Bilbao, acero entre colinas

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Escapada a Bilbao

Bilbao es una ciudad muy especial. Sus habitantes la conocen como el botxo, nombre con el que designan a su rinconcito escondido entre verdes colinas. El latido industrial que vibra en esta ciudad cantábrica está protegido desde hace siglos por pequeños montes que han impedido su crecimiento desaforado.

Esto convierte a Bilbao (o Bilbo, en euskera) en una ciudad cuyo corazón puede recorrerse cómodamente a pie, o como mucho, en el magnífico y espectacular metro que Norman Foster diseñó tan acertadamente para la urbe. Si hace unas décadas Bilbao era una ciudad poco atractiva, inmersa entre los humos de los altos hornos y el desarrollo de una industria naviera y metalúrgica, desde el año 2000 ha experimentado un prodigioso renacer de sus cenizas que la ha convertido en uno de los destinos preferidos por los turistas. Una auténtica ciudad del siglo XXI.

Y el secreto de ese cambio tiene un nombre propio: Guggenheim. El espectacular edificio de Frank Gehry fue la primera piedra del deslumbrante renacer de Bilbao.

ABANDOIBARRA

Vamos a comenzar nuestra ruta bilbaína en un punto de referencia dentro de la nueva ciudad: Abandoibarra (que en euskera significa muelle de Abando). Ubicada en la ribera de la ría del Nervión, entre los puentes de Deusto y de la Salve, esta zona es el emblema de la recuperación de la antigua ciudad gris e industrial y de su reconversión en un destino turístico y cultural de primer orden.

Caminar por la orilla de la ría visualizando los edificios de Bilbao, con el Puente de la Salve y su elegante estructura elevándose tras el Puente de Deusto (cuyo mecanismo permite abrirlo para dejar paso a los grandes buques) y tras la Pasarela de Santiago Calatrava, ofrece la posibilidad de contemplar un Bilbao cosmopolita, moderno y con un skyline digno de ciudades más célebres. Sobre todo por la noche, merece la pena dedicar un rato a contemplar la ciudad desde la Pasarela, brillante con su reflejo en las aguas metálicas de la ría del Nervión.

Junto a dicha Pasarela podemos distinguir el pulmón verde de Bilbao: el Parque de Doña Casilda, conocido entre los habitantes de la ciudad como el parque de los patos. Pequeño en extensión pero lleno de encanto decimonónico, es un lugar perfecto para descansar contemplando el tranquilo lago y los árboles entre los que caminan, tranquilas, las aves.

Skyline de Bilbao En la parte de parque más cercana al puente nos encontramos con el Museo de Bellas Artes de Bilbao, que presume de tener una de las colecciones más importantes de España. Como curiosidad, mencionar que la estatua de la musa Melpómene que adorna un lateral del museo y que pertenece al Monumento a Arriaga, fue denostada en tiempos del franquismo porque al parecer avivaba bajas pasiones, siendo entonces sustituida por una similar (aunque convenientemente vestida) que hoy día se encuentra en el Paseo de Uribitarte. Desde 1975, Melpómene despliega de nuevo sus encantos (ingenuos, sin duda, para la mentalidad del siglo XXI) en su enclave original.

La última en llegar a de esta zona ha sido la Torre Iberdrola, un rascacielos obra del arquitecto argentino César Pelli, que en poco tiempo se ha convertido en uno de los referentes arquitectónicos de la ciudad. Las vistas desde allí son tan espectaculares que hasta el pintor Antonio López estuvo tomando apuntes desde su azotea para una obra sobre la ría de Bilbao.

GUGGENHEIM, ESTRELLA DE TITANIO

Justo al otro lado de la Calle Elcano, desde el mismo Museo podemos distinguir la espectacular silueta brillante de titanio del Museo Guggenheim Bilbao, que se ha convertido en verdadero emblema de la ciudad del siglo XXI y cuya efigie es probablemente una de las más conocidas de nuestro país en la actualidad. Inspirado en un barco varado, el museo ideado por Frank Gehry goza de una peculiar estructura irregular que lo hace tan impresionante por dentro como por fuera.

Como guardianes se erigen en su exterior la escultura Puppy, de Jeff Koons (artista célebre, entre otras cosas, por haber estado casado con la pornodiputada Cicciolina), Puppy de Jeff Koonsun entrañable jardín urbano con forma de gigantesco cachorrito; y la sobrecogedora Maman, de Louise Bourgeois, una enorme e inquietante araña que porta en su abdomen los huevos que le dan nombre. Si bien la colección y las exposiciones temporales del Guggenheim merecen la pena, quienes no se sientan excesivamente interesados en el arte podrán también darse una vuelta por alrededor del museo disfrutando de la explanada con sus láminas de agua reflejando los brillos de titanio y la ría como eterna compañera, y el Puente de la Salve alzándose en todo su esplendor.

