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Cuando el viajero llega a Cuenca por carretera, ha de detenerse a coger aire ante la vista que ofrece la ciudad. Su casco antiguo, situado entre el río Júcar y el Huécar; sus puentes y la mágica iluminación que muestra al atardecer, ofrecen un espectáculo digno de admiración. Y es que no es de extrañar que Cuenca sea una de las pocas ciudades españolas declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco: su enorme belleza, su antigüedad y su especial idiosincrasia la convierten en el destino ideal para los viajeros que busquen algo diferente y especial. Cuenca es, además, el destino perfecto para una escapada relámpago por su pequeño tamaño y su accesibilidad.
LA CIUDAD ANTIGUA. El centro neurálgico y de referencia de la ciudad antigua es sin duda la Plaza Mayor, quizás la más hermosa y monumental de la villa. Es el punto perfecto para desayunar antes de empezar a patear las calles, y también el lugar al que regresar a la hora del aperitivo e incluso para disfrutar del ambiente nocturno.
En la plaza, lo primero que sin duda llama la atención es el impresionante edificio del Ayuntamiento, de época barroca y levantado sobre tres arcos de medio punto para permitir la circulación de entrada y salida a la plaza. Junto a él podemos ver las alegres fachadas de las casas, pintadas de distintos colores, que animan y dan personalidad a la plaza. Y hablando de color, precisamente de color rosa es otro de los edificios más antiguos y relevantes de este lugar: el Convento de las Petras, del siglo XVI.
Pero sin duda una de las construcciones más hermosas e importantes de la ciudad es la que se encuentra a la derecha: la Catedral de Nuestra Señora de Gracia (o de Nuestra Señora de Santa María y San Julián), de estilo gótico y que se terminó de edificar en el siglo XII. El edificio combina este estilo con elementos renacentistas, barrocos y neogóticos. A su lado se encuentra el Palacio Episcopal, que alberga el Museo Diocesano. Pero no es la única iglesia importante de Cuenca: caminando por la ciudad podemos encontrar otros bellos ejemplos como la iglesia de San Nicolás, San Andrés y San Miguel.
Especial interés tienen (tanto por su antigüedad como por el mito y la leyenda con los cuales se relacionan) los restos de la Iglesia de San Pantaleón de Jerusalén, erigida al parecer por los caballeros Templarios en el siglo XII (aunque hay quien afirma que es aún más antigua). En el interior de las ruinas encontramos uno de los rincones secretos de la ciudad: el jardín dedicado al poeta Federico Muelas, donde su efigie escultórica espera sentada a los pocos visitantes que se acercan hasta allí. Sobre él, un ventanuco muestra un curioso efecto: la apertura posterior simula de forma evidente la silueta de la Virgen con el Niño. ¿Casualidad, ilusión, misterio? La cuestión es que el pintor francés René Magritte se quedo impresionado con esta imagen y después la reflejó en muchas de sus obras.
Efectos especiales aparte, quien tenga especial interés por la arquitectura religiosa también podrá visitar en la ciudad conventos tan bellos como el de San Felipe Neri (en estilo rococó español) o el de la Concepción Franciscana.
Muy cerca de la Plaza Mayor, en el casco antiguo y siguiendo por la parte más alta de la ciudad, se encuentra una encantadora plaza que tiene por nombre Plaza de la Merced. La belleza del lugar es debida a los preciosos edificios que lo rodean, cuyas fachadas reflejan distintos estilos arquitectónicos.
Del siglo XVIII son las de la Iglesia de la Merced, el Caserón del Carmen y el Seminario, mientras que el Asilo de los Desamparados es de principios del siglo XX y actualmente es la sede del Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha. Ahora mismo nos conformaremos con contemplar los edificios por el exterior, dejando la visita al museo para más adelante.
También en pleno casco antiguo podemos visitar las ruinas de lo que fue el Castillo de Cuenca, el más importante de la ciudad: se encuentra en la calle del Trabuco, muy cerca de la plaza del mismo nombre. Son los restos de un castillo del siglo XIII, del cual se conservan parte de las murallas y las torres. El Arco de Bezudo se ubica en este punto, y antiguamente era una de las entradas a la ciudad amurallada. Subiendo aún más arriba (en el llamado Cerro de las Antenas), los más curiosos podrán contemplar los restos de un tanque de la Guerra Civil y un cementerio con tétricas leyendas.
LA TORRE DE CUENCA. Una de las obras civiles más conocidas de Cuenca es la Torre de Mangana, una edificación que con el tiempo se ha convertido en uno de los símbolos de referencia de la ciudad. Las sucesivas reconstrucciones y restauraciones de la torre original del siglo XVI han hecho que la que podemos contemplar en la actualidad tenga muy poco que ver con la que se erigió entonces, cuyo aspecto se conoce gracias a los dibujos que el pintor Anton Wyngaerde realizó del original.
Después de varias intervenciones destinadas a reforzar la torre y que apenas cambiaron su imagen, en los años 60 del siglo XX se restauró la edificación y se le otorgó un nuevo estilo (neomudéjar). En la década de los 70, de nuevo la pobre torre sufrió un cambio en su fisonomía, que la convirtió en una estructura de tipo fortificado y militar.
