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Los hoteles más románticos de Europa

Quedan pocos días para San Valentín, pero aún estás a tiempo de sorprender a tu pareja llevándola a uno de los hoteles con más encanto de Europa, una selección realizada por la empresa especialiada en hoteles Trivago, que se ha basado en la experiencia y opiniones de 15 millones de clientes. Y si no eres de los que celebra ese día, da igual. Cualquier fin de semana es perfecto para escaparnos y disfrutar de estos hoteles en buena compañía.
Así que seamos originales y olvidémonos de flores y bombones: un viaje romántico es el regalo perfecto.
1. El hotel preferido por los enamorados es el Santini Residence, en Praga, un hotel que dispone de habitaciones especialmente acondicionadas para pasar una noche inolvidable, a dos pasos del Antiguo Palacio Real y del Puente de Carlos. Si Praga ya es de por sí uno de los lugares con más encanto de Europa, alojarnos en un hotel tan maravilloso nos hará tocar el cielo con las manos.
2. Londres no podía faltar en la lista de ciudades preferidas por los enamorados, y sitúa su Hotel 41 como el segundo más votado en esta romántica lista. Y no es de extrañar: es uno de los estandartes del concepto Hotel Boutique, que combina una decoración clásica con los últimos avances tecnológicos. Y su ubicación es envidiable: justo detrás de Buckingham Palace y muy cerca del Tower Bridge.
3. Al otro lado de Europa, en la preciosa ciudad de Cracovia (Polonia) nos encontramos con el Hotel Gródek, elegido en mútliples ocasiones como el hotel con más encanto de la ciudad. En sus instalaciones podremos disfrutar de una galería de arte, una biblioteca y hasta de un pequeño museo arqueológico.
4. El cuarto hotel preferido por los clientes ha sido el Villa Contessa, en Bad Saarow, una pequeña localidad en plena naturaleza cerca del lago Scharmützelsee, en la región alemana de Brandenburgo. Rodeado de bosques y valles, este hotel más bien parece un palacete decorado al más puro estilo barroco, con muebles del siglo XVIII, dorados candelabros y abundancia de flores. Además del balneario ofrece la posibilidad de dar un romántico paseo en barca por el lago.
5. En la lista también aparece el Moulin d’Abbaye, en Brantôme (Francia), localidad conocida como la Venecia del Périgord, a tiro de piedra de Burdeos. EL hotel está ubicado en un antiguo molino de agua que ha sido restaurado y que ofrece uno de los parajes más bellos de Dordoña. La vista abarca el puente acodado, obra de arte del siglo XVI, el Jardín de los Monjes, la torre medieval, el pabellón del Renacimiento y la famosa abadía fundada por Carlomagno.
6. Tras él, aparece el Amfitriti Paradosiakos Xenonas, un pequeño hotel de tres estrellas ubicado en el bello puerto de Nafpio, en el Peloponeso (Grecia). Si buscamos exclusividad e intimidad este es el lugar perfecto: sólo dispone de cinco habitaciones que los propietarios han sabido personalizar para dotarlas de un encanto especial. Las decoración de las habitaciones está a medio camino entre la moderno y tradicional, destacando sus antigüedades y alfombras hechas a mano. Cerca de allí se encuentran las excavaciones de Epidauros y Mykene.
7. En la maravillosa ciudad de Brujas (Bélgica) los usuarios han votado por el Pand Hotel, un hotel de primera clase en el casco histórico de la localidad, decorado con antiguedades y obras de arte. Es el perfecto ejemplo de cómo unas antiguas cocheras pueden transformarse en un hotel boutique.
8. Italia, cómo no, también está representada en esta lista que parece confeccionada por el mismísimo Cupido. El hotel Il Cantico della Natura se encuentra en un antiguo caserón de piedra del siglo XVI, en las afueras de la pequeña ciudad de Magione, en Umbría, entre olivos y en un paisaje rural típicamente italiano. Algunas de sus doce habitaciones y suites ofrecen unas inmejorables vistas del Lago Trasimeno.
