Oviedo en un fin de semana

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Oviedo

Oviedo, la capital asturiana, que Leopoldo Alas Clarín inmortalizó como Vetusta en su obra La Regenta, abre los brazos a los viajeros que quieran hacer una pequeña escapada y conocer todas sus maravillas.

Surcada de añejas calles de piedra, cuyo trazado tiene origen en tiempos romanos, Oviedo experimentó un lavado de cara en los años 90 que volvió a llevar el encanto señorial y la belleza intemporal de sus edificios, parques y rincones a esta preciosa ciudad. En permanente y cariñosa polémica con Gijón, la otra gran urbe asturiana, Oviedo es conocida internacionalmente gracias a personajes de la talla de Woody Allen, quien cuando recibió el Premio Príncipe de Asturias comentó que no le importaría perderse en Oviedo hasta el fin de sus días. Y no es de extrañar.

Ubicada en un paraje natural de gran belleza y rodeada de magníficas joyas arquitectónicas pertenecientes al arte preorrománico, Oviedo transporta al visitante en el tiempo y le envuelve en la cálida hospitalidad de sus habitantes. Hospitalidad que se respira en las calles, los comercios, el mercado, las sidrerías y los bares. A continuación proponemos un recorrido por Oviedo, indispensable para conocer su casco antiguo (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), su arquitectura, sus rincones más hermosos, su gastronomía y toda su vida cultural.

LA CATEDRAL DE LA REGENTA

La ciudad de Oviedo cuenta con todas las ventajas de las grandes capitales, pero también con el encanto de las ciudades pequeñas. Su casco antiguo está completamente rehabilitado y conservado, siendo muchas de sus calles y plazas peatonales.

Así que lo mejor será olvidarse del coche y empezar a caminar, tal vez después de comenzar la mañana con un café y la deliciosa repostería ovetense.Un lugar perfecto para ello es la Confitería Rialto, en la que podremos disfrutar de la tranquilidad de su salón de té estilo años 20 y degustar un dulce ya mítico en la ciudad: los moscovitas, una especie de galletas a base de chocolate, almendra, caramelo... y un ingrediente secreto.

Esta confitería está muy cerca de la Catedral, centro neurálgico y punto de referencia del casco antiguo de Oviedo, y a la que nos podremos acercar en unos pocos pasos. Se trata de un interesante edificio que cuenta con partes prerrománicas como la Cámara Santa (declarada Patrimonio de la Humanidad y que alberga la Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias, y la de los Ángeles, símbolo de la ciudad), donde se atesora un ejemplar del Santo Sudario. Y es que hasta Jesucristo tiene algo que ver con la ciudad de Oviedo.

Leyendas aparte, la Catedral es una auténtica maravilla arquitectónica que hay que ver por fuera y por dentro. Todos recordamos sin duda la imagen de La Regenta, Ana Ozores, acudiendo a confesarse con su secreto admirador, el canónigo Don Fermín de Pas. Una escultura en la plaza de la Catedral recuerda a este maravilloso personaje, que encarnó Aitana Sánchez-Gijón en su versión televisiva. Es una de las fotos más solicitadas por los turistas.

UNA CIUDAD DE PREMIOS

La plaza del Alfonso II, donde se levanta la Catedral, está rodeada de magníficos edificios, iglesias y palacios medievales y renacentistas. Muy cerca de este lugar se encuentra la Plaza de Porlier, un enclave señorial lleno de elegancia en el que destacan edificios como el Palacio de Camposagrado, considerado uno de los más bonitos de toda Asturias.

Siguiendo la calle San Francisco llegaremos a la Universidad de Oviedo, ubicada en un precioso palacio barroco al que merece la pena entrar para disfrutar del silencio y los recuerdos que inundan su elegante claustro porticado. Y a un tiro de piedra, en la calle Diecinueve de Julio, nos encontramos con un lugar emblemático para Oviedo y para toda España: el Teatro Campoamor, donde todos los años se entregan todos los años los prestigiosos Premios Príncipe de Asturias. En uno de los laterales del Teatro está plantado el famoso Carbayón, que en bable significa gran roble, y es otro de los símbolos de la ciudad. Antes de este roble hubo otro, que estaba situado en la calle Uría y que fue talado a finales del siglo XIX, debido a la expansión de la ciudad. Este primer árbol dió lugar al gentilicio oficioso con que se conoce a los ovetenses: carbayones.

Seguimos recorriendo el casco antiguo ovetense para llegar al Monasterio de San Pelayo, en la calle San Vicente; se trata de un impresionante edificio de origen medieval ocupado por monjas de clausura, conocidas cariñosamente en la ciudad como "las pelayas". Las monjas mantienen la tradición del canto gregoriano y realizan trabajos de encuadernación. El claustro románico del monasterio bien merece una visita por su belleza y la armonía de sus proporciones.

