Escapada a la Costa de Istria (Croacia)

Istria, la península más grande del Adriático, pertenece políticamente a Croacia pero conserva la esencia y el sabor de los años de dominio italiano. La prueba es que gran parte de la población se expresa en este idioma y la bandera italiana ondea junto a la croata en multitud de pueblos. De ahí que esta zona sea conocida como la Toscana croata.
Istria es la escapa perfecta para el viajero tranquilo, que guste de perderse por carreteras solitarias descubriendo pueblos de adoquines y piedra, tiendas artesanas, resaurantes con encanto, playas solitarias… no es de extrañar, por tanto, que personajes de la talla de James Joyce o Julio Verne sucumbieran al encanto de esta península.
El plan perfecto en Istria es alquilar un coche y tirar millas a lo largo de la costa, disfrutando de las vistas y descubriendo pueblos encantadores. Pero si queremos ir a tiro fijo hay una visita obligada: Rovinj, uno de los pueblos más hermosos de la zona. Se trata de una pequeña localidad que presume de ser uno de los últimos puertos pesqueros del Mediterráneo. En Rovinj (Rovigno en italiano) la vida gira en torno al mar y a la catedral de Santa Eufemia, que domina en lo alto. Desde su altísimo campanario (inspirado en el de San Marcos de Venecia) se ve siempre el impecable Mediterráneo. A sus pies serpentean callejuelas empinadas donde el intenso olor a salitre convive con preciosas tiendas, restaurantes de una sencillez encantadora, hoteles con terrazas asomadas al Adriático y que no tienen nada que envidiar a la cercana Venecia.
Si queremos relajarnos y disfrutar de unas vistas preciosas, podemos acudir a Punta Corrente, una cala situada dentro de un parque forestal, con unas aguas tranquilas ideales para refrescarnos,
Para disfrutar de las mejores vistas de Rovinj debemos acercarnos hasta el Blu, un maravilloso restaurante situado justo a la orilla del mar. Allí disfrutaremos del mar azul zafiro. Y lo mejor de todo es que el Blu no es un establecimiento carísimo y exclusivo, sino un lugar coqueto y sencillo, con una gama de blancos que combinan perfectamente con el azul del mar. Y su cocina es excelente. No podemos dejar de probar las ostras templadas y la pasta con espárragos de Istria.
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Escapada a El Hierro (Islas Canarias)

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De todas las islas del archipiélago canario, El Hierro es la más misteriosa y la que más leyendas esconde. Es la más joven de las Islas Canarias, por lo que sus costas son rocosas y abruptas, con unos paisajes violentos e impresionantes. La isla esconde entre sus paisajes volcánicos el punto más septentrional de Europa y ha sido declarada Reserva de la Biosfera. Ahí es nada.
Alejada de los circuitos turísticos y rodeada de piscinas naturales, en la isla se disfruta de una paz difícilmente igualable en otro lugar del planeta. En apenas hora y media de recorrido, de Valverde al Mirador de la Peña pasando por el Faro de Orchilla y La Restinga, podrás disfrutar de áridos espacios volcánicos, de fértiles tierras de viñedos, de pinares donde esconderse y de una vegetación tropical. Estas características convierten la visita a la isla en una escapada perfecta para quienes busquen un turismo rural, tranquilo o salpicado de deportes de aventura, pero siempre alejado de tópicos.
Es impresionante el Valle del Golfo, un anfiteatro natural que ocupa todo el norte de la isla. En este valle exuberante crecen piñas, aguacates, papayas y mangos, y reposa el pueblo de Mocanal, una curiosidad arquitectónica, con sus casas de muros de piedra seca y tejados de colmo (paja de trigo y centeno) frente a la piscina natural del Pozo de las Calcosas. Tampoco tienen desperdicio las piscins de Charco Manso, donde podremos nadar tranquilamene mientras a unos metros ruge el mar abierto. Todo el anfiteatro del Valle del Golfo puede contemplarse desde dos miradores privilegiados: al oeste, el de Bastos; y al este, el anteriormente mencionado Mirador de la Peña, diseñado por artista de Lanzarote César Manrique. Desde allí podemos divisar también los solitarios Roques de Salmor.
Mención aparte merece el submarinismo en la isla, un auténtico paraíso para los amantes de esta actividad. El Hierro está bañada por aguas cristalinas donde los aficionados al submarinismo peregrinan desde distintos lugares del planeta con el objetivo de fotografiar uno de los mejores fondos marinos del mundo.
