Escapada a Madeira (Portugal)

29 de Julio de 2010 Comments Off Posted in Europa

Escapda a Madeira

Madeira es el destino perfecto para aquellos que busquen un lugar con historia y cultura únicas, con una naturaleza desbordante, una gastronomía que sorprende y una gente encantadora.

En Funchal, la capital de la isla, vive más de la mitad de su población, estimada en 300.000 habitantes. Es una ciudad alegre que rezuma recuerdos de los tiempos en que fue colonia portuguesa y también de la época en la que los ingleses aterrizaron para hacerse con las riendas del suculento negocio del vino. Las calles empedradas y las casa de fachadas blancas y tejados rojos son las principales señas de identidad de su animado casco histórico, donde se concentran un buen número de museos y cafés.

El Museo The Old Blandy Wine Lodge muestra los pormenores del proceso de elaboración de los prestigiosos vinos locales, pero también hay otro dedicado al azúcar, otro a los bordados tradicionales o el famoso Madeira Story Centre Museum, para conocer la historia de la isla. Y si nos interesa el arte contemporáneo portugués deberemos dirigirnos al Museu de Arte Contemporânea en el Forte São Tiago, la solemne fortaleza situada encima del mar que esconde, además, uno de los restaurantes más recomendables del lugar. A sólo unos metros, en la Rua de Santa María y en las calles aledañas, el Arsenio’s o el Marcelino Pão e Vinho son dos locales en los que rematar la velada tomando una copa con un fado de fondo.

Del mercado a la montaña. La primera hora de la mañana, cuando los puestos están recién montados y repletos de mercancías, es sin duda el mejor momento para acercarse al Mercado de las Flores. En la planta baja, señoras ataviadas con el traje típico de la isla venden sus frutas, verduras y, por supuesto, flores multicolores. En el piso de arriba, son los hombres los que despachan pescados y mariscos frescos.

Después el teleférico que lleva al pintoresco barrio de Monte, donde se encuentra el cautivador Jardín Tropical Monte Palace, con más de 7 kilómetros de cuidados jardines salpicados por estanques, fuentes y esculturas asiáticas. No son pocos los que hacen el trayecto de vuelta al centro a toda velocidad subidos en uno de los tradicionales cestos de los carreiros, una tradición reconvertida en la atracción turística más reconocida de Madeira.

Pero, para huír de los tópicos, resulta mucho más conveniente calzarse unas zapatillas de trekking y coger ropa de abrigo (en Madeira existe aquello de cuatro estaciones en el mismo día, debido a su singular orografía) y lanzarse a recorrer la isla de punta a punta. La distancia máxima de norte a sur es de 57 kilómetros, y de este a oeste algo más de 22.

Si vamos hacia el norte sería un delito no detenernos en alguno de los miradores, como el del Pico dos Barcelos (355 metros), Eira do Serrado (1.095 metros) o el de Pico Ruivo, el más alto de todos, a 1.862 metros. Después, en la abrupta costa norte, desde Santana, con tejados de paja que aún se conservan, hasta Porto Moniz, todo el camino es una sucesión de bellísimas estampas del océano rompiendo contra las rocas entre agradables puestos de pescadores, como São Vicente o Seixal.

Por su parte, la costa sur concentra la mayor parte de los hoteles, además de pueblos obligatorios como Caleta, Ponta do Sol, Ribeira Brava o Câmara de Lobos, el lugar al que Winston Churchill iba para pintar sus marinas y famoso por sus bares donde pedir la Poncha à Pescador, un delicioso cóctel de aguardiente de caña de azúcar o ron blanco, miel y zumo de naranja o limón.

Los más futboleros deben saber que Madeira es el lugar donde nació Cristiano Ronaldo, que además presta su imagen para promocionar la isla.

¿Dónde comer en Madeira?

