Escapada a Marsella

7 de Marzo de 2010 | Comments Off

Marsella tiene 111 barrios, 21 playas y 300 días de sol al año. Puro mediterráneo, cruce de caminos y mezcla de razas. Capital de la Provenza francesa, dicen de ella que es la segunda ciudad del país. Es el lugar perfecto para una escapada de fin de semana con sabor.

Para conocerla, haremos un recorrido por algunos lugares que no podemos perdernos en nuestro viaje a esta ciudad mediterránea.

1. El Viejo Puerto (Vieux Port). Si hay un lugar con encanto en esta ciudad es precisamente éste, el epicentro alrededor del que gira la vida de esta localidad. Los puestos en el mercado del pescado contrastan con los multimillonarios yates de recreo, mientras los turistas hacen cola para subir al ferry que les llevará al Castillo de If o a Les Calanques.

Los fines de semana el viejo puerto es tomado por los marselleses, que abarrotan sus bares. El más ilustre es Le Bar de la Marine, en el 15 de la Quai Rive Neuve.

La entrada al viejo puerto está custodiada por dos fortalezas, Fort Saint-Jean y Fort Saint-Nicolas, construídos por Luis XIV para vigilir tanto la ciudad como a los marselleses, insumisos al poder real por naturaleza.

2. Le Panier. Al norte del puerto viejo se encuentra el barrio más antiguo de la ciudad, donde ésta fue fundada. Corsos y napolitanos fueron sus primeros inmigrantes, pero hoy en día Le Panier es un crisol de razas y dista mucho de ser el barrio peligroso y de mala reputación que fue hace unos años. Los artesanos han vuelto a sus calles, de fachadas decrépitas y coloridas, y el barrio ha vuelto a cobrar vida gracias a las tiendas, comercios, bares, cafeterías y restaurantes que han abierto sus puertas en Le Panier.

3. Vallon des Auffes. Se trata de una preciosa ensenada escondida bajo el viaducto de la carretera que une Marsella con Les Calenques. En esta zona se han rodado películas míticas como The French Connection. Es uno de los lugares preferidos por los marselleses para relajarse y acudir con la familia para bañarse, tomar el sol y almorzar mientras contemplan el Castillo de If. En Vallon des Auffes hay varios restaurantes que deberemos descubrir entre las casas de pescadores.

4. El Castillo de If. En el Vieux Port podemos tomar un ferry que nos llevará al mítico castillo, una de las lugares más visitados de la ciudad, emplazado en un islote en mitad de la bahía de Marsella. Fue mandado construir por Francisco I para proteger el acceso al puerto. Su ubicación y su arquitectura hicieron de esta fortaleza la prisión perfecta. No obstante, la fama del Castillo de If se debe a que Alejandro Dumas encerró allí a Edmundo Dantés en su clásico ‘El Conde de Montecristo’.

5. Les Calanques. Es el lugar preferido por los marselleses para una escapada. Se trata de unos acantilados que a lo largo de 20 kilómetros (entre Callelongue y Port Pin) se suceden junto al mar, dando cobijo a encantadoras calas (de hecho calanque, significa cala en francés). También son conocidos como los fiordos mediterráneos. La calanque más famosa es En-Vau, a la que podemos llegar por mar tomando un ferry en Vieux Port. Les Calanques alberga poblaciones muy populares para el veraneo, como Cassis.

6. Nôtre-Dame de la Garde. Si Vieux-Port es el mar, esta basílica bizantina en el cielo. Desde sus 154 metros de altura se contempla una panorámica privilegiada de la bahía de Marsella. La iglesia conserva aún las heridas que dejaron las balas durante la liberación de la ciudad en la segunda guerra mundial. Así que la basílica se ha convertido en el símbolo de la ciudad. La aguja de su campanario es el punto más elevado de Marsella.

