El Hierro, la tierra del fuego

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El Hierro

De todas las islas del archipiélago canario, El Hierro es la más misteriosa y la que más leyendas esconde. Es la más joven de las Islas Canarias, por lo que sus costas son rocosas y abruptas, con unos paisajes violentos e impresionantes. La isla esconde entre sus paisajes volcánicos el punto más septentrional de Europa y ha sido declarada Reserva de la Biosfera. Ahí es nada.

QUÉ VER Y HACER EN EL HIERRO. Alejada de los circuitos turísticos y rodeada de piscinas naturales, en la isla se disfruta de una paz difícilmente igualable en otro lugar del planeta. En apenas hora y media de recorrido, de Valverde al Mirador de la Peña pasando por el Faro de Orchilla y La Restinga, podrás disfrutar de áridos espacios volcánicos, de fértiles tierras de viñedos, de pinares donde esconderse y de una vegetación tropical. Estas características convierten la visita a la isla en una escapada perfecta para quienes Costa de El Hierrobusquen un turismo rural, tranquilo o salpicado de deportes de aventura, pero siempre alejado de tópicos.

Es impresionante el Valle del Golfo, un anfiteatro natural que ocupa todo el norte de la isla. En este valle exuberante crecen piñas, aguacates, papayas y mangos, y reposa el pueblo de Mocanal, una curiosidad arquitectónica, con sus casas de muros de piedra seca y tejados de colmo (paja de trigo y centeno) frente a la piscina natural del Pozo de las Calcosas. Tampoco tienen desperdicio las piscinas de Charco Manso, donde podremos nadar tranquilamene mientras a unos metros ruge el mar abierto. Todo el anfiteatro del Valle del Golfo puede contemplarse desde dos miradores privilegiados: al oeste, el de Bastos; y al este, el anteriormente mencionado Mirador de la Peña, diseñado por el artista de Lanzarote César Manrique. Desde allí podemos divisar también los solitarios Roques de Salmor.

La mejor opción para movernos por El Hierro es alquilar un coche en el aeropuerto. Con un buen mapa es imposible perderse. Eso sí, hay curvas y cuestas por doquier.

Por último, un consejo: de noche hay que mirar al cielo. Las noches en esta isla suelen ser claras y despejadas, a salvo de contaminación lumínica, por lo que es posible disfrutar de uno de los cielos más limpios del mundo.

HIERRO SUBMARINO. Mención aparte merece el submarinismo en la isla, un auténtico paraíso para los amantes de esta actividad. El Hierro está bañada por aguas cristalinas donde los aficionados al submarinismo peregrinan desde distintos lugares del planeta con el objetivo de fotografiar uno de los mejores fondos marinos del mundo.

En el oeste, la Playa del Verodal resulta un rincón fantástico. Pese a que es peligrosa para el baño por la fuerza del mar, allí podemos disfrutar de un atardecer inolvidable, con los colores de la isla desplegados ante nuestros ojos: lava negra, arena blanca, vegetación esmeralda, y rocas amarillas, rojas, naranjas, rosas… Si viajamos hacia el suroeste llegaremos al famoso Faro de Orchilla, considerado el fin del mundo antiguo hasta el descubrimiento de América.

EXCURSIONES. En El Hierro las distancias no son largas, pero su complicada orografía exige varios días para disfrutar la isla. Excursiones y planes hay de sobra. ¿Visitas obligadas Campanario de la Frontera en nuestra escapada a El Hierro? Pues el Centro de recuperación de saurios de Canarias, por ejemplo. O el Campanario de La Frontera, en el municipio del mismo nombre, desde donde descubriremos su espectacular golfo.

Si tenemos ocasión de conversar con algún lugareño, podemos pedirle que nos explique las historias sobre la procesión que recorre la isla en honor a la Virgen de Los Reyes. También podemos pedirle que nos cuente las leyendas relativas al Garoé (árbol sagrado de los Bimbaches, antiguos habitantes de El Hierro) y cómo en él se forma la famosa lluvia horizontal.

EL HOTEL MÁS PEQUEÑO DEL MUNDO. Para alojarnos en El Hierro disponemos de una opción única: el hotel más pequeño del mundo. El Hotel Punta Grande, según el libro Guinness, es el más reducido del planeta, sólo 600 metros cuadrados de superficie edificada y nueve metros de altura con cuatro habitaciones dobles, sencillas e íntimas para disfrutar de una isla tan peculiar.

Se encuentra pegado al mar y rodeado de un paisaje volcánico impactante, frente a los Roques de Salmor, lugar donde moraban lagartos prehistóricos. Lo malo de querer dormir en el hotel más pequeño del mundo es que quizás esté todo reservado en las fechas de nuestra escapada.

COMER EN EL HIERRO. Es indispensable visitar el pueblo de La Restinga y darse un homenaje a base del espectacular pescado fresco de la isla en uno de sus muchos y apetecibles restaurantes. Uno de ellos es La Vieja Pandorga (Esquina La Lapa, 3), sin duda uno de los mejores restaurantes marineros de la isla. Al estar en un pueblo de pescadores, la calidad de la materia prima está fuerda de toda duda. Allí podremos probar gran variedad de pescados, mariscos y arroces. La lapa es su tapa estrella.

Otro lugar donde reponer fuerza puede ser el Restaurante Mirador de la Peña (Guarazcoa-Valverde), y así matamos dos pájaros de un tiro, pues este lugar es de visita obligada aunque no comamos en él. Con unas vistas alucinantes del Valle del Golfo, éste local integrado en el paisaje nos ofrece especialidades herreñas como el gofio dulce con queso y sus mojos, el solomillo de peto albardado con salmón ahumado o diversas carnes, como la de cabrito a conejo.

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