10 Hoteles para fanáticos del Rock & Roll

Si en tu escapada por el mundo quieres visitar alguno de los lugares míticos en la historia del Rock & Roll, te presentamos una lista de los 10 hoteles con más historia.
1. Joshua Tree Inn (California)
La habitación nº 8 de este hotel situado en el desierto de Mojave, a pocos kilómetros del Parque Natural de Joshua Tree, es peregrinaje obligado para todos los fans de Gram Parsons y de la era dorada del country rock, Ahí murió el ex Byrds y el Flying Burrito Brothers el 8 de septiembre de 1973 tras una noche de tequila y morfina. Además, los incondicionales de U2 podrán visitar el lugar que da título a uno de sus discos más populares.
Cuentan que este hotel situado en la marina de Elliot Bay, en Seattle, se hizo muy popular entre las bandas de rock de los años 60 y 70 porque se puede pescar con caña desde los balcones de las habitaciones. El hotel dispone de una suite dedicada a Los Beatles.
Aquí cayeron rendidos los Rolling Stones ante los rituales sincréticos del Gnaw. Pero les parecía demasiado pulcro y pronto se desplazaron a Tánger, donde dieron rienda suelta al espíritu hooligan que desde entonces define a los turistas ingleses cada vez que cruzan el canal.
4. Roosevelt Hotel (Los Ángeles)
Marilyn Monroe residió aquí dos años y en su piscina fue fotografiada para su primer anuncio. Hoy cuentan que su fantasma recorre las habitaciones en las que Prince montó la mayor orgía jamás vista en California.
5. Samarkand (Londres)
El 8 de septiembre de 1970, Jimi Hendrix era hallado muerto en la habitación 507 de este confortable 3 estrellas londinense por Mónica Danneman, una alemana de 23 años que por entonces era su novia. Cuarenta años después, las causas de la muerte no están nada claras.
6. Chateau Marmont (Los Ángeles)
El 5 de marzo de 1982, tras tomarse una sopa de lentejas en el cercano Rainbow, John Belushi, actor y miembro de los Blues Brothers, falleció de sobredosis de speedball en uno de los bungalows de este hotel, donde se decía que J. F. Kennedy y Marilyn Monroe organizaban sus encuentros furtivos.
Arthur C. Clarke escribió aquí su famoso 2001, Una odisea en el espacio, y en otra de sus habitaciones Nancy Spungen fue apuñalada por su novio Sid Vicious, bajista de los Sex Pistols. Este es sin duda el más mítico hotel de la historia del rock. Entre sus muros Bob Dylan compuso alguna de sus canciones más memorables y en el ascensor del hotel se conocieron Janis Joplin y Leonard Cohen, quien le dedicó una canción.
Mick Jagger halló el remedio a la crisis de rockero prejubilado manteniendo un affaire con Angelina Jolie en este hotel. Siempre en la misma habitación, desde 1997 hasta 2003, según una reciente biografía de la actriz. El Mandarín además es conocido por contar con la mejor carta de tés del planeta.
Situado en un idílico barrio marítimo a cuatro kilómetros de Sydney, este hotel aún se llamaba Ritz Carlton en noviembre de 1997 cuando Michael Hutchence, cantante de INXS y entonces pareja de Paula Yates, ex esposa de Bob Geldof, fue hallado muerto en la habitación 254 de este establecimiento.
10. Park Plaza Riverbank (Londres)
En febrero de 2008 Amy WInehouse no se encontraba bien. En las dos semanas que pasó alojada en este lujoso hotel nunca permitió el acceso a su habitación al personal de limpieza. Cuando por fin pudieron entrar, encontraron muchas (y muy desagradables) cosas. Los destrozos producidos alcanzaron los 30.000 euros.
Escapada a las Azores (Portugal)

Cuando la gente que ha estado en las Azores tiene que describirlas, suelen recurrir a Parque Jurásico o Lost, para poder explicar cómo es el paisaje de estas privilegiadas islas. Aquí la naturaleza es protagonista y la fuerza del entorno es sencillamente impresionante.