7. La Cité Radieuse. La Corbusier, el genio de la arquitectura, construyó en 1952 Le Corbusier’s Unité d’Habitation, un organismo vivo de hormigon con calles interiores, tiendas, restaurantes y escuelas. Su intención era unificar toda una ciudad en la que sus habitantes compartieran una única entrada. Se ha convertido en una meca de la arquitectura a la que peregrinan miles de arquitectos cada año.

Los amantes de la novela negra pueden descubrir todo el sabor de Marsella a través de las novelas de Jean-Claude Izzo. En la trilogía de Marsella (Thotal Kéops, Chourmo y Soleá ), acompañaremos a su protagonista, Fabio Montale, que nos guiará a través del puerto viejo y Le Panier, sentiremos el salitre en la piel y nos detendremos en viejas tabernas para tomar un trago de pastis, el clásico licor marsellés, o comer las clásicas cestas de mejillones con patatas fritas.

Un truco: el City Pass permite visitar la ciudad de Marsella, gracias a su fórmula todo incluido. Tendremos entrada gratuita en los museos, libre acceso a toda la red de transporte, incluyendo el tren que nos lleva a Nôtre-Dame de la Garde o el barco que nos acerca al Castillo de If, degustación gratuita de productos en algunos comercios, visita comentada de la ciudad… Vale la pena.

Comer en Marsella.

Si estamos en la ensenada de Vallon des Auffes, el restaurante L’Epuisette es un acierto seguro. No podemos marcharnos de allí sin pedir el tajine de langosta con salsa picante.

Otra sugerencia podría ser Le ventre de l’Arqhitecte (Boulevard Michelet, 280), cuyos platos están inspirados por el espíritu de Le Corbusier, ya que el local se halla en el corazón de La Cité Radieuse.

Más económico es Une Table au Sud (Quai du Port, 1), que elabora cocina provenzal creativa. Famoso por sus refinadas e innovadoras recetas que incluyen ingredientes locales donde el pescado fresco es la estrella.

Le Miramar es otro de los clásicos en Marsella, cuya terraza cubierta posee vistas al Puerto Viejo. El marisco ocupa un lugar privilegiado en el menú, especialmente la tradicional bullabesa de Marsella, un generoso caldo de pescado hecho con pescado fresco y marisco, azafrán y cáscara de naranja

Dormir en Marsella.

Para disfrutar de todo el ambiente y sabor de la ciudad, recomendamos dormir en el Puerto Viejo. Una magnífica opción es el Hotel Radisson, situado en el epicentro de la vida marsellesa, junto al mar. Es un clásico de la ciudad, con una atención al cliente excepcional

Y si de clásicos hablamos, debemos nombrar al Hotel Tonic, frente al Vieux Port. Se encuentra en el corazón de Marsella, en el barrio de Quai des Belges, y está ubicado en un edificio de 1903, pese a que la decoración del hotel es de estilo contemporaneo y está equipado a la última en nuevas tecnologías.

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Las 10 escapadas favoritas para Semana Santa

5 de Marzo de 2010 | Comments Off

Ya está aquí la Semana Santa, uno de los períodos más esperados por los viajeros. Por tanto sería interesante conocer cuáles son las ciudades preferidas por los españoles para realiar una escapada en estas fechas. Varios de los principales buscadores de viajes han publicado una lista con las búsquedas de los nómadas españoles para escaparse en Semana Santa. Y el resultado ha sido éste.

  • 1. Londres
  • 2. París
  • 3. Nueva York
  • 4. Barcelona
  • 5. Berlín
  • 6. Madrid
  • 7. Sevilla
  • 8. Roma
  • 9. Amsterdam
  • 10. Tenerife

Los datos son bastante reveladores. Hay dos claras tendencias: por un lado los españoles se decantan por los grandes clásicos del turismo europeo, mientras que otro sector prefiere quedarse en suelo patrio. Y como no podía ser de otra forma, Sevilla ocupa un lugar destacado en las preferencias de los viajeros que desean realizar una escapada en Semana Santa. Llama la atención el tercer puesto de Nueva York: muchos viajeros prefieren perder algunas horas más encerrados en una avión a cambio de pasear por las calles de una de las ciudades más alucinantes del mundo.