9. Siempre se dice que si queremos tranquilidad debemos viajar a Suiza. Dicho y hecho, pues allí se encuentra el penúltimo de los hoteles de nuestra lista: Villa Carona, en el cantón suizo de Tesino. Se trata de una antigua casa con más de dos siglos pero que ha sido restaurada hasta el último detalle. Paz y relax son las principales premisas de este hotel famililar, entre cuyas sus instalaciones destaca el jardín, donde podremos almorzar al aire libre contemplando el Monte Generoso.
10. Y como dirían los ingleses, last but not least, nos encontramos con el representante español en esta guía de alojamientos románticos: se trata de Ca‘n Simó, en Alcudia (Mallorca), situado entre las bahías de Alcudia y Pollensa. Sólo dispone de siete habitaciones, por lo que la intimidad del lugar está garantizada. En un edificio de piedra al más puro estilo mallorquín, Ca’n Simó tiene un aire rústico pero no le falta detalle. La cercana ciudad de Alcudia ofrece a los enamorados, además de playa, un puñado rincones de lo más pintoresco y una excelente gastronomía mediterránea.
¿Quién da más?
Escapada a Brujas
Brujas, con sus calles brumosas y un casco antiguo que ya quisieran para sí otras ciudades con más renombre, es uno de los lugares preferidos por enamorados, gourmets y amantes del chocolate. De hecho esta ciudad belga recibe más de tres millones de visitantes cada año, por algo será. Es un destino perfecto para una escapada romántica o gastronómica. O ambas cosas a la vez.
Nada mejor que perdernos por la ciudad paseándola de arriba a abajo, dsifrutando de sus fachadas de ladrillo visto y su belleza vespertina. Un buen punto de partida en nuestro deambular puede ser Grote Markt (una de las principales plazas de la ciudad), presidida por la imponente Atalaya, una torre gótica de vigilancia coronada por 48 campanas de distintos sonidos, que sólo los brujenses avezados saben reconocer. Los miércoles y los sábados suenan durante más de media hora a partir de las dos de la tarde.
Cerca de allí nos encontramos con el Museo Dalí, con una colección imponente de litografías gastronómicas. Para los amantes de la pintura. O de la comida.
Brujas fue en otra época una potencia comercial (bajo la oficina de Correos y edificios colindantes yace un antiguo canal que permitía a los barcos llegar hasta el mismo centro urbano) y parte de ese esplendor se puede observar de camino al Burg. En esta plaza conviven siete siglos de arquitectura, desde la cripta románica de la capilla de la Santa Sangre hasta la renacentista Escribanía Civil, pasando por la joya gótica del Ayuntamiento.
Durante nuestro paseo cruzaremos el callejón Blinde Ezelstraat para llegar hasta el mercado de pescado (abierto de martes a sábado) en Vismarkt. Si seguimos por Groenerei nos toparemos con uno de los sitios más pintorescos de la ciudad, la zona de Arensthof, y allí al lado el fantástico Groeningemuseum, que alberga las obras maestras de la escuela flamenca.
Más visitas obligadas: Begijnhof, donde se respira auténtica paz, o Minnewater, el lago del amor.
Aunque no nos guste la cerveza (una pena estar en Bélgica y no probar la bebida nacional) debemos acercanos hasta la cervecería De Halve Maan, que cuenta con unas impresionantes vistas panorámicas de la ciudad.
En nuestra escapada no debería faltar una visita al barrio de Santa Ana (Sint Annakwartier), donde veremos a mujeres ataviadas con trajes regionales flamencos mientras se dedican al encaje de bolillos. Sí, así como suena.
Para finalizar, nada mejor que la plaza t’Zand, que nos aleja del entramado de callejuelas y nos lleva hasta el Concertgebouw, un auditorio donde se programan los grandes acontecimientos culturales de la ciudad. Desde su terreza se tiene una espectacular imagen aérea del casco viejo de Brujas.
Otra opción es hacer un recorrido en barco por los canales, saliendo desde cualquiera de los cinco embarcaderos situados en el cauce del Djiver, obteniendo así un punto de vista muy diferente de la ciudad.