Las Azores están en medio del océano Atlántico y eso define su carácter. El archipiélago se compone de nueve islas volcánicas (São Miguel, Santa María, São Jorge, Terceira, Pico, Faial, Graciosa, Flores y Corvo), cada una diferente pero todas con una atmósfera común, entre salvaje y melancólica.
La mayor de todas, y la más visitada también, es São Miguel, la cual tiene un lago (Sete Ciudades) en el que cabría Corvo, la isla más pequeña. Y no es que el lago sea inmenso, es que Corvo sólo tiene 17 kilómetros cuadrados.
Curiosamente, las Azores no son un típico destino de playa, puesto que las cosas más interesantes ocurren en el interior. Por tanto estas islas no son un destino de turistas, sino de viajeros, hogar de gente que ya ha visitado muchos lugares y necesita estímulos diferentes que sólo aquí pueden hallar.
Dicen los lugareños que en Azores hay ocho islas y un parque de atracciones: Terceira, la isla alegre, que podremos recorrer durante un par de días. Tiene 29 kilómetros de largo y 18 de ancho, cifras que es importante conocer porque nos ayudarán a planificar nuestra escapada y organizar nuestro tiempo. Su capital es Angra do Heroísmo que, si no supiéramos que estamos en territorio europeo, podría pasar por una ciudad colonial como Cartagena de Indias. Esta mezcla de culturas y su posición defensora mirando al mar ha dado a la ciudad el título de Patrimonio de la Humanidad.
Las mejores vistas de la ciudad se tienen desde la Fortaleza San Sebastián, en el Monte Brasil, y desde el Obelisco que preside el Jardín Duque de Terceira. Caminar por sus calles adoquinadas, comprar dulces como Donha Amelias, contar alguno de sus casi setenta imperios (altares que datan del siglo XVII i donde los terceirenses honran al Espíritu Santo) y dejarse llevar por el ritmo lento, casi caribeño, es una obligación.
Aunque Angra tiene más que suficiente para atrapar hay que obligarse a salir de ella para conocer el resto de Terceira. Podemos ir a las piscinas naturales de Biscoitos, en las que el mar se rodea de piedras negras formando un paisaje que parece salido de un sueño. Un dato práctico: pese a estar en medio del océano, el agua de Azores es templada.
También podemos ir a la Sierra de Coma para mirar los cercados, que ordenan las llanuras inmensas de un verde perfecto. El paisaje allí es inmpresionante. No podremos evitar que se nos pasen las horas mientras nos quedamos embobados mirando al infinito. En la zona, encontraremos tantas hortensias como vacas.
En la cueva de Algar do Carvão o en la caldeira Guilherme Moniz (el mayor cráter en una isla repleta de ellos) podremos recordar el origen volcánico del lugar. Y cómo no, podremos ir a comer pescado fresco a Praia da Vitória, el otro gran centro de la isla, o simplemente perdernos por aldeas como Agualva y visitar iglesias barrocas.
Consejo: La Quinta do Martelo, en Terceira, es un hotel, un restaurante, una tienda, un museo y un huerto, pero no como uno se lo imagina. Se trata de un proyecto etnográfico que busca recuperar las tradiciones y forma de vida local para el viajero de hoy. Allí se puede comer alcatra, uno de los más famosos platos locales, el mejor queso de São Jorge de todo Azores, una sopa elaborada con productos recogidos a diez metros, vivir en una casa de piedra o arrancar plantas aromáticas con las manos para preparar la cena. Eso sí con una pisicina fabulosa y conexión a internet.
Si Terceira es alegre y pagana, São Miguel es melancólica y religiosa. Aterrizamos en Ponta Delgada, la metrópoli. Esta ciudad es el centro político, económico y social de la isla. Si alguna vez hemos aplicado el adjetivo verde a un paisaje ahora tendremos que retractarnos: São Miguel contiene todos los tonos del verde, repetidos entre los bordes de los lagos, cráteres, jardines silvestres… Hasta el más urbanita quedaría deslumbrado ante tal despliegue de encantos naturales.
