El Raval, el barrio de moda en Barcelona

NOMADEA > BARCELONA > ..

10/2/2014

En pleno centro de Barcelona se encuentra el Raval, el barrio más canalla de la ciudad, justo al lado de las Ramblas. Los mercados de la Boquería y San Antonio (los más famosos de la ciudad), el Paralel y la calle Pelayo marcan los límites entre el Raval y el resto de la ciudad.

Al igual que el East End de Londres, el Soho neoyorquino o Chueca en Madrid, el Raval tuvo un pasado marginal (era el barrio chino barcelonés) antes de transformarse en barrio de moda, en refugio para la creación espontánea de artistas anónimos. Aunque desde los noventa el MACBA y el CCCB han atraído a un batallón de galerías de arte, restaurantes ecológicos y aires de diseño hasta entonces inéditos en su entramado medieval, hay un Raval menos conocido.

PARTE ALTA DEL RAVAL

Ravalear: Dícese de la experiencia de deambular y disfrutar por el barrio del Raval. Una expresión acuñada hace ya tiempo y que aún sigue vigente. Y que es la mejor manera de conocer este castizo trozo de Ciutat Vella.

Empecemos a ravalear por el norte, la zona noble. Desde plaza de Cataluña y entrando por la calle Tallers, las primeras tiendas de discos y peluquerías se van entrelazando con divertidos escaparates, mujeres haciendo la compra y fetichistas en busca del último objeto de deseo.

En esta zona es donde nos encontramos con dos de los grandes renovadores del Raval. Uno es el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona), obra del arquitecto norteamericano Richard Meier. Frente al museo se encuentra el Convento de los Ángeles, antigua residencia de monjas que actualmente alberga el Centro de MACBA. El otro soplo de aire fresco en el barrio fue el CCCB (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona), que ocupa parte del antiguo edificio de la Casa de la Caritat de Barcelona, cuya reforma por parte de los arquitectos Helio Piñón y Albert Viaplana  mereció en 1993 los premis FAD d'Arquitectura i Premi Ciutat de Barcelona.

El Raval, poco a poco, se va sacudiendo su mala fama y llenándose de negocios, donde se juntan comercios de los de toda la vida como Mantequerías Puig o Granja M. Viader (donde nació el Cacaolat), ambos en la calle Xuclá, con otros como Fantastik (Joaquín Costa, 62), un bazar de objetos (extra) ordinarios, 100% kitsch; o Vila Web (Ferlandina, 43), un periódico on line que está justo enfrente de Siesta (número 18), un En el Raval conviven tiendas de toda la vida con negocios del siglo XXIpequeño y coqueto estudio de escultura donde se exponen piezas de argentinos, brasileños o japoneses.

En la misma calle, Antídoto 28 es un taller de serigrafía y art design donde los cascos de construcción se usan como lienzos y antiguos casetes de audio sirven ahora de hebillas para cinturones. Ni qué decir de Chandal (Valdonzella, 29), reducto reivindicativo de la fotografía analógica con icónicas cámaras Lomo y otras bagatelas retro.

Calles como Doctor Dou o Pintor Fortuny concentran galerías, restaurantes y hasta una lonja de pescado reconvertida en panadería ecológica slow food llamada Barcelona-Reykjavik (Doctor Dou, 12).

Hasta un clásico de la cultura barcelonesa, la librería La Central, dispone ya de dos sucursales en el Raval, una en el MACBA y otra en la calle Elisabets, ubicada en el espacio que antiguamente ocupaba la Capilla de la Misericordia.

PARTE BAJA DEL RAVAL

Si en la parte alta domina ese turismo que revolotea alrededor de los grandes museos contemporáneos, bajando hacia la Rambla del Raval (donde nos encontraremos con el Gato del Raval, una escultura gigante del artista colombiano Fernando Botero) ese aire de modernidad se torna en un mestizaje de culturas que vale la pena conocer.

Quien pasee un poco más por calles como Hospital (recomendamos visitar el Hospicio y probar los bocadillos con zumos naturales del bar Mendizábal), Carme o la misma Rambla del Raval, verá cómoGato del Raval paquistaníes y marroquíes pululan calle arriba, calle abajo, entrando y saliendo de ultramarinos especializados en exóticas especias. O de tiendas con la última moda de Rabat e Islamabad. El shalwar kameez (pantalón y túnica paquistaní) o las chilabas que con sus coloridos velos, visten los maniquíes de roñosos escaparates. La calle se inunda de aromas a curry, cuscús o shawarmas tentando al paladar. Por algo esta zona del barrio es conocida como Ravat o Ravalkistán.

En aquella zona del barrio destaca la Sant Agustí Nou (Plaça de Sant Agustí, 2). De estilo neoclásico, fue inaugurada en 1750, pero su fachada se quedó a medias y sufrió lo suyo durante la Guerra Civil. Incluso así, tanto el interior como el exterior del templo tienen un encanto extraño y melancólico. A tiro de piedra se encuentra el recinto del gótico Hospital de la Santa Creu (Hospital, 56) que aún se conserva la gran escalera monumental que da acceso a la sala de lecturas de la Biblioteca Nacional de Catalunya y, un poco más allá, la Reial Acadèmia de Medicina que alberga una auténtica joya:  la Sala Gimbernat, donde se encuentra el antiguo y fascinante anfiteatro anatómico. Justo enfrente nos topamos con la Casa de la Convalescència, actual sede del Institut d’Estudis Catalans, donde es obligatorio asmoarse para disfrutar de su hermoso claustro renacentista.