LAS CASAS COLGADAS. Si por algún motivo es célebre Cuenca es sin duda por la estampa de sus famosas Casas Colgadas. Aunque muchas personas se refieren a ellas como casas colgantes, rápidamente los ciudadanos de Cuenca les sacan de su error: las casas están suspendidas de un cañón junto al río, no penden por encima de él. ¿Quién no recuerda la conocida imagen de la botella de licor, modelada con la forma de estas curiosas casas?
Su visión es realmente impresionante y su interior es hoy día también de enorme interés. Y es que las Casas Colgadas son la sede del Museo de Arte Abstracto Español - Fundación Juan March, una institución de referencia en lo que respecta al arte contemporáneo de nuestro país. El museo acoge una importantísima colección de obras de arte pertenecientes a la corriente del informalismo abstracto, que se desarrolló en España en las décadas de los 50 y los 60 del siglo XX. Tan interesante como el contenido es sin duda el continente, un edificio de casas del siglo XV a través de cuyos miradores se pueden contemplar unas vistas sobre el río que compiten en belleza con los lienzos y las esculturas.
Sin embargo, el edificio en sí no es totalmente original: aunque se conservan algunas partes (un trozo de la escalera, un arco gótico, un artesonado mudéjar.), la construcción fue reconstruida casi en su totalidad para acoger la colección de Fernando Zóbel que dio origen al museo en el año 1966.
LOS PUENTES DE CUENCA. Ubicada como está entre dos ríos, no es de extrañar que en Cuenca podamos admirar y recorrer magníficos puentes. El más célebre es sin duda el Puente de San Pablo, también conocido como Puente de Hierro y que forma parte del conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad. Aunque el puente original se edificó en el siglo XVI, posteriormente terminó por derrumbarse y el actual se construyó en el año 1902.
El puente se ubica sobre la hoz del río Huécar y su estilo industrial, propio de las construcciones de principios del siglo XX, es tan elegante como sobrio. Desde el Puente de San Pablo es posible obtener la mejor panorámica de las casas colgadas de Cuenca.
El Puente de la Trinidad cruza también el río Huécar y es uno de los accesos principales al casco histórico, mientras que el más antiguo es el Puente de San Antón. En este último caso, el río que salva es el Júcar. Se trata de una bella y austera construcción del siglo XVII, que sustituyó a una más antigua de época musulmana.
VISTAS DESDE EL CONVENTO. El Convento de San Pablo, que actualmente acoge al Parador Nacional de Cuenca, se ubica sobre la hoz del Júcar y ofrece al viajero las mejores vistas de las Casas Colgadas. El atardecer desde el Convento es una de las postales más famosas de la ciudad manchega.
Este convento del siglo XVI está situado en un lugar privilegiado, en plena naturaleza y a un paso de la ciudad. Merece la pena hacerle una visita y contemplar su claustro acristalado o la capilla, que actualmente hace las funciones de bar. Y ya que estamos aquí, no podemos marcharnos sin visitar el Espacio Torner, que ocupa la iglesia gótica de San Pablo. En sus salas es posible contemplar la colección de arte contemporáneo seleccionada y montada por Gustavo Torner, con obras cedidas por el Museo Reina Sofía de Madrid (actual propietario de la colección).
CUENCA Y SUS MERCADOS. Los amantes de los rastros y los mercados callejeros que visiten la ciudad tendrán que procurar que su visita coincida con la mañana del martes, que es cuando se realiza este popular evento semanal en Cuenca. Además de los consabidos puestos de ropa, accesorios, bolsos, cuero y demás, en el rastro de la capital manchega también es posible adquirir deliciosos churros y porras para comenzar el día de la manera más castiza y exquisita posible. El mercadillo se instala en el Recinto Ferial y en él también hay puestos de artesanía popular. ¡Y hasta de pollos asados!
A quienes les guste contemplar los puestos de frutas y verduras llegados directamente del campo y la huerta, pueden acudir todas las mañanas a la Plaza de los Carros y adquirir los productos más naturales directamente a quienes los cultivan, sin ningún tipo de intermediación. Además en Cuenca, al igual que en muchos otros lugares de Castilla-La Mancha, la producción artesana tradicional se ha mantenido viva y hoy día hay muchos artistas que realizan bellos artículos típicos de la región. Para quienes quieran admirarlos e incluso comprarlos lo mejor es acudir al Centro de Artesanía Iglesia de Santa Cruz, ubicado en la iglesia del mismo nombre y con entrada gratis (Santa Catalina, s/n; cierra lunes y domingos por la tarde).
Las obras que se exponen y se venden en este peculiar museo son creaciones contemporáneas, que suponen la evolución de la artesanía típica y demuestran cómo es posible conjugar sin problemas la tradición con la modernidad.