MAÑANAS DE MERCADO Y SIDRA

Quienes visitan habitualmente otras ciudades saben que el centro de la vida social suele estar en un punto concreto: el mercado. En Oviedo, el mercado de abastos se localiza en la plaza Diecinueve de Octubre y llama la atención por su estructura de hierro, edificada en el siglo XIX, típica de la arquitectura industrial de la época.

Mención aparte merece el Mercado del Fontán, junto al Ayuntamiento, que fue rehabilitado en el año 1994. Desde entonces es un lugar lleno de vida, donde se puede sentir el pulso de la vida de los ovetenses, pero también contemplar las impresionantes pescaderías llenas de marisco, pescado y los peculiares orizios (erizos de mar) del cantábrico. Y por supuesto, es uno de los mejores lugares para comprar un paquete de ingredientes de la mejor calidad para preparar en casa la fabada asturiana.

El mercado suele estar rodeado de puestos ambulantes que dan más vida, si cabe, al lugar. Subiendo por la calle Cimadevilla y entrando por una callejuela lateral, llegaremos a la Plaza de Trascorrales, también conocida como "plaza del pescado". Nos encontramos en la zona de la animación por excelencia, conocida con el acertado nombre de Bulevar de la sidra, cuyo epicentro es la calle Gascona. En esta zona podremos disfrutar de unos buenos culines de la refrescante bebida típica de Asturias, en sidrerías clásicas como La Pumarada, o más modernas, como Tierra Astur.

LA RUTA DE LAS ESTATUAS

¿Dónde es posible cruzarse por la calle con el mismísimo Woody Allen, la bella y desgraciada Ana Ozores, o un Culis Monumentalis (sí, es lo que parece.)? Pues en Oviedo, por supuesto. La ciudad se ha convertido en todo un museo de escultura al aire libre, con obras que representan a personajes famosos, pero también con obras de arte de los artistas más prestigiosos. Sin ir más lejos, artistas consagrados como Fernando Botero, Manuel Valdés o Eduardo Úrculo han dejado su impronta en forma de escultura en la ciudad. Recorrer las calles del casco antiguo topándose de vez en cuando con estos personajes de bronce, que los ovetenses han adoptado con gran cariño, es una estupenda y relajante recomendación. El mejor arte, gratis y al aire libre.

EL OVIEDO MÁS ANTIGUO

Oviedo fue en origen una ciudad amurallada, y las protecciones se erigieron cuando el rey Alfonso II El Casto llevó la capitalidad a la urbe, hace la friolera de mil doscientos años. Mucho ha llovido desde entonces, y las Murallas de Oviedo han ido disgregándose y desapareciendo, quedando escasos testimonios de su presencia en la ciudad. Podemos encontrar restos de la muralla en la Calle Paraíso, la Plaza Mayo, la Calle Jovellanos. Parte de estas murallas las podemos ver en los bajos del Monasterio de San Vicente, edificio de época renacentista que actualmente acoge el Museo Arqueológico de Asturias, donde se hace un completo repaso a la historia de la comunidad, desde la Época Paleolítica hasta el Medievo.

ESPIRITUALIDAD PRERROMÁNICA

Muchos turistas acuden a Oviedo a visitar sus iglesias prerrománicas, únicas en el mundo y de una belleza muy especial. Contemplar estos antiquísimos edificios y su estilizada arquitectura, que parece elevarse a los cielos con suma ingravidez, es todo un placer. Dentro de la ciudad encontramos una joya de la época: San Juan de los Prados, también conocida como Santullano y que conserva unas impresionantes pinturas murales. Pero también merece la pena coger el coche o el autobús para recorrer los cuatro kilómetros que separan a las iglesias de Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo de la ciudad.

La fachada oriental de Santa María del Naranco (así llamada por situarse a los pies de este famoso pico asturiano), con sus tres estilizados y armoniosos arcos, es muy conocida por ser la imagen del logotipo de "Asturias, Paraíso Natural". Si el tiempo acompaña, la visita a las dos iglesias es de rigor, pudiendo además disfrutar el precioso y verde entorno natural donde se ubican. Y para acompañar la visita, podemos tomarnos una sidra o algo de comer en el Restaurante Sidrería El Mirador, que ofrece unas vistas estupendas sobre las iglesias y el paisaje.