En el oeste, la Playa del Verodal, resulta un rincón fantástico. Pese a que es peligrosa para el baño por la fuerza del mar, allí podemos disfrutar de un atardecer inolvidable, con los colores de la isla desplegados ante nuestros ojos: lava negra, arena blanca, vegetación esmeralda, y rocas amarillas, rojas, naranjas, rosas… Si viajamos hacia el suroeste llegaremos al famoso Faro de Orchilla, considerado el fin del mundo antiguo hasta el descubrimiento de América.
En El Hierro las distancias no son largas, pero su complicada orografía exige varios días para disfrutar la isla. Excursiones y planes hay de sobra. ¿Visitas obligadas en nuestra escapada a El Hierro? Pues el centro de recuperación de saurios de Canarias, por ejemplo. O el campanario de La Frontera, desde donde descubriremos su espectacular golfo.
Si tenemos ocasión de conversar con algún lugareño, podemos pedirle que nos explique las historias sobre la procesión que recorre la isla en honor a la virgen de Los Reyes. También podemos pedirle que nos cuente las leyendas relativas al Garoé (árbol sagrado de los Bimbaches, antiguos habitantes de El Hierro) y cómo en él se forma la famosa lluvia horizontal.
Para alojarnos en El Hierro disponemos de una opción única: el hotel más pequeño del mundo. El Hotel Punta Grande, según el libro Guinness, es el más reducido del planeta, sólo 600 metros cuadrados de superficie edificada y nueve metros de altura con cuatro habitaciones dobles, sencillas e íntimas para disfrutar de una isla tan peculiar. Se encuentra pegado al mar y rodeado de un paisaje volcánico impactante, frente a los Roques de Salmor, lugar donde moraban lagartos prehistóricos. Lo malo de querer dormir en el hotel más pequeño del mundo es que quizás esté todo reservado en las fechas de nuestra escapada.
La mejor opción para movernos por El Hierro es alquilar un coche en el aeropuerto. Con un buen mapa es imposible perderse. Eso sí, hay curvas y cuestas por doquier. Aquí puedes reservar tu coche con Auto Europe al mejor precio.
¿Dónde comer bien en El Hierro? Es indispensable visitar el pueblo de La Restinga y darse un homenaje a base del espectacular pescado fresco de la isla en uno de sus muchos y apetecibles restaurantes. Uno de ellos es La Vieja Pandorga, sin duda uno de los mejores restaurantes marineros de la isla. Al estar en un pueblo de pescadores, la calidad de la materia prima está fuerda de toda duda. Allí podremos probar gran variedad de pescados, mariscos y arroces. La lapa es su tapa estrella.
Otro lugar donde reponer fuerza puede ser el Restaurante Mirador de la Peña (Guarazcoa-Valverde), y así matamos dos pájaros de un tiro, pues este lugar es de visita obligada aunque no comamos en él. Con unas vistas alucinantes del Valle del Golfo, éste local integrado en el paisaje nos ofrece especialidades herreñas como el gofio dulce con queso y sus mojos, el solomillo de peto albardado con salmón ahumado o diversas carnes, como la de cabrito a conejo.
Por último, un consejo: de noche hay que mirar al cielo. Las noches en esta isla suelen ser claras y despejadas, a salvo de contaminación lumínica, por lo que es posible disfrutar de uno de los cielos más limpios del mundo. Sólo esto debería ser atractivo suficiente para una escapada romántica a El Hierro.
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Escapada a Madeira (Portugal)

Madeira es el destino perfecto para aquellos que busquen un lugar con historia y cultura únicas, con una naturaleza desbordante, una gastronomía que sorprende y una gente encantadora.
En Funchal, la capital de la isla, vive más de la mitad de su población, estimada en 300.000 habitantes. Es una ciudad alegre que rezuma recuerdos de los tiempos en que fue colonia portuguesa y también de la época en la que los ingleses aterrizaron para hacerse con las riendas del suculento negocio del vino. Las calles empedradas y las casa de fachadas blancas y tejados rojos son las principales señas de identidad de su animado casco histórico, donde se concentran un buen número de museos y cafés.
El Museo The Old Blandy Wine Lodge muestra los pormenores del proceso de elaboración de los prestigiosos vinos locales, pero también hay otro dedicado al azúcar, otro a los bordados tradicionales o el famoso Madeira Story Centre Museum, para conocer la historia de la isla. Y si nos interesa el arte contemporáneo portugués deberemos dirigirnos al Museu de Arte Contemporânea en el Forte São Tiago, la solemne fortaleza situada encima del mar que esconde, además, uno de los restaurantes más recomendables del lugar. A sólo unos metros, en la Rua de Santa María y en las calles aledañas, el Arsenio’s o el Marcelino Pão e Vinho son dos locales en los que rematar la velada tomando una copa con un fado de fondo.
