Sitges, una escapada de miedo

Iglesia de San Bartolom y Santa Tecla

Y es que más encanto no se puede tener. Sitges tiene todos los ingredientes para ser la escapada ideal, empezando por el clima y su situación privilegiada. A tan sólo 35 kilómetros de Barcelona, esta villa marinera hace gala de trescientos días de luz al año y una temperatura media de 18 grados gracias al macizo del Parque Natural del Garraf que lo protege.

Sitges presume de un encantador casco antiguo encalado con patis blaus (sus típicos patios azules, inmortalizados por el gran artista Santiago Rusiñol sin el que Sitges sin duda no sería lo que es) en el que perderse hasta salir a su paseo marítimo por la carismática calle Carreta. El encanto de esta localidad alcanza su máxima en torno a la Iglesias de San Bartolomé y Santa Tecla, auténtico icono de Sitges, que se asoma al Mediterráneo sobre un acantilado natural. Un entorno de belleza única que no nos cansaremos de recorrer una y otra vez.

Por allí encontraremos la Casa de la Vila, edificio neogtico del siglo XIX, y el Palau Maricel, en el que se dan cita elementos medievales, renacentistas y barrocos, y donde está el Racó de la Calma, uno de los rincones con más encanto del pueblo. En nuestro paseo nos toparemos con el Museu Romàntic Can Llopis, una casa del siglo XIX, perfectamente conservada, que nos permite aproximarnos al estilo de vida de una familia de la burguesía catalana que vivió su esplendor durante el romanticismo. 

Muy cerca de allí está el Antiguo Mercado de Abastos (el Mercat Vell), un edificio modernista de 1890 que actualmente acoge la Casa Bacardí, un apellido muy vinculado a Sitges pues don Facundo Bacardí Massó, creador de la marca de ron más consumida del mundo, fue uno de sus ciudadanos más iulustres. En la Casa Bacardí podremos realizar un recorrido  guiado a través de  sus diferentes salas,  donde los asistentes se sumergen en la historia de Sitges, su relación con la familia Bacardi, y  la revolución que aportó hace  150 años al proceso de elaboración del ron.

Más de 70 nacionalidades ponen el acento cosmopolita a la ciudad, a lo que hay que sumar que la bandera gay ondea a sus anchas en los balcones de Sitges. Se mezclan en sus calles los lugareños más señoriales, orgullosos de su memorable pasado intelectual y artístico (que atrajo a un joven Picasso, entre muchos otros) con miembros de la comunidad gay, aterrizados desde todos los rincones del mundo.

Además de su ambiente, Sitges es un auténtico muestrario de playas. Un total de 17, para todos los gustos: las de Levante, del Centro y de Poniente. Entre las primeras, la de les Botigues, la más grande de todo el término municipal, con una longitud de 1.415 metros e instalaciones para los bañistas donde no falta un detalle. Cala Ginesta, en el Port Ginesta, el que más amarres tiene de toda Cataluña, algo más natural (sin servicios) y con agua semidulce. La del Garraf, con unas casitas de baño de colores que le dan un toque muy pintoresco. Y Cala Morisca, una playa naturista entre acantilados ideal para un plan romántico.

Entre las del playas del centro está la de Aiguadolç al lado del Puerto Deportivo, y Balmins, con tres calitas donde los usuarios gustan de ir como llegaron al mundo. Y las más populares: la de San Sebastián, playa familiar muy frecuentada por los sitgetanos; la Fragata, bajo la misma Iglesia de San Bertolomé y Santa Tecla, que es la playa del Club Náutico, punto de reunión de los más jóvenes. Y la Ribera, otra de las más populares, en el mismísimo centro urbano. Muchas de ellas con clases dirigidas de tai chi o aquagym. Y para los seguidores del naturismo total, sin duda una en Poniente: cala Home Mort, entre acantilados a la que se accede por un sendero, perfecta para un paseo privado.

