Archive for julio, 2010:
Escapada a Madeira (Portugal)

Madeira es el destino perfecto para aquellos que busquen un lugar con historia y cultura únicas, con una naturaleza desbordante, una gastronomía que sorprende y una gente encantadora.
En Funchal, la capital de la isla, vive más de la mitad de su población, estimada en 300.000 habitantes. Es una ciudad alegre que rezuma recuerdos de los tiempos en que fue colonia portuguesa y también de la época en la que los ingleses aterrizaron para hacerse con las riendas del suculento negocio del vino. Las calles empedradas y las casa de fachadas blancas y tejados rojos son las principales señas de identidad de su animado casco histórico, donde se concentran un buen número de museos y cafés.
El Museo The Old Blandy Wine Lodge muestra los pormenores del proceso de elaboración de los prestigiosos vinos locales, pero también hay otro dedicado al azúcar, otro a los bordados tradicionales o el famoso Madeira Story Centre Museum, para conocer la historia de la isla. Y si nos interesa el arte contemporáneo portugués deberemos dirigirnos al Museu de Arte Contemporânea en el Forte São Tiago, la solemne fortaleza situada encima del mar que esconde, además, uno de los restaurantes más recomendables del lugar. A sólo unos metros, en la Rua de Santa María y en las calles aledañas, el Arsenio’s o el Marcelino Pão e Vinho son dos locales en los que rematar la velada tomando una copa con un fado de fondo.
Del mercado a la montaña. La primera hora de la mañana, cuando los puestos están recién montados y repletos de mercancías, es sin duda el mejor momento para acercarse al Mercado de las Flores. En la planta baja, señoras ataviadas con el traje típico de la isla venden sus frutas, verduras y, por supuesto, flores multicolores. En el piso de arriba, son los hombres los que despachan pescados y mariscos frescos.
Después el teleférico que lleva al pintoresco barrio de Monte, donde se encuentra el cautivador Jardín Tropical Monte Palace, con más de 7 kilómetros de cuidados jardines salpicados por estanques, fuentes y esculturas asiáticas. No son pocos los que hacen el trayecto de vuelta al centro a toda velocidad subidos en uno de los tradicionales cestos de los carreiros, una tradición reconvertida en la atracción turística más reconocida de Madeira.
Pero, para huír de los tópicos, resulta mucho más conveniente calzarse unas zapatillas de trekking y coger ropa de abrigo (en Madeira existe aquello de cuatro estaciones en el mismo día, debido a su singular orografía) y lanzarse a recorrer la isla de punta a punta. La distancia máxima de norte a sur es de 57 kilómetros, y de este a oeste algo más de 22.
Si vamos hacia el norte sería un delito no detenernos en alguno de los miradores, como el del Pico dos Barcelos (355 metros), Eira do Serrado (1.095 metros) o el de Pico Ruivo, el más alto de todos, a 1.862 metros. Después, en la abrupta costa norte, desde Santana, con tejados de paja que aún se conservan, hasta Porto Moniz, todo el camino es una sucesión de bellísimas estampas del océano rompiendo contra las rocas entre agradables puestos de pescadores, como São Vicente o Seixal.
Por su parte, la costa sur concentra la mayor parte de los hoteles, además de pueblos obligatorios como Caleta, Ponta do Sol, Ribeira Brava o Câmara de Lobos, el lugar al que Winston Churchill iba para pintar sus marinas y famoso por sus bares donde pedir la Poncha à Pescador, un delicioso cóctel de aguardiente de caña de azúcar o ron blanco, miel y zumo de naranja o limón.
Los más futboleros deben saber que Madeira es el lugar donde nació Cristiano Ronaldo, que además presta su imagen para promocionar la isla.
¿Dónde comer en Madeira?
Esta isla portuguesa es famosa por la calidad de sus pescados y mariscos. En cualquier sitio es posible comer de lujo sin que el bolsillo se resienta. En todos los pueblos, y más todavía en Funchal, hay restaurantes en los que se preparan sobrosos pescados y mariscos a la brasa o fritos, y pulpos al horno con patatas. Con frecuencia, el el pez espada negro (una rara especie que vive a más de 2.000 metros de profundidad) se ofrece entre los pescados del día. Nunca falta en las cartas la açorda portuguesa en versión local: una sopa de pan a la que aquí se le incorporan gambas; o la sopa de Madeira, que lleva tomate, cebolla y huevo; ni tampoco la espetada, la típica brocheta de trozos de carne de ternera trinchados en ramas de laurel.
