Ibiza, la isla bonita

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Escapada a Ibiza

Si hay un lugar en el mundo que merezca una escapada, ése es Ibiza. Aunque sea sólo durante un fin de semana, esta isla es el mejor sitio para desconectar, darnos un baño en sus aguas cristalinas o tumbarnos con una copa viendo cómo el sol desaparece tras el mar.

No es casualidad que Ibiza sea conocida como La Isla, en mayúsculas, ni que muchos de sus bienes medioambientales y culturales sean Patrimonio de la Humanidad. Ni que su población se multiplique por diez con gente de todo el globo que llega de mayo a octubre para la temporada. Tampoco que los grandes de la música, el arte o el diseño la elijan cada año como lugar de retiro o fuente de inspiración.

Si quieres saber qué ver y hacer durante una escapada a Ibiza estás en el lugar adecuado.

ANTES DE LLEGAR

Ibiza (o Eivissa, oficialmente) tiene una dimensión de 578 kilómetros cuadrados, 45 kilómetros de norte a sur y 25 de este a oeste, que puede dar lugar a malentendidos. La distancia entre los principales municipios es corta, lo que nos permite movernos con facilidad por la isla. Pero debemos saber que que existe una red de carreteras secundarias que serpentean hasta convertirse en caminos de tierra que van a parar a calas perdidas sin previo aviso, y que nos hacen sentir que de pequeña la isla no tiene nada. Para moverse por la isla es recomendable alquilar un coche

Por eso, alquilar un coche (o una moto) es una obligación para no perdernos lo mejor. Y un buen sitio para hacerlo es el mismo aeropuerto, en el sur de la isla, a tiro de piedra de la capital.

Podemos llegar a Ibiza por aire o por mar. Si llegamos volando, nada más aterrizar, notaremos que el ritmo del tiempo se ralentiza y empiezan a sobrarnos las cosas: el reloj, la ropa, o incluso el equipaje. De entrada sorprende también la exhuberancia de la vegetación, porque más allá de ser la capital mundial de las fiestas y el clubbing, la isla es sobre todas las cosas verde, muy verde. Y se mantiene así durante los doce meses del año, en una especie de primavera perpetua.

CASCO ANTIGUO DE IBIZA

Muchos son los que dicen que la primera postal de la capital ibicenca no se olvida: una montaña de casas blancas coloniales, coronada por la fortificación medieval de Dalt Vila, que contrasta con la inmensidad del azul del Mediterráneo que la rodea.

Casco antiguo de Ibiza El desembarco se hace a escasos metros del barrio de la Marina, un zona comercial y de ocio a los pies de la muralla, en cuyas tiendas encaladas hasta deslumbrar puede verse la primera muestra de los productos más made in Ibiza: la ropa Ad Lib (conocida como estilo ibicenco) y sus vaporosos vestidos blancos, o las compilaciones de música electrónica de discotecas y clubes de renombre en la isla. Sus callejuelas van a parar en breve al Mercat Vell (el mercado viejo), donde está el acceso principal a Dalt Vila: el Portal de Ses Taules, un imponente portón medieval sobre un puente levadizo. El recinto acoge edificios emblemáticos como la Catedral de Santa María, la Casa de la Curia, el Ayuntamiento, el Palacio Episcopal o la sede del Museo Arqueológico de Ibiza.

Andaremos por sus empinadas calles y curiosearemos por la plaza de la Vila, un pequeño oasis de restaurantes y comercios peculiares instalados en casamatas. La salida podemos hacerla por el Baluarte de Santa Lucía, que da a la calle del mismo nombre, uno de los lugares con más ambiente de la isla, tomada cada tarde-noche por drag-queens  y el resto de mortales.

UN PASEO POR LAS SALINAS

Desde la capital, y mapa en mano, pondremos rumbo suroeste por la carretera del aeropuerto hacia el Parque Natural de Las Salinas, dirección San Jordi. En diez minutos nos plantamos en la playa del mismo nombre: Las Salinas (Ses Salines),  una de las más famosas de la isla, tanto por su belleza paisajística como por la gente guapa que frecuenta sus ilustres chiringuitos: el Malibú y el Jockey Club. Y algo más adelante, siguiendo la línea de la costa, todo un clásico: el Sa Trinxa, uno de los favoritos de los famosos del papel couché.

Ses Salines es una de las playas más famosas de Ibiza Es obligatorio hacer el paseo por la orilla hacia la torre de defensa de Ses Portes, una de las siete atalayas que protegían la isla del ataque de los piratas. El camino, de algo más de un kilómetro, está repleto de raras formaciones rocosas que dejan pequeñas calas y piscinas naturales en las que refrescarnos si el día lo permite (y coger un doradito envidiable gracias a la elevada salinidad del mar). Esta zona es frecuentada por público gay en busca de compañía, drag queens que vienen a recargar pilas después de las agitadas noches de fiesta o apasionados de la naturaleza. Con suerte, habrá una calita privada sólo para nosotros.