La extensión de São Miguel (65 kilómetros de largo por 16 de ancho) exige varios días, o varios semanas si tenemos la suerte de disponer de ellas. Podemos empezar a recorrerla desde Furnas, a media hora de la capital. Allí está el famoso lago de Furnas, rodeado de fumarolas que nos recuerdan que estamos sobre volcanes. No dejes de bañarte en una piscina de agua férrica, como hacen los lugareños.
Toda la zona tiene un aire místico y extraño imposible de explicar. El otro punto de interés de la isla es el lago de Sete Ciudades, formado por dos lagos unidos por un camino, uno de ellos de color turquesa y el otro verde. Esta es la foto emblemática de la isla, y es que es fascinante la sensación de estar en un lugar casi prehistórico. En la aldea que lo rodea no hay ni un hotel. Pero tan impresionante como este lago doble son todos los que salpican la isla, como el de Santiago, el de Fogo (el único que permite el baño) o la Caldeira Velha, con unos helechos gigantes imposibles de ver en Europa. También se puede visitar la única plantación de té (Cha Gorreana), del continente y cultivos de piña, la dulce y ubicua fruta nacional.
Si has llegado hasta azores lo ideal es recorrer la mayoría de las islas posibles. Terceira y São Miguel son las mayores, pero en también nos asombraremos en Pico (donde está la montaña más alta de Portugal: 2.351 metros) o Santa María, en cuyas playas se relajan los azorianos, o en Corvo, dónde sólo viven 400 habitantes. De todo esto pueden hablar todos los que recalan en el Peter’s Bar de Horta, en la isla de Faial, uno de los bares míticos del planeta, parada de navegantes donde se rumorea que preparan el mejor gin tonic del mundo.
Un consejo: El Terra Nostra Garden Hotel, en São Miguel, es uno de esos hoteles que esconden un tesoro. Allí se encuentra uno de los grandes jardines botánicos de Europa. Creado en el siglo XVII por el entonces cónsul estadounidense Thomas Hickling, es un vergel apabuillante de doce hectáreas que desafía cualquier prejuicio. El jardín es una selva perfectamente cuidada, un derroche brutal de camelias, plantas nativas, ornamentales y nenúfares. También tiene una enorme y decadente piscina de aguas férricas y un estanque termal que añade misterio al lugar.
¿Dónde comer en las Azores?
La gastronomía azoriana es sabrosa y sana. Los protagonistas son la carne de vacuno, el pescado fresco, el marisco y las verduras. En el centro de Terceira se puede alternar la cocina tradicional del hotel Beira Mar (Largo Miguel Corte Real, 1-5, Angra do Heroísmo) con la contemporánea. En el restaurante Ambientes con sabores se revisan los platos típicos con imaginación y sin florituras. En Ponta Delgada está el Cais 20 (2ª Rua do Terreiro, 41), donde hasta las 5 de la mañana se sirven lapas grilhadas, sopa de peixe y vieiras gratinadas. De ambiente diferente, frecuentado por los europeos que viajan a São Miguel está el Bar Colegio 27. Y para comer buena carne deberemos acudir a Alcides (Ruan Hintze Ribeiro, 61-77), que desde 1956 es famoso por su bife.
¿Hoteles en las Azores?
En las islas no hay resorts ni cadenas hoteleras. Existe una buena red de turismo rural o turismo de habitación, quintas con encanto y hoteles. Tanto en Angra y alrededores como en Terceira hay muy buenas opciones, como el Hotel do Caracol, que ofrece diseño contemporáneo y unos dúplex más que cómodos. La Quinta das Merçes es una mansión con bosque y capilla privados. En Ponta Delgada encontramos el Hotel do Colegio, una hermosa casona en el centro histórico. En la zona moderna está el Hotel The Lince, muy cómodo y con un spa de lo más apetecible. Otra propuesta atractiva es la de Furnas Lake Village, un conjunto de cabañas de madera frente al lago.
