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Bilbao en dos días

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BILBAO EN 24 HORAS | COMER EN BILBAO

Si ya llevamos un día en Bilbao y hemos realizado todas las visitas imprescindibles, en nuestra segunda jornada nos dedicaremos a conocer un poco más a fondo la ciudad y sus alrededores...

Por la mañana...

Tras la visita al Casco Viejo, y habiendo aprovechado para cenar el día anterior en cualquiera de sus excelentes restaurantes (o bien a base de exquisitos pintxos en un recorrido por sus tascas y bares), el día siguiente será el momento de cruzar el Puente del Arenal rumbo a la zona comercial y señorial de la capital vizcaína. Eso sí, antes de cruzar el puente podemos desayunar en el Café Boulevard, un establecimiento de principios de siglo con preciosos suelos de mármol y decoración estilo Art Decó que fue reabierto en el año 2010, conservando su elegancia y su estilo.

Continuando nuestro camino, tras el Puente del Arenal encontraremos a la izquierda la estación de tren Bilbao-Abando (antigua Bilbao-La Naja), un bellísimo edificio de principios de siglo, con una espectacular vidriera y que merece la pena visitar. Un poco más adelante, en la acera frontal nos encontramos con un clásico de la repostería de Bilbao: la heladería Nossi-be, que desde 1911 hace las delicias de los paladares de los bilbainos y que actualmente es conocida por su excelente helado de queso de idiazábal con nueces y membrillo, así como otras curiosas especialidades como los helados de vino de Rioja, de canela o de rosas.

Subiendo por la calle Arenal, prolongación del puente, llegamos hasta la Plaza Circular. En el centro de la plaza destaca la estatua del fundador de Bilbao, Don Diego López de Haro, y en el número 3 encontramos el Café La Granja, otro de los establecimientos históricos de principios de siglo (1926) de la capital. Además de su preciosa arquitectura y decoración, hay que señalar que es el lugar perfecto para degustar un delicioso menú por un precio más que razonable, así como una gran variedad de pintxos.

A partir de la Plaza Circular comienza la Gran Vía de Don Diego López de Haro (conocida como la Gran Vía, a secas), auténtica arteria comercial que hace unos años se acondicionó para peatonalizar sus alrededores. A mano derecha y siguiendo la Alameda de Mazarredo llegamos hasta los Jardines de Albia, pequeños pero encantadores y en cuyo entorno se ubica el tercer café clásico de Bilbao: el Café Iruña, quizás el más famoso por su belleza de principios de siglo. Si continuáramos por la Alameda de Mazarredo atravesaríamos una de las zonas de copas con más solera de Bilbao, para llegar de nuevo al Museo Guggenheim.

Pero como ése no es nuestro destino; vamos a regresar a la Gran Vía para continuar recorriendo el centro de Bilbao. En esta calle es posible encontrar todo tipo de tiendas, restaurantes y establecimientos comerciales, de las marcas más exclusivas pero también las más populares. La Gran Vía se extiende cruzando la ciudad y mostrando magníficos edificios de todos los estilos y épocas. Tras pasar por la Plaza Moyúa (también conocida como Plaza Elíptica) y siguiendo por la misma calle, llegaremos de nuevo al Parque de Doña Casilda de Iturrízar (Parque de los Patos), desde el cual comenzamos nuestro recorrido por Bilbao.

En este último tramo es posible contemplar los edificios más hermosos y señoriales del trayecto, y también disfrutar de un refresco en alguna de las agradables terrazas situadas junto al parque. Y hablando de edificios: cerca de la Gran Vía y antes de llegar a la Plaza Moyúa (concretamente en la Alameda de Rekalde), se encuentra la llamada Casa Montero, un precioso edificio de estilo modernista que recuerda a la arquitectura de Gaudí y que actualmente es Bien de Interés Cultural.

La Gran Vía termina en la Plaza del Sagrado Corazón, de la cual parte la Avenida de Sabino Arana, otra de las calles de mayor importancia de la capital. Subiendo esta arteria llegaremos a la otra Catedral bilbaina por excelencia: el Estadio de San Mamés, donde juega el equipo de la ciudad, el Athletic de Bilbao. La zona que rodea al estadio es un lugar típico para potear o salir por la noche, en especial la calle del Licenciado Poza, plagada de bares de pintxos, mesones, tascas, pubs y bares de copas.

Por la tarde...

