Binibeca Vell, esencia mediterránea

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Binibeca Vell

Binibeca Vell (o Binibèquer) es el sueño blanco de Menorca. Se trata de un pueblo de pescadores situado a 8 kilómetros de la capital de la isla (Mahón), construido en los años 60 con proyección turística para el deleite de los visitantes (o de algún atrevido que quiera pasar en la más absoluta tranquilidad los inviernos).

Sus casas, de un blanco encalado que deslumbra, son coquetas a más no poder. Un conjunto de formas abombadas de cuento de hadas, con ventanas y puertas de distintos tamaños, todas obligatoriamente de madera oscura para mantener la estética rústica que se respiran en el lugar. Sus callejuelas empedradas son tan estrechas que puedes tocar las casas de ambos lados con sólo estirar los brazos. Y las tejas, siempre blancas.

Perderse en sus callejones sin parar de hacer fotos puede ser de lo más divertido. En verano está bastante concurrido y hay que mantener el silencio total a petición de los vecinos (cómo ruegan pequeños carteles en las puertas); y en invierno, pues… no debe de haber ni vecinos. Sólo paz absoluta.

El poblado tiene a su entrada varios restaurantes con una legión de sillas y mesas con velitas fuera donde comer pescado y marisco a precios no muy populares (pero que aún así por el sitio habrá merecido la pena pagar), e incluso un centro comercial que ni siquiera lo parece, por la obligación de no poner cartel alguno que rompa la mencionada estética limpia y pura, menos es más. Hay una cervecería con pizzas al horno en lo que parece un patio de vecinos donde no dudaremos en pedir una pomada (la bebida de la isla), hecha con ginebra xoriguer y limonada. Y sin darnos cuenta , nos habremos unido al slow movement.

Binibeca tiene también un encantador minipaseo marítimo que desemboca en un diminuto embarcadero. También la Playa de Binibeca es encantadora: doscientos metros de arena blanca caribeña, pinos, rocas y un merendero en el que reina la caseta de pescadores con la puerta roja, conocido como El Bucanero. Cualquier rincón de esta localidad es una postal idílica.

Si nos quedamos con ganas de más playa, podemos saltar a las vecinas Binisafuller, Biniancolla o Binidalí. O si hemos alquilado coche (o mucho mejor moto para respirar el airecillo isleño y llegar con más facilidad a las calas de más difícil acceso), no dudaremos en plantarnos en cala Turqueta, Mitjana o Macarrella.

Para dejarnos sorprender, sin duda iremos a la famosa Cova d'en Xoroi, a tiro de piedra: una gruta natural en mitad de un escarpado acantilado al Mediterráneo convertido en bar-discoteca. El entorno no puede ser más romántico para contemplar la experiencia de un atardecer en mayúsculas a ritmo de las mejores músicas chill out y derivados, elegidas escrupulosamente por Dj's en directo.

Y si queremos culminar nuestra escapada romántica con una cena, podríamos elegir El Pescadito de Binibeca (abierto de mayo a octubre), especializado en arroces, calderetas y pescados frescos. O si queremos tirar la casa por la ventana de verdad, más que recomendable es el local de alta cocina Sa Pedrera d'es Pujol (Caserio Torret, 23, en Sant Lluis), del chef artesano Daniel González Mora.

Para dormir en la zona, el Binivell Park es un conjunto de casitas del propio poblado que se alquilan (y esto se paga). O también el Eden Binibeca, en el Paseo del Mar, en la urbanización Binissafuller, una opción a tener en cuenta por su privilegiada ubicación.

ESTE LUGAR PERTENECE A NUESTRA SELECCIÓN DE ESCAPADAS ROMÁNTICAS
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