Burgos, la ciudad de El Cid

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Escapada a Burgos

Burgos es la Historia hecha ciudad. Considerada la Caput Castellae (cabeza de Castilla) durante toda la edad Media, ha sido protagonista de algunos de los hechos más importantes de la historia de España e incluso del mundo, pues en ella podemos pasar de maravillarnos con el fantástico relato de los orígenes de la humanidad a intentar seguir los pasos del gran Cid Campeador y tratar de seguir la estela dejada por los príncipes y princesas cuya historia parece sacada de un cuento de hadas, como las desgracias de Ana de Austria o las valientes hazañas del rey Alfonso VIII el de las Navas.

EL MONASTERIO DE LA NOVIA DEL PAPA. El lugar idóneo para comenzar cualquier visita a Burgos es el llamado paseo del Espolón , recorriéndolo hacia la famosa puerta de Santa María. Sin embargo, aunque nosotros nos situaremos al inicio de dicho paseo, no nos dirigiremos hacia el centro la ciudad. Iremos hacia el lado contrario, pues tenemos que visitar en primer lugar un monumento muy especial: el monasterio de Santa María la Real de las Huelgas.

Que no nos engañe su austero exterior con aspecto de fortaleza, pues este lugar fue la fundación religiosa femenina más rica y poderosa de Castilla durante toda la edad Media. Era tan importante, que se decía que si el Papa pudiera tener una esposa, ésta debería ser la abadesa de las Huelgas Reales, pues era la única mujer que se le podía equiparar en poder y rango en todo el mundo católico. La mayoría de las abadesas y de las profesas de este monasterio a lo largo de los siglos fueron mujeres de la Familia Real o de las más nobles de Castilla, por lo que se convirtió muy pronto en un foco cultural, artístico y económico de gran riqueza, donde se conservan grandes obras de arte como las vidrieras más antiguas de España y un precioso claustro románico conocido como las claustrillas.

Pero la característica más importante de este monasterio es su Panteón Real, donde fueron enterrados unos treinta miembros de la casa real castellana en preciosos sepulcros de piedra decorados con relieves, algunos de los cuales aún conservan restos de su policromía original. Pero no todos están decorados; durante nuestra visita, nos encontraremos con una tumba lisa, sin nombre, que perteneció a la abadesa Ana de Austria, hija ilegítima del gran don Juan de Austria destinada a profesar en religión en el monasterio de Madrigal de las Altas Torres, en Ávila.

Ana de Austria participó en una conspiración para arrebatarle el trono a su tío, Felipe II, que al enterarse mandó apresar a todos los implicados, confinando a Ana a pasar el resto de sus días en un monasterio abulense. Tras la muerte del rey, su sucesor, Felipe III, se apiadó de su prima y le dio el cargo de abadesa de las Huelgas Reales, con todo el poder político y económico que conllevaba.

TELAS Y ESPADAS. Dejando a Ana de Austria en su lugar de reposo eterno, dentro del monasterio tenemos otro lugar que visitar, pues allí se aloja el Museo de Telas Medievales , donde se expone la mejor colección española de tejidos procedentes de la edad Media.

La mayoría de las piezas proceden de las mismas tumbas que hemos visto en nuestra visita al monasterio y podremos ver algunas tan espectaculares como el pendón de la famosa batalla de las Navas de Tolosa de 1212, el atavío prácticamente completo con el que se enterró al infante don Fernando de la Cerda o la espada de este último, que se considera el único ejemplo de espada exclusivamente hecha para su uso bélico que se conserva hoy día en España.

Salgamos de este complejo y volvamos sobre nuestros pasos. Es la hora de atravesar las puertas de la antigua ciudad de Burgos.

DE CAMINO A LA CATEDRAL. Volvamos de nuevo al lugar donde comenzó nuestra visita, es decir, el Paseo del Espolón , esta vez para recorrerlo hacia el interior de la ciudad. Este precioso camino rodeado de árboles que data del siglo XVI desemboca en el famoso Arco de Santa María, que data también de esta última centuria. Detengámonos un momento a observarlo, pues tiene muchos detalles que merece la pena tener en cuenta, pero los rasgos que más llaman la atención del mismo son las estatuas que lo adornan y representan a los personajes más famosos de la historia de la ciudad, como el propio Cid Campeador, Fernán González, el primer conde de Castilla y el emperador Carlos I, al que se dedicó el arco.

