Escapada a Andorra (sin nieve)

30 de abril de 2010 | Comentarios desactivados
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Andorra

En la memoria de al menos un par de generaciones de españoles, Andorra es el lugar al que sus padres iban a comprar perfumes,  productos electrónicos y cigarrillos. Con el tiempo, el Principado aprovechó sus recursos naturales y se erigió como templo del esquí y de los balnearios y spas.  Hoy, ir en verano a cualquiera de las siete parroquias en que se divide Andorra ya no es una excentricidad o un plan B, sino una magnífica opción gracias a su impresionante oferta en deportes al aire libre, gastronomía, wellness y arte.

Debido a su clima estival suave, este pequeño país se ha convertido en un destino privilegiado para practicar senderismo, entre cuyas rutas más tradicionales se encuentra la ascensión a la Casamanya, de casi 3.000 metros de altitud, que se completa en tres horas.

Otro de los atractivos del Principado son los parques naturales, como el de Comapedrosa, Incles, Sorteny y, sobre todo, el valle del Madriu-Parafita-Claror,  enclave situado sobre un valle glacial que es patrimonio mundial de la UNESCO. Además, Andorra cuenta con parques de actividades de naturaleza, donde se puede practicar mountain bike, nordic walk, acrojump, tiro con arco, descenso en kayak, hípica o paintball. En total, hay una oferta superior a 50 deportes.

También en Naturlandia, en Sant Julià de Lòria, se halla el Tobotronc, el tobogán más largo de Europa, mientras que en Grandvalira Golf Soldeu encontramos el campo de golf más alto, situado a más de 2.000 metros y accesible sólo mediante telecabina.

Si el aprovechamiento de la montaña tras el deshielo como destino turístico ha sido uno de los principales aciertos de Andorra, la gastronomía va camino de convertirse en el próximo boom turístico. Se trata de una cocina de montaña que recoge lo mejor de la gastronomía catalana y francesa, con platos donde la carne y los cereales son los protagonistas y donde también hay lugar para pescados como la trucha. Entre las recetas más características de esta cocina se encuentran el potaje de legumbres y arroz, los caracoles a la llauna, las rostes a la mel (lonchas de cerdo rehogadas en miel y vinagre) o los platos de caza, como la perdiz escabechada. Además, Andorra posee una gran variedad de quesos y embutidos autóctonos, como el tupí  (un queso que se fermenta con ajo y aguardiente) o el abat. Los podremos disfrutar en las denominadas bordas, muchas de ellas reconvertidas en restaurantes: se trata de construcciones campesinas donde antaño se guardaban los aperos de labranza.

Y no podemos hablar de Andorra sin referirnos a Caldea, uno de sus templos turísticos y uno de los centros de bienestar más grandes de Europa. Se trata del buque insignia andorrano en lo que respecta a aguas termales, spa y wellness. Es tal su éxito que ha provocado que se haya comenzado a utilizar la riqueza de la zona en aguas termales como atractivo turístico, y prueba de ello es que no se abre en Andorra un nuevo hotel sin que éste tenga su correspondiente Spa. La mayoría de las ofertas termales se encuentran en la zona de Escaldes Engordany, donde las aguas son extraordinariamente ricas en azufre.

Por su parte, estaciones como la de Soldeu ofrecen modernos spas como el del hotel Sport Village. Andorra la Vella, la capital, acoge el  más sofisticado de la zona, el Spa Plaza, con un diseño vanguardista que se aleja de lo que en otro tiempo fue el Principado, donde sólo se iba de compras y a esquiar.

