Escapada a Formentera

Formentera es uno de los paraísos más afamados de España, pero en julio (y sobre todo en agosto) muchos son los viajeros que eligen esta isla como destino. Teniéndolo en cuenta, cualquier otro mes es estupendo para una escapada a Formentera. No obstante, es tanta su riqueza natural y salvaje que son numerosos y extensos los espacios para disfrutar sin ser molestado. Los mejores meses para disfrutar de Formentera son mayo, junio y septiembre.
Desde playas vírgenes de arena blanca con kilómetros de costa, zonas de dunas, bosques, salinas y rutas perfectamente señalizadas, ideales para los aficionados al senderismo o a montar en bicicleta, además de un mar de aguas tranquilas y cristalinas, privilegiadas para navegar y un vergel sorpredente para los submarinistas.
Illetas es una de sus playas, considerada el retiro perfecto para quien busca el silencio. A lo que añade unos fondos marinos incomparables gracias a su pradera de posidonia oceánica, que además de ser la artífice de la transparencia de sus aguas (una especie de depuradora natural), compone un paisaje subacuático extraordinario para los aficionados al buceo. La particularidad de estas praderas también han influido en la declaración de Formentera como Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO, por tanto muy protegida y cuidada.
Pero junto a Illetes hay otras playas paradisíacas en Migjorn, Cala Saona, Es Pujols, Levant, Ses Platgetes… algunas de ellas son calas de las que se puede disfrutar en solitario, con la sola compañía de una naturaleza desbordante. Luego, hay otros lugares que encierran cierta magia, como s’Estany des Peix, o Punta Pedrera, pero es en los faros de Cap de Barbaria y La Mola, en la parte más alta de la isla, donde el visitante pierde la respiración y visualiza el infinito. En ambos, los atardeceres son inolvidables. Para los cinéfilos: el Faro des Cap de Barbaria es el que aparece en la película Lucía y el sexo, de Julio Medem, parte de cuyo rodaje transcurrió en Formentera.
Para volver a la realidad, un mojito en el Tiburón, en Cavall d’en Borrás o en Fonda Pepe, en Sant Ferrán, un auténtico icono hippie, o Blu Bar, en la playa de Migjorn. En cuanto a la gastronomía, en la isla pitiusa la combinación consiste en cocina marinera, con unos sabrosos guisos de interior. Los lugares más emblemáticos para comer en Formentera son el Mediterráneo, en el puerto de La Savina, el Codice Luna, junto al faro de La Mola, Es Rafalet en Es Caló, o Es Molí de Sal, en Illetas, con una caldereta de langosta como especialidad de la casa y unas vistas privilegiadas para disfrutar de unas espectaculares puestas de sol.
El shopping en Formentera es como todo la isla: hippie. Por eso el mercadillo de Pilar de la Mola (martes y domingos por la tarde) es muy frecuentado por los turistas. Está en el punto más alto de la isla, a 15 kilómetros de Sant Ferrán.
¿Cómo llegar a Formentera? Pues por mar. La isla carece de aeropuerto, por lo tanto la única manera de llegar hasta allí es mediante ferry. Desde Ibiza son muchos los ferries que comunican ambas islas con una frecuencia de salida de media hora.
Dado el tamaño de la isla, y para contribuir a su protección como Patrimonio Nacional de la Humanidad, se puede recorrer casi toda en bicicleta. Una iniciativa que ha calado hondo tanto a paisanos como a visitantes, con lo que el alquiler de bicis y motos eléctricas está a la orden del día. Hay varias rutas señaladas para el cicloturismo: la del camino romano de Sa Pujada, el Camino de Ses Vinyes, a través del viñedo;o el de S’Estany Des Peix, una laguna con vistas al puerto de La Savina.
¿Dormir en Formentera? La isla dispone de bastante oferta de hoteles y apartamentos, dada la cantidad de visitantes que recibe año tras año. Haz click aquí para reservarlos al mejor precio.
Escapada a Andorra (sin nieve)

En la memoria de al menos un par de generaciones de españoles, Andorra es el lugar al que sus padres iban a comprar perfumes, productos electrónicos y cigarrillos. Con el tiempo, el Principado aprovechó sus recursos naturales y se erigió como templo del esquí y de los balnearios y spas. Hoy, ir en verano a cualquiera de las siete parroquias en que se divide Andorra ya no es una excentricidad o un plan B, sino una magnífica opción gracias a su impresionante oferta en deportes al aire libre, gastronomía, wellness y arte.
Debido a su clima estival suave, este pequeño país se ha convertido en un destino privilegiado para practicar senderismo, entre cuyas rutas más tradicionales se encuentra la ascensión a la Casamanya, de casi 3.000 metros de altitud, que se completa en tres horas.