Sitges también está a la cabeza en la celebración de fiestas populares y eventos culturales. Fiestas de siempre como la Festa Mayor en agosto, en honor a su patrón Sant Bartolomeu, con gigantes, cabezudos, castillo de fuegos, fogatas, verbenas y sardanas. La Festa de la Vendimia en septiembre, para honrar a los vinos de la región, y al famoso vino dulce del lugar: el Malvasía. Y no podemos olvidarnos del famoso Carnaval de Sitges, que nada tiene que envidiar al de Cádiz o Canarias. Días de alegría y diversión que atraen a más de trescientos mil visitantes y llenan las calles de los más disparatados disfraces.

Y por supuesto, si hay un evento que ha dado a conocer el nombre de Sitges en el todo el planeta es el Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña, que en 1968 se convirtió en el primero del mundo en su género, y que ha visto desfilar por su alfombra a celebridades del celuloide como Quentin Tarantino, Jodie Foster, Anthony Hopkins, o lo mejor del plantel español: Santiago Segura o Álex de la Iglesia.

ソEl cierre perfecto a nuestra escapada? Ac駻cate al monasterio budista del Garraf para dar tres vueltas a su estupa tibetana de la felicidad.

COMER EN SITGES

En el aspecto gastronómico, a Sitges no hay quién le gane en la región. Frutos del mar, arroces y su famoso xató, un plato frío con escarola, bacalao desalado, atún, boquerones, olivas arberquinas, salsa de ajo, almendras y avellanas, con aliños puramente mediterráneos. Sitges cuenta con restaurantes de gran nivel para pescados y mariscos frescos como el Costa Dorada (Playa de San Sebastián, 27) o el Casa Hidalgo (Sant Pau, 12); y el Celler Vell (Sant Bonaventura, 21), uno de los mejores en cuina tradicional catalana.

También podremos encontrar buenas recetas catalanas en La Masía (Paseo Vilanova, 164), situado a la entrada del pueblo. Es famoso su cepa de fiambres: un surtido de embutidos que se presentan colgados de los sarmientos de una cepa seca, y del que podremos tomar tanto como nos apetezca.

Apuntamos en esta lista de sitios con clase también la Nansa, en el casco antiguo (Carrer de la Carreta , 24), el Velero, la Fragata y el Cal Pinxo, todos en el Paseo de la Ribera. También el Can Laury Peix en el Puerto de Aiguadolç. Y más asequible y desenfadado, la Paradeta (Sant Pere, 24), sin camareros y con un pescado fresco para chuparse los dedos. Y si lo que queremos es un sitio de los de toda la vida, nada mejor que El Cable (Barcelona, 1), un bar de tapas que llevá abierto desde 1956.

Uno de los locales míticos de Sitges es El Chiringuito, decorado en blancos y azules que se encuentra situado en pleno paseo marítimo, inaugurado en 1913. Fue el primer local en España en denominarse así, y desde entonces, la palabra chiringuito se usa para referirse a los bares playeros. En El Chiringuito de Sitges se reunían artistas e intelectuales, como César González Ruano, el famoso periodista de La Vanguardia, que según la leyenda fue quien bautizó al local: el nombre proviene de la forma en que tomaban el café los negros en las plantaciones cubanas, usando una caña y una media a modo de filtro que se presionaba hasta que salía un chorro (o chiringo) de café.

DORMIR EN SITGES

En el capítulo de alojamientos, hay hoteles para soñar como el Dolce, el Meliá Sitges (el mejor hotel para alojarnos si asistimos al Festival de Sitges, pues está junto al Auditorio) o el Estela Barcelona. Desde luego, oferta hotelera no le falta a Sitges.

Otra magnfica opción es alojarnos en las antiguas casas de los llamados americanos (sitgetanos que fueron a hacer fortuna a las Américas) que marcaron una época, convertidos hoy en coquetos hoteles, muchos de ellos gay friendly: La Niña, Celimar o el Romantic.

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