Esta isla portuguesa es famosa por la calidad de sus pescados y mariscos. En cualquier sitio es posible comer de lujo sin que el bolsillo se resienta. En todos los pueblos, y más todavía en Funchal, hay restaurantes en los que se preparan sobrosos pescados y mariscos a la brasa o fritos, y pulpos al horno con patatas. Con frecuencia, el el pez espada negro (una rara especie que vive a más de 2.000 metros de profundidad) se ofrece entre los pescados del día. Nunca falta en las cartas la açorda portuguesa en versión local: una sopa de pan a la que aquí se le incorporan gambas; o la sopa de Madeira, que lleva tomate, cebolla y huevo; ni tampoco la espetada, la típica brocheta de trozos de carne de ternera trinchados en ramas de laurel.

Hay dos restaurantes que no debemos dejar de visitar:

Vila do Peixe. Es el lugar que recomiendan los lugareños para probar los mejores pescados a la brasa de la isla, con unas vistas increíbles. Está a la entrada del pueblo de Câmara de Lobos, a algo más de 20 kilómetros al oeste de Funchal.

Chega de Saudade (Rua dos Aranhas, 20). Una excelente dirección a la que acudir para probar platos cargados de imaginación a base de ingredientes locales, donde la decoración minimalista merece mención aparte.

¿Dónde dormir en Madeira?

Choupana Hills. Perdido en una montaña, pero sin embargo muy próximo a Funchal, las habitaciones y suites de este hotel de diseñó son en realidad preciosas e independientes cabañas de estilo balinés, y como no podía ser de otra forma cuenta con un magnífico Spa.

Quinta do Furao. En lo alto de un impresionante acantilado y a las afueras del pueblecito de Santana, es un alojamiento de gestión familiar ubicado en una gigantesca finca que cuenta con varias hectáreas de viñedos. En total dispone de 39 habitaciones y 4 suites, todas ellas muy espaciosas y acogedoras. Lo mejor: sus desayunos en su espectacular terraza sobre mar.

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Escapada a las Azores (Portugal)

19 de Julio de 2010 Comments Off Posted in Europa, Naturaleza

Azores

Cuando la gente que ha estado en las Azores tiene que describirlas, suelen recurrir a Parque Jurásico o Lost, para poder explicar cómo es el paisaje de estas privilegiadas islas. Aquí la naturaleza es protagonista y la fuerza del entorno es sencillamente impresionante.

Las Azores están en medio del océano Atlántico y eso define su carácter. El archipiélago se compone de nueve islas volcánicas (São Miguel, Santa María, São Jorge, Terceira, Pico, Faial, Graciosa, Flores y Corvo), cada una diferente pero todas con una atmósfera común, entre salvaje y melancólica.

La mayor de todas, y la más visitada también, es São Miguel, la cual tiene un lago (Sete Ciudades) en el que cabría Corvo, la isla más pequeña. Y no es que el lago sea inmenso, es que Corvo sólo tiene 17 kilómetros cuadrados.

Curiosamente, las Azores no son un típico destino de playa, puesto que las cosas más interesantes ocurren en el interior. Por tanto estas islas no son un destino de turistas, sino de viajeros, hogar de gente que ya ha visitado muchos lugares y necesita estímulos diferentes que sólo aquí pueden hallar.

Dicen los lugareños que en Azores hay ocho islas y un parque de atracciones: Terceira, la isla alegre, que podremos recorrer durante un par de días. Tiene 29 kilómetros de largo y 18 de ancho, cifras que es importante conocer porque nos ayudarán a planificar nuestra escapada y organizar nuestro tiempo. Su capital es Angra do Heroísmo que, si no supiéramos que estamos en territorio europeo, podría pasar por una ciudad colonial como Cartagena de Indias. Esta mezcla de culturas y su posición defensora mirando al mar ha dado a la ciudad el título de Patrimonio de la Humanidad.

Las mejores vistas de la ciudad se tienen desde la Fortaleza San Sebastián, en el Monte Brasil, y desde el Obelisco que preside el Jardín Duque de Terceira. Caminar por sus calles adoquinadas, comprar dulces como Donha Amelias, contar alguno de sus casi setenta imperios (altares que datan del siglo XVII i donde los terceirenses honran al Espíritu Santo) y dejarse llevar por el ritmo lento, casi caribeño, es una obligación.