Su interior es visitable y alberga la llamada Sala de la Poridad, donde se reunió el Concejo de la ciudad hasta 1780 y donde se conservan importantes objetos para la ciudad, como pinturas de los personajes más importantes de su historia o un hueso del mismísimo Rodrigo Díaz de Vivar. La segunda planta hoy en día alberga el curioso Museo de Farmacia , donde se encuentran todo tipo de objetos relacionados con la medicina, desde material quirúrgico hasta tarros de medicinas, que datan de los siglos XVI al XIX. Muy pocos pasos más adelante, nos encontraremos cara a cara con nuestro destino: la catedral.

LA CATEDRAL DE BURGOS. La gran catedral de Burgos es una de las más bellas de España y es el monumento más representativo de la ciudad. Construida durante los siglos XIII y XIV, aunque con importantes modificaciones posteriores, es el mejor representante del estilo gótico que se conserva en España.

Vinculada en estilo a catedrales francesas tan célebres como la de Reims o la de Notre Dame de París, no debemos dejar de prestar atención a sus impresionantes agujas y sus elegantes líneas antes de dejar que su bello interior nos quite la respiración. No existe nada dentro de la gran catedral de Burgos que no merezca ser admirado, pero hay varios lugares a los que debemos prestar una atención especial, como la maravillosa capilla del Condestable, del siglo XV, con su preciosa bóveda estrellada; el célebre Papamoscas, un autómata situado sobre un reloj que, a todas las horas en punto, toca la campana que sujeta y abre la boca al ritmo de su sonido, y la espectacular Escalera Dorada renacentista, de Diego de Siloé.

Tampoco debemos olvidar presentar nuestros respetos a la tumba del Cid y doña Jimena, que fueron trasladados a la catedral en 1921, antes de seguir con nuestra visita.

Siguiendo nuestro paseo nos encontraremos con la iglesia de San Esteban, también gótica y con un precioso rosetón, en cuyo interior se encuentra el curiosísimo Museo del Retablo, donde se exponen todo tipo de obras de arte procedentes de las iglesias de distintos pueblos de la región, desde los retablos que le dan nombre a pilas bautismales, sepulcros y esculturas. Y si seguimos hacia el norte, nos encontraremos de frente con el castillo de Burgos.

EL CASTILLO DE BURGOS. Esta impresionante fortaleza, cuyas ruinas se encuentran reconstruidas, data del siglo IX, cuando se fundó la ciudad, y su principal cometido era de servir de baluarte de defensa contra posibles ataques de los musulmanes.

Construido con recias murallas, grandes torres y un gran foso defensivo, fue utilizado también como residencia real, fábrica de pólvora y cárcel para custodiar a prisioneros de especial importancia, como Tomás de Gournay, el asesino del rey Eduardo II de Inglaterra, o Fradique de Castilla, hermano de Alfonso X.

Los restos que se conservan de este castillo constituyen hoy un lugar idóneo para pasear, disfrutar del aire libre e imaginar lo que hubiera sido la vida dentro de una fortaleza de la edad Media, incluyendo la posibilidad de hacer una visita guiada por los pasadizos subterráneos del castillo y poder conocer toda la historia visitando el Centro de Interpretación que se ha inaugurado en el centro del complejo. Además, tras salir del recinto del castillo deberemos visitar el cercano lienzo de la antigua muralla que queda en pie, antes de seguir adelante.

PLAZA MAYOR Y CASA DEL CORDÓN. Volviendo hacia el sur, camino del río Arlanzón, nos dirigiremos a la preciosa Plaza Mayor de la ciudad, donde podremos pasear delante de sus preciosos edificios y deleitándonos con las vistas que se ofrecen de las agujas de la catedral, especialmente impresionantes durante la noche, prestando especial atención a la fachada del Ayuntamiento.

Muy cerca de la Plaza Mayor se encuentra la célebre Casa del Cordón, un precioso palacio del siglo XV, llamado así porque los dos escudos que hay en su puerta principal, correspondientes al matrimonio que lo mandó construir, don Pedro de Fernández de Velasco y doña Mencía de Mendoza, están unidos por un cordón franciscano. Hoy en día su interior está muy remodelado y se dedica a alojar exposiciones de todo tipo.

En nuestro camino hacia el río nos encontraremos con otra de las imágenes más icónicas de la ciudad: la famosa estatua del Cid Campeador que preside la plaza que lleva su nombre. Inaugurada en 1955, representa al gran héroe castellano montado sobre su fiel caballo Babieca, con espada en ristre, que parece dirigirse hacia el puente de san Pablo, donde se ubican ocho estatuas distintas que representan a distintos personajes relevantes de la historia del gran Rodrigo Díaz de Vivar.

