Marsella, ciudad con sabor a mar

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Marsella

Marsella, la ciudad más antigua de Francia, tiene 111 barrios, 21 playas y 300 días de sol al año. Puro mediterráneo, cruce de caminos y mezcla de razas. Capital de la Provenza francesa, es la segunda capital más poblada del país y el lugar perfecto para una escapada de fin de semana con sabor.

Para conocerla, haremos un recorrido por algunos lugares que no podemos perdernos en nuestro viaje a esta ciudad mediterránea.

EL PUERTO VIEJO

Si hay un lugar con encanto en esta ciudad es precisamente éste, Le Vieux-Port, el epicentro alrededor del que gira la vida de esta localidad. Los puestos en el mercado del pescado contrastan con los multimillonarios yates de recreo, mientras los turistas hacen cola para subir al ferry que les llevará al Castillo de If o a Les Calanques.

Los fines de semana el viejo puerto es tomado por los marselleses, que abarrotan sus bares. El más ilustre es Le Bar de la Marine, en el 15 de la Quai Rive Neuve.

La entrada al viejo puerto está custodiada por dos fortalezas, Fort Saint-Jean y Fort Saint-Nicolas, construídos por Luis XIV para vigilir tanto la ciudad como a los marselleses, insumisos al poder real por naturaleza.

LE PANIER

Al norte del puerto viejo se encuentra el barrio más antiguo de la ciudad, donde ésta fue fundada. Corsos y napolitanos fueron sus primeros inmigrantes, pero hoy en día Le Panier es un crisol de razas y dista mucho de ser el barrio peligroso y de mala reputación que fue hace unos años. Los artesanos han vuelto a sus calles, de fachadas decrépitas y coloridas, y el barrio ha vuelto a cobrar vida gracias a las tiendas, comercios, bares, cafeterías y restaurantes que han abierto sus puertas en Le Panier.

VALLON DES AUFFES

Se trata de una preciosa ensenada escondida bajo el viaducto de la carretera que une Marsella con Les Calenques. En esta zona se han rodado películas míticas como The French Connection. Es uno de los lugares preferidos por los marselleses para relajarse y acudir con la familia para bañarse, tomar el sol y almorzar mientras contemplan el Castillo de If. En Vallon des Auffes hay varios restaurantes que deberemos descubrir entre las casas de pescadores.

EL CASTILLO DE IF

En el Vieux Port podemos tomar un ferry que nos llevará al mítico castillo, una de las lugares más visitados de la ciudad, emplazado en un islote en mitad de la bahía de Marsella. Fue mandado construir por Francisco I para proteger el acceso al puerto. El Castillo de If aparece en la novela El Conde de MontecristoSu ubicación y su arquitectura hicieron de esta fortaleza la prisión perfecta. No obstante, la fama del Castillo de If se debe a que Alejandro Dumas encerró allí a Edmundo Dantés en su clásico El Conde de Montecristo.

El castillo está situado en la Isla de If, una de las cuatro Islas de Frioul, un pequeño archipiélago que se completa con las islas de Pomègues, Rattoneau y Tiboulain.

LES CALANQUES

Es el lugar preferido por los marselleses para una escapada. Se trata de unos acantilados que a lo largo de 20 kilómetros (entre Callelongue y Port Pin) se suceden junto al mar, dando cobijo a encantadoras calas (de hecho calanque, significa cala en francés). También son conocidos como los fiordos mediterráneos. La calanque más famosa es En-Vau, a la que podemos llegar por mar tomando un ferry en Vieux Port. Les Calanques alberga poblaciones muy populares para el veraneo, como Cassis.

NÔTRE-DAME DE LA GARDE

Si Vieux-Port es el mar, esta basílica bizantina en el cielo. Desde sus 154 metros de altura se contempla una panorámica privilegiada de la bahía de Marsella. La iglesia conserva aún las heridas que dejaron las balas durante la liberación de la ciudad en la segunda guerra mundial. Así que la basílica se ha convertido en el símbolo de la ciudad. La aguja de su campanario es el punto más elevado de Marsella.

EL PALACIO LONGCHAMP

El Palacio Longchamp fue inaugurado en 1869, para celebrar la solución a los problemas de escasez de agua en Marsella, y su decoración alude a la apertura del canal y al río Durance, de donde provienen sus aguas. Por eso la fuente realizada por Jules Cavelier muestra esculturas que representan viñedos y plantaciones de trigo, como las que caracterizan a los paisajes de sus orillas, con un grupo de toros de la Camarga que tiran un gran carro donde se transportan las uvas y el trigo.

El Museo de Historia Nacional, fundado en 1815, se trasladó al Palacio Longchamp en el mismo año de su inauguración. Allí podremos disfrutar de colecciones de curiosidades del siglo XVIII, donadas al museo por comerciantes y científicos de la época.

Otra de las atracciones del palacio es su observatorio, muy anterior al edificio. Tiene más de tres siglos de existencia (fue fundado por los jesuitas en 1702) y se ubicó originalmente en el casco antiguo de Marsella, en el Collège de Sainte-Croix.

LA CITÉ RADIEUSE

La Corbusier, el genio de la arquitectura, construyó en 1952 Le Corbusier’s Unité d’Habitation, un organismo vivo de hormigon con calles interiores, tiendas, restaurantes y escuelas. Su intención era unificar toda una ciudad en la que sus habitantes compartieran una única entrada. Se ha convertido en una meca de la arquitectura a la que peregrinan miles de arquitectos cada año.