La frontera entre la zona alta y aquella que aún conserva ese halo canalla y arrabalero es la calle Riera Baixa, situada en el corazón del barrio, entre Carme y Hospital. Un callejón que se ha transformado en una pasarela de lo retro.

Cerca de allí está una de las calles más típicas del Raval: la calle de la Cera.  Se trata de una arteria donde predominaba la etnia gitana. Su nombre proviene de los ríos de cera formados por las numerosas velas colocadas ante la virgen de esa calle, para protegerse de la peste. De esta comunidad surgió la famosa rumba Catalana.

Si seguimos bajando, en los confines del Raval encontraremos algunos de sus rincones con más encanto, como el Monasterio de San Pablo del Campo, uno de los edificios románicos mejor conservados de Barcelona. Y cerca de allí, muy cerca ya de las Ramblas, está el Palacio Güell, uno de los principales exponentes del modernismo barcelonés. Menos concurrido que otras grandes obras del arquitecto, salió bien parado de una restauración que duró una eternidad y hoy se puede visitar en su totalidad.

También destaca la flamante Filmoteca de Catalunya (Plaça de Salvador Seguí, 1-9), inaugurada en 2012, que ha venido a revitalizar una de las zonas más degradadas de la ciudad. Su sobriedad constructiva choca con el tejido urbano tradicional. De hecho, todo el entorno es un verdadero fresco de los contrastes sociales de Barcelona

COMER EN EL RAVAL

Este barrio se ha puesto de moda, por lo que son muchos los restaurantes, bares y locales que se han abierto o trasladado al Raval.

El paraíso de las terrazas al aire libre está en la calle del Àngels, en los alrededores del MACBA. Las cervezas se sirven de cara al mobiliario de diseño expuesto en cuidadas vitrinas, mientras el tiempo se evapora mirando los relojes de Nomon (Dels Àngels, 14). O tomando un café sentado en el restaurante literario Silenus. Para los más tradicionales siempre estará la plaza de la Gardunya detrás de La Boquería, mercado emblemático que, junto al de San Antonio, son buenos cicerones para demarcar los confines del barrio.

Antes ya hemos hablado del bar Mendizábal (Carrer de la Junta de Comerç, 2), un clásico en el barrio. Se trata de una magnífica opción para ver pasar la vida del Raval Dos Palillos, en Barcelona mientras comemos un bocadillo en su animada terraza. Por allí cerca andan La Verónica (Rambla de Raval, 2 - 4), que se trasladó desde el barrio gótico y se convirtió en una de las pizzerías más solicitadas de la ciudad, y Suculent (Rambla del Raval, 43), una casa de comidas de nuevo cuño con barra de street food.

Por allí cerca anda Dos Palillos (Elisabets, 9), una auténtica sensación ya no en el barrio, sino Barcelona. Allí, Albert Raurich, ex-jefe de cocina de El Bulli da rienda suelta a su creatividad, con una propuesta a base de tapas asiáticas en un local donde se cuida hasta el último detalle.

Pero si un nombre destaca en lo gastronómico en el Raval es Casa Leopoldo (San Rafael , 24), uno de esos sitios de toda la vida, con azulejos en las paredes y el espíritu de Vázquez Montalbán (que tanto habló de este barrio) sobrevolando las mesas. Recetas típicas catalanas con productos comprados en la Boquería, ¿se puede pedir más?

DORMIR EN EL RAVAL

A la hora de buscar alojamiento en el Raval, hay una opción que eclipsa a todas las demás: el hotel Barceló Raval, situado en el corazón del barrio, es último hito arquitectónico del céntrico barrio barcelonés. Con una torre de planta redondeada rodeada por una piel metálica, el Barceló Raval es un claro ejemplo de cómo ha evolucionado el concepto hotel urbano.

Además de su servicio multifuncional B-Lounge, para degustar tapas, el cargador de iPod, la cafetera Nespresso, su mini-bar ReFuel y su innovador servicio de habitaciones ReCharge, además de aceptar mascotas... si por algo destaca este hotel es por su terraza 360º Casa Camper, en Barcelonadonde además de tomar un buen cocktail o un baño, podremos disfrutar de una de las mejores puestas de sol de Barcelona, con el mar al fondo.

Por otro lado, los fans de la firma Camper están de enhorabuena si deciden pasar la noche en el Raval, ya que la firma mallorquina ha abierto en el barrio un hotel boutique. Casa Camper, entre las Ramblas y el MACBA, destila paz y sosiego. El establecimiento cuenta con un bufé gratuito durante las 24 horas del día y sus habitaciones cuentan con vistas a un precioso jardín vertical. Por si fuera poco, Casa Camper alberga uno de los restaurantes más famosos de Barcelona: Dos Palillos, que se insipira en la cultura de las tapas para elaborar la que es, para muchos la mejor cocina asiática de Barcelona.

¿BUSCAS HOTELES BARATOS EN BARCELONA? MIRA AQUÍ
NOMADEA | Ideas para escapadas y viajes de fin de semana desde 2008