Archive for Marzo, 2010:
10 escapadas con tu mascota

Muchas veces a la hora de hacer una escapada de fin de semana no sabemos dónde dejar a nuestra mascota, ya que la mayoría de hoteles no las aceptan y al final nos toca quedarnos en casa. Se acabó. Hemos elaborado una lista con diez hoteles españoles donde podremos viajar con nuestros pequeños amigos.
1. NH Palacio de Oquendo (Cáceres). Hallar un hotel de estas características en Cáceres es la excusa perfecta para escaparnos a esta ciudad, que suele estar fuera de los destinos habituales del viajero. El hotel está situado en un palacio del siglo XVI en el corazón de la ciudad, y acaba de ser renovado. Así podrás pasear por las empinadas calles de la Ciudad Antigua con tu perro. Los hoteles NH aceptan, por un mínimo coste adicional, mascotas de tamaño mediano.
2. Hotel Urban (Madrid). A Madrid se viaja por mil razones: trabajo, ocio, compras… y es bueno saber que podemos hacerlo acompañado de nuestra mascota. Muchos no saben que uno de los iconos del Madrid del siglo XXI acepta perros de hasta 10 kilos. Un hotel con mil metros cuadrados de planta para recorrer, una colección de arte que admirar, un bar con algunos de los mejores cócteles de la ciudad… ¿hace falta seguir?
3. Palacio de la Serna (Ciudad Real). Almagro es conocido por su festival de teatro clásico, pero es un destino que merece ser la pena disfrutado durante todo el año. Este hotel es un buen centro de operaciones para realizar turismo activo, de relax, enológico o gastronómico. Como se espera de cualquier palacio, es grande, lujoso y con unos alrededores perfectos para salir a pasear con tu mascota.
4. Indiana Golf (San Roque del Acebal, Asturias). No hay por qué montar en el coche con los palos de golf y tener que dejar a nuestra mascota en casa. Este hote, de arquitectura colonial, situado a dos kilómetros de Llanes, nos lo pone fácil. Tiene un campo de Golf (La Cuesta) a menos de un kilómetro. Los perros no pueden jugar al golf, pero el hotel está en una finca inmensa a tiro de piedra de las fantásticas playas asturianas.
5. La Almunia del Valle (Monachil, Granada). Los esquíes y las mascotas no son incompatibles. Al menos no en este lugar junto a Sierra Nevada donde podemos planear un fin de semana en la nieve junto a nuestra mascota. Es un pequeño hotel boutique rural que además de estar ubicado a pie de pista, está a diez minutos del centro de Granada, una de las mejores ciudades para planear una escapada.
6. Molino de Alcuneza (Guadalajara). Por su cercanía con la capital, este lugar es perfecto para una escapada de fin de semana. Este edificio del siglo XIV ofrece silencio, tratamientos de belleza, buena comida y sobre todo espacio para que nos relajemos dando largos paseos con nuestra mascota, olvidando el estrés de la ciudad. Además cerca está Sigüenza, que siempre merece una visita.
7. Casa del Patrón (Álava). En pleno País Vasco, entre Bilbao y Vitoria, está este edificio de principios de siglo. Que esté cerca del parque natural de la Sierra de Gorbea es una ventaja para los que viajan con animales. Aunque sobra decirlo, estamos en una región donde la gastronomía es más que buena y por sí sola sería una excusa para acercarnos a Euskadi.
8. Hotel Monasterio de San Francisco (Córdoba). Este hotel en Palma del Río no es que acepte mascotas, es que favorece la estancia de personas que acuden con animales de compañía. Les asigna habitaciones exteriores, proporciona camas, comederos y bebederos, y todo sin coste extra, algo atípico en España. Además el hotel (un imponente edificio del siglo XVI) es una auténtica delicia que merecería ser visitado con o sin mascota.
9. Hotel Villa La Guardia (Logroño). En el corazón de la tierra con nombre de vino también hay sitio para los animales. Podemos organizar un fin de semana de catas y visitas a bodegas sin tener que preocuparnos en separarnos de nuestra mascota. Está en La Guardia y en él el vino tiene un papel protagonista. Su spa está especializado en tratamientos con vino y medicina holística, aunque para disfrutar de esto hay que dejar a la mascota en la puerta.