VERDES HERMANOS

El centro de la ciudad está ocupado por un auténtico pulmón verde de nueve hectáreas, situado a unos pasos de la Catedral. Hablamos del Campo de San Francisco, el parque por antonomasia de los ovetenses. El origen de este lugar se remonta nada menos que al siglo XIII, y fue reformado en el siglo XIX. Es un parque lleno de encanto y de rincones románticos, como el Escorialín (un pequeño edificio así llamado por su similitud con el monumento madrileño), el Quiosco de la Música, el Paseo de la Rosaleda, la Fuente del Caracol o el Jardín Botánico. Los pavos reales caminan majestuosos, ajenos a la presencia humana, por los senderos del parque, dejando su bella impronta en la retina del espectador. Muy cerca del Campo de San Francisco se encuentra su hermano menor, El Campillín, donde además de árboles y zonas verdes podemos encontrar varias esculturas.

FABES, ORIZIOS Y SIDRA

¿Quién no conoce la gastronomía asturiana? Oviedo es sin duda uno de los mejores lugares de Asturias para disfrutar de las delicias de la mesa y el mantel, por sus estupendos restaurantes y sidrerías. Desde la deliciosa y contundente fabada hasta la 'carne gobernada' (carne de cerdo guisada a fuego lento y acompañada de patatas y pimientos), pasando por las célebres cebollas rellenas, el pote asturiano, la crema de nécoras, la merluza de pincho llegada desde el puerto de Cudillero. La lista de especialidades es tan grande, que estas líneas se nos quedarán indudablemente cortas.

Los orizios (erizos de mar) se consumen cocidos en bares y sidrerías, y se comen directamente con una cuchara; son un manjar para valientes, pero merece la pena probarlos y degustar su inconfundible sabor a mar. Y los quesos artesanos (cabrales, Gamoneu, de Porrúa.) son otra de las especialidades asturianas que hay que probar en nuestra escapada.

Una sidrería de toda la vida en la que podremos disfrutar de estas y otras exquisiteces es la Sidrería Fanjul (plaza Pedro Miñor). Si lo que nos apetece es una fabada de marisco, debemos acudir a la Sidrería Montañés. Los restaurantes también ofrecen mucha variedad: para cocina típica tradicional podemos acudir a El Raitán, en la plaza de Trascorrales, o a Casa Muñiz (calle Lila), donde el pollo al ajillo es ya un clásico. Y para cocina innovadora, una buena opción es Casa Fermín, en la calle San Francisco, en cuya carta podemos encontrar platos tan sugerentes como las croquetas cremosas de mejillón o caramelos de morcilla con salsa de cerezas.

La última gran atracción gastronómica de Oviedo es Mestura (Jovellanos, 2), un espacio con un aire neoyorquino en pleno centro de la ciudad, concretamente dentro del Gran Hotel España y sobre el famoso The Black Bar, local desde el que se accede por unas escaleras. En Mestura, el chef Javier Loya apuesta por una carta cosmopolita, donde conviven recetas asiáticas y mediterráneas pero sin perder nunca de vista el producto local.

PLANETA CALATRAVA

Santiago Calatrava también ha hecho de las suyas en Oviedo. El Palacio de Exposiciones y Congresos Ciudad de Oviedo, obra del arquitecto valenciano, es uno de los edificios más significativos y controvertidos de la ciudad. Situado en  lo que fueron los terrenos del mítico estadio de fútbol Carlos Tartiere, este complejo arquitectónico parece una nave especial que ha llegado desde el futuro para aterrizar en el centro de la capital asturiana. Su diseño impresiona por monumental y arriesgado.

Además, el edificio alberga el Ayre Hotel Oviedo, futurista y acogedor, que es ideal para los amantes de la arquitectura, pues no todos los días se puede dormir dentro de un edificio así. Está a pocos minutos del centro y cuenta con una magnífica relación calidad-precio, por lo que es una buena opción si necesitamos alojarnos en la ciudad.

DULCE TENTACIÓN

La repostería es famosa en Oviedo, donde se producen muchos dulces de elaboración propia. En las distintas cafeterías y pastelerías podemos disfrutar de los picatostes y los frixuelos (una especie de crepes dulces), así como de les casadielles (dulces elaborados con hojaldre y rellenos de nueces). El arroz con leche asturiano es famoso por su espesor, su dulzura y la capa de caramelo cristalizado con la que se suele recubrir.

Pero también hay aportaciones modernas al recetario más dulce de la ciudad: por ejemplo, las Letizias. Estos dulces se crearon con motivo de la boda del Príncipe Felipe con Doña Letizia Ortiz en la Pastelería Asturias (calle Covadonga, cerca de la Catedral), y todavía se pueden adquirir en ese mismo establecimiento. Además, no podemos olvidar los famosos carbayones (nombre con el que se denomina también a los oriundos de Oviedo) y las princesitas (pequeños mazapanes). Y antes ya hemos hablado de los moscovitas de la Confetería Rialto, un auténtico placer para el paladar.

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