Flandes y las patatas fritas

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Patatas fritas

Las patatas fritas son uno de los iconos gastronómicos de Flandes, uno de sus símbolos culturales en el resto del mundo. Como todo lo que sale de esta región, las pommes frites tienen un punto atractivo e inquietante, pues nos llevan a pensar: ¿cómo es posible que un plato de una simplicidad tal sea uno de los símbolos nacionales?

En flamenco son conocidas como frieten y en inglés french fries, un nombre que puede causar confusión, ya que el origen de las patatas fritas está en Bélgica y no en Francia, pues existían en Flandes ya en el siglo XIX, cuando los franceses ni había oído hablar de ellas.

Sea como sea, todo viajero que pise la región de Flandes va a terminar pidiendo unas patatas fritas, que inicialmente sorprenden por su presentación: nada de platos. La patatas se sirven en un cucurucho de papel que, si estás en una mesa, se sostiene con un soporte metálico. Un invento que Flandes ha exportado a medio mundo, porque cada vez es más fácil encontrarlo en cualquier restaurante del planeta.

Aconsejar sobre dónde comer patatas en Brujas, Gante, Amberes o Bruselas es como intentar hacerlo con la tortilla de patatas en Madrid, por ejemplo. Cada local tiene su secreto y las prepara a su manera. Pero eso sí, respetando unas reglas básicas: unas auténticas patatas flamencas se fríen dos veces. La primera a 140 grados, para que queden tiernas por dentro. La segunda, a 170 grados, para darles el crujiente del exterior. Ni finas ni gruesas, ni cortas ni largas; y con la cantidad justa de grasa. Deben ser irregulares, lo que denota su carácter artesanal, y, por supuesto, frescas. Nada de congelados.

Las patatas fritas tradicionales se realizan con una modalidad llamada Bintje, que sólo se cultiva en Bélgica y Holanda. Una razón de más para atiborrarnos de ellas durante nuestra escapada flamenca.

Si nos entra el antojo mientras caminamos por Bruselas y preguntamos dónde sirven las mejores, todo el mundo coincidirá en un nombre: Maison Antoine (Place Jourdan, 1). Este lugar lleva friendo patatas desde 1948 y, aunque no ha perdido su carácter de comercio sencillo (se trata de una especie de quiosco en medio de una plaza) se ha convertido en casi un imperio.

Chez VincentSi estamos en Brujas, la elección está clara si queremos probar unas patatas fritas de primera: Chez Vincent (Sint-Salvatorskerkhof, 1), un lugar donde tratan a la patata como un ingrediente premium, cuidando tanto el proceso de elaboración como el packaging.

Las patatas se pueden acompañar de distintas salsas (la mayonesa es la reina), y de platos sencillos como hamburguesas o mejillones, los clásicos acompañantes del cucurucho de frieten: esto es Flandes y la patata siempre es el plato principal.

EL MUSEO DE LA PATATA

Los auténticos fetichistas de las patatas fritas tienen que reservar un par de horas para visitar el Museo de la Patata, una rareza que se encuentra en el Saaihalle, un precioso edificio del centro de Brujas.

Este didáctico museo cuenta la historia de la patata, su aplicación más famosa, las patatas fritas, y las salsas que las acompañan. Incluso hay esculturas realizadas con patatas fritas. Hay talleres para aprender a cocinarlas y, por supuesto, degustaciones.

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