10 . ME by Meliá (Barcelona). Los hoteles ME, además de ser lugares para ver y dejarse ver, también favorecen que lo hagamos acompañados de nuestra mascota. Este hotel ofrece lo que ellos llaman ‘PET ME’, es decir, un programa específico para perros. Esto significa que ellos tendrán sus propias camas (con sábanas incluídas), un paseador y cuidados que los convertirán en huéspedes de primera fila.
Escapada a Venecia

No hay otra ciudad en el mundo que despierte tantas sensaciones como Venecia, uno de los destinos estrella de Italia y lugar de pergrinaje para los enamorados. Vamos a elaborar una lista con diez cosas que no podemos dejar de hacer si decidimos escaparnos a la ciudad de los canales.
1. Amanecer en San Marcos. Da igual que hayamos pasado mil veces por esta plaza: la impresión que causa al admirarla con las primeras luces de la mañana es inolvidable, tanto por lo sublime de la primera luz cayendo sobre la plaza como por la ausencia de turistas. Es la única plaza de Venecia que no se llama Piazza y no Campo. A este lugar hay que dedicarle todo el tiempo que merece, fijándonos en la impresionante basílica bizantina de San Marcos, en el Campanile (desde cuya cima se ven hasta los Alpes), en la columna que sostiene el león alado…
2. Desayuno en el Bar Foscarini. Desde las mesas de este local, al borde del Gran Canal y a los pies del Ponte dell’Accademia, hay unas vistas impresionantes de algunos de los palazzos más bellos de la ciudad. Podemos comenzar el día tomando un auténtico café italiano, que siempre será un espresso, pues sólo los turistas piden capuccino en Italia. Lo podremos acompañar con brioches recién hechos y zumos naturales. Una vez hayamos repuesto fuerzas, podemos pasarnos la la Gallerie dell’Accademia, donde se haya la mejor colección de arte de la ciudad, donde no faltan obras de grandes genios venecianos como Tintoretto o Tiziano, además de otros maestros italianos como Canaletto.
3. Arte contemporáneo. Si antes hablábamos de arte clásico, hemos de destacar que Venecia alberga la colección de arte más contemporáneo más importante de Italia. Ello se debe a Peggy Guggenheim, mecenas estadounidense que falleció en 1979 pero dejó parte de su legado para que pudiera ser contemplado en el Palazzo Venier dei Leoni, la que fue su casa durante más de 30 años. Allí encontraremos obras de Pollock, Rothko, Mondrian, Miró o Picasso. Ahí es nada.
4. Una Pizza en el Campo Santa Margherita. Aunque cueste creerlo, en Venecia todavía quedan sitios en los que se puede comer por un precio razonable y sin agobios. Los restaurantes y trattorias que jalonan el encantador Campo Santa Margherita, sin salir del sestiere de Dorsoduro (zona universitaria), dan fe de ello. Por las mañanas aquí se instala un animado mercado de frutas, pescado y verduras, mientras que por la tarde el lugar se llena de jóvenes que abarrotan las terrazas. Las pizzas calzone (las que se doblan sobre sí mismas, como una empanada gigante) de la trattoria Antico Capon, que además es un pequeño hotel, son famosas en toda la ciudad.
5. Un paseo en góndola, o algo parecido. Una de las cosas que todos queremos hacer en nuestra visita a Venecia es dar un paseo en góndola por los canales, pero no todos estamos dispuestos a pagar los 100 euros (mínimo) que nos piden por darnos una vuelta durante 20 minutos. Pero hay otra forma de surcar el Gran Canal, que es la calle más bella del mundo. Para ello deberemos subir al vaporetto 1 o 2, elegir bien nuestro asiento y dedicarnos a disfrutar de las vistas. Los vaporettos hacen las veces de autobús acuático, y el precio de un ticket se aproxima a una carrera corta de taxi.
6. El café más barato del mundo. En Venecia hay ciertas cosas que no podemos dejar de hacer. Una de ellas es ver la ciudad desde el agua. La otra es tomar un café en la Plaza de San Marcos al atardecer, aunque ese espresso o capuccino nos cueste casi como una botella de buen vino. En el Café Florian, el más emblemático de la Piazza, se sentaron en otras épocas Dickens o Proust. Ver la vida pasar desde una de sus mesas mientras la luz dorada cae sobre los soportales no tiene precio. Por eso vale la pena pagar lo que nos pidan por un café, de hecho es barato si tenemos en cuenta lo que obtenemos a cambio. Es cierto que muchos turistas huyen de este cotidiano acto como de la peste, precisamente por eso, porque es algo que sólo hacen los turistas. Pero quien deje de hacerlo se perderá un momento mágico de esta ciudad.