Los amantes de la novela negra pueden descubrir todo el sabor de Marsella a través de las novelas de Jean-Claude Izzo. En la trilogía de Marsella (Thotal Kéops, Chourmo y Soleá ), acompañaremos a su protagonista, Fabio Montale, que nos guiará a través del puerto viejo y Le Panier, sentiremos el salitre en la piel y nos detendremos en viejas tabernas para tomar un trago de pastis, el clásico licor marsellés, o comer las clásicas cestas de mejillones con patatas fritas.

Un truco: el City Pass permite visitar la ciudad de Marsella, gracias a su fórmula todo incluido. Tendremos entrada gratuita en los museos, libre acceso a toda la red de transporte, incluyendo el tren que nos lleva a Nôtre-Dame de la Garde o el barco que nos acerca al Castillo de If, degustación gratuita de productos en algunos comercios, visita comentada de la ciudad… Vale la pena.

DE COMPRAS POR MARSELLA

Si queremos zambullirnos en la Marsella más auténtica, debemos ir hasta Quai des Belges, el bullicioso mercado de pescado de Marsella, al borde del agua, en el Puerto Viejo. Allí escucharemos a los pescaderos pregonando su mercancía mientras los barcos pesqueros y los yates privados pasean suavemente en el fondo.

En la zona del puerto encontraremos un montón de negocios dedicados al mar, como La Plongée (Quai de Rive-Neuve, 26) o Castaldi (Quai de Rive-Neuve, 25), donde hallaremos todo tipo de parafernalia, como espejos de ojo de buey, faroles, catalejos y timones, o la Librairie Maritime & Outremer (Quai de Rive-Neuve, 26), un paraíso para los buscadores de antiguas cartas marinas y guías náuticas.

Cambiando completamente de tercio, en Oogie Lifestore (Cours Julien, 55), la primera tienda conceptual de Marsella, encontraremos las últimas tendencias en música, moda, belleza, cultura e incluso alimentación. También cuenta con una selección de gamas de jóvenes diseñadores, perfectas para encontrar ropa única y accesorios de moda.

En el apartado gastronómico, podemos visitar Le Four des Navettes (Rue Sainte, 136), la tahona más antigua de Marsella, que abrió sus puertas en 1781. Ahí es nada. Está justo detrás del bullicioso barrio marsellés de Rive Neuve, es famosa incluso fuera de Marsella por sus galletas especiales llamadas Navettes, con forma de barco y sabor a cáscara de naranja y azahar.

Las calles más comerciales de la ciudad son Rue St. FerréolRue de la Tour y, sobre todo,  Cannebière, la calle principal, recorrida arriba y abajo por los tranvías, donde se aprecia el añejo esplendor de la ciudad: grandes edificios color beige con contraventanas blancas, ennegrecidos por el tiempo y comidos por la brisa.

JABÓN DE MARSELLA

Y por supuesto, mención aparte merece el Jabón de Marsella, uno de los iconos de la ciudad. Este producto (conocido en francés como Savon de Marseille) es un jabón tradicional a base de aceites vegetales que se ha venido realizado alrededor de la capital de la Provenza desde hace siglos.

Jabón de MarsellaActualmente podemos encontrar pastillas de jabón de marsella de mil tamaños y colores, y cada una debe mostrar un porcentaje, habitualmente el 72%, que es la cantidad mínima de producto graso vegetal que debe contener.

Es el souvenir clásico marsellés, por lo que toda la ciudad está llena de tiendas donde podremos adquirirlo. No obstante, es interesante reseñar que aún existen fábricas artesanales donde además de vender jabón, podemos ver todo el proceso de elaboración, como La Licorne (Cours Julien, 43), La Compagnie de Provence (Rue Caisserie, 1) o Le Sérail (Boulevard Anatole de la Forge, 50).

COMER EN MARSELLA

Si estamos en la ensenada de Vallon des Auffes, el restaurante L’Epuisette (Rue du Vallon des Auffes, 156) es un acierto seguro. No podemos marcharnos de allí sin pedir el tajine de langosta con salsa picante.

Otra sugerencia podría ser Le ventre de l’Arqhitecte (Boulevard Michelet, 280), cuyos platos están inspirados por el espíritu de Le Corbusier, ya que el local se halla en el corazón de La Cité Radieuse.

Más económico es Une Table au Sud (Quai du Port, 1), que elabora cocina provenzal creativa. Famoso por sus refinadas e innovadoras recetas que incluyen ingredientes locales donde el pescado fresco es la estrella.

Le Miramar (Quai du Port, 12) es otro de los clásicos en Marsella, cuya terraza cubierta posee vistas al Puerto Viejo. El marisco ocupa un lugar privilegiado en el menú, especialmente la tradicional bullabesa de Marsella, un generoso caldo de pescado hecho con pescado fresco y marisco, azafrán y cáscara de naranja.

Los más golosos, tienen visita obligada en la pastelería Plauchut Patissier (La Cannebière, 168), un salón de té fundado en 1820 enfrente de la iglesia de San Vicente de Paul, donde podremos degustar sus macarons, calissons (pastas de almendra y naranja), navettes o canistrelli.

DORMIR EN MARSELLA

Para disfrutar de todo el ambiente y sabor de la ciudad, recomendamos dormir en el Puerto Viejo. Una magnífica opción es el Hotel Radisson, situado en el epicentro de la vida marsellesa, junto al mar. Es un clásico de la ciudad, con una atención al cliente excepcional.

Y si de clásicos hablamos, debemos nombrar al Grand Tonic Hotel, frente al Vieux Port. Se encuentra en el corazón de Marsella, en el barrio de Quai des Belges, y está ubicado en un edificio de 1903, pese a que la decoración del hotel es de estilo contemporaneo y está equipado a la última en nuevas tecnologías.

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