¿Cómo llegar a las Azores?
Tap vuela de Madrid a Azores vía Lisboa. Todas las islas tienen aeropuerto pero los más importantes son los de Ponta Delgada y Terceira. La duración del vuelo Lisboa-Ponta Delgada es de aproximadamente dos horas y media. Para moverse entre las islas la mejor opción es el avión: Air Açores es la compañía local. Después, ya sobre el terreno, conviene alquilar un coche.
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Escapada a la Costa Brava

La Costa Brava es una de las regiones preferidas por los españoles para una escapada, pues combina playas que quitan el hipo con un turismo de interior con un encanto difícil de hallar en otro lugar. Y si a eso sumamos una gastronomía selecta, no es de extrañar que esta zona tenga una de las mejores calidades de vida del mundo.
Una de las mejores formas de descubrir la Costa Brava es recorriendo los caminos de ronda, es decir, 215 kilómetros de senderos que rodean el litoral, tomando el tiempo necesario para aventurarnos entre bosques de pinos e ir descubriendo los hermosos pueblos desperdigados por la zona.
Cadaqués puede ser un magnífico punto de partida. Situado en el Parque Natural del Cap de Creus, todo el pueblo es un constante homenaje a Salvador Dalí y a Gala, su musa, que pasan por ser sus dos paisanos más ilustres.
Sin embargo, la Casa Museo de Dalí está en Port Lligat, a cuatro kilómetros de Cadaqués. Es una visita obligada en nuestra escapada a la Costa Brava. El edificio original era una casa de pescadores. Una visita guiada al museo nos dará una idea de la personalidad de este genio: osos disecados, sillones en forma de labios, un muñeco Michelín… Este lugar rezuma historia, sobre todo la parte de la piscina, donde se celebraron grandes fiestas a las que asistieron los amigos del pintor: Lorca, Buñuel, Chagall, Truman Capote o Coco Chanel.
Si seguimos el camino de la costa, llegaremos a Pals, un precioso pueblo ampurdanés ubicado en lo alto de una colina con unas vistas especulares con el mar de fondo. Rodeado de marismas y arrozales, fue reconstruido tras la Guerra Civil y hoy en día está declarado Conjunto Histórico Artístico.
Muy cerca de allí hay un pequeño pueblo encantador: Peratallada. Todo en este lugar medieval destila encanto: las calles, los hostales, los restaurantes. Es el lugar perfecto para una escapada romántica. Si quieres sorprender a tu pareja con un regalo original, éste es el lugar perfecto.
En la Bahía de San Feliu, rodeada por el Parque de las Gavarres y el macizo montañoso de la Ardenya, a tan sólo una hora de Barcelona, se encuentra Sant Feliu de Guixols, un antiguo publo marinero que se ha convertido en uno de los destinos más selectos para la clase pudiente catalana. La Rambla Vidal es la calle más animada y donde además encontraremos edificios modernistas de gran belleza, como la casa Vilaret o el Nuevo Casino, de 1888, aunque sin duda el monumento más importante de la ciudad es el Monasterio Benedictino, que ahora albega el Museo de Historia de la Ciudad. Está previsto que en breve se convierta en el Centro de Arte de la Pintura Catalana Thyssen-Bornemisza y acoja la colección privada de la baronesa.
A tiro de piedra de Sant Feliu se encuentra S’Agaró, una selecta localidad diseñada para el lujo por el arquitecto Joseph Ensesa Gubert a principios del siglo XX. Sus mansiones, rodeadas de pinares, son impresionantes.
Bordeando la costa, por una bellísima carretera repleta de curvas se llega a Tossa de Mar, un pueblo marinero cuyos orígenes se remontan a la Edad Media. Conserva un recinto amurallado que servía de defensa para los ataques piratas. La ciudad fue expandiéndose fuera de las murallas, hacia la playa, en cuyo paseo marítimo volvemos a encontrar preciosos edificios representantes del modernismo. Estas construcciones son herencia de los indianos, lugareños pobres que emigraron a América en busca de fortuna.
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