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Escapada a Madeira (Portugal)

Madeira es el destino perfecto para aquellos que busquen un lugar con historia y cultura únicas, con una naturaleza desbordante, una gastronomía que sorprende y una gente encantadora.
En Funchal, la capital de la isla, vive más de la mitad de su población, estimada en 300.000 habitantes. Es una ciudad alegre que rezuma recuerdos de los tiempos en que fue colonia portuguesa y también de la época en la que los ingleses aterrizaron para hacerse con las riendas del suculento negocio del vino. Las calles empedradas y las casa de fachadas blancas y tejados rojos son las principales señas de identidad de su animado casco histórico, donde se concentran un buen número de museos y cafés.
El Museo The Old Blandy Wine Lodge muestra los pormenores del proceso de elaboración de los prestigiosos vinos locales, pero también hay otro dedicado al azúcar, otro a los bordados tradicionales o el famoso Madeira Story Centre Museum, para conocer la historia de la isla. Y si nos interesa el arte contemporáneo portugués deberemos dirigirnos al Museu de Arte Contemporânea en el Forte São Tiago, la solemne fortaleza situada encima del mar que esconde, además, uno de los restaurantes más recomendables del lugar. A sólo unos metros, en la Rua de Santa María y en las calles aledañas, el Arsenio’s o el Marcelino Pão e Vinho son dos locales en los que rematar la velada tomando una copa con un fado de fondo.
Del mercado a la montaña. La primera hora de la mañana, cuando los puestos están recién montados y repletos de mercancías, es sin duda el mejor momento para acercarse al Mercado de las Flores. En la planta baja, señoras ataviadas con el traje típico de la isla venden sus frutas, verduras y, por supuesto, flores multicolores. En el piso de arriba, son los hombres los que despachan pescados y mariscos frescos.
Después el teleférico que lleva al pintoresco barrio de Monte, donde se encuentra el cautivador Jardín Tropical Monte Palace, con más de 7 kilómetros de cuidados jardines salpicados por estanques, fuentes y esculturas asiáticas. No son pocos los que hacen el trayecto de vuelta al centro a toda velocidad subidos en uno de los tradicionales cestos de los carreiros, una tradición reconvertida en la atracción turística más reconocida de Madeira.
Pero, para huír de los tópicos, resulta mucho más conveniente calzarse unas zapatillas de trekking y coger ropa de abrigo (en Madeira existe aquello de cuatro estaciones en el mismo día, debido a su singular orografía) y lanzarse a recorrer la isla de punta a punta. La distancia máxima de norte a sur es de 57 kilómetros, y de este a oeste algo más de 22.
Si vamos hacia el norte sería un delito no detenernos en alguno de los miradores, como el del Pico dos Barcelos (355 metros), Eira do Serrado (1.095 metros) o el de Pico Ruivo, el más alto de todos, a 1.862 metros. Después, en la abrupta costa norte, desde Santana, con tejados de paja que aún se conservan, hasta Porto Moniz, todo el camino es una sucesión de bellísimas estampas del océano rompiendo contra las rocas entre agradables puestos de pescadores, como São Vicente o Seixal.
Por su parte, la costa sur concentra la mayor parte de los hoteles, además de pueblos obligatorios como Caleta, Ponta do Sol, Ribeira Brava o Câmara de Lobos, el lugar al que Winston Churchill iba para pintar sus marinas y famoso por sus bares donde pedir la Poncha à Pescador, un delicioso cóctel de aguardiente de caña de azúcar o ron blanco, miel y zumo de naranja o limón.
Los más futboleros deben saber que Madeira es el lugar donde nació Cristiano Ronaldo, que además presta su imagen para promocionar la isla.
¿Dónde comer en Madeira?
Esta isla portuguesa es famosa por la calidad de sus pescados y mariscos. En cualquier sitio es posible comer de lujo sin que el bolsillo se resienta. En todos los pueblos, y más todavía en Funchal, hay restaurantes en los que se preparan sobrosos pescados y mariscos a la brasa o fritos, y pulpos al horno con patatas. Con frecuencia, el el pez espada negro (una rara especie que vive a más de 2.000 metros de profundidad) se ofrece entre los pescados del día. Nunca falta en las cartas la açorda portuguesa en versión local: una sopa de pan a la que aquí se le incorporan gambas; o la sopa de Madeira, que lleva tomate, cebolla y huevo; ni tampoco la espetada, la típica brocheta de trozos de carne de ternera trinchados en ramas de laurel.
Hay dos restaurantes que no debemos dejar de visitar:
Vila do Peixe. Es el lugar que recomiendan los lugareños para probar los mejores pescados a la brasa de la isla, con unas vistas increíbles. Está a la entrada del pueblo de Câmara de Lobos, a algo más de 20 kilómetros al oeste de Funchal.
Chega de Saudade (Rua dos Aranhas, 20). Una excelente dirección a la que acudir para probar platos cargados de imaginación a base de ingredientes locales, donde la decoración minimalista merece mención aparte.
¿Dónde dormir en Madeira?
Choupana Hills. Perdido en una montaña, pero sin embargo muy próximo a Funchal, las habitaciones y suites de este hotel de diseñó son en realidad preciosas e independientes cabañas de estilo balinés, y como no podía ser de otra forma cuenta con un magnífico Spa.
Quinta do Furao. En lo alto de un impresionante acantilado y a las afueras del pueblecito de Santana, es un alojamiento de gestión familiar ubicado en una gigantesca finca que cuenta con varias hectáreas de viñedos. En total dispone de 39 habitaciones y 4 suites, todas ellas muy espaciosas y acogedoras. Lo mejor: sus desayunos en su espectacular terraza sobre mar.