Escapada a Elche (Alicante)

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Elche es el destino perfecto para una escapada romántica o un viaje de fin de semana. A medio camino entre Alicante y Murcia, y a tiro de piedra de las playas de Santa Pola, se encuentra esta pequeña ciudad de tradición industrial (aquí se fabrican la mitad de los zapatos se manufacturan en España) que alberga dos maravillas declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO: El Palmeral y el Misteri, representación sacra famosa en todo el mundo.
Lo primero que nos llamará la atención de Elche es que hay palmeras por todos los sitios, es una ciudad envuelta en una cúpula verde. Ya hemos dicho que su Palmeral es Patrimonio de la Humanidad, hasta tal punto está vinculada Elche con sus palmeras.
Así pues, cualquier visita a Elche debe empezar por El Huerto del Cura, un jardín mágico que acoge más de un millón de palmeras, naranjos, cactus, buganvillas, yucas… un laberinto vegetal que podemos recorrer en un par de horas. Existen audioguías que nos irán explicando todos los secretos de esta maravilla de la naturaleza. La joya del jardín es la Palmera Imperial, de más de ocho toneladas de peso y casi 200 años de antigüedad. Pero El Huerto del Cura es sólo un parte de El Palmeral, si queremos recorrerlo todo, deberemos ir al Huerto de San Plácido, cercano al anterior: éste es el punto de inicio y fin de una ruta señalizada de casi 3 kilómetros que hará las delicias de los amantes de la botánica. Además, allí se encuentra el Museo del Palmeral, un centro de interpretación de las palmeras, con paneles informativos, maquetas interactivas y gran huerto que muestra el sistema de riego tradicional.
Pero Elche es mucho más que sus palmeras. Recomendamos callejear por su centro urbano, donde hay auténticas maravillas. El epicentro de la ciudad es La Glorieta, una plaza con un pequeño estanque donde se puede pulsar el ritmo de la ciudad: punto de encuentro para jóvenes, campo de juegos para los niños, lugar de descanso para los mayores… el sitio perfecto para ver y ser visto.
Otro punto que merece ser visitado es la plaza de Baix, sede del Ayuntamiento (del siglo XV). Aquí, en el reloj de la torre de la Vetlla viven dos entrañables autómatas que forman parte de la historia de Elche: Calendura, que hace sonar las horas, y Calendureta, que marca los cuartos. Traspasaremos la arcada gótica que nos lleva al mercado municipal de alimentos, otro de los puntos más vivos de la ciudad.
En el número 25 de la calle Mayor está el Museo de la Festa, que recoge la esencia del Misterio de Elche (conocido popularmente como el Misteri), un drama sacro-lírico religioso que recrea la Dormición, Asunción y Coronación de la Virgen María, que se celebra cada 14 y 15 de agosto. El 18 de mayo de 2001, la Unesco la declaró Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. La representación del Misteri tiene lugar en la Basílica de Santa María, del siglo XVII, erigida sobre una mezquita árabe. Se puede subir al campanario: 170 escalones en espiral tras los que disfrutaremos de las mejores vistas de la ciudad, envuelta en un mar verde de palmeras.
Cerca de la Basílica de Santa María está el Convento de la Mercé, del siglo XIV, los muy bien conservados baños árabes que datan del siglo XII o la impresionante torre musulmana conocida como la Calahorra.
Frente a la basílica nos toparemos con el Palacio de Altamira, que acoge el MAHE (Museo de Arqueología e Historia), donde entenderemos de un plumazo la evolución de Elche. Desde su torre se divisa el cauce del río Vinalopó, que es la frontera entre la ciudad vieja y la nueva. Tras una visita al MAHE, podemos darnos un paseo por el Parque Municipal, que está al lado.
A estas alturas muchos se estarán preguntando: ¿y la Dama de Elche? Este busto de poco más de medio metro, obra maestra del arte íbero, es el símbolo absoluto de la localidad, y ha hecho correr el nombre de Elche por todo el mundo. La Dama de Elche fue encontrada en 1897 en lo que hoy es el Parque Arqueológico y Centro de Interpretación de L’Alcudia, unos dos kilómetros al sur de la ciudad. Aunque en nuestra escapada a Elche nos encontraremos múltiples veces con la Dama, debemos saber que sólo se trata de reproducciones, pues la Dama de Elche original se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. El traslado definitivo de su Dama a Elche es una de las reivindicaciones más antiguas de los ilicitanos.