Aunque ya que estamos allí seguro que nos apetece comprar alguna cosa para ahorrarnos unos euros. Los amantes del shopping ya sabrán que las principales tiendas se encuentran en Andorra la Vella y Escaldes Engordany. En la capital, la Avenida Meritxell hace las veces de eje comercial. Superada la fiebre por la mantequilla, el Toblerone y el tabaco, Andorra se ha especializado en la venta de artículos deportivos, siendo los establecimientos de Olympia Sports los más completos. Otro clásico en las compras andorranas son los perfumes, sector ampliamente representado por las perfumerías Júlia, un estandarte local. La moda de los outlets también ha calado en estas tierras (Options y Options Plus no tienen nada que envidiar a la mejor tienda multimarca), aunque si hay un clásico en el shopping del Principado éste es la electrónica: en Andorra la Vella está Digital Centrr, el paraíso geek. Las farmacias son otro de los lugares de peregrinación de los españoles, para sacar medicamentos más baratos y sin receta. Pero si hay un establecimiento famoso en el shopping de Andorra es sin duda Pyrénées, lo más parecido a El Corte Inglés andorrano, con tienda Nespresso, espacio Apple y Sony Center.

Un consejo: no está de más consultar el portal de la aduana andorrana (www.duana.ad) para conocer cuántos productos agrícolas e industriales podremos pasar por la frontera.

¿Dónde comer en Andorra? Te ofrecemos cuatro propuestas para comer bien en nuestra escapada al Principado:

Borda Estevet (Carretera de la Comella, 2, Andorra la Vella). Un clásico de la gastronomía local, especializado en carnes servidas sobre losa de pizarra.

Molí dels fanals (Sispony, La Massana). Uno de los restaurantes de cocina de cazuela más destacados de la zona, situado en uno de los enclaves más bellos de Andorra.

Taberna Ángel Belmonte (Ciutat de Consuegra, 3, Casa Campolier. Andorra la Vella). Abierto a principios de siglo, es un referente en la cocina andorrana. Los amantes del tournedó están de enhorabuena pues aquí realizan uno a la salsa de trufas que está para chuparse los dedos. Tampoco conviene olvidarse de sus alcachofas con ajos tiernos y cigalas.

Roc de les Bruixes (Estación de esquí de Granvalira). En verano su terraza es de las más cotizadas de la comarca. Alejado de la cocina tradicional, este restaurante ofrece versiones sofisticadas y ligeras de los platos clásicos de la zona, atreviéndose con la fusión de estilos y culturas culinarias.

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Escapada a las Islas de Arán (Irlanda)

26 de abril de 2010 | Comentarios desactivados
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Islas de Arán

Las Islas de Arán son un pequeño archipiélago (formado por tres islas) situado en la bahía de Galway, al oeste del país. Inishmore es la mayor de las islas, y la más turística, la mediana se llama Inishmaan y la menor, situada al este Inisheer.

Este archipiélago es una visita habitual para aquellos que se animan a dejar Dublín por unos días y explorar el resto de Irlanda. Las Islas de Arán son famosas por varias cosas, en primer lugar por su naturaleza salvaje, donde los vientos del mar de Arán barren sin piedad la superficie de la isla. Además, en allí encontraremos algunos de los paisajes más bellos de Irlanda, con acantilados que quitan el hipo y ruinas de fortalezas, castillos, planas de arena blanca, cementerios celtas… Y por si fuera poco se considera que la lana elaborada en las islas es la mejor del país, por lo que podremos comprar allí prendas de gran calidad manufacturadas con este material.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que estamos hablando de islas, así que para llegar a ellas deberemos tomar un ferry. Si venimos desde Galway (la opción habitual) deberemos tomar la carretera de Rosshill, hacia el oeste. Iremos bordeando la costa hasta llegar a Rossaveal, donde tomaremos el barco que nos llevará a las Islas de Arán. El trayecto en coche dura unos cuarenta minutos.

Deberemos comprar el ticket antes de llegar al ferry: podemos hacerlo en muchos lugares de Galway (oficinas turísticas, hoteles, albergues) en incluso en el mismo embarcadero. El paseo por mar hasta las islas dura una media hora.

Una vez en tierra firme debemos tener presente una cosa: el tiempo pasa volando allí, así que debemos tener presente que el último ferry de vuelta sale a las cinco de la tarde. Con esta premisa, deberemos elegir cómo queremos hacer nuestro recorrido. Hay varias opciones. Nada más bajar del barco veremos todas las alternativas: puestos de bicicletas (alquilarla cuesta 10€ por persona), algunos minibuses que hacen un recorrido por los principales puntos turísticos de la isla o coches de caballos para una excursión diferente. Otra opción es recorrer la isla a pie, aunque es poco recomendable dada la cantidad de cosas que ver y el poco tiempo para hacerlo. Nuestra recomendación es la bicicleta, nos da la independencia y el ritmo necesario para poder ver Inishmore de arriba a abajo antes de que se vaya el ferry.