SAN JOSÉ

De nuevo en la carretera nos dirigimos al pueblo de San José (Sant Josep de Sa Talaia). En el camino, es obligatorio hacer una parada a la altura del kilómetro 8 en Sluiz, una tienda de decoración nórdica que hará las delicias de los amantes de la creatividad en estado puro. Un alarde de imaginación y una pequeña gran muestra de la diversidad del interiorismo del mundo que ofrece la isla.

Y enfrente, a escasos metros, también al borde de la carretera está el bar Can Jordi, ejemplo de la austeridad ibicenca donde todo sucede despacio. Regentado por Vicente y su mujer, este sencillo local es ideal para desayunar o comprar el bolso de esparto de toda la vida (cabàs en catalán o senallons en ibicenco), que nunca pasa de moda en Ibiza.

En cinco minutos habremos llegado a San José, un pueblo con encanto que encaja a la perfección con el tópico de los pueblos blancos ibicencos: no más de una veintena de casas y una plaza con un par de bares donde dejar correr el tiempo a la sombra de un árbol, frente a una iglesia rural de un blanco inmaculado.

OVNIS Y ROCK & ROLL

Una vez hayamos visitado San José podríamos tomar la carretera de Es Cubells para llegar un lugar con una historia incomparable: Es Vedrá, el islote mágico Es Vedrà de Ibiza que ha servido de inspiración a músicos y bandas como Mike Olfield, Bob Dylan, Pink Floyd o Deep Purple.

Está considerado un punto planetario de acumulación de energía magnética, como las piedras de Stonehenge en Inglaterra o las Pirámides de Egipto. Pescadores e investigadores hablan de avistamientos de ovnis en la zona y fenómenos paranormales.

Verdad o no, lo cierto es que nadie queda impasible ante él. La mejor perspectiva se obtiene desde la Torre des Savinar, conocida como la del Pirata, y desde Cala D'Hort, nuestro próximo destino.

APLAUSOS FRENTE AL SOL

En Ibiza es más importante el momento de la puesta de sol que la hora del té en Londres. Cada atardecer es un espectáculo que sucede por el suroeste y hay que elegir escrupulosamente el lugar.

Dos de los mejores miradores para disfrutar de un gran puesta de sol son la torre del Pirata y cala D'Hort. Pero si queremos exprimir al máximo el tiempo, mejor no esperarnos hasta el ocaso y seguir hacia el que muchos consideran el mejor sitio para celebrar el atardecer: las playas de Comte, conocidas vox populi como cala Conta. Aguas turquesas transparentes como el cristal, con tres islas a escasos metros: des Bosc, Sa Conillera y Espartar.

En Ibiza cada puesta de sol es un auténtico acontecimiento Y a lo lejos, los islotes de Ses Bledes que parecen dragones saliendo del mar. Llegamos aquí siguiendo la carretera de la costa desde cala D'Hort, pasando por las calas Carbó, Vedella, Molí y Tarida. Si alguna de este rosario de playas nos llama, la parada es opcional y siempre bien justificada.

El lugar elegido es el Sunset Ashram, un beach bar con forma de caracola e influencia india del color de la arena que se mimetiza a la perfección con el entorno. Tiene las bebidas acertadas para acompañar mejor el atardecer: zumos naturales, caipiriña de fresa o sangría de cava. Si nos apetece algo dulce, es exquisita su tarta tatín, especialidad de la casa.

También podemos acudir al reclamo del mítico Café del Mar, en la Bahía de San Antonio. Más comercial y turístico, pero no por ello menos bello.

SANTA GERTRUDIS

Desde cualquiera de los puntos que hayamos elegido para ver ponerse el sol, es posible llegar a nuestro próximo destino: Santa Gertrudis de Fruitera, en el corazón de la isla, uno de los pueblos que no debemos perdernos durante nuestra escapada ibicenca.

Durante el camino veremos cómo va cambiando el paisaje. Las colinas verdes dejan paso a la planicie de la campiña ibicenca, peculiar por su arena roja (a la que se le atribuyen propiedades protectoras) y los almendros que la pueblan. Si el viaje coincide con los meses de floración, bien merece la pena ir al valle de Santa Inés de la Corona para ver un espectáculo no menos bello que el blooming de los cerezos japoneses o los del Valle del Jerte en Extremadura. Encantadoras casas de payés de piedra, con buganvillas en la puerta, desfilan ahora por nuestra ventanilla, anunciando el estilo del norte de la isla.

Lleguemos al mediodía o la hora de la cena, Santa Gertrudis es un buen lugar para hacer parada y fonda. Una opción es el chuletón del restaurante que lleva el nombre del pueblo, o su ronda de montaditos. También el bar Costa, que hace gala de sus jamones secados en el exilio porque el clima de la isla sólo permite hacer sobrasada. O sus quesos camperos, que derretidos en tostada saben a gloria bendita.

