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Arcos de la Frontera

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Arcos de la Frontera

La provincia de Cádiz no sólo es mar. El interior esconde villas con encanto, historia y rasgos diferenciadores que conforman la ruta de los pueblos blancos. Arcos de la Frontera, muestra la esencia de la Andalucía blanca brillando desde su enclave privilegiado como una perla entre la marea verde de la sierra de Grazalema.

QUÉ VER Y HACER. El punto más alto de Arcos de la Frontera es su Plaza del Cabildo, con un tajo de cien metros en vertical sobre la vega del río Guadalete. Esta plaza fue patio de armas del impresionante Castillo de Arcos, antiguo enclave militar de los Duques de Arcos y principal monumento de la localidad, y actualmente hace las veces de parking al aire libre. En este punto encontraremos el Mirador de la Peña Nueva, desde donde obtendremos una panorámica preciosa de la zona. Justo al lado está el Parador Nacional de Arcos, que cuenta con una terraza con vistas tan impresionantes como las del mirador y una sala acristalada donde tendremos la sensación de colgar en el vacío.

En un lateral de la plaza está la Basílica de Santa María de la Asunción,  mezquita gótico-múdejar remodelada en el siglo XVI. Destaca la espectacular fachada plateresca y la Torre Nueva, precioso campanario barroco inacabado. Y en el interior, el mural románico de la Coronación de la Virgen, el coro de ornamentos barrocos, el órgano, el retablo mayor de la Virgen y la capilla gótica de las Nieves (patrona de la ciudad).

No podemos irnos de Santa María sin buscar el Círculo mágico, una figura geométrica de piedras rojas y blancas dentro de un cuadrado, con un hueco en el centro, donde se realizaban rituales sufíes. Está en el suelo, frente a la puerta del Evangelio.

Pero sobre debremos internarnos en uno de los rincones con más encanto de Arcos: el Callejón de las Monjas, situado a espaldas de la basílica. Este lugar es famoso porque alberga los arbotantes del muro de la iglesia, que reciben el nombre de Arcos de las monjas (del convento de la Encarnación) y Ladrón del agua (pues por aquí se sustraía el agua que llegaba a la basílica).

Famosa es la rivalidad secular que hay entre Santa María y la cercana Iglesia de San Pedro, templo del siglo XIII de fachada barroca. Ambas luchaban por convertirse en Iglesia Mayor de la localidad. Para ello, una comitiva de la Iglesia de Santa María organizó un viaje a Roma, buscando que el Papa les distinguiera frente a sus rivales. Y así lo hizo, regalándoles una momia incorrupta.

Los fieles de la Iglesia de San Pedro, heridos en su orgullo, organizaron otra expedición a Roma con el mismo propósito. Cuando llegaron, el Papa Clemente ya había pasado a mejor vida, pero ocupaba el cargo Pío VI, que  no tuvo reparos en designar a San Pedro como la principal iglesia de Arcos de la Frontera. Y para que quedara constancia, les regaló no uno, sino dos cuerpos incorruptos, concretamente los de San Víctor y San Fructuoso.

La Iglesia de San Pedro fue una maciza alcazaba antes que templo, y alberga el retablo más antiguo de Cádiz.

La historia de Arcos de la Frontera está escrita en las calles blancas de su laberíntico casco antiguo. La Calle Nueva fue el foso del castillo hasta que se desplomó la muralla por el terremoto de Lisboa de 1755; en la Cuesta de Belén se derribó a propósito una de las tres puertas de la muralla musulmana en 1852. En esa misma calle está el Palacio del Conde del Águila, edificio de estilo gótico mudéjar del siglo XV.

Callejeando se encuentran casas señoriales con acogedores patios andaluces como la casa del Mayorazgo (actual Casa de la Cultura) en la calle Maldonado o  plazas recoletas como la del Cananeo, antiguo escenario de Autos Sacramentales, y la de Boticas para comprar dulces artesanales en el Convento de las Mercedarias, único de clausura de Arcos.

Por la Puerta Matrera, única conservada de la antigua muralla árabe, se sale del casco histórico al barrio bajo. El viajero puede visitar el Hospital de San Juan de Dios, el más antiguo de Arcos con un hermoso patio de columnas y escalera barroca, y el convento Hospital de la Caridad, edificio colonial con pórtico de tres arcadas (siglo XVIII).

La mejor forma de despedirnos de Arcos de la Frontera, es asomándonos a alguno de sus miradores (el de Abades, el de San Agustín o El balcón de la Peña) para disfrutar de la vista panorámica sobre la vega y el río Guadalete.

DÓNDE COMER. Para empezar, un aperitivo en el Bar El Alcaravan (Nueva, 1) o unas tapitas recién hechas en el Bar la Cárcel (Dean Espinosa, 18). Para disfrutar de las recetas autóctonas como ajo molinero, la berza (carnes), boronia (plato vegetariano con garbanzos) y la espoleá de postre, prueba Bodega San Marcos (Marqués de Torresoto, 6), Mesón Superman (Cristobal Colón, 3),  Mesón el Patio (Deán Espinosa,4) o Mesón Don Fernando (Plaza Boticas, 5).

DÓNDE DORMIR. En las afueras: el Hotel Mesón La Molinera (Avda. Sombrero de tres Picos, 17) es un antiguo molino de aceite con 18 habitaciones modernas, jardín con embarcadero, terraza y enorme piscina. Desde el Cortijo Mesa de la Plata (Ctra. Arcos El Bosque, km 3) con piscina y terrazas, puedes disfrutar de las vistas de la Peña de Arcos.

En el casco antiguo, hay opciones variadas, todas con excelentes vistas: desde el Parador Nacional (Plaza del Cabildo) a hoteles en antiguos edificios arcenses con azoteas y terrazas como Los Olivos (Boliches, 30), El Convento (Maldonado, 2), Real de Veas (Corredera, 12) o Rincón de las Nieves (Boticas, 10).

Más peculiares son La Casa Grande (Maldonado, 10) decorada a lo morisco y azotea espléndida, El Sueño (Martin Montero, 13), un B&B familiar con generoso desayuno continental o Casa Campana (Núñez de Prado, 4) que ofrece clases de yoga y meditación gratis.

ESTA LOCALIDAD PERTENECE A NUESTRA SELECCIÓN DE ESCAPADAS ROMÁNTICAS
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