Aunque Angra tiene más que suficiente para atrapar hay que obligarse a salir de ella para conocer el resto de Terceira. Podemos ir a las piscinas naturales de Biscoitos, en las que el mar se rodea de piedras negras formando un paisaje que parece salido de un sueño. Un dato práctico: pese a estar en medio del océano, el agua de Azores es templada.

También podemos ir a la Sierra de Coma para mirar los cercados, que ordenan las llanuras inmensas de un verde perfecto. El paisaje allí es inmpresionante. No podremos evitar que se nos pasen las horas mientras nos quedamos embobados mirando al infinito. En la zona, encontraremos tantas hortensias como vacas.

En la cueva de Algar do Carvão o en la caldeira Guilherme Moniz (el mayor cráter en una isla repleta de ellos) podremos recordar el origen volcánico del lugar. Y cómo no, podremos ir a comer pescado fresco a Praia da Vitória, el otro gran centro de la isla, o simplemente perdernos por aldeas como Agualva y visitar iglesias barrocas.

Consejo: La Quinta do Martelo, en Terceira, es un hotel, un restaurante, una tienda, un museo y un huerto, pero no como uno se lo imagina. Se trata de un proyecto etnográfico que busca recuperar las tradiciones y forma de vida local para el viajero de hoy. Allí se puede comer alcatra, uno de los más famosos platos locales, el mejor queso de São Jorge de todo Azores, una sopa elaborada con productos recogidos a diez metros, vivir en una casa de piedra o arrancar plantas aromáticas con las manos para preparar la cena. Eso sí con una pisicina fabulosa y conexión a internet.

Si Terceira es alegre y pagana, São Miguel es melancólica y religiosa. Aterrizamos en Ponta Delgada, la metrópoli. Esta ciudad es el centro político, económico y social de la isla. Si alguna vez hemos aplicado el adjetivo verde a un paisaje ahora tendremos que retractarnos: São Miguel contiene todos los tonos del verde, repetidos entre los bordes de los lagos, cráteres, jardines silvestres… Hasta el más urbanita quedaría deslumbrado ante tal despliegue de encantos naturales.

La extensión de São Miguel (65 kilómetros de largo por 16 de ancho) exige varios días, o varios semanas si tenemos la suerte de disponer de ellas. Podemos empezar a recorrerla desde Furnas, a media hora de la capital. Allí está el famoso lago de Furnas, rodeado de fumarolas que nos recuerdan que estamos sobre volcanes. No dejes de bañarte en una piscina de agua férrica, como hacen los lugareños.

Toda la zona tiene un aire místico y extraño imposible de explicar. El otro punto de interés de la isla es el lago de Sete Ciudades, formado por dos lagos unidos por un camino, uno de ellos de color turquesa y el otro verde. Esta es la foto emblemática de la isla, y es que es fascinante la sensación de estar en un lugar casi prehistórico. En la aldea que lo rodea no hay ni un hotel. Pero tan impresionante como este lago doble son todos los que salpican la isla, como el de Santiago, el de Fogo (el único que permite el baño) o la Caldeira Velha, con unos helechos gigantes imposibles de ver en Europa. También se puede visitar la única plantación de té (Cha Gorreana), del continente y cultivos de piña, la dulce y ubicua fruta nacional.

Si has llegado hasta azores lo ideal es recorrer la mayoría de las islas posibles. Terceira y São Miguel son las mayores, pero en también nos asombraremos en Pico (donde está la montaña más alta de Portugal: 2.351 metros) o Santa María, en cuyas playas se relajan los azorianos, o en Corvo, dónde sólo viven 400 habitantes. De todo esto pueden hablar todos los que recalan en el Peter’s Bar de Horta, en la isla de Faial, uno de los bares míticos del planeta, parada de navegantes donde se rumorea que preparan el mejor gin tonic del mundo.