Hay dos restaurantes que no debemos dejar de visitar:
Vila do Peixe. Es el lugar que recomiendan los lugareños para probar los mejores pescados a la brasa de la isla, con unas vistas increíbles. Está a la entrada del pueblo de Câmara de Lobos, a algo más de 20 kilómetros al oeste de Funchal.
Chega de Saudade (Rua dos Aranhas, 20). Una excelente dirección a la que acudir para probar platos cargados de imaginación a base de ingredientes locales, donde la decoración minimalista merece mención aparte.
¿Dónde dormir en Madeira?
Choupana Hills. Perdido en una montaña, pero sin embargo muy próximo a Funchal, las habitaciones y suites de este hotel de diseñó son en realidad preciosas e independientes cabañas de estilo balinés, y como no podía ser de otra forma cuenta con un magnífico Spa.
Quinta do Furao. En lo alto de un impresionante acantilado y a las afueras del pueblecito de Santana, es un alojamiento de gestión familiar ubicado en una gigantesca finca que cuenta con varias hectáreas de viñedos. En total dispone de 39 habitaciones y 4 suites, todas ellas muy espaciosas y acogedoras. Lo mejor: sus desayunos en su espectacular terraza sobre mar.
10 Hoteles para fanáticos del Rock & Roll

Si en tu escapada por el mundo quieres visitar alguno de los lugares míticos en la historia del Rock & Roll, te presentamos una lista de los 10 hoteles con más historia.
1. Joshua Tree Inn (California)
La habitación nº 8 de este hotel situado en el desierto de Mojave, a pocos kilómetros del Parque Natural de Joshua Tree, es peregrinaje obligado para todos los fans de Gram Parsons y de la era dorada del country rock, Ahí murió el ex Byrds y el Flying Burrito Brothers el 8 de septiembre de 1973 tras una noche de tequila y morfina. Además, los incondicionales de U2 podrán visitar el lugar que da título a uno de sus discos más populares.
Cuentan que este hotel situado en la marina de Elliot Bay, en Seattle, se hizo muy popular entre las bandas de rock de los años 60 y 70 porque se puede pescar con caña desde los balcones de las habitaciones. El hotel dispone de una suite dedicada a Los Beatles.
Aquí cayeron rendidos los Rolling Stones ante los rituales sincréticos del Gnaw. Pero les parecía demasiado pulcro y pronto se desplazaron a Tánger, donde dieron rienda suelta al espíritu hooligan que desde entonces define a los turistas ingleses cada vez que cruzan el canal.
4. Roosevelt Hotel (Los Ángeles)
Marilyn Monroe residió aquí dos años y en su piscina fue fotografiada para su primer anuncio. Hoy cuentan que su fantasma recorre las habitaciones en las que Prince montó la mayor orgía jamás vista en California.
5. Samarkand (Londres)
El 8 de septiembre de 1970, Jimi Hendrix era hallado muerto en la habitación 507 de este confortable 3 estrellas londinense por Mónica Danneman, una alemana de 23 años que por entonces era su novia. Cuarenta años después, las causas de la muerte no están nada claras.
6. Chateau Marmont (Los Ángeles)
El 5 de marzo de 1982, tras tomarse una sopa de lentejas en el cercano Rainbow, John Belushi, actor y miembro de los Blues Brothers, falleció de sobredosis de speedball en uno de los bungalows de este hotel, donde se decía que J. F. Kennedy y Marilyn Monroe organizaban sus encuentros furtivos.
Arthur C. Clarke escribió aquí su famoso 2001, Una odisea en el espacio, y en otra de sus habitaciones Nancy Spungen fue apuñalada por su novio Sid Vicious, bajista de los Sex Pistols. Este es sin duda el más mítico hotel de la historia del rock. Entre sus muros Bob Dylan compuso alguna de sus canciones más memorables y en el ascensor del hotel se conocieron Janis Joplin y Leonard Cohen, quien le dedicó una canción.
Mick Jagger halló el remedio a la crisis de rockero prejubilado manteniendo un affaire con Angelina Jolie en este hotel. Siempre en la misma habitación, desde 1997 hasta 2003, según una reciente biografía de la actriz. El Mandarín además es conocido por contar con la mejor carta de tés del planeta.
Situado en un idílico barrio marítimo a cuatro kilómetros de Sydney, este hotel aún se llamaba Ritz Carlton en noviembre de 1997 cuando Michael Hutchence, cantante de INXS y entonces pareja de Paula Yates, ex esposa de Bob Geldof, fue hallado muerto en la habitación 254 de este establecimiento.
