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Lyon es una de esas ciudades llenas de historia, con sus ruinas romanas, el suelo empedrado de sus callejuelas medievales, las fachadas de sus palacios renacentistas, los recovecos de sus traboules o pasadizos secretos... Capital de la región Rhône-Alpes, Lyon es la tercera población más grande de Francia, por detrás de París y Marsella.
Pero si por algo destaca esta ciudad es por ser considerada la capital gastronómica del país: la Guía Michelín da fe de ello. Por eso, son muchos los gourmets de todo el mundo que eligen Lyon como destino de sus escapadas.
El punto de partida para descubrir la Lyon gastronómica no puede ser otro que el Mercado de Les Halles. En sus puestos se exponen las materias primas más selectas, y desde aquí se sirve a los mejores restaurantes de la zona, por lo que este lugar ha sido durante años el centro de operaciones de genios de los fogones como Paul Bocuse.
Podríamos empezar con un almuerzo en el mercado (56 puestos donde se venden todo tipo de delicias nacionales y locales). Mère Richard es una casa especializada en quesos de gran renombre, cuya estrella es el Saint-Marcellin. En Sibilia, la charcutería más famosa, están a la venta las típicas andouilettes (longanizas) y saucissons (salchichones) lioneses, mientras que en Rolle encontraremos el mejor foie gras, así como deliciosos ahumados y caviar. No podían falta en Lyon las quenelles, una especie de croquetas alargadas que pueden ser de pescado, de carne o dulces. Son espectaculares las de Giraudet. En Maison Rousseau encontraremos el mejor pescado y a un montón de clientes tomando sus ostras. Los más golosos encontrarán su templo en Sève, con una impresionante colección de bombones, chocolates y macarons.
Uno de los grandes atractivos de este mercado es degustar los productos que a menudo son ofrecidos por los comerciantes para que los probemos. Saliendo del mercado en dirección al centro, basta echar un vistazo a las tiendas de delicatessen o las típicas boulangeries francesas en las que venden pan, pasteles y hasta comida preparada para darnos cuenta de la importancia que tiene la comida en esta ciudad.
Seguiremos hasta el casco viejo, donde nos será difícil resistir la tentación de probar un crêpe en alguno de los múltiples negocios donde los elaboran. A diez minutos de allí está la Chocolaterie Bernachon, que elabora sus bombones de manera artesanal en la fábrica que hay en su trastienda. Para muchos son los mejores de Lyon.
Pero si de algo puede presumir Lyon es de estrellas Michelín. En esta ciudad se concentra el mayor número de restaurantes destacados por la todopoderosa guía. Quizás el más famoso de todos sea el de Paul Bocuse (a unos diez kilómetros de la ciudad, en L’Auberge du Pont de Collonges), el más prestigioso cocinero francés. Eso sí, no es barato: su mítico menú degustación Grande Tradition Classique VGE cuesta más de 200 euros por cabeza. Para quienes no quieran dejarse el sueldo del mes en su restaurante, el maestro ha abierto cinco brasseries en Lyon (le Nord, le Sud, l’Est, l’Oest y Argenson).
Si hay un candidato para destronar a Bocuse, ése es Nicolas Le Bec, y para comprobarlo tenemos tres opciones: su restaurante de la Rue Grolée, donde de lunes a viernes hay un menú degustación por unos 50 euros, el nuevo Rue Le Bec, un enorme espacio que recuerda a un mercado cubierto, o el Espace Le Bec en el aeropuerto.
Otro de los pesos pesados es el también lionés Pierre Orsi, cuyo restaurante Orsi, en la Place Cléber, tiene un aire muy romántico. Aquí la experiencia va más allá de la pura gastronomía, puesto que el propio chef entra en acción y muestra a los clientes la cava y explica la historia del local, sede de una antigua logia masónica.
Y por supuesto, no podemos irnos de Lyon sin entrar en alguno de sus bouchons, las encantadoras tabernas centenarias a las que los lioneses acuden a degustar los platos típicos de la región. En ellos se sigue la tradición de les méres (las madres), las auténticas creadoras de las recetas más sabrosas y valoradas.
A las mesas, con manteles de cuadros rojos y blancos, llegan platos muy contundentes, casi siempre con el cerdo como ingrediente protagonista. El Café des Fèdèrations, La Mère Jean o Chez Mournier son sólo algunos de los más recomendables, y donde la cuenta no suele dispararse, incluyendo el vino de la zona, o sea, el Beaujolais y el Côtes du Rhône.
Para ir quemando las calorías acumuladas, hay un sinfín de cosas que hacer en Lyon: subir a la colina de Fourvière y visitar su basílica gótica, por ejemplo. O visitar la catedral, también gótica, de Saint Jean. Por la calle del mismo nombre llegaremos al Gran Traboule, el pasadizo secreto renacentista más bello de los muchos que hay en la ciudad. Por ellos transitaban quienes no querían ser vistos por las calles principales y, por supuesto, por los masones, que los utilizaban como atajos. Muy cerca se halla el Museo Gadagne, un soberbio palacio que acoge el Museo de Historia. Que aproveche.
DORMIR EN LYON. El Hôtel Le Collège, además de estar muy céntrico, tiene habitaciones de diseño en las que todo el mobiliario y las paredes son blancas. El lobby y el comedor recrean una escuela de los años 50, y el desayuno se sirve sobre los antiguos pupitres de madera. Además, hay minibares gratuitos en todas las plantas.