Escapadas Románticas: Altea (Alicante)

27 de Febrero de 2010 | Comments Off

Si nos llevaran con los ojos tapados hasta el centro de Altea y allí nos quitaran la venda, podríamos jurar que nos encontramos en alguna de las Islas Griegas. El blanco y el azul se imponen en esta preciosa localidad situada a media hora de Alicante y a poco más de una hora de Valencia. En el corazón de la Costa Blanca, Altea es perfecta para una escapada romántica de fin de semana.

Todo en este pequeño pueblo incita al relax, debemos perdernos por sus callejas de casas blancas mientras aspiramos el olor a azahar y a brisa marina. Un magnífico punto de partida para nuestra ruta es la calle San Miguel, repleta de tiendas con encanto: de alimentos, de artesanía, de ropa… para acabar desembocando en la plaza de la Iglesia, con sus torres rematadas en hermosas cúpulas de azulejo azul. Desde allí bajaremos por calles empedradas y escalonadas, flanqueados por fachadas encaladas, hasta la playa de Altea, junto al barrio de pescadores. En su paseo marítimo se concentra mucha de la actividad y el ambiente de este pequeño pueblo alicantino.

Tal es la belleza de Altea que es común, en nuestro deambular por sus callejas empinadas, toparnos con pintores y fotógrafos que intentan plasmar la luz de este rincón del Mediterráneo. Porque no debemos olvidar que Altea es una localidad marítima, por lo que además de disfrutar su núcleo urbano podremos relajarnos en sus playas de arena fina.

Además, los más inquietos tienen a tiro de piedra la marcha nocturna de Benidorm , el encanto de Alfaz del Pí (y su festival de cine) o la majestuosidad del Peñón de Ifach.

Pero una escapada no está completa si no comemos como es debido. Altea nos brinda varios locales donde podremos dar rienda suelta a nuestra pasión gastronómica. La Claudia (Santa Bàrbara, 4), local que elabora cocina mediterránea de calidad con unas vistas impresionantes; El Canonge (Calle Mayor, 1), junto a la iglesa, es un italiano que se ha convertido rápidamente en uno de los sitios más valorados de Altea, tanto por su comida como por su terraza; muy cerca de allí está el Oustau (Calle Mayor, 5), restaurante coqueto con cocina de corte tradicional, donde es conveniente reservar, sobre todo en verano; y La Capella (Sant Pau, 1), famosa por sus cocas a la llumá (masas sobre las que se colocan productos caseros para introducirlas después en un horno de leña) y sus arroces.

Arroces que no podemos dejar de tomar si estamos en Alicante. Otra magnífica opción para probarlos es Casa Pepa (Partida de Pamís, 7-30), que en realidad no está en Altea sino en Ondara, el pueblo vecino, en mitad de un campo de naranjos y olivos. Sus arroces son atrevidos y exquisitos: de perdiz roja con setas, de bogavante, o uno de sus preferidos, el de sepia, coliflor y rúcula. En julio y agosto sólo sirven cenas. Y para los amantes de la Guía Michelín: Casa Pepa cuenta con una de sus famosas estrellas.

Si además de comer bien nos alojamos en un hotel con encanto, para qué queremos más. Una sugerencia:

La Serena (Alba, 10). Se trata de un pequeño hotel en el casco antiguo de Altea con una situación estratégica que te permite ir andando a la zona de comercio, a la plaza y a la zona de bares y restaurante. Y al mismo tiempo saborear la tranquilidad de un pueblo mediterráneo. Con vistas al mar. Es una casa de nueva planta en la que se ha respetado la arquitectura de la zona y se ha llenado de elementos que invitan al descanso y a la imaginación, como el íntimo baño turco, que lo hace perfecto para una escapada romántica.

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