Escapada a Malta
Cuando pensamos en Malta vienen a nuestra cabeza dos palabras: mar y azul. Y es cierto, así es esta pequeña isla del Mediterráneo, pero hay mucho más que eso. Podemos encontrar viajeros en Malta que han ido por motivos tan diversos como aprender inglés, hacer parasailing o buscar información sobre la famosa Orden de Malta. También hay quien llega allí atraído por su gastronomía a medio caballo entre la cocina griega e italiana.
Y eso ya suena bastante más interesante que el típico destino de tumbona y hamaca.
Nuestra escapada a Malta debería empezar en La Valetta, la capital del país. Y una vez allí deberíamos acercarnos hasta los Upper Barrakka Gardens y sus vistas sobre la Gran Bahía natural que forma el contorno de la ciudad. Otro punto que es visita obligada es el Albergue de Castilla, un lugar con historia: fue sede de los Caballeros de la Orden de San Juan, cuartel general de los británicos durante la Segunda Guerra Mundial y residencia del primer ministro maltés en la actualidad. Y de ahí nos lanzaremos hacia la principal arteria de la ciudad: la calle República, el lugar donde se pulsa la actividad del día a día de los lugareños. No debe faltar en nuestro itinerario una visita a la Catedral de St. John (en cuyo interior hay dos pinturas de Caravaggio), a la Biblioteca Nacional, al Palacio del Gran Maestre o al palacete Casa Rocca Piccola.
Una vez recorrida La Valetta es obligatoria una escapada a las denominadas Tres Ciudades: Vittoriosa, Seglea y Cospicua. Situadas en dos penínsulas casi a tiro de piedra de los muelles de la capital, estas ciudades medievales fue el primer lugar de asentamiento de los Caballeros de la Orden de Malta.
Mucha gente no sabe que en realidad Malta es un archipiélago de tres islas: la de mayor tamaño da nombre al país, mientras que Gozo es una isla rural que vive de la pesca y la artesanía y Comino es un lugar prácticamente deshabitado. Si queremos conocer el país en profundidad podemos acercanos a ellas. En Gozo encontraremos naturaleza y relax, es el lugar perfecto para el buceo. No podemos perdernos la Roca Hongo y la Ventana Azul: un arco de piedra desgastada por el oleaje a través del cual veremos el azul predominante del archipiélago. Una foto perfecta.
Comino es otro mundo. Sólo hay un hotel en la isla (le han puesto el original nombre de Hotel Comino) y abre de abril a octubre. En esta isla nos hallaremos a salvo del stress, perdiéndonos en sus diminutas y encantadoras playas.
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Comer en Malta: como en toda isla que se precie, Malta tiene muy buen pescado fresco. Además su gastronomía hace honor a la ubicación del país, en el Mediterráneo a medio camino entre África e Italia. El plato nacional es el Stuffat Tal-Fenek (estafado de conejo). Algunos de los sitios preferidos por los malteses para comer son el Two Twentytwo (cocina vanguardista), donde se reúne la gente guapa de la ciudad para comer; el Rubino’s Restaurant (cocina tradicional), restaurante centenario donde probar estofados y albóndigas maltesas; el Two and a half lemon, en Vittoriosa, con vistas a la Gran Bahía, donde se puede tomar un tournedó a la parrilla o un cocktai si se nos ha hecho tarde; el Blue Creek Restaurant, restaurante familiar que se ha hecho un hueco entre las visitas gastronómicas obligadas en el país gracias a sus mariscos y pescados a la parrilla.
Para dormir en Malta recomendamos tres hoteles:
Hotel Juliani. Un hotel boutique cuyo diseño recuerda a los de la Costa Azul francesa. Frente a la bahía.
Hotel Phoenicia. Majestuoso hotel de los años 30, ejemplo de art-decó y el perfecto punto de partida para recorrer el centro de la ciudad.
Tha Xara Palace. Situado en la ciudad medieval de Mdina, palacete del siglo XVII con unos deliciosos patios interiores por los que perderse.
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