¿Comer en Brujas? Allí presumen de buena gastronomía, y no exageran: son aficionados a las salsas muy elaboradas y al pescado, eso sí, acompañándolo todo con toneladas de patatas fritas. El plato nacional es el moules et frites (o sea, mejillones y patatas fritas). No podemos olvidarnos de los gofres y de los pralinés si queremos acercanos a la cocina local.
Recomendamos tres opciones para ir sobre seguro en materia gastronómica: Cafedreaal (Ziberstraat, 38), un local del siglo XV que rezuma encanto. El plato estrella es el guiso de ternera maridado con una buena cerveza; Den Dyver (Djiver, 5), un clásico de la ciudad dirigido por la familia Vandenbussche, donde podremos elegir entre varios menús gastronómicos; Poules Moules (Simon Stevinplein, 9), pequeño local ubicado en una casa del siglo XVII donde probar los clásicos mejillones con patatas fritas.
Para dormir en Brujas:
Hotel Navarra (Sint Jakobstraat, 41). Un clásico en pleno centro histórico. Construído en el año 1602, dispone de un total de 94 habitaciones repartidas en 3 plantas. En el amplio y espacioso hall de entrada hay un ascensor y un área de recepción. Para que no se aburra, en el hotel hay un bar donde se toca música jazz. Por último, también cuenta con un jardín en la parte trasera.
The Pand Hotel (Pandreitje, 16). El lugar perfecto para los enamorados. Esta casa del siglo XVIII donde se guardaban los carruajes se ha convertido en un auténtico hotel boutique con una delicada e inteligente transformación de cada espacio. Se trata de un establecimiento adecuado para familias que consta de 26 habitaciones y está completamente climatizado. Dispone de vestíbulo con servicio de recepción y salida 24 horas, caja fuerte, servicio de cambio de divisas y guardarropa. Podrá relajarse junto al fuego en la biblioteca o disfrutar del patio, un pequeño paraíso de paz y tranquilidad en el corazón de esta antigua ciudad. En el recinto también hay bar y servicio de habitaciones. Si llega en coche, puede dejarlo en el garaje por un suplemento.
Comer chocolate en Bélgica

Lo primero que hay que hacer es aclarar los conceptos: los pralinés belgas son lo que en España conocemos como bombones, y encima son de origen francés (su inventor fue el cocinero personal del Duque de Plesslis-Pralin).
La combinación entre almendra, avellana y azucar quemada podría haberse quedado en el camino como otra golosina más, pero ahí es donde los belgas entran en acción: en Bélgica sabían mucho de chocolate (que llegaba de sus colonias africanas) y contaban con una técnica muy depurada para trabajarlo. Cambiaron la cobertura de azúcar francesa por la de chocolate y de ahí salió el concepto de praliné o bombón.
Este producto le debe mucho a la familia Neuhaus, que desde 1852 innovan tanto en la creación como en la conservación del chocolate. Por lo tanto uno de los lugares que debemos visitar en nuestra visita a Bélgica es el taller-laboratorio de Neuhaus en las Galerías Reales Saint-Hubert de Bruselas.
Los amantes del chocolate tienen en Bélgica uno de sus paraísos gastronómicos. En el país existe una generación de maestros clásicos chocolateros que han hecho de este producto casi una obra de arte, llevándolo hasta puntos insospechados, al nivel de la alta gastronomía. Además del maestro Neuhaus hay casas míticas como Godiva, Wittamer, Côte d’Or o Leonidas, muchas de las cuales tienen sus chocolaterías en la plaza de Sablon, en Bruselas. Podremos estar entrando y saliendo de estos establecimientos durante horas y al final no sabremos si hemos dejado atrás una joyería o una tienda de chocolates.
Si queremos alargar nuestra escapada podemos acercarnos hasta Brujas, una de las ciudades más bellas de Europa y templo del buen chocolate. Allí, además de encontrar tiendas como las de Pierre Marcolini (que pasa por elaborar el mejor chocolate del mundo) o la de Dominique Persoone (uno de los rebeldes del sector), y podremos visitar fábricas y hasta un museo del chocolate: Choco-Story.
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