Un buen consejo es tomar un buen desayuno irlandés (salchichas, huevos, pudding, bacon…), antes de comenzar nuestro recorrido, en alguno de los restaurantes que hay en el puerto. Nos harán falta calorías durante nuestra visita, sobre todo si vamos en invierno.

Nos ponemos en marcha. La primera parada será el faro, situado en la parte más alta de la isla, por lo que tendremos las mejores vistas posibles. Sólo los más valientes llegarán hasta el faro a lomos de su bicicleta, la pendiente hasta allí es de las más escarpadas que encontraremos en nuestro recorrido.

Nuestro paseo seguirá mientras dejamos atrás casas, establos, playas y pequeños cementerios celtas. La siguiente parada es probablemente la más espectacular: Dun Aonghasa, la fortaleza Celta más espectacular de Europa. Deberemos llegar hasta el parking donde dejaremos la bici y pagaremos una pequeña cantidad para entrar al recinto. A un cuarto de hora a pie nos encontraremos con la fortaleza construída alrededor de los acantilados más impresionantes de la isla. Allí podemos estar horas y horas contemplando el mar, mientras la brisa acaricia las piedras milenarias que nos rodean.

Tras dejar la fortaleza celta, visitaremos The Worm Hole, una piscina natural de forma rectangular. Está cerca de Dun Aonghasa.

Al otro lado de la isla están Las Siete Iglesias, que en realidad son los restos de dos pequeños templos, Teampall Brecan y Teampall an Phoill.

Uno de los atractivos que no podemos dejar de visitar es la colonia de focas de las Islas de Arán, en el camino de vuelta al puerto desde las siete iglesias. Con la marea baja, las focas son perfectamente visibles. Así que este es el lugar perfecto para un picnic mientras esperamos que los animales hagan acto de presencia.

Cerca del puerto tenemos The Black Fort (Dun Duchathair), unas impresionantes ruinas al filo de los acantilados de la zona sur de la isla, muy cerca de la iglesia de Saint Bernan (Teampall Bheanain), dedicada a un santo contemporáneo de San Patricio, y que tiene el honor de ser la más pequeña del mundo.

Tras tantos planes se nos ha hecho la hora de volver a devolver la bici y tomar el ferry de vuelta. Antes de dejar la isla, podemos reponer fuerzas en alguno de los restaurantes o incluso comprar algo en el pequeño supermercado SPAR que hay junto al puerto. También allí cerca se encuentra el Aran Sweater Market, donde podremos echar un vistazo a los famoso jerseys de lana de Arán. Los fabricados a mano son bastante caros, lo advertimos de antemano.

Las Islas de Arán son un destino perfecto para una escapada de un día en nuestro viaje por Irlanda, el lugar donde descubriremos cómo era la vida en gran parte del país hace muchos años, cuando sus habitantes vivían de la pesca, la ganadería y la agricultura desafiando el difícil clima irlandés.

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Escapada a Lyon

22 de marzo de 2010 | Comentarios desactivados
Archivado en Gastronómicas

Lyon

Lyon es una de esas ciudades llenas de historia, con sus ruinas romanas, el suelo empedrado de sus callejuelas medievales, las fachadas de sus palacios renacentistas, los recovecos de sus traboules o pasadizos secretos…

El punto de partida para descubrir la Lyon gastronómica es el mercado de Les Halles. En sus puestos se exponen las materias primas más selectas, y desde aquí se sirve a los mejores restaurantes de la zona, por lo que no es raro encontrarse por allí con genios como Paul Bocuse.