7. Máscaras venecianas. Las máscaras que representan personajes de la Comedia del Arte de Goldini se venden en todos los rincones de la ciudad como souvenirs, pero sólo unos cuantos locales pueden calificarse de auténticos talleres donde estas máscaras dejan de ser un recuerdo para convertirse en una obra de arte. Es el caso, por ejemplo, de Ca’Macana, donde siguen elaborando las máscaras de forma totalmente tradicional. Además se imparten conferencias, talleres y cursos para aprender a fabricarlas.
8. El Puente de Rialto. El más antiguo de los cuatro puentes que cruzan el Gran Canal se mantiene en pie desde el Siglo XVI, y está repleto de tiendas y joyerías. Aquí está también el popular Mercado de Rialto, y en los alrededores hay varios bacari, tabernas en plan rústico para sumarse a la tradición de tomar un vino acompañado de una tapa.
9. Una cena de lujo. El Hotel Cipriani es una leyenda que se ha forjado a lo largo de los más de 50 años que lleva abierto. Por su ubicación, en la Isla de La Giudecca, algunas de sus habitaciones brindan una vista impresionante de toda Venecia, que han contemplado políticos, aristócratas, artistas… Los precios son elevados, no nos engañemos, como corresponde a un hotel de lujo. Así que si el presupuesto no da para dormir allí, podemos optar por cenar en su exclusivo restaurante, Fortuny. Alguna de sus especialidades son el risotto de gambas del Adriático o la piccata salteada con alcachofas.
10. Y para acabar, un cóctel. Precisamente fue Giuseppe Cipriani, el fundador del hotel que lleva su nombre, quién en los años 30 ideó un la fórmula de un cóctel que acabó llamándose Bellini: combina prosecco (vino espumoso italiano), zumo de melocotones blancos y una pizca de azúcar. Tal fue el éxito del brebaje que su fama acabó traspando fronteras. Hoy en día puede degustarse en un clásico de la ciudad, el Harry’s Bar, donde en otros tiempos lo bebieron personajes tan ilustres como Hemingway, Orson Wells o Truman Capote, cuyos espíritus parecen flotar aún por el local.
Escapada a Marsella

Marsella tiene 111 barrios, 21 playas y 300 días de sol al año. Puro mediterráneo, cruce de caminos y mezcla de razas. Capital de la Provenza francesa, dicen de ella que es la segunda ciudad del país. Es el lugar perfecto para una escapada de fin de semana con sabor.
Para conocerla, haremos un recorrido por algunos lugares que no podemos perdernos en nuestro viaje a esta ciudad mediterránea.
1. El Viejo Puerto (Vieux Port). Si hay un lugar con encanto en esta ciudad es precisamente éste, el epicentro alrededor del que gira la vida de esta localidad. Los puestos en el mercado del pescado contrastan con los multimillonarios yates de recreo, mientras los turistas hacen cola para subir al ferry que les llevará al Castillo de If o a Les Calanques.
Los fines de semana el viejo puerto es tomado por los marselleses, que abarrotan sus bares. El más ilustre es Le Bar de la Marine, en el 15 de la Quai Rive Neuve.
La entrada al viejo puerto está custodiada por dos fortalezas, Fort Saint-Jean y Fort Saint-Nicolas, construídos por Luis XIV para vigilir tanto la ciudad como a los marselleses, insumisos al poder real por naturaleza.
2. Le Panier. Al norte del puerto viejo se encuentra el barrio más antiguo de la ciudad, donde ésta fue fundada. Corsos y napolitanos fueron sus primeros inmigrantes, pero hoy en día Le Panier es un crisol de razas y dista mucho de ser el barrio peligroso y de mala reputación que fue hace unos años. Los artesanos han vuelto a sus calles, de fachadas decrépitas y coloridas, y el barrio ha vuelto a cobrar vida gracias a las tiendas, comercios, bares, cafeterías y restaurantes que han abierto sus puertas en Le Panier.
3. Vallon des Auffes. Se trata de una preciosa ensenada escondida bajo el viaducto de la carretera que une Marsella con Les Calenques. En esta zona se han rodado películas míticas como The French Connection. Es uno de los lugares preferidos por los marselleses para relajarse y acudir con la familia para bañarse, tomar el sol y almorzar mientras contemplan el Castillo de If. En Vallon des Auffes hay varios restaurantes que deberemos descubrir entre las casas de pescadores.