¿Dónde comer en Elche? En esta localidad abundan los sitios de calidad, no debemos olvidar que estamos entre el Mediterráneo y la fértil huerta del bajo Vinalopó. Algunas recomendaciones que no defraudarán a nadie:
Mesón El Granaíno (Calle José María Buck 40). Se trata de uno de los mejores locales de Elche, con una barra que quita el sentido. Deliciosos sus langostinos de Guardamar, el atún de ijada con fritada de ñoras frescas, pescados de la Bahía de Santa Pola, papas con huevo y pimentón de la Vera… por algo recibió en el año 2002 el premio a la Mejor taberna del Año de la Guía Gourmetour.
Culinart (Eugenio d’Ors, 6). Situado junto al Palacio de Congresos, propone una sofisticada cocina creativa. Es uno los locales de moda en Elche. Imprescindible probar sus tacos de buey al horno.
Restaurante Madeira (Infante Don Juan Manuel, 14). Si queremos probar un buen arroz alicantino, éste es el lugar. Especializados en paellas, arroz a banda y fideuás. Local tradicional de ambiente familiar.
La Finca (Partida de Perleta, Polígono 1, nº 7). Para los que no tengan problema de presupuesto, La Finca es sin duda el mejor restaurante de Elche. Pero que nadie se equivoque, pese a su categoría sus precios están a años luz de los locales de moda de Madrid o Barcelona. Su carta se confecciona día a día, teniendo en cuenta la oferta del mercado y la estación del año, y en ella podemos hallar cosas como la gamba blanca con verduras, aceite de macadamia y virutas de Joselito o las espardenyas salteadas, con juliana de salsifi y un toque de ajo. [reserva aquí]
Escapada a Mérida (Extremadura)

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Mérida, antigua Emerita Augusta, es un destino perfecto para una escapada de fin de semana. Su tamaño hace que en un par de días podamos disfrutar perfectamente de sus monumentos, que no son pocos. De hecho, Mérida es Patrimonio de la Humanidad desde 1993 y es la única población española que ostenta la denominación Conjunto Histórico-Arqueológico.
Una escapada a Mérida siempre estará vinculada a su pasado romano. Si hay algo realmente imprescindible que ver en esta ciudad es su Teatro Romano, donde se celebra el festival de teatro de fama mundial. Junto a él se encuentran el Anfiteatro y el Circo Romano. Podríamos pasar horas contemplando estas ruinas: la escena de mármol del Teatro, la balaustrada con motivos pictóricos relativos a los juegos en el Anfiteatro… estos monumentos, junto al Museo Nacional de Arte Romano, que se encuentra en las inmediaciones, conforma uno de los conjuntos arquitectónicos de más valor en España.
Hemos hablado de pasada del Museo Nacional de Arte Romano, pero merece la pena entrar al detalle: es uno de los mejores museos de Europa en su género, albergando una excelente colección de piezas de la época romana. Esculturas, pinturas, mosaicos, vajillas… Creado por el arquitecto Rafael Moneo, el Museo se asienta sobre ruinas romanas, como no podía ser de otra forma, dada su ubicación al lado del Teatro y Anfiteatros romanos, a los que se puede acceder directamente a través de un túnel.
Si paseamos hacia el centro de la ciudad, nos toparemos (Mérida es más bien pequeña) con el espectacular Templo de Diana. Llama la atención su excelente conservación y sorprende su ubicación, rodeado de casas normales y corrientes. No sorprendería más si en vez de ser ruinas romanas se tratara de un platillo volante, tal es el efecto que produce en el viajero.
Otro de los lugares que no podemos dejar de visitar en Mérida es el Arco de Trajano, de construcción monumental pero sencilla. Antiguamente estaba cubierto de mármol y era la entrada a un templo de culto imperial.
Mención aparte merecen los puentes de Mérida. Particularmente impresionante es el Puente sobre el Guadiana, de 60 ojos y casi 800 metros que lo convierten en uno de los mayores de la época romana. También ocupa un lugar preferente en el corazón de los emeritenses el llamado Puente de Hierro, del que se dice que pudo ser ideado por el creador de la Torre Eiffel. Y por supuesto, no podemos dejar de ver el Puente de Lusitania, icono de la Mérida moderna, que fue construído por Santiago Calatrava.