CIUDAD DE MUSEOS. Cuenca es una ciudad de museos. Además del citado Museo de Arte Abstracto y del Espacio Torner, quienes viajen con niños o tengan pasión por las ciencias pueden acercarse al Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, situado en el Asilo de los Desamparados (Plaza de la Merced). En el Museo hay salas dedicadas a ciencias como la astronomía o los ecosistemas de Castilla-La Mancha, pero también un planetario con distintas proyecciones y un observatorio. Las salas están repletas de paneles y audiovisuales interactivos sobre la evolución de la vida y las distintas ciencias; además, el museo está ambientado de forma muy atractiva e interesante, con la idea de transportar al visitante en el tiempo. Desde la entrada, en la que se puede contemplar el impresionante aljibe (bajo el suelo de cristal) y el increíble reloj fabricado con todo tipo de materiales; hasta las salas, ambientadas en sombríos bosques o túneles subterráneos, la visita al museo es casi un viaje en el tiempo.
Como curiosidad, señalar que aquí se expone la única reproducción existente en el mundo del iberomesornis, un animal prehistórico cuyo esqueleto se descubrió en el yacimiento conquense de Las Hornas y que demuestra que la evolución de determinado tipo de reptiles dio origen a las aves. Recientemente el museo se ha ampliado con una nueva construcción que une la Plaza Mayor con la emblemática Torre de Mangana.
Y otra recomendación más: los fanáticos de la arqueología pueden visitar el Museo de Cuenca, que cuenta con tres plantas de exposición en las cuales hay varias salas dedicadas a la Prehistoria, la época clásica, la época tardorromana, el Medievo y la época moderna.
RASCACIELOS Y REFUGIOS ANTIAÉREOS. De vuelta a Cuenca podemos visitar uno de los puntos más curiosos de su casco histórico de Cuenca: las casas conocidas como Rascacielos. Porque como si de Nueva York estuviésemos hablando, en Cuenca también hay rascacielos. O por lo menos, así es como se conoce a estos edificios en la ciudad. Están agrupados en dos zonas: los Rascacielos del Huécar y los del Júcar.
Los del río Huécar son treinta casas a las que se llega por la calle Alfonso VIII; reciben este nombre porque, si bien por la fachada las casas alcanzan como máximo las cinco plantas, por su parte posterior (la que da a las hoces del río) llegan a contar con hasta diez pisos. Por su parte, los Rascacielos del Júcar son una serie de casas medievales que por un lado dan a la calle Pinares y la Plaza Mayor, ofreciendo un aspecto armónico y regular, mientras que por su parte trasera (la cuesta de San Miguel) muestran una arquitectura caótica y desordenada, pero indudablemente atractiva.
Desde el año 2010 Cuenca cuenta con un nuevo espacio para visitar, que se añade a los clásicos recorridos turísticos. Se trata de un refugio antiaéreo que se empleó durante la Guerra Civil española para acoger a los ciudadanos de la Cuenca republicana durante los bombardeos del ejército nacional. El refugio se abrió con la idea de comenzar el proyecto conocido como "Cuenca Oculta", que pretende sacar a la luz el patrimonio subterráneo de la ciudad.
Cuando el lugar dejó de cumplir su misión al terminar la guerra, fue utilizado para cultivar champiñones y después como almacén municipal. Actualmente está restaurado y acondicionado para las visitas, y la idea es conectarlo con otros existentes en más puntos de la ciudad. El refugio se encuentra situado en la calle Alfonso VIII, en pleno casco histórico, y para visitarlo es mejor informarse previamente en las oficinas de turismo, para informarnos sobre los horarios de las visitas guiadas.
LA CIUDAD ENCANTADA. Detrás de este sugerente nombre, se esconde un paraje único en el mundo, que se ha ido creando a lo largo de miles de años mediante formaciones rocosas. El agua, el viento y el hilo han modelado estos bloques de piedra creando sorprendentes esculturas naturales, como seres prehistóricos que se sostienen en un imposible equilibrio.
Existe un recorrido señalizado, de unos 3 kilómetros de longitud, de dificultad mínima, que se realiza en aproximadamente una hora, para visitar las diversas rocas y formaciones a las que se han dado nombres de animales y de objetos como el Tormo Alto (símbolo de la Ciudad Encantada), cuya estructura desafía la ley de la gravedad, que se encuentra justo a la entrada del recorrido y fue el lugar donde el lider hispano Viriato fue incinerado. Durante nuestro paseo nos encontraremos con formaciones rocosas que han sido bautizadas con nombres tan pintoresecos como Lucha entre el Cocodrilo y el Elefante o Los Amantes de Teruel.
La Ciudad Encantada , en plena Serranía de Cuenca es el destino turístico, junto con el Nacimiento del Rio Cuervo, más visitado en la provincia de Cuenca, y como no podía ser de otra forma, se trata de un Sitio Natural de Interés Cultural.
La Ciudad Encantada está situada al noreste de la ciudad de Cuenca, a menos de 30 kilómetros. Deberemos tomar la carretera CM-2104 (dirección Tragacete) y seguir las indicaciones que iremos viendo por el camino (está muy bien señalizado). Hay un enorme parking donde podremos el coche. La entrada a la Ciudad Encantada cuesta 3 euros, y se pueden adquirir guías explicativas que nos marcarán el recorrido.