Y por si fuera poco, frente al museo se erige también el exclusivo Hotel Silken Domino; aunque no podamos alojarnos en sus carísimas suites, nada nos impide entrar a contemplar el impresionante interior diseñado y amueblado por Javier Mariscal.

Los más futboleros quizás quieran asomarse al cercano Palacio de Ibaigane, sede de las oficinas del Athletic de Bilbao, el célebre y antiguo club de fútbol que es santo y seña de la ciudad

MUELLES DEL SIGLO XXI

Tras nuestra visita al Guggenheim, seguiremos por la margen izquierda de la Ría y nos acercaremos a uno de los lugares con más encanto de toda la ribera: el Museo Marítimo. Ni siquiera es necesario entrar al edificio para disfrutarlo, porque su entorno es lo suficientemente atractivo e interesante para cualquier paseante. Ubicado en lo que fueran los antiguos astilleros de la Sociedad Euskalduna, los alrededores del museo pertenecen al antiguo muelle donde se construían los barcos.

Palacio de Congresos Euskalduna En las plataformas renovadas podemos admirar las gigantescas cadenas originales, y también todo un emblema del Bilbao industrial: la Grúa Carola, única superviviente de la época y que se alza roja y majestuosa, pudiendo los visitantes del museo subir a su cabina. Aviso a navegantes (y nunca mejor dicho): entre semana el museo cierra a las 6 de la tarde, aunque los fines de semana permanece abierto hasta las 8. Y todo un detalle: con la entrada se puede disfrutar de forma gratuita de un excelente caldo marinero, en la cafetería del museo.

Desde el Museo Marítimo accederemos directamente a la elegante Pasarela Padre Arrupe, que el arquitecto Santiago Calatrava diseñó para los paseantes de Bilbao en su característico estilo. Desde ella podremos contemplar el Museo Guggenheim, el Museo marítimo, el Puente de la Salve y el de Deusto, y algunos edificios modernos y emblemáticos como el Palacio de Congresos Euskalduna.

UN PASEO POR LA MARGEN DERECHA

Pero es ya momento de pasar a la margen derecha de la Ría, donde partiendo desde el Barrio de Deusto podremos dar un largo y agradable paseo hasta el Arenal, recorriendo el aristocrático Campo de Volantín. Justo al otro lado del Puente de Deusto nos encontramos con la sede de su prestigiosa Universidad, que alberga tesoros como el Paraninfo y la Capilla Gótica. Desde este punto comenzaremos a recorrer el Campo de Volantín, recientemente renovado y que constituye un precioso paseo entre la ría y magníficas y señoriales mansiones.

El Campo de Volantín termina en un punto clave de la ciudad: el Puente del Ayuntamiento. Es el comienzo del Arenal, un lugar con historia que se considera parte del Casco Antiguo de Bilbao. Entre los jardines y la ribera se instalan muchas de las populares txoznas (casetas de las comparsas) durante la Semana Grande bilbaina (alrededor del 15 de agosto).

Teatro ArriagaLos jardines están salpicados de bellas fuentes y rincones llenos de encanto. El Teatro Arriaga, situado junto al Puente del Arenal justo antes de cruzar la Ría, es un bello edificio del siglo XIX en el cual tienen lugar las representaciones de ópera, danza, teatro y música más importantes de la ciudad. Dejando el teatro a la izquierda entraremos directamente en el Casco Viejo bilbaino: las populares Siete Calles. Se trata de un entramado de callejuelas peatonales y comerciales, llenas de encanto medieval y entre las que podemos encontrar la elegante Plaza Nueva, con sus arcos y soportales.

Un buen consejo para recorrer el Casco Viejo es perderse por sus calles y entrar en sus míticos bares de pintxos, donde podremos practicar la costumbre del poteo probando sus excelentes vinos. Antiguamente existía la tradición de los otxotes, cuadrillas de hombres que recorrían los bares poteando y cantando bilbainadas (tonadillas tradicionales), aunque a día de hoy está prácticamente desaparecida... En el Casco Viejo podemos admirar también la Catedral de Santiago (s. XIV, de estilo gótico), el Puente de San Antón, la Iglesia-Convento de la Encarnación (s. XVI) y el Mercado de la Ribera, al que se accede por un hermoso paseo con soportales y es actualmente uno de los mercados más dinámicos y atractivos del norte de España, a lo cual se suma el hermoso edificio que lo alberga, embellecido con detalles Art Decó.