Hemos hablado de Moneo y Calatrava. Pero no son los únicos exponentes de arquitectura moderna que podemos encontrar en Mérida, que poco a poco transita desde el clasicismo a la vanguardia. También podríamos ver en nuestra escapada el Palacio de Congresos y Exposiciones de Mérida, creado por el estudio de arquitectura Nieto Sobejano. O el Edificio Morerías, ideado por Juan Navarro Baldeweg.
Volviendo a los romanos: no podemos irnos sin ver una de las maravillas de la arquitectura de la época, el Acueducto de los Milagros, que traía agua a Mérida desde el pantano de Proserpina, atravesando la depresión del río Albarregas.
Otros lugar de Mérida que no debemos perdernos son la Basílica de Santa Eulalia, núcleo original del nacimiento del cristianismo en Extremadura, en cuyo atrio se conserva el famoso Hornito: una capilla construida en el siglo XVII, en honor de la mártir Santa Eulalia, con los restos de lo que fuera un templo romano dedicado al dios Marte y que se ha convertido en auténtico centro de veneración popular cristiana.
Además, en Mérida podemos visitar la Casa de Mitreo y su Mosaico Cósmico, o la Alcazaba, fortaleza de la época de Abderramán II, donde se halla un aljibe con magníficos elementos arquitectónicos visigóticos.
Un consejo: en Mérida hace mucho calor. Si podemos elegir, deberemos evitar los meses de junio a septiembre, porque disfrutaremos mucho más de nuestra escapada.
¿Dónde comer en Mérida? Aquí van tres recomendaciones que no defraudarán al viajero…
Casa Benito (San Francisco, 3), a dos pasos de la Plaza de España. Es el restaurante con más solera de la ciudad, donde todo el mundo acaba parando antes o después. Las paredes están llenas de fotos de famosos (muchos llegaron allí en pleno Festival de Teatro Clásico). La calidad de sus tapas sólo es compable con la abundancia de las mismas. Platos tradicionales. Acierto seguro.
La despensa del Castúo (Calle José Ramón Mélida, 48). Se encuentra muy cerca del Teatro Romano, en una calle repleta de bares y restaurantes. Tapas de productos de la zona (indispensable la Morcilla de Guadalupe) que sorprenden por su calidad. Precios más que razonables. La mejor opción para reponer fuerzas tras unas horas paseando entre ruinas. Cuentan con una pequeña tienda donde podremos aprovisionarnos de los mejores productos de la zona.
La Taberna de la Sole (John Lennon, 27). Se trata de una de las referencias gastronómicas de la ciudad. Imprescindible probar su famoso bacalao. Aquí podremos degustar alguno de los platos típicos de la cocina tradicional local, como las clásicas migas o el cocido extremeño. El local está en plena zona de marcha, así que si acabamos de cenar y nos apetece una copa, estamos en el lugar adecuado.
Escapada a Andorra (sin nieve)

En la memoria de al menos un par de generaciones de españoles, Andorra es el lugar al que sus padres iban a comprar perfumes, productos electrónicos y cigarrillos. Con el tiempo, el Principado aprovechó sus recursos naturales y se erigió como templo del esquí y de los balnearios y spas. Hoy, ir en verano a cualquiera de las siete parroquias en que se divide Andorra ya no es una excentricidad o un plan B, sino una magnífica opción gracias a su impresionante oferta en deportes al aire libre, gastronomía, wellness y arte.
Debido a su clima estival suave, este pequeño país se ha convertido en un destino privilegiado para practicar senderismo, entre cuyas rutas más tradicionales se encuentra la ascensión a la Casamanya, de casi 3.000 metros de altitud, que se completa en tres horas.
Otro de los atractivos del Principado son los parques naturales, como el de Comapedrosa, Incles, Sorteny y, sobre todo, el valle del Madriu-Parafita-Claror, enclave situado sobre un valle glacial que es patrimonio mundial de la UNESCO. Además, Andorra cuenta con parques de actividades de naturaleza, donde se puede practicar mountain bike, nordic walk, acrojump, tiro con arco, descenso en kayak, hípica o paintball. En total, hay una oferta superior a 50 deportes.
También en Naturlandia, en Sant Julià de Lòria, se halla el Tobotronc, el tobogán más largo de Europa, mientras que en Grandvalira Golf Soldeu encontramos el campo de golf más alto, situado a más de 2.000 metros y accesible sólo mediante telecabina.