Otro de los atractivos del Principado son los parques naturales, como el de Comapedrosa, Incles, Sorteny y, sobre todo, el valle del Madriu-Parafita-Claror, enclave situado sobre un valle glacial que es patrimonio mundial de la UNESCO. Además, Andorra cuenta con parques de actividades de naturaleza, donde se puede practicar mountain bike, nordic walk, acrojump, tiro con arco, descenso en kayak, hípica o paintball. En total, hay una oferta superior a 50 deportes.
También en Naturlandia, en Sant Julià de Lòria, se halla el Tobotronc, el tobogán más largo de Europa, mientras que en Grandvalira Golf Soldeu encontramos el campo de golf más alto, situado a más de 2.000 metros y accesible sólo mediante telecabina.
Si el aprovechamiento de la montaña tras el deshielo como destino turístico ha sido uno de los principales aciertos de Andorra, la gastronomía va camino de convertirse en el próximo boom turístico. Se trata de una cocina de montaña que recoge lo mejor de la gastronomía catalana y francesa, con platos donde la carne y los cereales son los protagonistas y donde también hay lugar para pescados como la trucha. Entre las recetas más características de esta cocina se encuentran el potaje de legumbres y arroz, los caracoles a la llauna, las rostes a la mel (lonchas de cerdo rehogadas en miel y vinagre) o los platos de caza, como la perdiz escabechada. Además, Andorra posee una gran variedad de quesos y embutidos autóctonos, como el tupí (un queso que se fermenta con ajo y aguardiente) o el abat. Los podremos disfrutar en las denominadas bordas, muchas de ellas reconvertidas en restaurantes: se trata de construcciones campesinas donde antaño se guardaban los aperos de labranza.
Y no podemos hablar de Andorra sin referirnos a Caldea, uno de sus templos turísticos y uno de los centros de bienestar más grandes de Europa. Se trata del buque insignia andorrano en lo que respecta a aguas termales, spa y wellness. Es tal su éxito que ha provocado que se haya comenzado a utilizar la riqueza de la zona en aguas termales como atractivo turístico, y prueba de ello es que no se abre en Andorra un nuevo hotel sin que éste tenga su correspondiente Spa. La mayoría de las ofertas termales se encuentran en la zona de Escaldes Engordany, donde las aguas son extraordinariamente ricas en azufre.
Por su parte, estaciones como la de Soldeu ofrecen modernos spas como el del hotel Sport Village. Andorra la Vella, la capital, acoge el más sofisticado de la zona, el Spa Plaza, con un diseño vanguardista que se aleja de lo que en otro tiempo fue el Principado, donde sólo se iba de compras y a esquiar.
Aunque ya que estamos allí seguro que nos apetece comprar alguna cosa para ahorrarnos unos euros. Los amantes del shopping ya sabrán que las principales tiendas se encuentran en Andorra la Vella y Escaldes Engordany. En la capital, la Avenida Meritxell hace las veces de eje comercial. Superada la fiebre por la mantequilla, el Toblerone y el tabaco, Andorra se ha especializado en la venta de artículos deportivos, siendo los establecimientos de Olympia Sports los más completos. Otro clásico en las compras andorranas son los perfumes, sector ampliamente representado por las perfumerías Júlia, un estandarte local. La moda de los outlets también ha calado en estas tierras (Options y Options Plus no tienen nada que envidiar a la mejor tienda multimarca), aunque si hay un clásico en el shopping del Principado éste es la electrónica: en Andorra la Vella está Digital Centrr, el paraíso geek. Las farmacias son otro de los lugares de peregrinación de los españoles, para sacar medicamentos más baratos y sin receta. Pero si hay un establecimiento famoso en el shopping de Andorra es sin duda Pyrénées, lo más parecido a El Corte Inglés andorrano, con tienda Nespresso, espacio Apple y Sony Center.
Un consejo: no está de más consultar el portal de la aduana andorrana (www.duana.ad) para conocer cuántos productos agrícolas e industriales podremos pasar por la frontera.
¿Dónde comer en Andorra? Te ofrecemos cuatro propuestas para comer bien en nuestra escapada al Principado:
Borda Estevet (Carretera de la Comella, 2, Andorra la Vella). Un clásico de la gastronomía local, especializado en carnes servidas sobre losa de pizarra.
Molí dels fanals (Sispony, La Massana). Uno de los restaurantes de cocina de cazuela más destacados de la zona, situado en uno de los enclaves más bellos de Andorra.
Taberna Ángel Belmonte (Ciutat de Consuegra, 3, Casa Campolier. Andorra la Vella). Abierto a principios de siglo, es un referente en la cocina andorrana. Los amantes del tournedó están de enhorabuena pues aquí realizan uno a la salsa de trufas que está para chuparse los dedos. Tampoco conviene olvidarse de sus alcachofas con ajos tiernos y cigalas.