Atravesando el puente nos encontramos con el Museo de Burgos, ubicado en las casas renacentistas de Miranda y de Iñigo Angulo, cuyos preciosos restos se pueden ver en el interior de este Museo, junto con obras de arte de todo tipo que desarrollan la historia de la región desde la prehistoria hasta pleno siglo XXI. Crucemos ahora la calle, pues en el edificio que se divisa desde el museo nos encontraremos cara a cara con los orígenes de nuestra especie.

EL ORIGEN DE LA HUMANIDAD. El Museo de la Evolución Humana, inaugurado en el año 2010, está dedicado a la conservación, difusión e investigación de los restos y tesoros encontrados en los famosos yacimientos de Atapuerca, considerados clave a la hora de intentar desentrañar los secretos de los primeros años de la existencia del hombre.

En este museo encontramos una reproducción de la Sima de los Huesos, modelos de la evolución humana según las teorías de Darwin y un análisis de los descubrimientos más importantes que se han hecho en Atapuerca, por citar solo algunas de las cosas que podemos descubrir en sus salas. Desde allí, además, se puede organizar la visita del yacimiento arqueológico de Atapuerca, obligada para todos los que quieran conocer los orígenes de nuestra especie.

LA CARTUJA DE MIRAFLORES. A unos tres kilómetros de la ciudad, rodeado por la paz y el silencio que sólo puede otorgar la naturaleza, se encuentra un tesoro de incalculable valor y una visita obligada en nuestro paso por Burgos: la cartuja de Miraflores.

Este edificio es un monasterio gótico construido durante la segunda mitad del siglo XV y su sobrio exterior no hace justicia a las maravillas que alberga en su interior, pues allí la reina Isabel la Católica mandó erigir, en precioso mármol, los sepulcros de sus padres, Juan II e Isabel de Portugal, y su hermano Alfonso, de una belleza tal, que Napoleón, cuando llegó a España, seducido por su hermosura, quiso quedárselos y mandó que se los enviaran a Francia. No lo consiguió, por supuesto, pero los visitantes todavía pueden ver hoy en el mármol blanco las marcas de las piezas en las que debían dividirse para su traslado a la ciudad de la luz.

Pero no menos importante es su impresionante retablo de madera policromada, obra de Gil de Siloé , con una gran imagen de Cristo crucificado en el centro y las estatuas orantes de los reyes allí enterrados como orantes perpetuos. Por último, fíjemonos en las preciosas vidrieras de la cartuja, que fueron traídas pieza a pieza desde Flandes en 1484 y que son únicas en toda España, un precioso colofón de luz y color para nuestra escapada a Burgos.

COMER EN BURGOS. A la hora de hablar sobre la gastronomía burgalesa, sólo hay que decir una palabra para que a todos se nos haga la boca agua: morcilla.

El poeta español del siglo XVI Baltasar de Alcázar llegó a llamar a la morcilla de Burgos gran señora digna de veneración, siendo la delicia gastronómica más famosa de toda la región. Pero no es la única. La olla podrida , otro plato típico burgalés, se tiene que probar por obligación en un viaje a la ciudad, sobre todo cuando está elaborada con otros productos de la zona, como las alubias de Ibeas o el chorizo de Villarcayo.

Además de estos platos, los caracoles y los cangrejos de río también son muy típicos de Burgos, así como el lechazo, el cabrito y el pollo de corral. Por último, los amantes del dulce tampoco quedarán decepcionados en nuestra visita a la ciudad, pues el queso fresco de Burgos, tan famoso en la región como la morcilla, las yemas de canónigo o los empiñonados de Aranda harán que llegar desmayarnos del gusto sea una posibilidad muy real.

Para disfrutar de la gastronomía de la ciudad, es recomendable pasarse por el famoso Mesón del Cid (Plaza de Santa María, 8), donde aparte de poder comer una carne exquisita, podremos disfrutar de unas impresionantes vistas de la catedral; el mesón El Morito (Calle de la Sombrerería, 27), especializado en tapas y comida tradicional, y el restaurante Casa Ojeda (Vitoria, 5), son dos de los lugares donde se sirven algunos de los asados más famosos de la región.

Por si hay alguien que aún no tenga claro que en Burgos se come mejor que bien, acaban de nombrarla Capital Gastronómica de 2013, tomando el relevo de Logroño.

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