Un consejo: El Terra Nostra Garden Hotel, en São Miguel, es uno de esos hoteles que esconden un tesoro. Allí se encuentra uno de los grandes jardines botánicos de Europa. Creado en el siglo XVII por el entonces cónsul estadounidense Thomas Hickling, es un vergel apabuillante de doce hectáreas que desafía cualquier prejuicio. El jardín es una selva perfectamente cuidada, un derroche brutal de camelias, plantas nativas, ornamentales y nenúfares. También tiene una enorme y decadente piscina de aguas férricas y un estanque termal que añade misterio al lugar.

¿Dónde comer en las Azores?

La gastronomía azoriana es sabrosa y sana. Los protagonistas son la carne de vacuno, el pescado fresco, el marisco y las verduras. En el centro de Terceira se puede alternar la cocina tradicional del hotel Beira Mar (Largo Miguel Corte Real, 1-5, Angra do Heroísmo) con la contemporánea. En el restaurante Ambientes con sabores se revisan los platos típicos con imaginación y sin florituras. En Ponta Delgada está el Cais 20 (2ª Rua do Terreiro, 41), donde hasta las 5 de la mañana se sirven lapas grilhadas, sopa de peixe y vieiras gratinadas. De ambiente diferente, frecuentado por los europeos que viajan a São Miguel está el Bar Colegio 27. Y para comer buena carne deberemos acudir a Alcides (Ruan Hintze Ribeiro, 61-77), que desde 1956 es famoso por su bife.

¿Hoteles en las Azores?

En las islas no hay resorts ni cadenas hoteleras. Existe una buena red de turismo rural o turismo de habitación, quintas con encanto y hoteles. Tanto en Angra y alrededores como en Terceira hay muy buenas opciones, como el Hotel do Caracol, que ofrece diseño contemporáneo y unos dúplex más que cómodos. La Quinta das Merçes es una mansión con bosque y capilla privados. En Ponta Delgada encontramos el Hotel do Colegio, una hermosa casona en el centro histórico. En la zona moderna está el Hotel The Lince, muy cómodo y con un spa de lo más apetecible. Otra propuesta atractiva es la de Furnas Lake Village, un conjunto de cabañas de madera frente al lago.

¿Cómo llegar a las Azores?

Tap vuela de Madrid a Azores vía Lisboa. Todas las islas tienen aeropuerto pero los más importantes son los de Ponta Delgada y Terceira. La duración del vuelo Lisboa-Ponta Delgada es de aproximadamente dos horas y media. Para moverse entre las islas la mejor opción es el avión: Air Açores es la compañía local. Después, ya sobre el terreno, conviene alquilar un coche.

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Escapada a las Islas de Arán (Irlanda)

26 de Abril de 2010 Comments Off Posted in Europa

Islas de Arán

Las Islas de Arán son un pequeño archipiélago (formado por tres islas) situado en la bahía de Galway, al oeste del país. Inishmore es la mayor de las islas, y la más turística, la mediana se llama Inishmaan y la menor, situada al este Inisheer.

Este archipiélago es una visita habitual para aquellos que se animan a dejar Dublín por unos días y explorar el resto de Irlanda. Las Islas de Arán son famosas por varias cosas, en primer lugar por su naturaleza salvaje, donde los vientos del mar de Arán barren sin piedad la superficie de la isla. Además, en allí encontraremos algunos de los paisajes más bellos de Irlanda, con acantilados que quitan el hipo y ruinas de fortalezas, castillos, planas de arena blanca, cementerios celtas… Y por si fuera poco se considera que la lana elaborada en las islas es la mejor del país, por lo que podremos comprar allí prendas de gran calidad manufacturadas con este material.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que estamos hablando de islas, así que para llegar a ellas deberemos tomar un ferry. Si venimos desde Galway (la opción habitual) deberemos tomar la carretera de Rosshill, hacia el oeste. Iremos bordeando la costa hasta llegar a Rossaveal, donde tomaremos el barco que nos llevará a las Islas de Arán. El trayecto en coche dura unos cuarenta minutos.

