Escapada a Lyon

22 de Marzo de 2010 Comments Off Posted in Gastronómicas

Lyon

Lyon es una de esas ciudades llenas de historia, con sus ruinas romanas, el suelo empedrado de sus callejuelas medievales, las fachadas de sus palacios renacentistas, los recovecos de sus traboules o pasadizos secretos…

El punto de partida para descubrir la Lyon gastronómica es el mercado de Les Halles. En sus puestos se exponen las materias primas más selectas, y desde aquí se sirve a los mejores restaurantes de la zona, por lo que no es raro encontrarse por allí con genios como Paul Bocuse.

Podríamos empezar con un almuerzo en el mercado (56 puestos donde se venden todo tipo de delicias nacionales y locales). Mère Richard es una casa especializada en quesos de gran renombre, cuya estrella es el Saint-Marcellin. En Sibilia, la charcutería más famosa, están a la venta las típicas andouilettes (longanizas) y saucissons (salchichones) lioneses, mientras que en Rolle encontraremos el mejor foie gras, así como deliciosos ahumados y caviar. No podían falta en Lyon las quenelles, una especie de croquetas alargadas que pueden ser de pescado, de carne o dulces. Son espectaculares las de Giraudet. En Maison Rousseau encontraremos el mejor pescado y a un montón de clientes tomando sus ostras. Los más golosos encontrarán su templo en Sève, con una impresionante colección de bombones, chocolates y macarons.

Uno de los grandes atractivos de este mercado es degustar los productos que a menudo son ofrecidos por los comerciantes para que los probemos.

Salieno del mercado en dirección al centro, basta echar un vistazo a las tiendas de delicatessen o las típicas boulangeries francesas en las que venden pan, pasteles y hasta comida preparada.

Seguiremos hasta el casco viejo, donde nos será difícil resistir la tentación de probar un crêpe en alguno de los múltiples negocios donde los elaboran. A diez minutos de allí está la Chocalaterie Bernachon, que elabora sus bombones de manera artesanal en la fábrica que hay en su trastienda. Los mejores de Lyon.

Pero si de algo puede presumir Lyon es de estrellas Michelín. En esta ciudad se concentra el mayor número de restaurantes destacados por la prestigiosa guía. Quizás el más famoso de todos sea el de Paul Bocuse (a unos diez kilómetros de la ciudad, en L’Auberge du Pont de Collonges), el más prestigioso cocinero francés. Eso sí, no es barato: su mítico menú degustación Grande Tradition Classique VGE cuesta más de 200 euros por cabeza. Para quienes no quieran dejarse el sueldo del mes en su restaurante, el maestro ha abierto cinco brasseries en Lyon (le Nord, le Sud, l’Est, l’Oest y Argenson).

Si hay un candidato para destronar a Bocuse, ése es Nicolas Le Bec, y para comprobarlo tenemos tres opciones: su restaurante de la Rue Grolée, donde de lunes a viernes hay un menú degustación por unos 50 euros, el nuevo Rue Le Bec, un enorme espacio que recuerda a un mercado cubierto, o el Espace Le Bec en el aeropuerto.

Otro de los pesos pesados es el también lionés Pierre Orsi, cuyo restaurante Orsi, en la Place Cléber, tiene un aire muy romántico. Aquí la experiencia va más allá de la pura gastronomía, puesto que el propio chef entra en acción y muestra a los clientes la cava y explica la historia del local, sede de una antigua logia masónica.

Y por supuesto, no podemos irnos de Lyon sin entrar en alguno de sus bouchons, las encantadoras tabernas centenarias a las que los lioneses acuden a degustar los platos típicos de la región. En ellos se sigue la tradición de les méres (las madres), las auténticas creadoras de las recetas más sabrosas y valoradas. A las mesas, con manteles de cuadros rojos y blancos, llegan platos muy contundentes, casi siempre con el cerdo como ingrediente protagonista. El Café des Fèdèrations, La Mère Jean o Chez Mournier son sólo algunos de los más recomendables, y donde la cuenta no suele dispararse, incluyendo el vino de la zona, o sea, el Beaujolais y el Côtes du Rhône.

Para ir quemando las calorías acumuladas, hay un sinfín de cosas que hacer en Lyon: subir a la colina de Fourvière y visitar su basílica gótica, por ejemplo. O visitar la catedral, también gótica, de Saint Jean. Por la calle del mismo nombre llegaremos al Gran Traboule, el pasadizo secreto renacentista más bello de los muchos que hay en la ciudad. Por ellos transitaban quienes no querían ser vistos por las calles principales y, por supuesto, por los masones, que los utilizaban como atajos. Muy cerca se halla el Museo Gadagne, un soberbio palacio que acoge el Museo de Historia. Que aproveche.

DORMIR EN LYON

Hotel College. Además de estar muy céntrico tiene habitaciones de diseño en las que todo el mobiliario y las paredes son blancas. El lobby y el comedor recrean una escuela de los años 50, y el desayuno se sirve sobre los antiguos pupitres de madera.

Reservar en el Hotel College

RESERVA AQUÍ TU VUELO A LYON

Escapada gastronómica a Menorca

19 de Febrero de 2010 Comments Off Posted in Gastronómicas

Menorca

Menorca es famosa por sus playas pero mucha gente abandona la isla sin haber llegado a conocer el interior rural de la isla, cuyo aspecto apenas ha cambiado en los últimos siglos. Si hacemos la ruta de Maó (Mahón) a Ferreries (por la carretera ME-1) atravesaremos un terrirorio dedicado a la agricultura y la ganadería, campos limitados por muros de piedra donde las pacen a sus anchas. Por eso no es de extrañar la legendaria tradición quesera de Menorca, una actividad que se acentuó durante el dominio inglés, entre 1712 y 1802, gracias al potenciamiento de las industrias artesanas para abastecer a las tropas. Así, el queso mahonés se convirtió en la principal mercancía exportada a los países del Mediterráneo.