SANTIAGO Y BEGOÑA

En el centro del casco viejo se levanta la Catedral de Santiago, templo consagrado al santo matamoros (patrón de la ciudad desde 1643) y que es un perfecto exponente del gótico vizcaíno. Tardó casi cinco siglos en terminarse, y llama la atención por su reducido tamaño. La entrada es gratuita, así que no debemos perdernos, por ejemplo, la sobria belleza de su claustro o sus alucinantes vidrieras.

Basílica de BegoñaEn pleno Casco Viejo comienzan las escaleras que ascienden hasta la Basílica de Begoña, probablemente la iglesia más importante y popular de la ciudad. Se trata de un templo de origen románico y que fue reconstruido entre los siglos XVI y XVII en estilos gótico y manierista, de gran belleza. En su interior se cobija la hermosa talla del siglo XIII que representa a la Virgen de Begoña, patrona de la ciudad y que los bilbainos apodan cariñosamente la Amatxu (diminutivo de madre, ama).

El 15 de agosto, día grande de las Fiestas de Bilbao, existe la tradición de subir las escaleras para oír misa en la Basílica; hay quien llega andando desde los pueblos circundantes, deteniéndose en el camino para tomar los txikitos correspondientes y pasar así la jornada festiva.

EL CENTRO DEL MUNDO

Tras la visita al Casco Viejo, toca cruzar el Puente del Arenal rumbo al centro de la ciudad o, como diría un buen bilbaíno, el centro del mundo.

Al cruzar el puente, nos toparemos con la estación de tren Bilbao-Abando (antigua Bilbao-La Naja), un bellísimo edificio de principios de siglo, con una espectacular vidriera y que merece la pena visitar. Un poco más adelante, en la acera frontal nos encontramos con un clásico de la repostería de Bilbao: la heladería Nossi-be, que desde 1911 hace las delicias de los paladares de los bilbainos y que actualmente es conocida por su excelente helado de queso de idiazábal con nueces y membrillo, así como otras curiosas especialidades como los helados de vino de Rioja, de canela o de rosas.

Subiendo por la calle Arenal, prolongación del puente, llegamos hasta la Plaza Circular, presidida por la estatua del fundador de Bilbao, Don Diego López de Haro. En el número 3 encontramos el Café La Granja, otro de los establecimientos históricos de principios de siglo (1926) de la capital. Además de su preciosa arquitectura y decoración, hay que señalar que es el lugar perfecto para degustar un delicioso menú por un precio más que razonable, así como una gran variedad de pintxos.

A partir de la Plaza Circular comienza la Gran Vía de Don Diego López de Haro (conocida como la Gran Vía, a secas), auténtica arteria comercial que hace unos años se acondicionó para peatonalizar sus alrededores. A mano derecha y siguiendo la Alameda de Mazarredo llegamos hasta los Jardines de Albia, pequeños pero encantadores y en cuyo entorno se ubica el tercer café clásico de Bilbao: el Café Iruña, tal vez el más famoso de todos.

La Gran Vía se extiende cruzando la ciudad y mostrando magníficos edificios de todos los estilos y épocas. Tras pasar por la Plaza Moyúa (también conocida como Plaza Elíptica), donde está el imponente Palacio Chávarri (sede del Gobierno Civil) llegaremos de nuevo al Parque de Doña Casilda de Iturrízar (Parque de los Patos), uno de los preferidos de los bilbaínos.

Sede del Departamento de Sanidad del Gobierno Vasco En los alrededores del parque es posible contemplar los edificios más hermosos y señoriales de esta zona, y también disfrutar de un refresco en alguna de las terrazas cercanas. Y hablando de edificios: cerca de la Gran Vía y antes de llegar a la Plaza Moyúa (concretamente en la Alameda de Rekalde), se encuentra la llamada Casa Montero, un precioso edificio de estilo modernista que recuerda a la arquitectura de Gaudí y que actualmente es Bien de Interés Cultural. Muy cerca de allí está otro de los hitos arquitectónicos de la ciudad: la Sede del Departamento de Sanidad del Gobierno Vasco, un edificio vanguardista creado por el despacho de arquitectos Coll Barreu.

La Gran Vía termina en la Plaza del Sagrado Corazón, desde donde parte la Avenida de Sabino Arana, otra de las arterias de la capital. A través de ella llegaremos a la otra Catedral bilbaina por excelencia: el Estadio de San Mamés, donde juega el equipo de la ciudad, el Athletic de Bilbao. La zona que rodea al estadio es un lugar típico para potear o salir por la noche, en especial la calle del Licenciado Poza, plagada de bares de pintxos, mesones, tascas, pubs y bares de copas.

