albergue de Peregrinos, casona del siglo XVIII con un patio de 125 metros cuadrados habilitada como hostal jacobeo desde 1993. Muy cerca queda la curiosa Plaza de Santiago o Plaza de la Oca: en el suelo se reproduce este popular juego de mesa cuyas casillas son pueblos y parajes del Camino de Santiago y hay unos dados tamaño taburete para descansar.

En la misma plaza está la Fuente del Peregrino, que en realidad es una reproducción de la originaria del siglo XVII. Desde allí se llega a la Iglesia de Santiago El Real del siglo XVI, templo de una sola nave rematado con un sobria fachada que luce dos imágenes de Santiago, uno de ellos Matamoros. En el interior destaca la imagen de la Virgen de la Esperanza, patrona de Logroño. El punto más alto de la iglesia es una torre cuadrada de cinco cuerpos, que rivaliza en poderío con la torre de la Catedral y la aguja de Santa María del Palacio.

CASCO VIEJO, ENTRE IGLESIAS Y PINCHOS

El casco histórico de Logroño ofrece al viajero pequeñas raciones de arquitectura riojana, gastronomía local y experiencias vitivinícolas escondidas por los rincones de esta recoleta capital.

Muy próxima a la ruta jacobea está Santa María de Palacio cuyo campanario octogonal del siglo XIII, conocido como La Aguja, destaca en el skyline riojano. Dentro, un espectacular retablo flamenco del siglo XVI iluminado por las vidrieras multicolores, varias piezas románicas y su claustro de planta irregular, rehabilitado recientemente y reabierto al público con sala de exposiciones son sus reclamos turísticos.

Muy cerca está la Iglesia de San Bartolomé, patrón de la ciudad. Construida en el siglo XII, es el templo más antiguo de Logroño y estaba adosada a la antigua muralla, por eso se cree que su campanario fue una de las torres defensiva de las puertas de la ciudad. Su extraordinaria portada es la única muestra de arte románico de la capital, pero por desgracia está muy deteriorada por la erosión. El interior responde a la sobriedad de un templo gótico con bóvedas nervadas y sólidos pilares octogonales.

Catedral de Logroño A tiro de piedra está la Catedral barroca de Santa María la Redonda, levantada sobre una antigua iglesia románica de forma redonda, de ahí su nombre. Merece la pena visitar el interior por las tallas de Gregorio Fernández y una representación del Calvario atribuida a Miguel Ángel. Se puede acceder por las puertas laterales de la Asunción y de San Martín o por la Portada principal de los Ángeles que luce un gran retablo de tres cuerpos flanqueado por las dos torres conocidas como Las Gemelas, obra sobresaliente del barroco riojano. Se aboca sobre la conocida y concurrida Plaza del Mercado , punto de partida de la animada Calle Portales, llamada así por los característicos soportales que albergan tiendas y bares muy frecuentados, donde empieza la actividad gastronómica.

LA SENDA DE LOS ELEFANTES

El casco viejo de Logroño alberga la ruta del tapeo logroñés, popularmente conocida como La Senda de los Elefantes, porque quien la completa suele acabar a cuatro patas y con una buena trompa.

Calle del Laurel Esta particular ruta tiene su epicentro en la famosísima Calle del Laurel, que es probablemente la más famosa de Logroño. En los poco más de 200 metros de la calle Laurel donde podremos probar algunos de los pinchos más míticos de la ciudad, como el Tío Agus (un pequeño bocadillo de carne adobada y salsa secreta), en el bar Lorenzo, los champis del bar Soriano (probablemente los mejores de la ciudad), la oreja de cerdo rebozada del Perchas, el Zorropito (un pequeño bocadillo con carne, jamón, queso y alioli) de La Gota de Vino, a o la tortilla del Tahití, para muchos una de las mejores tortillas de patatas de todo el país.

En el Laurel aún se lamenta el cierre del bar La Simpatía, que fue el más famoso de esta calle gracias a sus Cojonudos, (pan cubierto de picadillo o chorizo y coronado por un huevo de codorniz frito). Ahora hay otros locales (como el vecino Donosti) donde podemos probarlos, pero no es lo mismo...

Pero hay vida más allá de la calle Laurel en lo que a gastronomía se refiere. De hecho son muchos los que reivindican la calidad de los pinchos de las aledañas calles de San Juan, San Agustín y Albornoz.