Los ingleses también dejaron un legado en forma de bebida alcohólica: el gin, un destilado de alcohol con bayas de enebro y hierbas aromáticas. En nuestra escapada gastronómica a Menorca, las Destilerías Xoriguer son un punto de visita obligado pues allí podremos presenciar el proceso de elaboración del gin.

Otro lugar de interés para los gastrónomos es Alaior, a 12 kilómetros de Mahón. Esta población de cales y casas encaladas es famosa por sus queserías; además es gran productor de queso, embutidos y licores. En el pueblo hay dos iglesias del siglo XVII, una de fachada barroca y la otra plateresca, a las que merece la pena acercarse.

En el municipio se halla la finca Coinga Marqués, donde nos revelarán el proceso de fabricación del queso más famoso de la isla: leche de vaca untada antes de madurar con pimentón, aceite o finas hierbas, que posteriormente se cubre con un lienzo de algodón y que se ata con un cordel. Básicamente así se elabora el queso mahonés, cuyas variedades son tierno, curado y añejo. Las piezas de queso deben tener forma rectangular con los bordes redondeados para convertirse en un verdadero producto típico. Actualmente cuenta con su propia Denominación de Origen: Maò-Menorca.

Seguiremos nuestra ruta hasta llegar a Es Mercadal, a los pies del Monte Toro, la mayor elevación de la isla y uno de los lugares desde donde hay mejores vistas. En el municipio se encuentra la finca quesera Subaida, que puede visitarse. Y después seguiremos hasta Ferreries, donde la finca Hort Sant Patrici alberga el Museo Etnológico del Queso de Menorca, donde encontraremos las antiguas herramientas con las que se elaboraba el producto. Los sábados, en el pueblo se celebra un mercado de productos artesanales donde además del queso se venden embutidos, dulces y tarros de miel y confitura.

Hasta ahora hemos visto la teoría: pasemos a la práctica. En Menorca, a pesar de las reducidas dimensiones de la isla, hay excelentes restaurantes. Ca N’Aguedet en Es Mercadal, posiblemente el mejor restaurante de la isla, cocina tradicional y vino de elaboración propia; Villa Madrid en Sant Lluís, situado en una casa del siglo XIX, a medio camino entre la cocina tradicional y la creativa; Café Balear en Ciutadella, platos tradicionales menorquines (destacan sobremanera sus arroces); Cas Ferrer de sa Font en Ciutadella, cocina tradicional y clásica; Es Molí de Foc en Sant Climent, cocina tradicional excelente: su especialidad es el plato Mar y Montaña; Es Fosquet en Moll de Llevant, modesto restaurante-bar famoso trabajar con un maravilloso pescado fresco.

En todos estos locales podremos probar la auténtica cocina menorquina, dieta mediterránea en estado puro.

Para que nuestra escapada sea perfecta, sólo deberemos añadir a nuestro viaje un hotel con encanto, como el Hotel Alcaufar Vell, edificio del siglo XIV rodeado de hermosas playas, que cuenta con una antigua torre vigía y más de 100 hectáreas para pasear.

CONSULTA AQUÍ TUS OFERTAS PARA VIAJAR A MENORCA


Tags:

Comer chocolate en Bélgica

6 de Febrero de 2010 Comments Off Posted in Gastronómicas

Chocolate en Bélgica

Lo primero que hay que hacer es aclarar los conceptos: los pralinés belgas son lo que en España conocemos como bombones, y encima son de origen francés (su inventor fue el cocinero personal del Duque de Plesslis-Pralin).

La combinación entre almendra, avellana y azucar quemada podría haberse quedado en el camino como otra golosina más, pero ahí es donde los belgas entran en acción: en Bélgica sabían mucho de chocolate (que llegaba de sus colonias africanas) y contaban con una técnica muy depurada para trabajarlo. Cambiaron la cobertura de azúcar francesa por la de chocolate y de ahí salió el concepto de praliné o bombón.

Este producto le debe mucho a la familia Neuhaus, que desde 1852 innovan tanto en la creación como en la conservación del chocolate. Por lo tanto uno de los lugares que debemos visitar en nuestra visita a Bélgica es el taller-laboratorio de Neuhaus en las Galerías Reales Saint-Hubert de Bruselas.

Los amantes del chocolate tienen en Bélgica uno de sus paraísos gastronómicos. En el país existe una generación de maestros clásicos chocolateros que han hecho de este producto casi una obra de arte, llevándolo hasta puntos insospechados, al nivel de la alta gastronomía. Además del maestro Neuhaus hay casas míticas como Godiva, Wittamer, Côte d’Or o Leonidas, muchas de las cuales tienen sus chocolaterías en la plaza de Sablon, en Bruselas. Podremos estar entrando y saliendo de estos establecimientos durante horas y al final no sabremos si hemos dejado atrás una joyería o una tienda de chocolates.

Si queremos alargar nuestra escapada podemos acercarnos hasta Brujas, una de las ciudades más bellas de Europa y templo del buen chocolate. Allí, además de encontrar tiendas como las de Pierre Marcolini (que pasa por elaborar el mejor chocolate del mundo) o la de Dominique Persoone (uno de los rebeldes del sector), y podremos visitar fábricas y hasta un museo del chocolate: Choco-Story.

AQUÍ PUEDES CONSULTAR VUELOS Y HOTELES PARA TU ESCAPADA A BÉLGICA