Para aprovechar el tiempo que nos queda en nuestra visita rápida a Bilbao tenemos varias opciones. Una posibilidad es empezar la tarde con las mejores vistas de la ciudad, que se pueden obtener subiendo al Monte Artxanda en el encantador funicular que se inauguró en el año 1915, y que, tras varios avatares, a día de hoy sigue en funcionamiento convenientemente renovado. Además de la magnífica panorámica, en Artxanda es posible disfrutar de estupendas instalaciones deportivas, entre las que destaca su Club de Golf. En Bilbao es tradición ir a Artxanda a pasear y a comer en alguno de los restaurantes que salpican la zona. El Funicular de Artxanda se puede coger en la Plaza del Funicular, situada en el Campo de Volantín.

Si queremos aprovechar nuestro tiempo echando un vistazo a la ciudad desde una perspectiva original, podemos embarcarnos y recorrer la Ría contemplando desde las aguas los hermosos edificios y las antiguas industrias navales y pesqueras. La empresa Bilboats dispone de barcos que realizan dos singladuras distintas, dependiendo del tiempo que tengamos y de lo que queramos ver. Una de ellas, la más corta, dura una hora y recorre la Ría desde el Puente del Ayuntamiento hasta el Muelle de Abandoibarra (pasando por el Puente de la Salve, el Campo de Volantín, el Museo Guggenheim y el Museo Marítimo).

La otra dura dos horas y permite al viajero navegar por toda la Ría, desde el embarcadero situado en la Plaza Pío Baroja (en el Paseo de Uribitarte, ubicado en la orilla frontera al Campo de Volantín, entre el Puente de la Salve y el del Ayuntamiento) hasta la localidad de Santurce o Santurtzi, y vuelta. Es el momento de contemplar la majestuosidad del célebre Puente Colgante de Portugalete, situado en el Abra (nombre de la desembocadura del río Nervión en el Cantábrico). A lo largo de la navegación se explica la historia de todo lo que se va contemplando, siendo una estupenda forma de dar un vistazo general a Bilbao y sus alrededores cuando se tiene poco tiempo.

Por tierra también tenemos la posibilidad de realizar atractivas excursiones por el Gran Bilbao (los pueblos que rodean a la ciudad y se consideran parte de su entorno), tanto por la Margen Izquierda de la Ría como por la Derecha. Y esto es posible gracias al magnífico Metro de Bilbao, diseñado por el arquitecto Norman Foster y cuya seña de identidad son sus bocas, conocidas cariñosamente como fosteritos. El metro nos permite llegar cómodamente desde la ciudad hasta lugares como Barakaldo, Portugalete o Santurce en la Margen Izquierda, y disfrutar de las casas antiguas de colores del casco viejo portugalujo y también del paseo por la ribera del Abra, contemplando el bello Puente Colgante.

El sabor marinero es una característica muy atractiva de Santurce y de su puerto pesquero, donde se impone degustar las deliciosas sardinas típicas en lugares como el Hogar Pescador Mandanga, situado en pleno puerto.

En la margen derecha se pueden visitar preciosas localidades como Las Arenas, el otro extremo del Puente Colgante, con su paseo marítimo (que responde al nombre de Muelle de Churruca) flanqueado por casas señoriales y que llega hasta el Puerto Viejo de Algorta. En nuestro caminar pasaremos junto al Puerto Deportivo y sus espectaculares embarcaciones (hay hasta un original y precioso Acuario), y por la playa de Ereaga, donde los surferos cogen olas durante todo el año.

Al llegar al Puerto Viejo de Algorta, descubriremos un rincón donde el tiempo parece haberse detenido. Plagado de casitas blancas que suben la empinada cuesta frente al mar, es el mejor lugar para disfrutar del aperitivo o de los vinos de la tarde, frente a las mejores vistas del Abra. Algorta tiene también parada de metro, por lo que nos podremos ahorrar la caminata e ir directamente desde Bilbao, en un trayecto que no supera los 25 minutos.

Y si nos hemos quedado con ganas de ver algo más o nos apetece conocer un pueblo con una preciosa playa y auténtico encanto marinero, podemos acercarnos a la preciosa villa de Plentzia, a una hora en metro aproximadamente desde Bilbao. La magnífica playa que une esta localidad con la vecina de Gorliz, las preciosas casas que bordean su ría, el pequeño y encantador puerto pesquero y los pintorescos bares y restaurantes del pueblo, hacen que realmente merezca la pena la visita.

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