10. Park Plaza Riverbank (Londres)
En febrero de 2008 Amy WInehouse no se encontraba bien. En las dos semanas que pasó alojada en este lujoso hotel nunca permitió el acceso a su habitación al personal de limpieza. Cuando por fin pudieron entrar, encontraron muchas (y muy desagradables) cosas. Los destrozos producidos alcanzaron los 30.000 euros.
Escapada a las Azores (Portugal)

Cuando la gente que ha estado en las Azores tiene que describirlas, suelen recurrir a Parque Jurásico o Lost, para poder explicar cómo es el paisaje de estas privilegiadas islas. Aquí la naturaleza es protagonista y la fuerza del entorno es sencillamente impresionante.
Las Azores están en medio del océano Atlántico y eso define su carácter. El archipiélago se compone de nueve islas volcánicas (São Miguel, Santa María, São Jorge, Terceira, Pico, Faial, Graciosa, Flores y Corvo), cada una diferente pero todas con una atmósfera común, entre salvaje y melancólica.
La mayor de todas, y la más visitada también, es São Miguel, la cual tiene un lago (Sete Ciudades) en el que cabría Corvo, la isla más pequeña. Y no es que el lago sea inmenso, es que Corvo sólo tiene 17 kilómetros cuadrados.
Curiosamente, las Azores no son un típico destino de playa, puesto que las cosas más interesantes ocurren en el interior. Por tanto estas islas no son un destino de turistas, sino de viajeros, hogar de gente que ya ha visitado muchos lugares y necesita estímulos diferentes que sólo aquí pueden hallar.
Dicen los lugareños que en Azores hay ocho islas y un parque de atracciones: Terceira, la isla alegre, que podremos recorrer durante un par de días. Tiene 29 kilómetros de largo y 18 de ancho, cifras que es importante conocer porque nos ayudarán a planificar nuestra escapada y organizar nuestro tiempo. Su capital es Angra do Heroísmo que, si no supiéramos que estamos en territorio europeo, podría pasar por una ciudad colonial como Cartagena de Indias. Esta mezcla de culturas y su posición defensora mirando al mar ha dado a la ciudad el título de Patrimonio de la Humanidad.
Las mejores vistas de la ciudad se tienen desde la Fortaleza San Sebastián, en el Monte Brasil, y desde el Obelisco que preside el Jardín Duque de Terceira. Caminar por sus calles adoquinadas, comprar dulces como Donha Amelias, contar alguno de sus casi setenta imperios (altares que datan del siglo XVII i donde los terceirenses honran al Espíritu Santo) y dejarse llevar por el ritmo lento, casi caribeño, es una obligación.
Aunque Angra tiene más que suficiente para atrapar hay que obligarse a salir de ella para conocer el resto de Terceira. Podemos ir a las piscinas naturales de Biscoitos, en las que el mar se rodea de piedras negras formando un paisaje que parece salido de un sueño. Un dato práctico: pese a estar en medio del océano, el agua de Azores es templada.
También podemos ir a la Sierra de Coma para mirar los cercados, que ordenan las llanuras inmensas de un verde perfecto. El paisaje allí es inmpresionante. No podremos evitar que se nos pasen las horas mientras nos quedamos embobados mirando al infinito. En la zona, encontraremos tantas hortensias como vacas.
En la cueva de Algar do Carvão o en la caldeira Guilherme Moniz (el mayor cráter en una isla repleta de ellos) podremos recordar el origen volcánico del lugar. Y cómo no, podremos ir a comer pescado fresco a Praia da Vitória, el otro gran centro de la isla, o simplemente perdernos por aldeas como Agualva y visitar iglesias barrocas.
Consejo: La Quinta do Martelo, en Terceira, es un hotel, un restaurante, una tienda, un museo y un huerto, pero no como uno se lo imagina. Se trata de un proyecto etnográfico que busca recuperar las tradiciones y forma de vida local para el viajero de hoy. Allí se puede comer alcatra, uno de los más famosos platos locales, el mejor queso de São Jorge de todo Azores, una sopa elaborada con productos recogidos a diez metros, vivir en una casa de piedra o arrancar plantas aromáticas con las manos para preparar la cena. Eso sí con una pisicina fabulosa y conexión a internet.
Si Terceira es alegre y pagana, São Miguel es melancólica y religiosa. Aterrizamos en Ponta Delgada, la metrópoli. Esta ciudad es el centro político, económico y social de la isla. Si alguna vez hemos aplicado el adjetivo verde a un paisaje ahora tendremos que retractarnos: São Miguel contiene todos los tonos del verde, repetidos entre los bordes de los lagos, cráteres, jardines silvestres… Hasta el más urbanita quedaría deslumbrado ante tal despliegue de encantos naturales.
