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La isla de Cerdeña es un lugar muy especial. Siendo la más grande del Mediterráneo, atesora también rincones llenos de belleza que el turismo parece haber olvidado en su afán por visitar y transitar. Desde que el célebre escritor D. H. Lawrence se enamoró de ella y reflejó su espíritu en el libro “Cerdeña y el Mar”, en el cual describe con prosa ágil y veloz un viaje de tan sólo nueve días, muchos han sido los viajeros que han acudido a Cerdeña en busca de mar, montaña y historia. La capital de la isla, Cagliari, se encuentra situada en la costa sur, en una maravillosa bahía que ofrece una de las puestas de sol más hermosas que se puedan imaginar.
Si bien la fama de Cerdeña se la lleva casi siempre su célebre y exclusiva Costa Esmeralda, situada en el norte, la comarca de Cagliari cuenta con un sinfín de magníficos paisajes, playas espectaculares, pueblos llenos de encanto, restos de ciudades romanas y fenicias, excavaciones arqueológicas y rutas para practicar el senderismo. Quizás no encontremos ese turismo VIP de las calas norteñas, con sus enormes yates y sus coches de lujo, pero Cagliari y sus alrededores no defraudarán a ningún viajero auténtico que acuda en busca de algo especial.
A pesar de ser la ciudad más populosa de la isla, Cagliari es una capital pequeña con poco más de 300.000 habitantes. Su casco antiguo se recorre cómodamente a pie y está peatonalizado en gran parte. La zona de la ciudad que topa con el mar, junto al que discurre un amplio paseo marítimo (parte de la Via Roma), recuerda de alguna manera a la bella Santander de nuestra costa cantábrica. Los veleros que se mecen en las limpias aguas, los grandes cruceros y las pequeñas embarcaciones se dan cita frente a magnos edificios, como el del Ayuntamiento. Los soportales de los edificios ofrecen la oportunidad de dar un agradable paseo entre cafés y heladerías; eso sí, sentarse en estas terrazas se paga, por lo que quizás merezca la pena internarse por las recónditas callejuelas peatonales.
El barrio que se ubica a pie de ciudad recibe el nombre de Marina y es peatonal; está plagado de preciosas iglesias antiguas, restos de edificios centenarios, excavaciones que descubren increíbles ciudades romanas y un ambiente juvenil y animado, sobre todo al atardecer. Cagliari es una ciudad llena de gente joven y con una sorprendente vida cultural, que se refleja en las muchas exposiciones, conciertos y eventos que se celebran todos los meses.
La parte más alta de la ciudad, el barrio de Castello (donde curiosamente no hay ningún castillo) ofrece al viajero lugares tan hermosos como la Catedral, el Anfiteatro Romano, la Ciudadela de los Museos, las Torres… Aunque las cuestas son muchas y empinadas, los trayectos no son largos y se puede acudir a todos los lugares a pie. Cagliari es una ciudad perfecta para pasar dos días, durante los cuales podremos disfrutar con tranquilidad de todo lo que nos ofrece.
Y no podemos olvidarnos de su entorno natural: playas como la del Poetto (que con sus más de ocho kilómetros de longitud es una de las más grandes de Italia), lugares excepcionales como el Parque de Molentargius y sus grandes extensiones de agua dulce (donde viven todo el año los flamencos… O más bien sa genti arrubia, “la gente roja”, como les llaman cariñosamente los habitantes de la comarca), la encantadora Marina Piccola… Y todos los rincones que el propio viajero descubrirá en su caminar, y que harán que se enamore irremisiblemente de esta mágica e histórica ciudad.


