Escapada a la Costa Brava

28 de Mayo de 2010 Comments Off Posted in Fin de semana, Mediterráneo

Costa Brava

La Costa Brava es una de las regiones preferidas por los españoles para una escapada, pues combina playas que quitan el hipo con un turismo de interior con un encanto difícil de hallar en otro lugar. Y si a eso sumamos una gastronomía selecta, no es de extrañar que esta zona tenga una de las mejores calidades de vida del mundo.

Una de las mejores formas de descubrir la Costa Brava es recorriendo los caminos de ronda, es decir, 215 kilómetros de senderos que rodean el litoral, tomando el tiempo necesario para aventurarnos entre bosques de pinos e ir descubriendo los hermosos pueblos desperdigados por la zona.

Cadaqués puede ser un magnífico punto de partida. Situado en el Parque Natural del Cap de Creus, todo el pueblo es un constante homenaje a Salvador Dalí y a Gala, su musa, que pasan por ser sus dos paisanos más ilustres.

Sin embargo, la Casa Museo de Dalí está en Port Lligat, a cuatro kilómetros de Cadaqués. Es una visita obligada en nuestra escapada a la Costa Brava. El edificio original era una casa de pescadores. Una visita guiada al museo nos dará una idea de la personalidad de este genio: osos disecados, sillones en forma de labios, un muñeco Michelín… Este lugar rezuma historia, sobre todo la parte de la piscina, donde se celebraron grandes fiestas a las que asistieron los amigos del pintor: Lorca, Buñuel, Chagall, Truman Capote o Coco Chanel.

Si seguimos el camino de la costa, llegaremos a Pals, un precioso pueblo ampurdanés ubicado en lo alto de una colina con unas vistas especulares con el mar de fondo. Rodeado de marismas y arrozales, fue reconstruido tras la Guerra Civil y hoy en día está declarado Conjunto Histórico Artístico.

Muy cerca de allí hay un pequeño pueblo encantador: Peratallada. Todo en este lugar medieval destila encanto: las calles, los hostales, los restaurantes. Es el lugar perfecto para una escapada romántica. Si quieres sorprender a tu pareja con un regalo original, éste es el lugar perfecto.

En la Bahía de San Feliu, rodeada por el Parque de las Gavarres y el macizo montañoso de la Ardenya, a tan sólo una hora de Barcelona, se encuentra Sant Feliu de Guixols, un antiguo publo marinero que se ha convertido en uno de los destinos más selectos para la clase pudiente catalana. La Rambla Vidal es la calle más animada y donde además encontraremos edificios modernistas de gran belleza, como la casa Vilaret o el Nuevo Casino, de 1888, aunque sin duda el monumento más importante de la ciudad es el Monasterio Benedictino, que ahora albega el Museo de Historia de la Ciudad. Está previsto que en breve se convierta en el Centro de Arte de la Pintura Catalana Thyssen-Bornemisza y acoja la colección privada de la baronesa.

A tiro de piedra de Sant Feliu se encuentra S’Agaró, una selecta localidad diseñada para el lujo por el arquitecto Joseph Ensesa Gubert a principios del siglo XX. Sus mansiones, rodeadas de pinares, son impresionantes.

Bordeando la costa, por una bellísima carretera repleta de curvas se llega a Tossa de Mar, un pueblo marinero cuyos orígenes se remontan a la Edad Media. Conserva un recinto amurallado que servía de defensa para los ataques piratas. La ciudad fue expandiéndose fuera de las murallas, hacia la playa, en cuyo paseo marítimo volvemos a encontrar preciosos edificios representantes del modernismo. Estas construcciones son herencia de los indianos, lugareños pobres que emigraron a América en busca de fortuna.

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Escapada a Tarragona

26 de Marzo de 2010 Comments Off Posted in Fin de semana

Tarragona

Tarragona es conocida como la ciudad de la contínua primavera.  Ciudad donde se conjugan el pasado medieval y modernista, el bullicio de la rambla, la cocina marinera y la luz del mediterráneo. Pero si por algo es famosa Tarragona es por sus restos romanos, un tesoro urbano que la UNESCO declaró a 14 de estos elementos como Patrimonio de la Humanidad. Tarraco, como se denominaba en la época romana, fue una de las principales ciudades del imperio.