MERCADILLO HIPPIE

Un plan más que sugerente es conocer el norte de la isla en sentido contrario a las agujas del reloj. Para ello, desde Ibiza conduciremos en dirección a Santa Eulalia. La carretera ofrece en sus orillas tiendas de cerámica tradicional y otras de decoración asiática o anticuarios.

Desde Santa Eulalia, si es miércoles, nos desviaremos a Es Canar para ver uno de los mercadillos hippies más antiguos de la isla. De ahí vamos a San Carlos, otro de los encantadores poblados de Ibiza. En una de sus esquinas, junto a una señal de stop, se encuentra otra de las paradas ineludibles: Casa Anita (Can Anneta). Si sus paredes hablaran podrían contar las historias de los hippies que poblaban la isla en los 70. Aún hoy se dejan ver personajes excéntricos que acuden puntuales a su copa de hierbas cada tarde. No debemos marcharnos de allí sin ver su pintoresca iglesia.

Mercadillo hippie de Las Dalias A pocos metros saliendo, está otro must ibicenco: el mercado hippy de Las Dalias, el compromiso sin excusa de los sábados (abierto de 10 a 18 horas). Es el punto de encuentro de iluminados, artistas y artesanos, bohemios, esotéricos, místicos, curiosos, o simplemente amantes de lo natural. Aquí se puede encontrar una curiosa variedad de productos naturales como esponjas marinas, jabones hechos a mano o piedras de alumbre, trabajos de cuero, cristales curativos, comida macrobiótica, ropas coloristas y alegres, y todo tipo de objetos exportados de la India, Indonesia, Tailandia o el Tíbet.

Si nos hemos quedado con más ganas de playa, podemos elegir entre acercarnos a dar un paseo a Aguas Blancas, o un poco más adelante, desviarnos a la Cala de San Vicente, donde hay que hacer presencia en el chill out de su chiringuito On the Beach. Las dos opciones son buenas por igual, si bien la primera hay que dejar el coche fuera y andar hasta la costa.

ON THE ROAD

Siguiendo nuestra ruta vamos a hacer la tríada de pueblos en línea típicos del norte: San Juan, San Miguel y San Mateo. Si es domingo, la visita ideal está a unos 10 minutos de San Miguel, en la playa de Benirrás, una bahía entre colinas donde al atardecer, con el sonido de fondo de tambores y timbales, se congregan cientos de afortunados para disfrutar de una de las mejores puestas de sol de la isla. En la playa de Benirrás podremos disfrutar de una de las mejores puestas de sol de Ibiza La celebración se alarga hasta la noche y si el hambre pica se puede tomar algo o comer pescado muy fresco en sus numerosos chiringuitos. Esta cita sin par atrae cada vez más visitantes por lo que el aparcamiento escasea y hay que dejar el coche en fila india en la misma carretera de llegada.

De vuelta a San Miguel, según el tiempo y las ganas que nos queden, podemos seguir hacia San Mateo (el poblado más pequeño de las Islas Baleares) y después a Santa Inés de Corona donde recomendamos degustar una de las tortillas del Can Cosmi. Y podemos acabar la ruta en la bulliciosa San Antonio, tomando un cóctel en su paseo marítimo.

TIERRA DE TENTACIONES

Ibiza es la isla de las infinitas tentaciones (aunque todas sus poblaciones lleven el nombre de algún santo), paraíso de cuerpos esculturales y tierra prometida para los DJ's y los amantes de la música electrónica. Así que si nuestra escapada es veraniega, debemos pasarnos por cualquiera de las sonadas discotecas de la isla, que organizan fiestas temáticas cada día. Cualquiera de ellas será una buena elección: Space, Privilege, Pachá, Amnesia, DC10 o el Divino. Hagamos caso a Oscar Wilde y caigamos en la tentación.

LA OTRA PITIUSA

Aunque encantadora, Ibiza es una isla pequeña. Así que si durante tu escapada se te queda corta la isla, siempre puedes saltar a su hermana menor: Formentera.

FormenteraPor mucho que nos hablen del color esmeralda de sus aguas no podremos hacernos a la idea hasta tenerlas delante. De la misma forma que el color azul de la caja de crema Nivea da nombre a un Pantone, el agua de Formentera debería tener un color con su propio nombre.

Tomaremos el ferry que sale desde el puerto de Ibiza y nada más llegar, alquilaremos una moto o una bicicleta para sentir en la cara el vientecillo de la libertad, imitando descaradamente a la actriz Paz Vega en Lucía y el sexo. La sensación de llegar al fin del mundo por las carreteritas que van a la Mola o al Cap de Barbaria es total. La playa de Ses Illetes a la entrada de la isla es otro de los reclamos, junto con el Estany Pudent y el des Peix. Pero por lo general aquí no hay reglas que valgan. Sólo una: dejarse llevar.

Una experiencia divertida es observar a las lagartijas pitiusas, una especia única en el mundo. Habitan sobre todo las laderas de los faros y a diferencia de las de Ibiza, aquí son más grandes y tienen lunares fluorescentes.

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