Podríamos empezar con un almuerzo en el mercado (56 puestos donde se venden todo tipo de delicias nacionales y locales). Mère Richard es una casa especializada en quesos de gran renombre, cuya estrella es el Saint-Marcellin. En Sibilia, la charcutería más famosa, están a la venta las típicas andouilettes (longanizas) y saucissons (salchichones) lioneses, mientras que en Rolle encontraremos el mejor foie gras, así como deliciosos ahumados y caviar. No podían falta en Lyon las quenelles, una especie de croquetas alargadas que pueden ser de pescado, de carne o dulces. Son espectaculares las de Giraudet. En Maison Rousseau encontraremos el mejor pescado y a un montón de clientes tomando sus ostras. Los más golosos encontrarán su templo en Sève, con una impresionante colección de bombones, chocolates y macarons.

Uno de los grandes atractivos de este mercado es degustar los productos que a menudo son ofrecidos por los comerciantes para que los probemos.

Salieno del mercado en dirección al centro, basta echar un vistazo a las tiendas de delicatessen o las típicas boulangeries francesas en las que venden pan, pasteles y hasta comida preparada.

Seguiremos hasta el casco viejo, donde nos será difícil resistir la tentación de probar un crêpe en alguno de los múltiples negocios donde los elaboran. A diez minutos de allí está la Chocalaterie Bernachon, que elabora sus bombones de manera artesanal en la fábrica que hay en su trastienda. Los mejores de Lyon.

Pero si de algo puede presumir Lyon es de estrellas Michelín. En esta ciudad se concentra el mayor número de restaurantes destacados por la prestigiosa guía. Quizás el más famoso de todos sea el de Paul Bocuse (a unos diez kilómetros de la ciudad, en L’Auberge du Pont de Collonges), el más prestigioso cocinero francés. Eso sí, no es barato: su mítico menú degustación Grande Tradition Classique VGE cuesta más de 200 euros por cabeza. Para quienes no quieran dejarse el sueldo del mes en su restaurante, el maestro ha abierto cinco brasseries en Lyon (le Nord, le Sud, l’Est, l’Oest y Argenson).

Si hay un candidato para destronar a Bocuse, ése es Nicolas Le Bec, y para comprobarlo tenemos tres opciones: su restaurante de la Rue Grolée, donde de lunes a viernes hay un menú degustación por unos 50 euros, el nuevo Rue Le Bec, un enorme espacio que recuerda a un mercado cubierto, o el Espace Le Bec en el aeropuerto.

Otro de los pesos pesados es el también lionés Pierre Orsi, cuyo restaurante Orsi, en la Place Cléber, tiene un aire muy romántico. Aquí la experiencia va más allá de la pura gastronomía, puesto que el propio chef entra en acción y muestra a los clientes la cava y explica la historia del local, sede de una antigua logia masónica.

Y por supuesto, no podemos irnos de Lyon sin entrar en alguno de sus bouchons, las encantadoras tabernas centenarias a las que los lioneses acuden a degustar los platos típicos de la región. En ellos se sigue la tradición de les méres (las madres), las auténticas creadoras de las recetas más sabrosas y valoradas. A las mesas, con manteles de cuadros rojos y blancos, llegan platos muy contundentes, casi siempre con el cerdo como ingrediente protagonista. El Café des Fèdèrations, La Mère Jean o Chez Mournier son sólo algunos de los más recomendables, y donde la cuenta no suele dispararse, incluyendo el vino de la zona, o sea, el Beaujolais y el Côtes du Rhône.

Para ir quemando las calorías acumuladas, hay un sinfín de cosas que hacer en Lyon: subir a la colina de Fourvière y visitar su basílica gótica, por ejemplo. O visitar la catedral, también gótica, de Saint Jean. Por la calle del mismo nombre llegaremos al Gran Traboule, el pasadizo secreto renacentista más bello de los muchos que hay en la ciudad. Por ellos transitaban quienes no querían ser vistos por las calles principales y, por supuesto, por los masones, que los utilizaban como atajos. Muy cerca se halla el Museo Gadagne, un soberbio palacio que acoge el Museo de Historia. Que aproveche.

DORMIR EN LYON

Hotel College. Además de estar muy céntrico tiene habitaciones de diseño en las que todo el mobiliario y las paredes son blancas. El lobby y el comedor recrean una escuela de los años 50, y el desayuno se sirve sobre los antiguos pupitres de madera.

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