Deberemos comprar el ticket antes de llegar al ferry: podemos hacerlo en muchos lugares de Galway (oficinas turísticas, hoteles, albergues) en incluso en el mismo embarcadero. El paseo por mar hasta las islas dura una media hora.

Una vez en tierra firme debemos tener presente una cosa: el tiempo pasa volando allí, así que debemos tener presente que el último ferry de vuelta sale a las cinco de la tarde. Con esta premisa, deberemos elegir cómo queremos hacer nuestro recorrido. Hay varias opciones. Nada más bajar del barco veremos todas las alternativas: puestos de bicicletas (alquilarla cuesta 10€ por persona), algunos minibuses que hacen un recorrido por los principales puntos turísticos de la isla o coches de caballos para una excursión diferente. Otra opción es recorrer la isla a pie, aunque es poco recomendable dada la cantidad de cosas que ver y el poco tiempo para hacerlo. Nuestra recomendación es la bicicleta, nos da la independencia y el ritmo necesario para poder ver Inishmore de arriba a abajo antes de que se vaya el ferry.

Un buen consejo es tomar un buen desayuno irlandés (salchichas, huevos, pudding, bacon…), antes de comenzar nuestro recorrido, en alguno de los restaurantes que hay en el puerto. Nos harán falta calorías durante nuestra visita, sobre todo si vamos en invierno.

Nos ponemos en marcha. La primera parada será el faro, situado en la parte más alta de la isla, por lo que tendremos las mejores vistas posibles. Sólo los más valientes llegarán hasta el faro a lomos de su bicicleta, la pendiente hasta allí es de las más escarpadas que encontraremos en nuestro recorrido.

Nuestro paseo seguirá mientras dejamos atrás casas, establos, playas y pequeños cementerios celtas. La siguiente parada es probablemente la más espectacular: Dun Aonghasa, la fortaleza Celta más espectacular de Europa. Deberemos llegar hasta el parking donde dejaremos la bici y pagaremos una pequeña cantidad para entrar al recinto. A un cuarto de hora a pie nos encontraremos con la fortaleza construída alrededor de los acantilados más impresionantes de la isla. Allí podemos estar horas y horas contemplando el mar, mientras la brisa acaricia las piedras milenarias que nos rodean.

Tras dejar la fortaleza celta, visitaremos The Worm Hole, una piscina natural de forma rectangular. Está cerca de Dun Aonghasa.

Al otro lado de la isla están Las Siete Iglesias, que en realidad son los restos de dos pequeños templos, Teampall Brecan y Teampall an Phoill.

Uno de los atractivos que no podemos dejar de visitar es la colonia de focas de las Islas de Arán, en el camino de vuelta al puerto desde las siete iglesias. Con la marea baja, las focas son perfectamente visibles. Así que este es el lugar perfecto para un picnic mientras esperamos que los animales hagan acto de presencia.

Cerca del puerto tenemos The Black Fort (Dun Duchathair), unas impresionantes ruinas al filo de los acantilados de la zona sur de la isla, muy cerca de la iglesia de Saint Bernan (Teampall Bheanain), dedicada a un santo contemporáneo de San Patricio, y que tiene el honor de ser la más pequeña del mundo.

Tras tantos planes se nos ha hecho la hora de volver a devolver la bici y tomar el ferry de vuelta. Antes de dejar la isla, podemos reponer fuerzas en alguno de los restaurantes o incluso comprar algo en el pequeño supermercado SPAR que hay junto al puerto. También allí cerca se encuentra el Aran Sweater Market, donde podremos echar un vistazo a los famoso jerseys de lana de Arán. Los fabricados a mano son bastante caros, lo advertimos de antemano.

Las Islas de Arán son un destino perfecto para una escapada de un día en nuestro viaje por Irlanda, el lugar donde descubriremos cómo era la vida en gran parte del país hace muchos años, cuando sus habitantes vivían de la pesca, la ganadería y la agricultura desafiando el difícil clima irlandés.

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