Del mercado a la montaña. La primera hora de la mañana, cuando los puestos están recién montados y repletos de mercancías, es sin duda el mejor momento para acercarse al Mercado de las Flores. En la planta baja, señoras ataviadas con el traje típico de la isla venden sus frutas, verduras y, por supuesto, flores multicolores. En el piso de arriba, son los hombres los que despachan pescados y mariscos frescos.
Después el teleférico que lleva al pintoresco barrio de Monte, donde se encuentra el cautivador Jardín Tropical Monte Palace, con más de 7 kilómetros de cuidados jardines salpicados por estanques, fuentes y esculturas asiáticas. No son pocos los que hacen el trayecto de vuelta al centro a toda velocidad subidos en uno de los tradicionales cestos de los carreiros, una tradición reconvertida en la atracción turística más reconocida de Madeira.
Pero, para huír de los tópicos, resulta mucho más conveniente calzarse unas zapatillas de trekking y coger ropa de abrigo (en Madeira existe aquello de cuatro estaciones en el mismo día, debido a su singular orografía) y lanzarse a recorrer la isla de punta a punta. La distancia máxima de norte a sur es de 57 kilómetros, y de este a oeste algo más de 22.
Si vamos hacia el norte sería un delito no detenernos en alguno de los miradores, como el del Pico dos Barcelos (355 metros), Eira do Serrado (1.095 metros) o el de Pico Ruivo, el más alto de todos, a 1.862 metros. Después, en la abrupta costa norte, desde Santana, con tejados de paja que aún se conservan, hasta Porto Moniz, todo el camino es una sucesión de bellísimas estampas del océano rompiendo contra las rocas entre agradables puestos de pescadores, como São Vicente o Seixal.
Por su parte, la costa sur concentra la mayor parte de los hoteles, además de pueblos obligatorios como Caleta, Ponta do Sol, Ribeira Brava o Câmara de Lobos, el lugar al que Winston Churchill iba para pintar sus marinas y famoso por sus bares donde pedir la Poncha à Pescador, un delicioso cóctel de aguardiente de caña de azúcar o ron blanco, miel y zumo de naranja o limón.
Los más futboleros deben saber que Madeira es el lugar donde nació Cristiano Ronaldo, que además presta su imagen para promocionar la isla.
¿Dónde comer en Madeira?
Esta isla portuguesa es famosa por la calidad de sus pescados y mariscos. En cualquier sitio es posible comer de lujo sin que el bolsillo se resienta. En todos los pueblos, y más todavía en Funchal, hay restaurantes en los que se preparan sobrosos pescados y mariscos a la brasa o fritos, y pulpos al horno con patatas. Con frecuencia, el el pez espada negro (una rara especie que vive a más de 2.000 metros de profundidad) se ofrece entre los pescados del día. Nunca falta en las cartas la açorda portuguesa en versión local: una sopa de pan a la que aquí se le incorporan gambas; o la sopa de Madeira, que lleva tomate, cebolla y huevo; ni tampoco la espetada, la típica brocheta de trozos de carne de ternera trinchados en ramas de laurel.
Hay dos restaurantes que no debemos dejar de visitar:
Vila do Peixe. Es el lugar que recomiendan los lugareños para probar los mejores pescados a la brasa de la isla, con unas vistas increíbles. Está a la entrada del pueblo de Câmara de Lobos, a algo más de 20 kilómetros al oeste de Funchal.
Chega de Saudade (Rua dos Aranhas, 20). Una excelente dirección a la que acudir para probar platos cargados de imaginación a base de ingredientes locales, donde la decoración minimalista merece mención aparte.
¿Dónde dormir en Madeira?
Choupana Hills. Perdido en una montaña, pero sin embargo muy próximo a Funchal, las habitaciones y suites de este hotel de diseñó son en realidad preciosas e independientes cabañas de estilo balinés, y como no podía ser de otra forma cuenta con un magnífico Spa.
Quinta do Furao. En lo alto de un impresionante acantilado y a las afueras del pueblecito de Santana, es un alojamiento de gestión familiar ubicado en una gigantesca finca que cuenta con varias hectáreas de viñedos. En total dispone de 39 habitaciones y 4 suites, todas ellas muy espaciosas y acogedoras. Lo mejor: sus desayunos en su espectacular terraza sobre mar.
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