La extensión de São Miguel (65 kilómetros de largo por 16 de ancho) exige varios días, o varios semanas si tenemos la suerte de disponer de ellas. Podemos empezar a recorrerla desde Furnas, a media hora de la capital. Allí está el famoso lago de Furnas, rodeado de fumarolas que nos recuerdan que estamos sobre volcanes. No dejes de bañarte en una piscina de agua férrica, como hacen los lugareños.
Toda la zona tiene un aire místico y extraño imposible de explicar. El otro punto de interés de la isla es el lago de Sete Ciudades, formado por dos lagos unidos por un camino, uno de ellos de color turquesa y el otro verde. Esta es la foto emblemática de la isla, y es que es fascinante la sensación de estar en un lugar casi prehistórico. En la aldea que lo rodea no hay ni un hotel. Pero tan impresionante como este lago doble son todos los que salpican la isla, como el de Santiago, el de Fogo (el único que permite el baño) o la Caldeira Velha, con unos helechos gigantes imposibles de ver en Europa. También se puede visitar la única plantación de té (Cha Gorreana), del continente y cultivos de piña, la dulce y ubicua fruta nacional.
Si has llegado hasta azores lo ideal es recorrer la mayoría de las islas posibles. Terceira y São Miguel son las mayores, pero en también nos asombraremos en Pico (donde está la montaña más alta de Portugal: 2.351 metros) o Santa María, en cuyas playas se relajan los azorianos, o en Corvo, dónde sólo viven 400 habitantes. De todo esto pueden hablar todos los que recalan en el Peter’s Bar de Horta, en la isla de Faial, uno de los bares míticos del planeta, parada de navegantes donde se rumorea que preparan el mejor gin tonic del mundo.
Un consejo: El Terra Nostra Garden Hotel, en São Miguel, es uno de esos hoteles que esconden un tesoro. Allí se encuentra uno de los grandes jardines botánicos de Europa. Creado en el siglo XVII por el entonces cónsul estadounidense Thomas Hickling, es un vergel apabuillante de doce hectáreas que desafía cualquier prejuicio. El jardín es una selva perfectamente cuidada, un derroche brutal de camelias, plantas nativas, ornamentales y nenúfares. También tiene una enorme y decadente piscina de aguas férricas y un estanque termal que añade misterio al lugar.
¿Dónde comer en las Azores?
La gastronomía azoriana es sabrosa y sana. Los protagonistas son la carne de vacuno, el pescado fresco, el marisco y las verduras. En el centro de Terceira se puede alternar la cocina tradicional del hotel Beira Mar (Largo Miguel Corte Real, 1-5, Angra do Heroísmo) con la contemporánea. En el restaurante Ambientes con sabores se revisan los platos típicos con imaginación y sin florituras. En Ponta Delgada está el Cais 20 (2ª Rua do Terreiro, 41), donde hasta las 5 de la mañana se sirven lapas grilhadas, sopa de peixe y vieiras gratinadas. De ambiente diferente, frecuentado por los europeos que viajan a São Miguel está el Bar Colegio 27. Y para comer buena carne deberemos acudir a Alcides (Ruan Hintze Ribeiro, 61-77), que desde 1956 es famoso por su bife.
¿Hoteles en las Azores?
En las islas no hay resorts ni cadenas hoteleras. Existe una buena red de turismo rural o turismo de habitación, quintas con encanto y hoteles. Tanto en Angra y alrededores como en Terceira hay muy buenas opciones, como el Hotel do Caracol, que ofrece diseño contemporáneo y unos dúplex más que cómodos. La Quinta das Merçes es una mansión con bosque y capilla privados. En Ponta Delgada encontramos el Hotel do Colegio, una hermosa casona en el centro histórico. En la zona moderna está el Hotel The Lince, muy cómodo y con un spa de lo más apetecible. Otra propuesta atractiva es la de Furnas Lake Village, un conjunto de cabañas de madera frente al lago.
¿Cómo llegar a las Azores?
Tap vuela de Madrid a Azores vía Lisboa. Todas las islas tienen aeropuerto pero los más importantes son los de Ponta Delgada y Terceira. La duración del vuelo Lisboa-Ponta Delgada es de aproximadamente dos horas y media. Para moverse entre las islas la mejor opción es el avión: Air Açores es la compañía local. Después, ya sobre el terreno, conviene alquilar un coche.