BILBAO 360º

Si queremos aprovechar nuestro tiempo echando un vistazo a la ciudad desde una perspectiva original, podemos embarcarnos y recorrer la Ría contemplando desde las aguas los hermosos edificios y las antiguas industrias navales y pesqueras. La empresa Bilboats dispone de barcos que realizan dos singladuras distintas, dependiendo del tiempo que tengamos y de lo que queramos ver. Una de ellas, la más corta, dura una hora y recorre la Ría desde el Puente del Ayuntamiento hasta el Muelle de Abandoibarra (pasando por el Puente de la Salve, el Campo de Volantín, el Museo Guggenheim y el Museo Marítimo).

La otra dura dos horas y permite al viajero navegar por toda la Ría, desde el embarcadero situado en la Plaza Pío Baroja (en el Paseo de Uribitarte, ubicado en la orilla frontera al Campo de Volantín, entre el Puente de la Salve y el del Ayuntamiento) hasta la localidad de Santurce o Santurtzi, y vuelta. Es el momento de contemplar la majestuosidad del célebre Puente Colgante de Portugalete, situado en el Abra (nombre de la desembocadura del río Nervión en el Cantábrico). A lo largo de la navegación se explica la historia de todo lo que se va contemplando, siendo una estupenda forma de dar un vistazo general a Bilbao y sus alrededores cuando se tiene poco tiempo.

Monte ArtxandaY si lo que queremos es obtener la mejor panorámica de Bilbao, tenemos la posibilidad de subir al Monte Artxanda en el encantador funicular que se inauguró en el año 1915, y que, tras varios avatares, a día de hoy sigue en funcionamiento convenientemente renovado. Además de las impresionantes vistas, en Artxanda es posible disfrutar de estupendas instalaciones deportivas, entre las que destaca su Club de Golf. En Bilbao es tradición ir a Artxanda a pasear y a comer en alguno de los restaurantes que salpican la zona. El Funicular de Artxanda se puede coger en la Plaza del Funicular, situada en el Campo de Volantín.

EL GRAN BILBAO

En nuestras escapada a la capital vizcaína no podemos dejar de hacer alguna excursión a lo que se conoce como el Gran Bilbao, que es como se conoce al conjunto de pueblos que rodean la ciudad tanto por la Margen Izquierda de la Ría como por la Derecha. Y esto es posible gracias al magnífico Metro de Bilbao, diseñado por el arquitecto Norman Foster y cuya seña de identidad son sus bocas, conocidas cariñosamente como fosteritos. El metro nos permite llegar cómodamente desde la ciudad hasta lugares como Barakaldo, Portugalete o Santurce en la Margen Izquierda, y disfrutar de las casas antiguas de colores del casco viejo portugalujo y también del paseo por la ribera del Abra, contemplando el bello Puente Colgante.

El sabor marinero es una característica muy atractiva de Santurce y de su puerto pesquero, donde se impone degustar las deliciosas sardinas típicas en lugares como el Hogar Pescador Mandanga, situado en pleno puerto.

GetxoEn la margen derecha se pueden visitar preciosas localidades como Las Arenas, el otro extremo del Puente Colgante, con su paseo marítimo (que responde al nombre de Muelle de Churruca) flanqueado por casas señoriales y que llega hasta el Puerto Viejo de Algorta. En nuestro caminar pasaremos junto al Puerto Deportivo y sus espectaculares embarcaciones (hay hasta un original y precioso Acuario), y por la playa de Ereaga, donde los surferos cogen olas durante todo el año.

Al llegar al Puerto Viejo de Algorta, descubriremos un rincón donde el tiempo parece haberse detenido. Plagado de casitas blancas que suben la empinada cuesta frente al mar, es el mejor lugar para disfrutar del aperitivo o de los vinos de la tarde, frente a las mejores vistas del Abra. Algorta tiene también parada de metro, por lo que nos podremos ahorrar la caminata e ir directamente desde Bilbao, en un trayecto que no supera los 25 minutos.

Y si nos hemos quedado con ganas de ver algo más o nos apetece conocer un pueblo con una preciosa playa y auténtico encanto marinero, podemos acercarnos a la preciosa villa de Plentzia, a una hora en metro aproximadamente desde Bilbao. La magnífica playa que une esta localidad con la vecina de Gorliz, las casas que bordean su ría, el pequeño y encantador puerto pesquero y los pintorescos bares y restaurantes del pueblo, hacen que realmente merezca la pena la visita.

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