Lo normal cuando el clima acompaña es ir recorriendo esta senda gastronómica, parando en cada local y disfrutando de los pinchos en la calle, acompañados con una copa de vino de la tierra.

DE PASEO POR LOS PARQUES

A tiro de piedra de la zona de tapeo está el Parque del Espolón (ahora, Paseo del Príncipe de Vergara), donde podremos disfrutar de un paseo de lo más tranquilo, mientras nos reponemos de los excesos gastronómicos.

Se trata de un punto emblemático de la ciudad, proyectado como paseo público en el siglo XVIII a extramuros del casco histórico. Lo preside una estatua ecuestre del General Espartero rodeada por una fuente central, La Rosaleda con los famosos estanques de las ranitas. Destaca en el conjunto La Concha, un escenario abierto donde antes se ubicaba un kiosko de música, típico de las alamedas novecentistas.

Los enamorados de la Historia deben buscar los escasos vestigios de la antigua muralla medieval, que quedó absorbida por la ciudad que se la saltó para poder seguir creciendo. En la actualidad, quedan algunas remodelaciones del siglo XVI como la Puerta de Carlos V adornada por un águila bicéfala y dos escudos de Logroño con las tres flores de lis, que este monarca concedió a la ciudad en 1523 por su defensa ante las tropas franco-navarras.

El Cubo del Revellín Y el Cubo del Revellín, torreta circular del siglo XVI, ejemplo de arquitectura militar ecléctica entre el medievo y la modernidad, que se engalana en junio durante las fiestas de San Bernabé.

Se puede seguir la línea invisible de la muralla hasta la calle del Muro de Cervantes, formada por una serie de coloristas edificios de gran solera frente al Instituto Sagasta, donde se cree estaba el extremo oriental de la muralla hasta su derribo definitivo en 1861. Muy cerca de allí está el Ayuntamiento, formado por una megalítica estructura de dos triángulos con una plaza en medio construido en los años 70 por el arquitecto Rafael Moneo.

Los amantes del verde y los espacios abiertos pueden darse un paseo por el Parque del Ebro. Situado en la margen derecha del río, sus 70.000 metros cuadrados se extienden entre el Puente de Piedra y el Puente de Hierro del siglo XIX y en ese tramo encontramos el antiguo edificio del Matadero, actualmente Casa de Ciencias, y grandes praderas veteadas por caminos serpenteantes.

LOGROÑO, CAPITAL DEL VINO

El vino es la sangre de La Rioja y, según algunas leyendas populares, un alimento fundamental que ayudó a sobrevivir a los logroñeses cuando los franceses sitiaron la ciudad en 1521.

Desde la Edad Media y el Renacimiento, los caldos locales se elaboraban, criaban y guardaban en los sótano de las viviendas habilitados como  bodegas familiares donde se instalaban rústicos lagares y calados de sillería, construcciones de sillares de piedra (como los puentes e iglesias medievales) Vidcon bóvedas de medio cañón donde se descargaba la uva que luego fermentaba en el lagar.

En el casco antiguo, se pueden reconocer las casas donde había bodegas por las tuferas, respiraderos a ras de suelo por donde se eliminaban los vapores tóxicos que en espacios cerrados pueden producir la llamada muerte dulce, pérdida de conocimiento y asfixia por el monóxido de carbono resultante de la maceración de la uva. En los portales de estas viviendas, se montaban tabernas para la cata y venta de los caldos caseros.

Se pueden visitar y degustar vinos en algunas de esas antiguas bodegas domésticas, actualmente reconvertidas en restaurantes o tabernas modernas como la Casa de la Danza (Ruavieja, 25), Casa Palacio del Marqués de Legarda, del siglo XVIII (Barriocepo, 40), actualmente Colegio de Arquitectos, o Reja Dorada (Ruavieja, 19) que además del calado luce parte de la antigua muralla de la ciudad en uno de sus muros.

VISITANDO BODEGAS

Dentro del área metropolitana de Logroño podemos dedicar un día entero a visitar conocidas bodegas y regalarnos una cata de vinos de Rioja. Como en las Bodegas Franco-Españolas (Cabo Noval, 2), fundadas en 1890 y ubicadas a orillas del Ebro frente al Puente de Hierro. El edificio es de inspiración francesa y cuenta con unos acogedores calados decorados con barricas y reproducciones de arte bien escogidas para la filosofía vinícola del entorno.

