NOMADEA > CÁDIZ >

Los amantes del vino tienen una cita imprescindible en la provincia de Cádiz con el Marco de Jerez, que forma parte de ese grupo de regiones vitivinícolas capaces de concentrar un impresionante número de alicientes por metro cuadrado. El Marco comprende nueve pueblos (Jerez de la Frontera, el Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda, Chiclana de la Frontera, Chipiona, Puerto Real, Rota, Trebujena y Lebrija) y tres denominaciones de origen: la Jerez-Xérès-Sherry, Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda y Vinagre de Jerez.
Para que un vino de Jerez sea tal, deben coincidir un origen y un proceso de creación específicos, que dan lugar a unos vinos tan raros como excepcionales, que no tienen parangón en el planeta. Para que un vino sea auténticamente de Jerez, debe producirse en este rincón de Cádiz siguiendo un sistema de soleras y criaderas.
Nuestra primera parada, como no podría ser de otra manera, debe ser Jerez de la Frontera. En nuestra primera visita descubriremos uno de los lugares con más solera del panorama nacional: las Bodegas González Byass (Manuel María González, 12).
Allí, un tren nos irá mostrando los encantos del lugar, con paradas emblemáticas, como la de la Sala de los Apóstoles, que da nombre a un vino de la firma; la llamada Bodega de la Concha, con su marcado acento Eiffel; La Constancia, donde se respira todo el sabor de los ambientes típicos jerezanos; o los espacios en los que se homenajea a Tío Pepe, como la Sala de Arte o la colección de recreaciones de artistas contemporáneos en torno a su figura. González Byass es una de las bodegas más visitadas del mundo y allí, de la mano de su maestro enólogo, podremos asistir a su famosa 'cata en V', por la forma en que se colocan los vinos para ser degustados. Si reservas aquí tu visita a las Bodegas Tio Pepe, obtendrás un descuento.
Si en González Byass elaboran los vinos más populares, en Lustau producen los de más calidad. Una visita a las bodegas de Lustau (Arcos, 53) nos llevará entre miles de barrica del mejor vino de Jerez. Por algo sus vinos son los más premiados en certámenes internacionales, desde el popular fino La Ina, pasando por la selecta manzanilla Papirusa hasta los muy exclusivos VORS (Very Rare Old Sherries), vinos muy viejos de producción limitada. Por lo tanto, la visita a las bodegas Lustau es obligatoria si queremos entender la historia de Jerez y sus vinos.
Otro de los lugares que no debemos perdernos en Jerez son las Bodegas Rey Fernando de Castilla (Jardinillo, 7), en cuyo interior encontraremos alguno de los jereces más cotizados junto a algún que otro vinagre soberbio y sofisticado. Y sí, también hay que catarlos.
En las Bodegas Garvey (Carretera Circunvalación, s/n) nos espera un mar de barricas o botas, de las que salen los preciados vinos de la firma, desde el fino San Patricio a los vinos dulces viejísimos, como el Garvey Pedro Ximénez.
Aunque la solera que otorga el paso del tiempo es uno de los valores incalculables de las bodegas del Marco de Jerez, en los últimos años nuevas firmas se han lanzado a la aventura de elaborar vinos generosos, obteniendo numerosos éxitos. Bodegas Tradición (Plaza Cordobeses, 3) es una de esas empresas. Se ubica a tiro de piedra del barrio flamenco por excelencia, el de Santiago, sus estancias no sorprenden por su tamaño sino por su apego a la tradición, por tratar de recrear un lugar que remita a la historia del lugar y a su origen vinicultor. Sus vinos son de elevadísima calidad, destacando el dulce entre todos los demás. Por cierto, no podemos irnos de las bodegas sin visitar uno de sus secretos: una impresionante pinacoteca que incluye a Goya y Velázquez.
Nuestra siguiente paso en esta ruta vinícola nos lleva hasta El Puerto de Santa María, localidad natal de Rafael Alberti, donde se alternan casas nobiliarias barrocas con tabernas marineras. Y donde están algunas de las bodegas más importantes del universo de los vinos jerezanos.
Una de ellas es Osborne (Fernán Caballero, 7), la bodega que identificamos con la imagen del toro, que propone un recorrido por aromas y sabores que compendian la grandiosidad de estos vinos únicos. Desde las gamas básicas (como el distinguido Fino Quinta) a los vinos más raros y exclusivos, en Osborne se dan cita todas las posibilidades del universo de los vinos generosos.
Las imponentes Bodegas Terry (Toneleros s/n), donde el visitante puede deleitarse con el mejor arte ecuestre, o las Bodegas Gutiérrez Colosía (Avenida Bajamar, 40), con su atractivo catálogo de vinos finos, nos revelarán por qué el prestigio de los jereces y los brandies le debe bastante a El Puerto de Santa María.
Hay coincidencia en destacar a Bajo de Guía, en Sanlúcar de Barramenda (a poco más de 20 kilómetros desde El Puerto) como un lugar tocado por una magia especial. La vista del Coto de Doñana y el ambiente marítimo bastan para que este antiguo barrio de pescadores sea el merecido colofón de nuestro viaje.
Visitaremos Bodegas Barbadillo (Luis de Eguilaz, 11), donde aprenderemos qué es una manzanilla, la versión sanluqueña del fino jerezano, en el lugar más idóneo: el Museo de la Manzanilla. En Barbadillo llevan años cuidando a la legión de visitantes que quieren saber la diferencia entre un fino y una manzanilla (técnicamente son lo mismo, aunque ciertas diferencias de clima y altitud otorgan rasgos distintivos a la manzanilla).
Al igual que en Barbadillo, el peso de la historia adquiere un notable relieve en Bodegas Hidalgo-La Gitana (Banda de la Playa, 42), donde encontramos La Gitana, una de las marcas que mejor representa el espíritu de la manzanilla, con sus aromas salinos. En esta bodega debemos catar los vinos amontillados, olorosos y dulces de la casa: una auténtica delicia para los sentidos.
¿DÓNDE COMER? Comer en las mismas bodegas es una opción muy recomendable porque permite realizar estupendos maridajes, aunque se precisa avisar con antelación. De todas formas, esto no debe impedirnos visitar otros restaurantes de la zona, como La Condesa (Plaza Rafael Rivero, s/n), en Jerez, situado en el mencionado Hotel Garvey. O el restaurante A Poniente (Calle Puerto Escondido, 6), en el Puerto de Santa María, regentado por Ángel León, el chef del mar, la última estrella de la cocina andaluza.Y por supuesto, mención aparte merecen los restaurantes en nuestra escapada a Bajo de Guía, el popular barrio marinero de Sanlúcar de Barrameda: el Mirador de Doñana (Bajo de Guia, s/n) y el excepcional Casa Bigote (Bajo de Guia, 10). Un consejo: reservad una mesa con vistas a Doñana.
¿DÓNDE DORMIR? Aunque la mayoría de bodegas planean ampliar su oferta con hoteles propios, en la actualidad esa modalidad no está extendida. Por fortuna, Jerez, El Puerto y Sanlúcar disponen de una respetable red hotelera. Como por ejemplo en Jerez encontramos el Hotel Palacio Garvey, el Villa Jerez o Los Jándalos.
También son una magnífica alternativa el Hotel Doñana, en Bajo de Guía, o Tartaneros, en el centro de Sanlúcar.