4. El Castillo de If. En el Vieux Port podemos tomar un ferry que nos llevará al mítico castillo, una de las lugares más visitados de la ciudad, emplazado en un islote en mitad de la bahía de Marsella. Fue mandado construir por Francisco I para proteger el acceso al puerto. Su ubicación y su arquitectura hicieron de esta fortaleza la prisión perfecta. No obstante, la fama del Castillo de If se debe a que Alejandro Dumas encerró allí a Edmundo Dantés en su clásico ‘El Conde de Montecristo’.
5. Les Calanques. Es el lugar preferido por los marselleses para una escapada. Se trata de unos acantilados que a lo largo de 20 kilómetros (entre Callelongue y Port Pin) se suceden junto al mar, dando cobijo a encantadoras calas (de hecho calanque, significa cala en francés). También son conocidos como los fiordos mediterráneos. La calanque más famosa es En-Vau, a la que podemos llegar por mar tomando un ferry en Vieux Port. Les Calanques alberga poblaciones muy populares para el veraneo, como Cassis.
6. Nôtre-Dame de la Garde. Si Vieux-Port es el mar, esta basílica bizantina en el cielo. Desde sus 154 metros de altura se contempla una panorámica privilegiada de la bahía de Marsella. La iglesia conserva aún las heridas que dejaron las balas durante la liberación de la ciudad en la segunda guerra mundial. Así que la basílica se ha convertido en el símbolo de la ciudad. La aguja de su campanario es el punto más elevado de Marsella.
7. La Cité Radieuse. La Corbusier, el genio de la arquitectura, construyó en 1952 Le Corbusier’s Unité d’Habitation, un organismo vivo de hormigon con calles interiores, tiendas, restaurantes y escuelas. Su intención era unificar toda una ciudad en la que sus habitantes compartieran una única entrada. Se ha convertido en una meca de la arquitectura a la que peregrinan miles de arquitectos cada año.
Los amantes de la novela negra pueden descubrir todo el sabor de Marsella a través de las novelas de Jean-Claude Izzo. En la trilogía de Marsella (Thotal Kéops, Chourmo y Soleá ), acompañaremos a su protagonista, Fabio Montale, que nos guiará a través del puerto viejo y Le Panier, sentiremos el salitre en la piel y nos detendremos en viejas tabernas para tomar un trago de pastis, el clásico licor marsellés, o comer las clásicas cestas de mejillones con patatas fritas.
Un truco: el City Pass permite visitar la ciudad de Marsella, gracias a su fórmula todo incluido. Tendremos entrada gratuita en los museos, libre acceso a toda la red de transporte, incluyendo el tren que nos lleva a Nôtre-Dame de la Garde o el barco que nos acerca al Castillo de If, degustación gratuita de productos en algunos comercios, visita comentada de la ciudad… Vale la pena.
Comer en Marsella.
Si estamos en la ensenada de Vallon des Auffes, el restaurante L’Epuisette es un acierto seguro. No podemos marcharnos de allí sin pedir el tajine de langosta con salsa picante.
Otra sugerencia podría ser Le ventre de l’Arqhitecte (Boulevard Michelet, 280), cuyos platos están inspirados por el espíritu de Le Corbusier, ya que el local se halla en el corazón de La Cité Radieuse.
Más económico es Une Table au Sud (Quai du Port, 1), que elabora cocina provenzal creativa. Famoso por sus refinadas e innovadoras recetas que incluyen ingredientes locales donde el pescado fresco es la estrella.
Le Miramar es otro de los clásicos en Marsella, cuya terraza cubierta posee vistas al Puerto Viejo. El marisco ocupa un lugar privilegiado en el menú, especialmente la tradicional bullabesa de Marsella, un generoso caldo de pescado hecho con pescado fresco y marisco, azafrán y cáscara de naranja
Dormir en Marsella.
Para disfrutar de todo el ambiente y sabor de la ciudad, recomendamos dormir en el Puerto Viejo. Una magnífica opción es el Hotel Radisson, situado en el epicentro de la vida marsellesa, junto al mar. Es un clásico de la ciudad, con una atención al cliente excepcional
Y si de clásicos hablamos, debemos nombrar al Hotel Tonic, frente al Vieux Port. Se encuentra en el corazón de Marsella, en el barrio de Quai des Belges, y está ubicado en un edificio de 1903, pese a que la decoración del hotel es de estilo contemporaneo y está equipado a la última en nuevas tecnologías.