O las Bodegas Campo Viejo (Camino de Lapuebla, 50): según algunas fuentes, la bodega se levanta en un Campus Veteranus, es decir en una zona de viñas otorgada a veteranos de la legión romana como sueldo. Cuenta con varios premios por servicios turísticos y su arquitectura en la que destaca una monumental nave de crianza para la elaboración de vino de crianza, reservas y grandes reservas.

Las Bodegas Ontañón (Avda. de Aragón, 3) también son un museo con una colección de vidrieras, esculturas, pinturas -entre otras del artista riojano contemporáneo, Miguel Ángel Sáinz- donde la uva es protagonista de una mitología e historia que se oculta entre barricas y botellas. O las Bodegas Olarra (Avda. de Mendavia, 30 -P. de Cantabria) con un edificio vanguardista en forma de Y donde destaca la singular sala de crianza con 111 cúpulas hexagonales que le ha valido el sobrenombre de La Catedral del Rioja.

Viña Tondonia Saliendo de Logroño, en el Km. 6 de la N-232 hacia Zaragoza se encuentran las Bodegas Marqués de Vargas construida en 1989 tipo château francés en el epicentro de sus viñas del siglo XIX. A sólo un kilómetro y sobresaliente por su arquitectura es la Bodega Darien, inaugurada en el año 2007. Cuenta con un diseño y arquitectura geométrica y minimalista, muy al uso en los diseños de las modernas bodegas riojanas. Dispone de una gran colección de cerámica popular autóctona del siglo XVI al XX original de pueblos alfareros de La Rioja como Navarrete, Arnedo, Tricio y Haro. También ofrece cursos, catas de vinos y cuenta con un buen restaurante.

Fuera del área de la capital, una ruta enológica alternativa comenzaría en Briones, famoso por la calidad de sus uvas y sus cuevas de lagar; Haro, villa señorial y centro indiscutible de la producción vinícola riojana; y ya en La Rioja Alavesa (que a pesar de su nombre pertenece al País Vasco), Labastida, Laguardia y Elciego. En esta última localidad se encuentra el Hotel Marqués de Riscal, un espectacular edificio diseñado por Frank Gehry que alberga uno de los mejores restaurantes de la provincia.

COMER EN LOGROÑO

La ruta jacobea ha dejado su huella en la gastronomía riojana y en los Cocinarios, libros de recetas de antiguos conventos y palacios. Platos tan sugerentes como las patatas a la riojana, chuletas al sarmiento, alubia verde a la logroñesa o fardelejos y yemas riojanas pueden degustarse en numerosos locales de la capital.

Los carnívoros empedernidos se deben pasar por el Mesón Egues (Campa, 3) que destaca por sus chuletones y carnes a la brasa; o por el Asador El Portalón (Portales, 7) para probar su solomillo con foie. Y los fans del entrecot de buey tienen su particular paraíso en El Rincón del Vino (Marqués de San Nicolás, 136).

Restaurantes de comida riojana de rechupeteo: Enascuas (Hermanos Moroy, 22): bacalao a la riojana, hojaldre de pluma de cerdo ibérico con salsa de Roquefort o foie a la parrilla sobre pan de orejones. En la céntrica Plaza del Mercado está el Marinée, con un menú de autor de calidad a precio razonable.

TondelunaPara endulzarse el paladar, en la terraza de la Pastelería Viena (Muro de la Mata, 6) podremos saborear desde una excelente tarta Mozart, hojaldres y pasteles riojanos a bombones de licores.  Justo al lado está Tondeluna (Muro de la Mata, 9), el más que recomendable gastrobar de Francis Paniego, premio Chef Millesime 2012.

Si quieres ir de pinchos por Logroño, además de la famosa Senda de los Elefantes de la calle Laurel, está la zona conocida como El Barrio, o el Laurel pobre, en la zona nueva de la ciudad, con bares más económicos que los del casco antiguo.

DORMIR EN LOGROÑO

En el centro histórico se condensa la mejor oferta hotelera de la ciudad. Como el Hotel Calle Mayor (Marques de San Nicolás, 71) magnífico hotel boutique en un encantador edificio del siglo XVI del centro de Logroño.

El hotel Sercotel Portales (Portales, 85) es una opción perfecta para los que busquen alojarse cerca de la ruta del tapeo. Un hotel moderno, céntrico y a tiro de piedra de la Senda de los Elefantes, por lo que no hace falta coger el coche si nos excedemos con el Rioja.

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