Si el aprovechamiento de la montaña tras el deshielo como destino turístico ha sido uno de los principales aciertos de Andorra, la gastronomía va camino de convertirse en el próximo boom turístico. Se trata de una cocina de montaña que recoge lo mejor de la gastronomía catalana y francesa, con platos donde la carne y los cereales son los protagonistas y donde también hay lugar para pescados como la trucha. Entre las recetas más características de esta cocina se encuentran el potaje de legumbres y arroz, los caracoles a la llauna, las rostes a la mel (lonchas de cerdo rehogadas en miel y vinagre) o los platos de caza, como la perdiz escabechada. Además, Andorra posee una gran variedad de quesos y embutidos autóctonos, como el tupí (un queso que se fermenta con ajo y aguardiente) o el abat. Los podremos disfrutar en las denominadas bordas, muchas de ellas reconvertidas en restaurantes: se trata de construcciones campesinas donde antaño se guardaban los aperos de labranza.
Y no podemos hablar de Andorra sin referirnos a Caldea, uno de sus templos turísticos y uno de los centros de bienestar más grandes de Europa. Se trata del buque insignia andorrano en lo que respecta a aguas termales, spa y wellness. Es tal su éxito que ha provocado que se haya comenzado a utilizar la riqueza de la zona en aguas termales como atractivo turístico, y prueba de ello es que no se abre en Andorra un nuevo hotel sin que éste tenga su correspondiente Spa. La mayoría de las ofertas termales se encuentran en la zona de Escaldes Engordany, donde las aguas son extraordinariamente ricas en azufre.
Por su parte, estaciones como la de Soldeu ofrecen modernos spas como el del hotel Sport Village. Andorra la Vella, la capital, acoge el más sofisticado de la zona, el Spa Plaza, con un diseño vanguardista que se aleja de lo que en otro tiempo fue el Principado, donde sólo se iba de compras y a esquiar.
Aunque ya que estamos allí seguro que nos apetece comprar alguna cosa para ahorrarnos unos euros. Los amantes del shopping ya sabrán que las principales tiendas se encuentran en Andorra la Vella y Escaldes Engordany. En la capital, la Avenida Meritxell hace las veces de eje comercial. Superada la fiebre por la mantequilla, el Toblerone y el tabaco, Andorra se ha especializado en la venta de artículos deportivos, siendo los establecimientos de Olympia Sports los más completos. Otro clásico en las compras andorranas son los perfumes, sector ampliamente representado por las perfumerías Júlia, un estandarte local. La moda de los outlets también ha calado en estas tierras (Options y Options Plus no tienen nada que envidiar a la mejor tienda multimarca), aunque si hay un clásico en el shopping del Principado éste es la electrónica: en Andorra la Vella está Digital Centrr, el paraíso geek. Las farmacias son otro de los lugares de peregrinación de los españoles, para sacar medicamentos más baratos y sin receta. Pero si hay un establecimiento famoso en el shopping de Andorra es sin duda Pyrénées, lo más parecido a El Corte Inglés andorrano, con tienda Nespresso, espacio Apple y Sony Center.
Un consejo: no está de más consultar el portal de la aduana andorrana (www.duana.ad) para conocer cuántos productos agrícolas e industriales podremos pasar por la frontera.
¿Dónde comer en Andorra? Te ofrecemos cuatro propuestas para comer bien en nuestra escapada al Principado:
Borda Estevet (Carretera de la Comella, 2, Andorra la Vella). Un clásico de la gastronomía local, especializado en carnes servidas sobre losa de pizarra.
Molí dels fanals (Sispony, La Massana). Uno de los restaurantes de cocina de cazuela más destacados de la zona, situado en uno de los enclaves más bellos de Andorra.
Taberna Ángel Belmonte (Ciutat de Consuegra, 3, Casa Campolier. Andorra la Vella). Abierto a principios de siglo, es un referente en la cocina andorrana. Los amantes del tournedó están de enhorabuena pues aquí realizan uno a la salsa de trufas que está para chuparse los dedos. Tampoco conviene olvidarse de sus alcachofas con ajos tiernos y cigalas.
Roc de les Bruixes (Estación de esquí de Granvalira). En verano su terraza es de las más cotizadas de la comarca. Alejado de la cocina tradicional, este restaurante ofrece versiones sofisticadas y ligeras de los platos clásicos de la zona, atreviéndose con la fusión de estilos y culturas culinarias.