Lo primero que deberemos hacer es agenciarnos un plano de la ciudad, para lo que podemos acudir a la Oficina de Turismo (calle Major, 39). Empezaremos echándole un vistazo a la Maqueta Romana, situada en la plaza del Pallol, donde veremos la antigua muralla que circundaba el casco antiguo. De los 3.500 metros originales, ahora quedan 1.100 en mal estado. Junto a la muralla se encuentra el Foro Provincial, cuyo interior estaba decorada con estatuas de las que aún se conservan pedestales en la calle Mercería.

Si seguimos las murallas llegaremos hasta el museo arqueológico (Plaza del Rei, 5), junto al paseo Sant Antoni. Entre otros tesoros, nos encontramos con la estatuilla nº542, llamada Tintinnabulum. Tal vez no nos suene su nombre, pero basta echarle un vistazo para que reconozcamos la silueta:  está demostrado que Hergé se basó en esta figura para crear su personaje más famoso: Tintín.

Allí cerca se encuentran la torre de Pretori y el Circo Romano, uno de los mejor conservados de occidente. Podremos disfrutar de alguna de sus partes descubiertas en la plaza Sedassos, la plaza de la Font y la calle Trinquet Vell.

Uno de los platos fuertes en nuestro recorrido es el Anfiteatro, situado casi en el mar. Actualmente se conserva parte de la grada tallada en la roca y un fragmento de la parte meridional, colgado sobre bóvedas de hormigón.

Una buena opción para los más perezosos es tomar el Tarraco Trenet, un trenecito que recorre muchos de los puntos de la Tarragona romana. El punto de partida es el paseo de las Palmeras, y sale cada hora entre las 10.30 y las 18.30 h.

No podemos finalizar nuestra ruta romana de Tarragona sin ver el Museo y la Necrópolis Paleocristiana (Avda. Ramón y Cajal, 80).

La Edad Media fue otra de las épocas de esplendor para la ciudad, con joyas como la Catedral y sus alrededores, donde se mezclan el románico y el gótico, como en la antigua Vicaría, la casa Balcells y el antiguo hospital de Santa Tecla, donde estuvo ingresado George Orwell, autor de 1984.

Otro de los períodos que engrandecieron la arquitectura tarraconense fue el Modernismo. El hotel Metropol, el colegio de las Teresianas, el rectorado de la Universidad Rovira i Virgili o el Ayuntamiento son alguno de los más bellos ejemplos de esta tendencia.

Un consejo: existe una tarjeta llamada TarraGo!na Card, que no sirve para 24, 48 o 72 horas (su precio es de 14, 19 y 24€, respectivamente) e incluye transporte, acceso gratuito a los principales museos y atracciones y numerosos descuentos en restaurantes, comercios, taxis… Se puede adquirir en hoteles, cámpings y oficinas de turismo.

La oficina de turismo también organiza guías oficilaes de la ciudad, que duran aproximadamente 2 horas. Hay 4 rutas: romana, medieval, modernista y de fiestas y tradiciones.

COMER EN TARRAGONA

Si la ciudad es famosa por su pasado romano, no lo es menos por su excelente gastronomía de clara influencia mediterránea. Algunas sugerencias:

La Queveda (Plaza del Fòrum, 6). El bar más antiguo de la ciudad, con platos clásicos como la sepia con alioli o el rabo de buey.

Pizzeria Pulvinar (Ferrers, 20). Uno de sus atractivos es que aún conserva el pavimento y los muros de la tribuna del Circo Romano.

Restaurante Cócvla (Plaza Orsini,10). Su nombre significa cazuela en latín. Su carta es cocina de mercado con un toque de autor, y sus productos proceden del cercano Mercado Central.

Suca (Nau, 11). Restaurante que destaca por su amplia carta de vinos. Obligatorio pedir la fondue de queso.

Àncora (Trafalgar, 25). Está en el barrio de pescadores conocido como El Serrallo, y es el lugar perfecto para degustar los pescados y mariscos más frescos de la zona.

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