Sicilia, el sabor de lo auténtico

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Sicilia

Nadie llega a conocer Italia del todo si no viaja hasta Sicilia, una de las regiones con más sabor del país. En nuestra escapada siciliana, la mejor forma de movernos es alquilando un coche (el transporte público es lento), eso sí, hay que tener claro que la circulación en la isla es caótica y la conducción de los lugareños casi temeraria.

Deberíamos empezar nuestro recorrido en Catania, una ciudad elegante cuajada de palacetes barrocos  (teñidos de negro por el cercano Etna) que merece ser paseada con tranquilidad y sosiego. En el sur nunca hay prisa. Es imprescindible que el atardecer sorprenda al viajero en la Plaza Bellini, entre terrazas y restaurantes.

Otra visita obligada es el Parque Nacional del Etna, que podremos recorrer a pie por nuestra cuenta o ascender hasta los límites del cráter contratando los servicios de un guía. En Catania podemos comer bien en cualquier taberna cercana al mercado de la Pescheria (como por ejemplo en la trattoria La Piglia).

Desde allí nos desplazaremos hasta las adoquinadas calles de Taormina. La ciudad, suspendida en la alto de una montaña a la que se accede por laberínticas callejuelas, cuenta con una de las mejores playas de Sicilia: Giardini-Naxos. El Corso Umberto I, la calle que cruza el casco antiguo de la ciudad, ofrece unos espectaculares miradores desde donde contemplar el Mediterráneo. Si la visión del mare nostrum nos abre el apetito podemos dejarnos caer por la trattoria Il Baccanale, una taberna frecuentada por la gente local, donde el pescado y el marisco enamoran por su frescura.

No podemos irnos de allí sin probar la especialidad local: el vino de almendras. Para despedirnos de  Taormina, podemos acercarnos hasta el impresionante Teatro Romano, uno de los mejor conservados del mundo.

Más al sur, se encuentra la fortificada Siracusa, que encadila al viajero con el aroma de sus guisos, y Ragusa, una coqueta ciudad barroca que debe su estilo a la explosión del Etna (el volcán en activo más grande de Europa) en 1693.

Si hemos llegado hasta aquí nos merecemos un buen descanso, y por qué no elegir el Hotel Eremo della Giubiliana, a pocos kilómetros de Ragusa, donde podremos disfrutar del lujo y olvidarnos del mundo. Este convento medieval fue antaño casa de los misteriosos Caballeros de la Orden de Malta.

Bordeando la costa hacia oriente llegaremos a Agrigento, una etapa fundamental en cualquier viaje a Sicilia: sus raíces griegas hacen impresionante la mezcla de templos y acrópolis frente al mar. El itinerario fundamental en esta población incluye el Valle de los Templos, el Museo Arqueológico y el barrio helenístico romano. También impresiona el Templo de Zeus, que deberíamos visitar aunque sólo fuera por la rotundidad de su nombre.

Nos queda por conocer otra de las joyas de la isla: Palermo, la capital, una extraña mezcla de lujo y ruinas, arte y comercio, de una belleza tan decadente que enamora a primera vista. Para que nuestra visita sea perfecta deberíamos intentar llegar un día laborable y así empaparnos de la vida urbana: mercados, iglesias, barrios. lo mejor en una ciudad tan caótica como Palermo es perdernos por sus calles, dejarnos llevar por el azar y sorprendernos a cada paso por estatuas centenarias o vírgenes custodiadas por hornacinas de neón. Para comer, podemos probar en L'Antica Focacceria San Francesco, situada frenta a la iglesia del mismo nombre.

Para los italianos, Sicilia es el lugar que alberga las mejores playas, la gastronomía más exquisita y las mujeres más bellas del país. Argumentos más que de sobra para dedicarle una escapada a esta isla a medio camino entre África y Europa.

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