Roc de les Bruixes (Estación de esquí de Granvalira). En verano su terraza es de las más cotizadas de la comarca. Alejado de la cocina tradicional, este restaurante ofrece versiones sofisticadas y ligeras de los platos clásicos de la zona, atreviéndose con la fusión de estilos y culturas culinarias.
Escapada a Tarragona

Tarragona es conocida como la ciudad de la contínua primavera. Ciudad donde se conjugan el pasado medieval y modernista, el bullicio de la rambla, la cocina marinera y la luz del mediterráneo. Pero si por algo es famosa Tarragona es por sus restos romanos, un tesoro urbano que la UNESCO declaró a 14 de estos elementos como Patrimonio de la Humanidad. Tarraco, como se denominaba en la época romana, fue una de las principales ciudades del imperio.
Lo primero que deberemos hacer es agenciarnos un plano de la ciudad, para lo que podemos acudir a la Oficina de Turismo (calle Major, 39). Empezaremos echándole un vistazo a la Maqueta Romana, situada en la plaza del Pallol, donde veremos la antigua muralla que circundaba el casco antiguo. De los 3.500 metros originales, ahora quedan 1.100 en mal estado. Junto a la muralla se encuentra el Foro Provincial, cuyo interior estaba decorada con estatuas de las que aún se conservan pedestales en la calle Mercería.
Si seguimos las murallas llegaremos hasta el museo arqueológico (Plaza del Rei, 5), junto al paseo Sant Antoni. Entre otros tesoros, nos encontramos con la estatuilla nº542, llamada Tintinnabulum. Tal vez no nos suene su nombre, pero basta echarle un vistazo para que reconozcamos la silueta: está demostrado que Hergé se basó en esta figura para crear su personaje más famoso: Tintín.
Allí cerca se encuentran la torre de Pretori y el Circo Romano, uno de los mejor conservados de occidente. Podremos disfrutar de alguna de sus partes descubiertas en la plaza Sedassos, la plaza de la Font y la calle Trinquet Vell.
Uno de los platos fuertes en nuestro recorrido es el Anfiteatro, situado casi en el mar. Actualmente se conserva parte de la grada tallada en la roca y un fragmento de la parte meridional, colgado sobre bóvedas de hormigón.
Una buena opción para los más perezosos es tomar el Tarraco Trenet, un trenecito que recorre muchos de los puntos de la Tarragona romana. El punto de partida es el paseo de las Palmeras, y sale cada hora entre las 10.30 y las 18.30 h.
No podemos finalizar nuestra ruta romana de Tarragona sin ver el Museo y la Necrópolis Paleocristiana (Avda. Ramón y Cajal, 80).
La Edad Media fue otra de las épocas de esplendor para la ciudad, con joyas como la Catedral y sus alrededores, donde se mezclan el románico y el gótico, como en la antigua Vicaría, la casa Balcells y el antiguo hospital de Santa Tecla, donde estuvo ingresado George Orwell, autor de 1984.
Otro de los períodos que engrandecieron la arquitectura tarraconense fue el Modernismo. El hotel Metropol, el colegio de las Teresianas, el rectorado de la Universidad Rovira i Virgili o el Ayuntamiento son alguno de los más bellos ejemplos de esta tendencia.
Un consejo: existe una tarjeta llamada TarraGo!na Card, que no sirve para 24, 48 o 72 horas (su precio es de 14, 19 y 24€, respectivamente) e incluye transporte, acceso gratuito a los principales museos y atracciones y numerosos descuentos en restaurantes, comercios, taxis… Se puede adquirir en hoteles, cámpings y oficinas de turismo.
La oficina de turismo también organiza guías oficilaes de la ciudad, que duran aproximadamente 2 horas. Hay 4 rutas: romana, medieval, modernista y de fiestas y tradiciones.
COMER EN TARRAGONA
Si la ciudad es famosa por su pasado romano, no lo es menos por su excelente gastronomía de clara influencia mediterránea. Algunas sugerencias:
La Queveda (Plaza del Fòrum, 6). El bar más antiguo de la ciudad, con platos clásicos como la sepia con alioli o el rabo de buey.
Pizzeria Pulvinar (Ferrers, 20). Uno de sus atractivos es que aún conserva el pavimento y los muros de la tribuna del Circo Romano.
Restaurante Cócvla (Plaza Orsini,10). Su nombre significa cazuela en latín. Su carta es cocina de mercado con un toque de autor, y sus productos proceden del cercano Mercado Central.
Suca (Nau, 11). Restaurante que destaca por su amplia carta de vinos. Obligatorio pedir la fondue de queso.
Àncora (Trafalgar, 25). Está en el barrio de pescadores conocido como El Serrallo, y es el lugar perfecto para degustar los pescados y mariscos más frescos de la zona.