Escapada a Brujas

9 de febrero de 2010 Comentarios desactivados Posted in Europa

Brujas

Brujas, con sus calles brumosas y un casco antiguo que ya quisieran para sí otras ciudades con más renombre, es uno de los lugares preferidos por enamorados, gourmets y amantes del chocolate. De hecho esta ciudad belga recibe más de tres millones de visitantes cada año, por algo será. Es un destino perfecto para una escapada romántica o gastronómica. O ambas cosas a la vez.

Nada mejor que perdernos por la ciudad paseándola de arriba a abajo, dsifrutando de sus fachadas de ladrillo visto y su belleza vespertina. Un buen punto de partida en nuestro deambular puede ser Grote Markt (una de las principales plazas de la ciudad), presidida por la imponente Atalaya, una torre gótica de vigilancia coronada por 48 campanas de distintos sonidos, que sólo los brujenses avezados saben reconocer. Los miércoles y los sábados suenan durante más de media hora a partir de las dos de la tarde.

Cerca de allí nos encontramos con el Museo Dalí, con una colección imponente de litografías gastronómicas. Para los amantes de la pintura. O de la comida.

Brujas fue en otra época una potencia comercial (bajo la oficina de Correos y edificios colindantes yace un antiguo canal que permitía a los barcos llegar hasta el mismo centro urbano) y parte de ese esplendor se puede observar de camino al Burg. En esta plaza conviven siete siglos de arquitectura, desde la cripta románica de la capilla de la Santa Sangre hasta la renacentista Escribanía Civil, pasando por la joya gótica del Ayuntamiento.

Durante nuestro paseo cruzaremos el callejón Blinde Ezelstraat para llegar hasta el mercado de pescado (abierto de martes a sábado) en Vismarkt. Si seguimos por Groenerei nos toparemos con uno de los sitios más pintorescos de la ciudad, la zona de Arensthof, y allí al lado el fantástico Groeningemuseum, que alberga las obras maestras de la escuela flamenca.

Más visitas obligadas: Begijnhof, donde se respira auténtica paz, o Minnewater, el lago del amor.

Aunque no nos guste la cerveza (una pena estar en Bélgica y no probar la bebida nacional) debemos acercanos hasta la cervecería De Halve Maan, que cuenta con unas impresionantes vistas panorámicas de la ciudad.

En nuestra escapada no debería faltar una visita al barrio de Santa Ana (Sint Annakwartier), donde veremos a mujeres ataviadas con trajes regionales flamencos mientras se dedican al encaje de bolillos. Sí, así como suena.

Para finalizar, nada mejor que la plaza t’Zand, que nos aleja del entramado de callejuelas y nos lleva hasta el Concertgebouw, un auditorio donde se programan los grandes acontecimientos culturales de la ciudad. Desde su terreza se tiene una espectacular imagen aérea del casco viejo de Brujas.

Otra opción es hacer un recorrido en barco por los canales, saliendo desde cualquiera de los cinco embarcaderos situados en el cauce del Djiver, obteniendo así un punto de vista muy diferente de la ciudad.

¿Comer en Brujas? Allí presumen de buena gastronomía, y no exageran: son aficionados a las salsas muy elaboradas y al pescado, eso sí, acompañándolo todo con toneladas de patatas fritas. El plato nacional es el moules et frites (o sea, mejillones y patatas fritas). No podemos olvidarnos de los gofres y de los pralinés si queremos acercanos a la cocina local.

Recomendamos tres opciones para ir sobre seguro en materia gastronómica: Cafedreaal (Ziberstraat, 38), un local del siglo XV que rezuma encanto. El plato estrella es el guiso de ternera maridado con una buena cerveza; Den Dyver (Djiver, 5), un clásico de la ciudad dirigido por la familia Vandenbussche, donde podremos elegir entre varios menús gastronómicos; Poules Moules (Simon Stevinplein, 9), pequeño local ubicado en una casa del siglo XVII donde probar los clásicos mejillones con patatas fritas.

Para dormir en Brujas:

Hotel Navarra (Sint Jakobstraat, 41). Un clásico en pleno centro histórico. Construído en el año 1602, dispone de un total de 94 habitaciones repartidas en 3 plantas. En el amplio y espacioso hall de entrada hay un ascensor y un área de recepción. Para que no se aburra, en el hotel hay un bar donde se toca música jazz. Por último, también cuenta con un jardín en la parte trasera.

The Pand Hotel (Pandreitje, 16). El lugar perfecto para los enamorados. Esta casa del siglo XVIII donde se guardaban los carruajes se ha convertido en un auténtico hotel boutique con una delicada e inteligente transformación de cada espacio. Se trata de un establecimiento adecuado para familias que consta de 26 habitaciones y está completamente climatizado. Dispone de vestíbulo con servicio de recepción y salida 24 horas, caja fuerte, servicio de cambio de divisas y guardarropa. Podrá relajarse junto al fuego en la biblioteca o disfrutar del patio, un pequeño paraíso de paz y tranquilidad en el corazón de esta antigua ciudad. En el recinto también hay bar y servicio de habitaciones. Si llega en coche, puede dejarlo en el garaje por un suplemento.

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